Balas, flechas y monedas, el tesoro de un pueblo salmantino que perdió toda su historia

Una prospección electromagnética recupera 320 objetos arqueológicos de Gallegos de Argañán, cuyos archivos ardieron durante la Guerra de la Independencia

Gallegos de Arganán (Salamanca, 260 habitantes) es una población sin rastro documental de su memoria. Se quemó en diversas guerras y desastres que redujeron sus archivos a cenizas. Pero el proyecto de instalación de una planta solar, en un terreno yermo de 60.000 metros cuadrados, a poco más de un kilómetro de su centro urbano, puede ayudar a recuperar su pasado. Un total de 320 objetos arqueológicos (monedas, botones, proyectiles esféricos, hebillas, terminales correa, restos de armas…) han sido localizados por los expertos de la empresa Vacceo Integral de Patrimonio cuando llevaban a cabo una prospección electromagnética. Los materiales localizados abarcan un periodo que se inicia en el 2000 a. C, atraviesa el dominio romano, cruza la Edad Media, y concluye en el reinado de Juan Carlos I.

¿Cómo es posible tal cantidad de material histórico en una parcela sin construcciones y alejada del pueblo? Clemente González García, arqueólogo y doctor en Historia por la Universidad de Salamanca, da la siguiente respuesta en su informe Prospección Intensiva electromagnética para instalación de planta solar fotovoltaica en el suroeste salmantino. Estudio del material metálico,publicado en la revista Cuadernos de Cultura Material Metálica: ”Parece evidente que, lo que a primera vista no era más que una simple parcela de cultivo, tuvo en el pasado y de forma continuada, gran interés para diversos grupos humanos. Se trata de un gran conjunto de materiales arqueológicos que, en cualquier otra población con más habitantes y recursos económicos, ya habría servido para crear, sino un museo, sí al menos una colección museográfica específica”. Todos los materiales documentados han sido depositados en el Museo de Salamanca.

La parcela se ubica al sur de Gallegos de Argañán y próxima al yacimiento romano de La Dómine. Todos los objetos recuperados, gracias al empleo de un detector de metales, se situaban a poco menos de 15 centímetros de profundidad. La mayor parte procede de conflictos bélicos que van de la Guerra Civil Castellana del siglo XV, pasando por a Guerra de Restauración Portuguesa del siglo XVII o la Guerra de la Independencia del XIX.

El más antiguo es una punta de flecha de la Edad del Bronce, entre los años 2000 y 1700 a. C., de las denominadas “tipo Palmela”. Su estado de conservación es óptimo. Mide 60,15mm de altura y 20,32 de anchura. Pesa 8,45 gramos.

Ubicación de la parcela donde se han hallado los objetos arqueológicos.Clemente González García con ortofoto CNIG

Pero el conjunto más abundante de materiales lo integran 61 monedas documentadas. Toda son de cobre, salvo dos, que fueron acuñadas en plata. El suelo de la zona es muy ácido, lo que unido al empleo de fertilizantes químicos y los cambios de temperatura de la provincia de Salamanca, ha provocado que los materiales de cobre apareciesen muy degradados. A pesar de ello, se ha logrado catalogar la casi totalidad del conjunto en el que predominan de forma clara las emisiones del siglo XVII. Lo cual es, sin duda, un indicador de la abundante presencia humana en este lugar durante ese convulso periodo.

De las tres monedas romanas halladas, una es un as muy desgastado en cuyo anverso se distingue la figura del emperador Tiberio. Las otras dos son antoninianos de vellón, que circulaban entre los siglos III y IV.

En el caso de las monedas del siglo XVI destaca una de plata “de muy buena calidad y factura” en cuyo reverso se lee ‘Fernadus et Elisab’ (Fernando e Isabel) y en el centro aparece “el escudo cuartelado de Castilla y León alternado con el de Aragón, con la Granada en punta y corona real”. Además de esta pieza, también se han localizado maravedíes de Felipe III, Felipe IV, Carlos II, Felipe V y Fernando VI. Del reinado de este último monarca, destaca un ejemplar de “medio real acuñado en Madrid en 1748 en muy buen estado de conservación”, explica González García.

Probablemente esta moneda esté relacionada con una importante operación militar ocurrida en 1762, conocida como la Guerra Fantástica, la invasión de Portugal ordenada por Carlos III, en apoyo a la política internacional de su primo, el rey Luis XV de Francia. El 28 de julio de ese año, un gran ejército compuesto por unos 30.000 españoles y 12.000 franceses salió de Ciudad Rodrigo, cruzó por estas tierras y avanzó hacia Almeida (Portugal).

El sitio de Almeida comenzó el 4 de agosto de 1762 y el 25 del mismo mes la plaza fue tomada. Aunque la invasión no logró sus objetivos, la huella que dejó en esta comarca fue terrible. A su regreso del país vecino los soldados españoles extendieron una brutal epidemia que provocó más bajas que los cañones portugueses. “De manera muy rápida la enfermedad se extendió a los civiles que atendían a las tropas —primero murió el médico del pueblo, luego sus familiares— y acabó provocando una tremenda mortandad en Gallegos”, se lee en el informe.

Parte de las monedas halladas en la parcela de Gallegos de Argañán,Clemente González García

También se han hallado monedas de los reinados de Carlos III y Carlos IV. Tres de estas piezas “estarían directamente relacionadas con la Guerra de la Independencia y que convirtió los montes y casas de esta pequeña población salmantina en un hervidero de tropas españolas, portuguesas, francesas, inglesas y alemanas”. Igualmente, se han recuperado monedas de entre los reinados de Fernando VII e Isabel II, “al igual que otras emitidas por Alfonso XII en 1877, que estuvieron en circulación hasta 1939 y que se las conocía como perras gordas y chicas”, indica González García. También se han localizado unas pocas pesetas de la dictadura del general Franco y del reinado de Juan Carlos I.

Es lógico pensar que los mismos individuos —que debieron ser muchos— que en determinadas circunstancias perdieron todas esas monedas pudieron también perder más objetos, entre ellos proyectiles de plomo de armas de avancarga, que se cargaban por la boca. Son 31 piezas, muchas sin indicios de disparo. El grupo más numeroso pesa entre 20 y 22 gramos, la munición empleada por los arcabuces de 6/8 de onza, que debió de ser un arma muy usada en la Guerra de Restauración Portuguesa.

Los botones encontrados se corresponden con los siglos XVI y XIX. Los lucían tropas francesas, portuguesas, inglesas y españolas. El más grande de todos tiene un diámetro de 26,8mm. “La moda francesa, extendida por los Borbones y caracterizada por la ostentación y pomposidad, el colorido, el uso de lazos, encajes, pelucas y tacones, llevó también el diámetro de los botones a su máximo exponente. Se trata de un botón usado seguramente en alguna casaca militar y que se puede situar en torno a mediados del siglo XVIII”, asevera el historiador.

Otro de los ejemplares es “absolutamente icónico y representativo” de una de las principales unidades que participaron en la defensa de Ciudad Rodrigo ante el asedio francés de 1810. Es de bronce, muy bien conservado y en su divisa se indica: “Voluntarios de Ávila por Fernando VII”. Ávila envió tres batallones de voluntarios (1.235 hombres) a Ciudad Rodrigo en 1809. Durante el asedio a la ciudad destacaron por su defensa de los puestos exteriores y luego del propio recinto amurallado. Fueron traslados a Francia como prisioneros.

Botón del Regimiento Voluntarios de Ávila, uno de los protagonistas de la defensa de Ciudad Rodrigo en 1810 frente al asedio francés.Clemente González García

Pero, además, entre los abundantes materiales metálicos de uso militar localizados (conteras de dagas, hebillas y pasadores en T completos), se ha desenterrado el terminal de una correa nazarí del siglo XV. “Este tipo de piezas se usaban para rematar correas estrechas y eran de uso masculino, en correajes para sus vestimentas o sujeción de sus armas. Los hombres de armas hispánicos del siglo XV y XVI gustaban de emplear este tipo de adornos lujosos pero morunos, lo que se denomina maurofilia o vestir a la morisca. Tras la conquista de Granada, la indumentaria de Boabdil el Chico pasa a formar parte del botín de guerra de Isabel y Fernando. Esta anécdota, que puede parecer superflua, está relacionada con la materialización del ideal de conquista y constituye un referente ideológico de dominación-sumisión”.

Entre los restos de armamento sobresalen varias piezas asociadas con armas de fuego, entre las que destacan “la nuez” o mecanismo de una llave de chispa y la tapa del guardamanos de un fusil inglés conocido como Brown Bess.

González García lo resume así: “Los hallazgos documentados convierten la parcela en una pieza más del gigantesco puzle que representa el término municipal de Gallegos. Este municipio perdió durante la Guerra de la Independencia toda su documentación convirtiéndose así, de repente, en un pueblo sin memoria. Salvo algunos documentos judiciales conservados en Valladolid y los libros de la parroquia, apenas tenemos datos directos. Un pasado que se apoya en hallazgos singulares —como adornos o monedas de plata— pero también simples y humildes como los botones, los proyectiles esféricos o los clavos de las botas de los soldados. Un gran conjunto de materiales arqueológicos que, en cualquier otra población con más habitantes y recursos económicos, ya habría servido para crear un museo”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA

Altruismo entre insectos: estas hormigas obreras se sacrifican para salvar a la colonia cuando las infecta un hongo

Un estudio revela que envían señales químicas para ser eliminadas, a diferencia de otros animales que ocultan su enfermedad para evitar exclusión

Hormigas revisan una cría.Foto: D. Pull, ISTA | Vídeo: EPV

Un nuevo estudio ha documentado un nivel de altruismo sin precedentes en insectos sociales. En plena fase de transformación entre larva y adulto (denominada pupas), algunas hormigas obreras infectadas por un hongo emiten señales químicas para provocar su propia muerte a manos de sus compañeras. A diferencia de otros animales que ocultan su enfermedad para evitar agresiones o exclusión, estas crías solicitan su eliminación antes de propagar la enfermedad en el hormiguero.

El equipo de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria, liderado por la ecóloga Erika Dawson, realizó una serie de análisis conductuales, químicos, inmunológicos y genéticos. De esta forma pudieron entender cómo, al ser infectadas por el hongo Metarhizium brunneum, mortal para insectos y otros artrópodos, las pupas obreras de Lasius neglectus incrementan la producción de hidrocarburos cuticulares, unos compuestos químicos que funcionan como una herramienta de comunicación.

La investigadora detalla cómo se sostiene todo este proceso: “Las hormigas están cubiertas de estas sustancias químicas que sirven, entre otras cosas, para evitar la deshidratación, pero también para comunicarse”. Todas las hormigas del mismo nido tienen un perfil similar, añade. Lo sorprendente para esta investigadora es que las pupas pueden modificar las cantidades de esos compuestos. Ese ajuste es suficiente para que las obreras detecten que una cría está infectada. “Es de esperar que existiera este comportamiento altruista. Si no dan la señal, existe el riesgo de que liberen esporas infecciosas y se produzca un brote epidémico”, subraya esta ecóloga.

Señales deliberadas

Dawson recuerda que su trabajo, que se publica este martes en la revista Nature Communications, nació de una duda que había permanecido en la comunidad científica desde estudios previos. “Se sabía que, cuando las crías están enfermas, las hormigas vienen, les quitan el capullo, lo muerden y luego insertan ácido fórmico para matarlas”, cuenta. Aquellas investigaciones habían detectado cambios químicos en las crías infectadas, pero no se sabía con certeza si se trataba de un efecto secundario de la infección o de emisiones deliberadas. “Nuestra hipótesis era que estaban enviando señales”, explica. Pero tenían que demostrarlo.

El equipo planteó una idea: si las pupas estaban enviando un mensaje, solo lo harían cuando hubiera obreras presentes para recibirlo. “No se le habla a una habitación vacía”, dice Dawson. El experimento confirmó esta hipótesis. “Enviaban esta información solo cuando había otras obreras allí”, afirma.

Para la bióloga Sílvia Abril, experta que no participó en la investigación, el descubrimiento revela el papel inesperado que desempeñan las crías. “Lo que me ha parecido más interesante es el hecho de que las pupas, que en principio son una fase inmóvil, puedan reaccionar o comunicarse de forma activa con las obreras que las están cuidando”, explica. Pese a estar encerradas en un capullo y en pleno proceso de metamorfosis, pueden modificar su perfil químico para enviar un mensaje preciso. “Esto no se sabía hasta ahora”, comenta esta profesora de Zoología de la Universidad de Girona.

Para Dawson, el hallazgo revela paralelismos entre organizaciones biológicas muy distintas. Califica a las colonias de hormigas como superorganismos y las compara con el cuerpo humano, compuesto de células que se sacrifican para proteger al conjunto —apoptosis o muerte celular programada—. “Cuando tenemos células infectadas, estas envían una señal que dice: ‘Oye, estoy enfermo, ven y destrúyeme’. Y eso es lo que encontramos también en las hormigas”, argumenta.

La aristocracia no se inmola

Abril considera acertada esta comparación. Para ella, las sociedades de insectos funcionan de forma muy similar a los sistemas inmunológicos de los mamíferos. En ambos casos, ciertos elementos se sacrifican para proteger al conjunto. “Las sociedades de insectos funcionan de forma muy parecida a nivel inmunológico con los sistemas de inmunidad multicelular como el nuestro”, explica.

La diferencia entre castas reveló otro aspecto clave del comportamiento. Las pupas destinadas a convertirse en reinas no emiten señales de sacrificio incluso al recibir dosis más altas del hongo. “No creo que sea porque estén siendo egoístas”, aclara Dawson. Su explicación apunta a la fisiología: “Tienen un sistema inmunitario mucho más eficaz que el de las obreras”. Por eso pueden combatir la infección sin necesidad de sacrificarse.

Recuerda además que la cría de reinas “es muy relevante para la colonia”, ya que son estas las encargadas de producir la próxima generación de obreras y nuevas reinas. Por lo que eliminarlas sin necesidad sería contraproducente.

Según Abril, esto tiene lógica: “Las reinas tienen que estar diseñadas para ser resistentes”. Que tengan un sistema inmunológico más fuerte y puedan combatir la infección sin pedir su eliminación le parece un rasgo que encaja con su naturaleza.

Esta investigación, afirma, revela comportamientos “más complejos de lo que hasta ahora pensábamos que podían producirse” y destaca el papel fundamental que los avances tecnológicos han tenido para poder llegar a conclusiones como las de Abril y su equipo. “Hace diez años el análisis de hidrocarburos cuticulares era limitado, pero ahora se trabaja con mejor tecnología”, afirma.

Dawson admite que aún queda por responder cómo una pupa, aislada dentro de su capullo, detecta que las obreras están cerca y qué tipo de señal percibe para inmolarse. O si, en circunstancias extremas, incluso una cría reina podría llegar a pedir su propia eliminación. Respuestas que nos permitirán entender hasta dónde puede llegar la sofisticación de estas diminutas sociedades.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / Selva Vargas Reátegui

El ‘mapa de carreteras’ del Imperio romano es el doble de extenso de lo que se creía

Los modernos sistemas de información geográfica encuentran 299.000 km de vías y calzadas romanas, combinando todas las fuentes históricas y arqueológicas existentes

La rodadura de las calzadas romanas era de grava fina compactada. Solo a la salida de las ciudades estaban enlosadas. En la imagen, parte del trayecto de la vía a Gerasa, en la actual Jordania.Mosaik (Getty Images/iStockphoto)

Junto a las legiones, los miliarios marcaron el poder del Imperio romano. Colocados cada mil passus o milla romana (1.478,5 metros), estos mojones cilíndricos o paralelepípedos puntuaban las calzadas romanas, como hacen hoy los puntos kilométricos con las autovías. Un amplio grupo de investigadores ha recurrido a la tecnología más moderna para bucear en los registros históricos y arqueológicos para reconstruir el mapa de carreteras de hace 2.000 años. Lo que han descubierto es que era mucho más extenso, casi el doble, de lo que se creía. Pero también han comprobado que apenas queda nada de su trazado original. Los resultados de su trabajo, publicado en Scientific Data, los han reunido y abierto al público en el sitio Itiner-e, un atlas digital de las vías que nacían o morían en Roma.

“Cuando se pasa por un camino muy hundido por el paso del tiempo y las gentes, aún se dice que ‘era una calzada romana’, pero los romanos las hacían para que durasen”, dice Pau de Soto, del Grupo de Investigación en Arqueología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y primer autor de este imponente trabajo. “Otra creencia a desmentir es que las hicieran enlosadas, como la vía Apia. En realidad, las hacían mediante capas de gravas cada vez más finas, con la capa de rodadura formada por una gravilla fina compactada. Era lo mejor para el paso de los caballos, que entonces aún no llevaban herraduras”, añade el arqueólogo. Como sucede con las carreteras actuales, las elevaban sobre el terreno circundante y con un ligero desnivel para que evacuaran el agua. “Las primeras carreteras modernas se hicieron siguiendo a los romanos”, recuerda este arqueólogo.

Desde la actual Escocia hasta el extremo este del Sáhara y desde el mar Negro hasta la costa marroquí, las calzadas conectaron todo el Imperio romano.
Las calzadas conectaron todo el Imperio romano, que en su época de máxima expansión ocupó desde la actual Escocia hasta el extremo este del Sáhara; y desde el mar Negro hasta la costa marroquí.Itiner-e

Pau de Soto y una veintena de investigadores ha usado las modernas técnicas GIS (siglas en inglés de Sistema de Información Geográfica) para desenterrar el trazado de las vías romanas. “Las GIS son la base de la moderna investigación arqueológica”, asegura el investigador de la UAB. Combinaron textos históricos como el Itinerario Antonino o la Tabula Peutingeriana, lo más parecido a un mapa de carreteras de la antigüedad, con estudios sobre yacimientos arqueológicos, o libros de historia de Roma. “Pero también con los mapas topográficos de los siglos XIX y XX, las fotografías que los estadounidenses tomaron de los suelos europeos en la posguerra o las imágenes por satélite; GIS te permite combinar la información de todas estas fuentes y plasmarla sobre el terreno”, añade de Soto.

El resultado de la suma de tantas fuentes es que, en torno al año 150 de esta era el Imperio romano —entonces en su momento de mayor expansión, abarcando unos cuatro millones de kilómetros cuadrados de territorio— tenía 299.171 kilómetros de calzadas. La cifra supone añadir más de cien mil a los 188.555 km contados en trabajos anteriores y equivale a dar la vuelta al planeta siete veces. Solo en España, la extensión de las vías romanas superaba los 40.000 km, doblando la cantidad supuesta hasta ahora. Entonces no existía la distribución radial con centro en Madrid que sí caracteriza a las carreteras modernas, pero desde urbes como Augusta Emérita (Mérida), capital de la Lusitania romana, partían algunas de las calzadas principales.

Los autores del nuevo estudio estiman que un tercio unían los principales centros urbanos; y los dos tercios restantes serían secundarias, conectando poblaciones a escala local o regional. Sin embargo, han comprobado que solo hay certeza del 2,7% del kilometraje. “Es lo que aún se conserva o que ha sido excavado en trabajos arqueológicos”, detalla de Soto, quien explica que, de la inmensa mayoría de las calzadas romanas —casi el 90%— solo hay pistas de que debieron estar ahí: “En arqueología del pasaje lo llamamos ejes fosilizados, y pueden ser un puente romano, los restos de una calzada a la salida de la ciudad o el hallazgo de algún miliario”. Todo indica que una calzada debió unir todos esos elementos. Lo que hace un GIS con ellos es imaginar el trayecto más razonable teniendo en cuenta la topografía del terreno, como el paso de una montaña o vadeo de un río. Otro 7% del total de ese mapa de carreteras solo sería hipotético: si hay dos ciudades romanas cercanas con restos de calzada a su salida, se esperaría que estuvieran unidas por una.

La captura muestra los pasos de montañas hasta la antigua Delfos, en Grecia.
Gracias a herramientas GIS, itiner-e plasma sobre el terreno cada calzada, uniendo los puntos disponibles, como puentes romanos o miliarios, y teniendo en cuenta la topografía. La captura muestra los pasos de montañas hasta la antigua Delfos, en Grecia.Itiner-e

“Las calzadas —y la red de transporte, en su conjunto— fueron absolutamente cruciales para el mantenimiento del Imperio romano”, mantiene el historiador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y coautor del estudio, Adam Pažout. “Los romanos idearon un intrincado sistema de transporte compuesto por posadas, estaciones de caminos y puntos de relevo para mensajeros y funcionarios públicos que viajaban por Italia y las provincias”, recuerda. Para Pažout, “las calzadas constituían un andamiaje que permitía proyectar el poder romano, ya fuera a través del ejército o del derecho y la administración, y que mantenía unido al Imperio”.

Según los autores, su trabajo permitirá un mejor conocimiento de la historia de Roma. Por las calzadas se movieron millones de personas, se propagaron nuevas ideas y creencias; y por ellas también avanzaron las legiones romanas o el comercio entre las distintas partes de los tres continentes que formaron el territorio romano. Pero estas vías, cuya enorme capilaridad se descubre ahora, también facilitaron la transmisión de enfermedades y plagas como la peste Antonina de viruela o sarampión o la de Justiniano de peste bubónica, que debilitaron al Imperio. También pudieron ser las vías de entrada de las sucesivas invasiones bárbaras.

Lo que queda de las calzadas romanas, aunque físicamente no sean muchos kilómetros, forma parte del armazón de Europa. Lo recuerda el arqueólogo de Soto: “El tejido urbano europeo es una herencia de Roma. La mayoría de las ciudades europeas ya existían en época romana y ya estaban conectadas entre sí”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / MIGUEL ÁNGEL CRIADO

La mayor transformación de Google en 25 años: estos son los tres grandes cambios que trae el nuevo buscador

La apuesta de la compañía por la IA cambiará la experiencia de uso, a la vez que acaba con las respuestas homogéneas: cada cual tendrá la suya

Sundar Pichai, director general de Google y Alphabet, durante su intervención de ayer en el evento de desarrolladores I/O 2026.Manuel Orbegozo (REUTERS)

La barra de búsquedas de Google sufre su mayor transformación en 25 años. El gigante tecnológico anunció ayer en su evento de desarrolladores I/O que la inteligencia artificial (IA) generativa estará totalmente presente en su producto estrella, el buscador, cuyo aspecto también se altera: en vez de una caja fina, ahora hay un espacio en el que cabe un párrafo entero. El objetivo es que ya no se introduzcan un par de palabras, como “Zapatero Congreso”, sino que se puedan elaborar más las preguntas: “¿Qué opinan las distintas fuerzas parlamentarias de la reciente imputación de Zapatero? Detalla los indicios en los que se basa la imputación”.

La IA es ahora omnipresente en Google. La compañía ofrecía desde octubre del año pasado la opción de realizar búsquedas con su ayuda. La experiencia ha sido tan positiva que se ha decidido hacer que esa tecnología domine la experiencia. Los resultados de las búsquedas podrán ser textos, tablas o diagramas.

Hay más novedades. YouTube incorporará una ventana para hacerle preguntas a la IA sobre el vídeo, de forma que nos muestre solo las partes que queremos. Será posible crear y editar documentos o emails con la voz en Gmail o Google Docs. Gemini Omni permite elaborar vídeos hiperrealistas con un acabado similar al de Nano Banana en fotos. Y todos sus productos se integrarán en su detector de IA, SynthID: las imágenes y audios generados con esta tecnología tendrán una marca de agua imperceptible que saldrá a la luz cuando el usuario quiera saber si está viendo una imagen real o sintética. OpenAI, por cierto, se suma a esta iniciativa. También se anunció el lanzamiento de unas gafas con audio desarrolladas junto a Samsung que se lanzarán en otoño.

Algunos de los cambios anunciados ayer son globales; otros, de momento, solo para EE UU. Los hay que solo estarán disponibles bajo suscripción, como Google Omni. Pero la revolución está en las nuevas búsquedas, que irán llegando progresivamente a todos los países. Es importante al menos por tres motivos.

1. Adiós a los enlaces azules

Hasta ahora, cada búsqueda se saldaba con una lista de enlaces azules, ordenados de más a menos relevante, según el criterio del algoritmo cocinado por la compañía. Google buscaba en todas las páginas web que tiene indexadas y te seleccionaba las que, a su juicio, eran las más importantes. Y su juicio no era malo. O al menos no era peor que el de otros competidores, lo que le ha consolidado como el buscador de referencia de la era de internet.

La experiencia cambiará por completo. Ahora será más dinámica. Las respuestas ya no serán enlaces, sino textos elaborados, tablas o gráficos, o incluso animaciones, según se le pida o requiera la ocasión. Se podrá dialogar con el buscador para que refine sus resultados o los adapte mejor a lo que quiera el usuario.

Gemini 3.5 Flash, el modelo que guiará el motor de búsquedas, usará también agentes que trabajarán en segundo plano para actualizar la información en caso de que haya novedades (como las antiguas alertas de Google, pero integradas en la respuesta).

2. Respuestas distintas para cada usuario

Eso tiene implicaciones más profundas de lo que parece. Hasta ahora, el buscador de Google tenía un funcionamiento sencillo: la máquina usaba un algoritmo propio que ponderaba qué resultados eran los más interesantes ante una búsqueda concreta. La magia de Google, lo que lo hacía más efectivo que otros, era la configuración de su algoritmo. Tratar de desentrañar esa fórmula mágica, tan secreta como la de la Coca-Cola, dio lugar a una profesión: los especialistas en SEO (search engine optimization), que se ocupan de mejorar el posicionamiento web de las páginas.

Ese modelo ha llegado oficialmente a su fin. Desde ahora, los resultados de las búsquedas ya no serán los mismos para todo el mundo. Ya no se aplica el algoritmo de Google, sino que se lanza la pregunta (o búsqueda) al motor de IA generativa. Y esta, por definición, tendrá una réplica distinta para cada usuario. Esa es una de las críticas que se le hace a esta tecnología desde la academia: una de las bases del sistema científico es que, dadas unas mismas condiciones, si desarrollamos un ejercicio, los resultados deben ser similares.

Eso no ocurre con la IA generativa. Cada particular recibirá una respuesta distinta a sus cuestiones. Eso puede estar bien, porque dará a cada usuario lo que busca. Pero también tiene su lado negativo: Google ya no podrá ser un estándar. La frase “pon en Google esto y mira el segundo resultado” carecerá de valor.

3. Google aprieta en la carrera de la IA

A Google, como a Microsoft, Meta o Amazon, el lanzamiento en abierto de ChatGPT en noviembre de 2022 le pilló con el pie cambiado. OpenAI, una empresa hasta entonces desconocida, había puesto en jaque a las grandes tecnológicas. Google, que hasta ese momento lideraba claramente el desarrollo científico y de aplicaciones relacionadas con la IA, se vio obligada a poner el pie en el acelerador. En 2023 reorganizó sus laboratorios de investigación para sacarle más partido a su músculo científico.

Tres años después, el esfuerzo está dando sus frutos. Gemini, la familia de modelos de IA generativa de Google, tiene ya 900 millones de usuarios, según destacó ayer el director general de la compañía, Sundar Pichai. Eso significa que ha doblado el número de personas que manejan su herramienta y que ya está a la par de ChatGPT, hasta ahora líder indiscutible. Con una diferencia: mientras que las nuevas operadoras (OpenAI con ChatGPT o Anthropic con Claude) tienen pérdidas debido al coste de los centros de datos, Google, que ya disponía de una amplia infraestructura, ya está rentabilizando la aplicación de la IA en sus productos.

En sus últimos resultados trimestrales, la compañía dijo que sus ingresos publicitarios habían aumentado un 16%, hasta los 77.000 millones de dólares (unos 66.000 millones de euros) gracias a la IA, que ha ayudado a recoger información más profunda sobre los intereses de los usuarios, lo que a su vez sirve para afinar mejor en la personalización de los anuncios.

Si tenemos en cuenta, además, que Gemini será la base de IA generativa que se aplicará en los iPhone (Siri se nutrirá del modelo de Google), hay motivos para pensar que la compañía de Mountain View no tardará en ser la referencia en esta tecnología.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / Manuel G. Pascual

La construcción más grande de la región maya fue levantada sin trabajo esclavo para representar el universo

El yacimiento de Aguada Fénix es un enorme comosgrama que debieron de construir centenares de personas durante décadas

Mapa de Aguada Fénix elaborado gracias a los millones de pulsos de láser enviado por un sistema LIDAR que, al rebotar, presentan en tres dimensiones las estructuras ocultas por el paso del tiempo.Proyecto Arqueológico Usumacinta Medio

Hace unos años se descubrió en el sur de México una de las mayores construcciones de Mesoamérica y la mayor de la región maya. Se trata de una enorme plataforma levantada entre 10 y 15 metros del suelo, con 1.413 metros de norte a sur y 399 metros de este a oeste que debió funcionar como gran plaza. El descubrimiento fue posible gracias a la tecnología LIDAR, un láser que desentierra casi todo lo oculto. Ahora, en el centro de la estructura, han encontrado una representación del Universo tal y como lo concebían aquellas gentes de las que no se sabe si eran mayas o no. Además, al ampliar el foco del LIDAR, han hallado otro cosmograma aún más grande, cuyas terminaciones se alejan kilómetros del centro. Los autores del descubrimiento, cuyos detalles publica Science Advances, defienden también que, a diferencia de otros grandes monumentos, el de Aguada Fénix, lo levantaron cientos de personas de forma voluntaria.

Aguada Fénix es especial, diferente, por muchas razones: Además de enorme, se trata de una serie de monumentos horizontales. Frente a la verticalidad de las pirámides, aquí manda una plataforma que debió ser como una gran plaza elevada. Junto al sitio de Ceibal está entre las construcciones más antiguas de la zona. La cerámica allí presente ha ayudado a ponerle fecha, su construcción debió iniciarse en torno al 1050 antes de esta era. Eso supone que levantaron la plaza central entre 800 y 1.000 años antes que las grandes ciudades mayas. Es tan antiguo que los autores de su descubrimiento se resisten a considerarlo un monumento maya, cuya civilización estaba emergiendo justo entonces.

“Estando allí, sobre el terreno, en la actualidad no se ve. Puedes ver algunos montículos que sabes que los han hecho humanos, pero no identificas esta gran plataforma de forma rectangular que básicamente constituye un espacio abierto, una gran plaza”, explica Verónica Vázquez, arqueóloga del University College de Londres (Reino Unido) y coautora de la nueva investigación. “No es alta como una pirámide de Palenque o Tikal, es más una arquitectura masiva, monumental, pero horizontal, que se pierde en el paisaje”, añade Vázquez. En el centro de lo que hoy parece un cerro, LIDAR señaló dónde abrir la tierra.

En el centro de la gran plataforma hay una formación en E. De ella destaca esta construcción con sucesivas plantas en cruz.Takeshi Inomata

“En el centro de la plataforma tenemos un grupo arquitectónico que tiene otra plataforma alargada hacia el este y un montículo, como una pequeña pirámide de tierra, al oeste”, detalla la investigadora. Esta configuración la conocen entre los arqueólogos como grupo E y sirve “entre otras cosas, para observar el movimiento del sol en el horizonte, cuando te paras en el montículo del oeste, vas a ver cómo va saliendo el sol en el este y en ciertos momentos del año sale justo al centro, en el eje central”, explica Vázquez. Esos momentos son exactamente el 24 de febrero y el 17 de octubre, con intervalos de 130 días, es decir, la mitad del calendario ritual maya. Al excavarlo, los investigadores encontraron una serie de depósitos rituales que formarían un cosmograma, una representación del Universo en miniatura.

Pero al ampliar el foco, la tecnología LIDAR muestra la verdadera monumentalidad de Aguada Fénix. Las nueve calzadas adivinadas en los primeros trabajos y que partían desde la plataforma central, ahora se extienden varios kilómetros allá. La más larga acaba a 6,3 kilómetros de distancia. Desde arriba, el láser desvela todo un sistema hidráulico con una serie de canales de 35 metros de profundidad y cinco de ancho conectados a una laguna cercana por miedo de una presa. Y cuando el foco se amplía al máximo, emerge entonces un nuevo cosmograma: se observa que todo Aguada Fénix tiene una planta de cruz, con un eje norte sur y otro este oeste.

“El cosmograma se presenta en varios niveles”, cuenta en un correo Takeshi Inomata, arqueólogo de la Universidad de Arizona (Estados Unidos) y líder del grupo que descubrió y sigue excavando Aguada Fénix. “A pequeña escala, está representado por los depósitos en el centro”. En el llamado grupo E han descubierto varias oquedades, de nuevo cruciformes, con ofrendas o elementos pintados con distintos colores. Se trata de los restos arqueológicos coloreados más antiguos encontrados en Mesoamérica hasta ahora. En las culturas de la región, determinados colores se reservaban para marcar los cuatro puntos cardinales. “A mayor escala, todo el sitio constituía un cosmograma, con los ejes norte-sur y este-oeste representados por calzadas, corredores y canales. Esto nos indica que todo el sitio fue diseñado según un plan coherente”, sostiene Inomata.

En el centro de la gran plaza, se han hallado pequeños cosmogramas, de nuevo en formaciones en cruz. A la derecha, la arqueóloga Melina García. A su lado, el profesor Takeshi Inomata, el descubridor de Aguada Fénix.Atasta Flores

La arqueología clásica defendía una idea casi fija sobre el origen de la monumentalidad en la antigüedad: las grandes construcciones del pasado las levantaron sociedades sedentarizadas, de base agraria, pero centralidad urbana y con una marcada jerarquía social que recurrió al trabajo forzado. Así se levantaron las pirámides de Egipto, los zigurats babilónicos o muchos de los templos mayas. La existencia del plan coherente del que habla Inomata parece más fácil en este tipo de organización social. Pero Aguada Fénix contradice todo eso.

“Hay que decir que algunas personas residían en Aguada Fénix todo el año”, acota Inomata. Pero eran especialistas, probablemente encargados de seguir el paso del tiempo o de los rituales que se celebraban en la gran plataforma en función del calendario agrícola. “Sin embargo, un gran número de visitantes probablemente solo acudía en determinadas épocas para la construcción y las ceremonias”. Los investigadores estiman que para levantar solo los entre 3,2 y 4,3 millones de metros cúbicos de tierra de la plataforma central se necesitaron entre 10 y 13 millones de jornadas-persona. “Esto es realmente asombroso, pero existen otros ejemplos en distintas partes del mundo. Lo que nos demuestra que pueblos sin una jerarquía marcada, basados ​​en estilos de vida sedentarios, podían llevar a cabo construcciones de gran envergadura», concluye el arqueólogo de la Universidad de Arizona y primer autor del nuevo estudio sobre Aguada Fénix.

Las pruebas de que fueron centenares, quizá miles, los individuos que de forma voluntaria levantaron Aguada Fénix son más bien indirectas. En esa época no había aún grandes ciudades ni sociedades organizadas en las tierras bajas mayas. Florecía entonces la cultura olmeca, muy jerarquizada, pero a centenares de kilómetros de allí. En la región que rodea el complejo, las comunidades empezaban a asentarse gracias al cultivo del maíz, pero aún tenían una vida seminómada. Además, los investigadores han encontrado entre la tierra de la gran plaza arcillas de distintos orígenes, pero no al azar, sino repartidas por sectores. Como si los integrantes de cada comunidad que arrimaba el hombro quisiera dejar el sello de su propia gente.

Cada color marcaba uno de los puntos cardinales. Los descubiertos en Aguada Fénix son los casos del uso de colores direccionales más antiguos de Mesoamérica.Takeshi Inomata

“Creemos que los habitantes que construyeron Aguada Fénix y otros complejos contemporáneos probablemente eran muy nómadas y no estaban organizados sociopolíticamente de forma jerárquica”, explica Daniela Triadan, colega de Inomata en la Universidad de Arizona en un correo. Esta creencia la basan en que, tras ocho años de investigación y excavaciones, “no hemos encontrado estructuras domésticas permanentes, y mucho menos residencias de élite como palacios”, añade Triadan. Tampoco han hallado esculturas que representen figuras humanas en general, y menos aún gobernantes, lo que contrasta con la cultura olmeca vecina, que sí contaba con una sociedad muy jerarquizada.

En un artículo científico titulado Monumentalismo maya temprano, Triadan plantea una idea diferente a la de la arqueología clásica. La arqueóloga recuerda que sitios como Aguada Fénix están diseñados para la participación de la gente, a diferencia de pirámides y templos, que están reservados para la élite. Existe la posibilidad de que fuera la propia construcción de estos lugares rituales comunitarios los que sentaran las bases de las sociedades complejas que vendrían después y no al revés.

Lo resume Vázquez, la arqueóloga del University College de Londres: “Parecería que solo hay una manera en la que se empieza como una pequeña aldea y luego vas creciendo y te conviertes en la ciudad y entonces ya tienes una estructura jerarquizada sin la cual no puedes llevar a cabo este tipo de proyectos monumentales de gran magnitud. Lo que tenemos ahora y no solo para este caso de Mesoamérica, sino en otras partes del mundo, es que hay otras maneras de hacer las cosas”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / MIGUEL ÁNGEL CRIADO

Desvelan el mecanismo que impulsa el veloz cierre de la venus atrapamoscas, la planta carnívora más famosa del mundo

Es capaz de modificar casi instantáneamente las propiedades mecánicas de sus paredes celulares, lo que le permite capturar insectos en una décima de segundo

Cuando Charles Darwin observó por primera vez una venus atrapamoscas, quedó fascinado. El naturalista británico fue el primero en estudiar científicamente esta planta carnívora, la más famosa del mundo. Verla moverse con rapidez parecía algo propio de un animal. El investigador incluso llegó a pensar que debía existir algún equivalente vegetal a los músculos y los nervios. Más de un siglo después, la venus atrapamoscas sigue desafiando las ideas de los científicos sobre el movimiento de las plantas. Ahora, un equipo de físicos y biólogos ha demostrado que el secreto de su veloz trampa reside en la capacidad de modificar casi instantáneamente las propiedades mecánicas de sus paredes celulares, un cambio que desencadena el cierre de la hoja sobre la presa.

En apenas unos segundos, las paredes celulares de una capa específica de la hoja se ablandan y liberan energía elástica previamente almacenada. El resultado es una trampa mortal para insectos pequeños y medianos, que son atrapados en décimas de segundos.

Los autores rompen con la teoría dominante sobre este movimiento. Solía creerse que, cuando un insecto rozaba dos veces los pelos sensoriales de la venus atrapamoscas (Dionaea muscipula), una señal eléctrica de iones de calcio recorría la hoja y desencadenaba un rápido movimiento: los dos lóbulos de la trampa se cerraban sobre la presa. Esta hipótesis sostenía que el cierre era posible gracias a un rápido desplazamiento de agua entre las células, una especie de mecanismo hidráulico comparable al de una máquina impulsada por presión.

Al físico Yoël Forterre, uno de los autores del estudio que se publica este jueves en la revista Science, la lógica de esta teoría le despertaba dudas. Explica que el agua puede desplazarse con rapidez dentro de una célula porque solo debe atravesar una membrana. Sin embargo, cuando tiene que recorrer largas distancias entre células y tejidos, el proceso se vuelve mucho más lento. “Cuando quieres mover agua a una gran distancia de una célula a otra a través de un tejido, se sabe que es bastante largo”, señala este investigador que lleva más de dos décadas estudiando la planta.

Forterre reconoce que no fue el primero en sospecharlo. Ya existían trabajos previos, como uno publicado en 1989 por los investigadores alemanes Hodick y Sievers, que apuntaban en esa dirección y que inspiraron la nueva investigación. “Hay muchos movimientos en las plantas que utilizan el transporte de agua y creo que fue principalmente esta analogía la que llevó a pensar que la venus atrapamoscas funcionaba así”, afirma.

Así lo descubrieron

Los investigadores analizaron el movimiento desde múltiples escalas. Primero, investigaron la dinámica macroscópica del cierre mediante el seguimiento de la forma tridimensional de la trampa. Para esto utilizaron una configuración estereoscópica, una técnica utilizada para simular la percepción de profundidad con 3D. Los autores descubrieron que el motor interno de la planta actuaba durante aproximadamente tres o cuatro segundos, más lentamente que el cierre final que puede verse.

La siguiente cuestión era determinar si el transporte de agua podía ser el motor de ese movimiento. Para analizarlo, midieron cuánto tarda el agua en desplazarse a través de las células de la trampa. De acuerdo con los resultados, atravesar el tejido completo requeriría entre 30 y 150 segundos, un tiempo muy largo para explicar un movimiento que comienza en apenas unos segundos. Además, si el agua fuera la responsable, deberían observarse retrasos en distintas zonas de la hoja a medida que el líquido se desplazara. Sin embrago, esos retrasos nunca aparecieron.

“Descubrir que la pared celular puede ajustar sus propiedades mecánicas en una escala de tiempo tan corta, que yo sepa, es realmente nuevo”, afirma Forterre. De acuerdo con el físico, “hasta la fecha, este es el cambio mecánico más rápido encontrado en plantas con pared celular”.

Jacques Dumais, biólogo especialista en biomecánica vegetal que no participó en el estudio, considera que la nueva investigación aporta la evidencia más sólida hasta la fecha sobre el mecanismo que permite el cierre de la trampa y conecta por primera vez toda la cadena de acontecimientos, desde la detección de la presa hasta la captura. “Normalmente asociamos un ser vivo que se mueve rápido, que puede bailar, saltar o correr, con tener músculos”, explica. “Y la planta no es así”. Aun careciendo de ellos, la Venus atrapamoscas es capaz de capturar arañas e insectos que pueden moverse con rapidez.

Para este catedrático de Bioingeniería de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, “que tengan una configuración interna muy distinta a los animales y puedan alcanzar velocidades muy parecidas, vale la pena entenderlo”. El biólogo, además, no descarta uno de los elementos clave de la primera hipótesis. “Para que funcione el mecanismo también es necesario un movimiento de agua. Cualquier cambio de configuración en una planta implica un movimiento de este tipo en algún momento”, sentencia.

Una inspiración para la ingeniería

La venus atrapamoscas lleva años inspirando a investigadores de robótica y ciencia de materiales. Los autores creen que este hallazgo podría reforzar ese papel y abrir nuevas vías para el desarrollo de robots y creación de músculos artificiales. “Tal vez podamos inspirarnos en esto para diseñar sistemas rápidos, robóticos blandos, que puedan liberar rápidamente energía elástica ablandando alguna parte de la máquina”, plantea Forterre.

El autor explica que, aunque el trabajo identifica el mecanismo físico que desencadena el cierre, todavía no resuelve la pregunta molecular. El calcio, comenta Forterre, parece actuar como una señal inicial. Una sola estimulación no genera una concentración suficiente, pero dos contactos rápidos consecutivos sí alcanzan el umbral necesario para activar la trampa. Sin embargo, explica, eso no significa que el calcio sea el responsable directo del movimiento. El físico admite que “ese es el último eslabón que falta”. Una respuesta que, por ahora, sigue escondida dentro de su propia trampa.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / Selva Vargas Reátegui

Un rebelde de 31 años llamado Gaudí: así es El Capricho, su obra más incomprendida

La vigencia y la belleza de la ópera prima del arquitecto catalán radican en que cada ventana y cada azulejo se proyectaron con precisión, obedecen a un propósito y se adaptan a la vida de quien habitaría su interior

La torre-mirador es la pieza más llamativa de El Capricho. Desde su terraza superior, el visitante puede disfrutar de unas vistas extraordinarias del mar Cantábrico.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

Los caprichos nacen del impulso, de la libertad de lo inesperado. En música, un capricho es una pieza que fluye sin reglas, que se deja llevar por la imaginación. Quizá todo eso late en El Capricho que Antoni Gaudí construyó en Comillas (Cantabria) hace 140 años, un edificio incomprendido que, sin embargo, va mucho más allá de la fantasía: cada curva, cada ventana y cada azulejo se proyectaron con precisión, obedecen a un propósito y se adaptan a la vida de quien habitaría su interior. La ópera prima de Gaudí revela un rigor que contradice el sentido literal de su nombre.

La historia comienza en 1881, cuando Antonio López y López, marqués de Comillas, financió la instalación de 30 farolillos eléctricos en las calles de aquella villa marinera a orillas del Cantábrico, lo que la convirtió en la primera localidad de España en contar con alumbrado público. Este impulso modernizador no fue un gesto aislado: formaba parte de un ambicioso plan con el que el marqués y sus allegados pretendían transformar un pueblecito de pescadores en un lujoso lugar de veraneo para la aristocracia patria. Aquella élite económica y cultural —tejida entre Cataluña y Cantabria— contrató a los mejores arquitectos y artistas de Barcelona para levantar edificios esplendorosos, como la Universidad Pontificia y el Palacio de Sobrellano, residencia estival del marqués.

El dormitorio de Díaz de Quijano, el único de toda la casa, cuenta con dos grandes ventanales orientados al este para recibir los rayos del sol de la mañana.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

Y, entonces, llegó Máximo Díaz de Quijano. “Era concuñado del marqués y abogado de su empresa, la Compañía Trasatlántica, en Cuba”, explica Carlos Mirapeix Bedia, director de El Capricho. “Pertenecía a esa generación de indianos que dejaban América para volverse a la tierruca con mucho dinero y con muchas ganas de construirse su propio palacio”. En 1883 Díaz de Quijano decidió confiar su casa a un arquitecto joven y desconocido, sin una sola obra construida en su haber, pero con un entorno poderoso: contaba con el apoyo de su maestro, el arquitecto Joan Martorell, del marqués de Comillas —para quien había diseñado los muebles de la capilla-panteón familiar— y del empresario Eusebi Güell, yerno del marqués. Todos decían que su talento era extraordinario. ¿Su nombre? Antoni Gaudí. Sin duda, 1883 fue un año crucial para el arquitecto catalán: además de la villa para Díaz de Quijano, Gaudí recibió el encargo de la Casa Vicens y la adjudicación de las obras de la Sagrada Familia, que acabaría convirtiéndose en su gran obsesión.

En el ático, donde puede verse la estructura de vigas de madera que sostienen la cubierta, se exponen algunos muebles diseñados por Gaudí.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

Una casa que sigue el movimiento del sol

Díaz de Quijano era un dandy soltero y muy rico; un intelectual, melómano —escribió la música de varias zarzuelas— y apasionado de las plantas exóticas, que quería “una casa pequeña, pero confortable”. Gaudí respondió con un proyecto de planta en forma de U en la que dispuso ocho estancias concatenadas y ordenadas según una secuencia continua que seguía el movimiento del sol y acompañaba las actividades diarias: el único dormitorio de la casa, de 42 metros cuadrados y con una enorme terraza privada, se orientaba a levante para recibir el sol de la mañana; mientras que el comedor y su fumadero, en el extremo oeste, cerraban el día con el atardecer. Entre ambas piezas, se dispusieron una serie de salones para atender a las visitas y satisfacer la intensa vida social de Díaz de Quijano, así como otros espacios privados de trabajo y ocio individual. Las dependencias del servicio se localizaron en el sótano y en el ático, que actuaba también como cámara aislante.

En el centro de esa U, Gaudí construyó un invernadero donde Díaz de Quijano, amante de la botánica, pudiera cultivar las especies tropicales traídas de América y “hacer realidad su sueño de poseer un pequeño jardín cubano aquí, en Comillas”, explica Mirapeix. Su orientación sur permitía a esta caja de vidrio actuar como un eficaz sistema pasivo de iluminación y calefacción natural para toda la casa: acumulaba calor durante el día y lo irradiaba por la noche.

El invernadero domina la fachada trasera de El Capricho. Al estar orientado al sur, capta los rayos del sol y funciona como sistema de iluminación y calefacción natural para toda la casa.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

Puede que El Capricho no fuera demasiado grande —720 metros cuadrados eran una minucia para los palacios de los indianos de Comillas—, pero era una obra ostentosa, concebida para deslumbrar a las visitas antes incluso de acercarse a la puerta de entrada. La propiedad se rodea de un precioso jardín en el que pueden adivinarse algunos de los elementos del lenguaje paisajístico que Gaudí desarrollaría plenamente en el Park Güell casi dos décadas después, como los muros de piedra rústica que absorben el pronunciado desnivel del terreno y se transforman en bancos e incluso en una gruta.

La entrada principal es igualmente espectacular: un porche circular, sostenido por cuatro columnas de piedra coronadas por capiteles decorados con aves y hojas de palmito, que se proyecta en vertical hacia uno de los elementos más llamativos del edificio, la torre-mirador. Este cilindro encierra una escalera de caracol que conduce a una terraza con unas vistas fabulosas del mar Cantábrico, invisible desde el resto de la casa por su ubicación en una vaguada.

Gaudí diseñó un artesonado distinto para cada uno de los techos de la casa. El del cuarto de baño combina la madera y el mármol.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

El Capricho fue un edificio muy transgresor, que mezclaba lenguajes con una naturalidad y libertad insólitas. Y es que, aunque Gaudí ha pasado a la historia por su contribución al desarrollo del modernismo catalán, esta primera obra representa un eclecticismo cosmopolita: el empleo del ladrillo visto procedente de la tradición árabe y nazarí, la torre inspirada en los minaretes de la arquitectura persa islámica o los artesonados neomudéjares que decoran los techos se mezclan con formas góticas y con un sentido del habitar profundamente conectado con el paisaje cantábrico.

Pero, más allá de los préstamos culturales, Gaudí —que defendía que “la casa es la pequeña nación de la familia”— concibió El Capricho como un traje a medida para Díaz de Quijano. La villa despliega un programa iconográfico que rinde homenaje a sus dos grandes pasiones: la música y la naturaleza. En los vitrales del baño, un pájaro se posa sobre las teclas de un piano; una abeja sostiene una guitarra. Las barandillas de hierro forjado se retuercen dibujando claves de sol. La fachada, organizada en franjas horizontales de ladrillo visto y azulejos cerámicos con relieves de girasoles amarillos y hojas verdes, puede leerse como un pentagrama con notas vegetales. Incluso los remates de zinc verde que protegen el marco de las ventanas prolongan la metáfora botánica. Todo en la casa crece y florece.

El artesonado del techo del fumadero se inspira en la tradición constructiva mudéjar, lo que confiere a la estancia cierta esencia árabe.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

Gaudí, más allá de la fantasía

Es posible que ese ejercicio de virtuosismo continuo acabara dándole a la casa el nombre de El Capricho, un apodo que se utiliza desde los primeros artículos aparecidos en prensa sobre el proyecto, cuando todavía ni siquiera había comenzado a construirse. Sin embargo, para Mirapeix es fundamental que dejemos de “disneyficar a Gaudí”, y lamenta que “se habla mucho de su fantasía y muy poco de su sentido arquitectónico. El Capricho está lleno de detalles que demuestran que Gaudí no era solo un visionario, sino un arquitecto riguroso, preocupado por la técnica, el confort y la experiencia cotidiana de la vivienda”.

Mirapeix se detiene en el complejo catálogo de carpinterías que Gaudí diseñó expresamente para la vivienda: ventanas de guillotina doble, puertas correderas ocultas que permitían comunicar o dividir las distintas estancias, o incluso unas curiosas ventanas deslizantes que incorporan un sistema de contrapesos que producen música al abrirlas y al cerrarlas. También llama la atención sobre el ingenioso diseño de las barandillas de los balcones del salón, que se repliegan para convertirse en bancos: una operación que transforma el límite en lugar de estancia.

Entre lo figurativo y lo abstracto, la fachada de El Capricho esconde alusiones constantes a las dos grandes pasiones de su dueño: la música y la botánica.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

Reivindica además su concepción de la profesión. El estudio funcionaba como una oficina de arquitectura moderna: Gaudí proyectó la vivienda desde Barcelona, y fue un colaborador suyo, Cristóbal Cascante, quien supervisó las obras en Comillas. Incluso con los medios tan limitados de la época, lograron levantar un edificio muy complejo en tan solo dos años.

Para su desgracia, Díaz de Quijano apenas pudo disfrutar de El Capricho: murió pocos días después de que se terminara la casa, en 1885. En 1914, sus herederos eliminaron el invernadero para añadir más habitaciones y, después de la Guerra Civil, el edificio quedó abandonado durante décadas. Su recuperación llegó en 1988, cuando se restauró para albergar un restaurante. Desde 2009, funciona como museo.

En el patio de El Capricho, Gaudí transformó un muro de contención de tierras en un lugar de descanso gracias a la incorporación de bancos revestidos con cerámica blanca.Rubén Gares – Archivo fotográfico de El Capricho de Gaudí

Para Mirapeix, el reto sigue siendo el mismo: conservar sin congelar. “No se trata solo de preservar un edificio, sino de mantener viva su arquitectura”. Entre los próximos proyectos, menciona la renovación parcial de la cubierta, la reconstrucción del invernadero y la sustitución de la iluminación interior. “Me gustaría que los visitantes pudieran experimentar el ambiente de las habitaciones exactamente igual que cuando terminó de construirse —dice entusiasmado—, que entiendan cómo la luz solar recorre la casa a lo largo del día”.

Porque El Capricho respira, enseña y emociona. Su vigencia y belleza radican en la inteligencia ambiental de una casa que, 140 años después, sigue girando con el sol.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / DANIEL DÍEZ MARTINEZ

Los neandertales encendieron el primer fuego de la humanidad

Los restos de una hoguera en Inglaterra muestran que estos humanos ya eran capaces de crear llamas hace 400.000 años

Uno de los fragmentos de pirita hallados en Barnham, al sueste de Inglaterra.Jordan Mansfield, P.A.B.P.

No es el fuego, ni sus cenizas, pero sí el mechero que lo encendió. Científicos de Reino Unido han encontrado los restos de la hoguera más antigua prendida por humanos. Se hizo hace unos 400.000 años en Barnham, al sureste de Inglaterra, cuando una persona hizo chocar un trozo de pedernal y otro de pirita para sacar chispas y hacer llamas, según su hipótesis. Fue solo un gesto, pero supone una revolución, pues sería la primera prueba de control absoluto del fuego, algo que tradicionalmente se atribuía a nuestra especie, los Homo sapiens. Pero los creadores de estas lumbres fueron los neandertales, aseguran los responsables del trabajo, que se publica este miércoles en Nature.

El fuego está tan enraizado en la humanidad que la primera acepción de hogar es el lugar donde se hace fuego. Las llamas nos permitieron salir de la oscuridad, huir del frío, ahuyentar a los depredadores y cocinar, lo que facilitó las digestiones y liberó recursos para desarrollar cerebros cada vez más grandes. La hoguera también es el lugar primigenio de reunión, por lo que probablemente en torno a su calor se inventaron las primeras historias, tradiciones y creencias.

“Es increíble que los grupos más primitivos de neandertales ya conocieran las propiedades de pedernal, pirita y yesca”, resalta Nick Ashton, conservador de colecciones paleolíticas del Museo Británico, y autor principal del estudio, en una nota de prensa. Su colega Rob Davis, añade: “La habilidad de hacer fuego y controlarlo es uno de los momentos estelares de la historia de la humanidad”, y este descubrimiento “retrasa su aparición unos 350.000 años”.

El estudio destaca que en la zona Barnham no hay pirita, así que los humanos tuvieron que traerla de otro lugar, lo que refuerza la hipótesis de que ya conocían su excepcional utilidad.

Los indicios más antiguos de uso del fuego están en África, y se remontan más de millón y medio de años. Esto demuestra que los homínidos ya sabían encontrar un incendio natural —prendido por un rayo, por ejemplo— y aprovecharlo. En Europa y Asia hay hogueras de hace hasta 800.000 años, como en la Cueva Negra del Estrecho del Río Quípar, en Murcia. Pero en ningún caso se ha podido descartar que su origen fuesen incendios naturales, cuyas llamas eran mantenidas con cada vez más pericia por los humanos. Conservar el fuego era, literalmente, mantener el hogar.

Las nuevas pruebas se han hallado en una antigua cantera de arcilla explotada desde el siglo XVIII, y excavada como yacimiento desde principios del XX. Tras años de búsqueda, los investigadores creen haber encontrado pruebas concluyentes de que aquí hubo un campamento humano con fuegos encendidos y mantenidos en el tiempo.

El análisis geoquímico de los sedimentos muestra temperaturas de más de 700 grados que refuerzan la hipótesis de fogatas repetidas. También hay herramientas de piedra quemadas. Pero sobre todo hay dos pequeños fragmentos de pirita, algo mayores que la uña de un pulgar. Este mineral rico en azufre se habría usado como encendedor, y los dos trocitos descubiertos serían esquirlas que saltaron en el proceso.

Excavaciones en el yacimiento de Barnham, Reino Unido, donde han aparecido las antiguas hogueras.Jordan Mansfield

En Europa ya se conocían fogatas humanas en esta época en cuevas de Francia y Portugal; y también en campo abierto en Ucrania, Reino Unido y España. Pero en ninguno de ellos —ni en otros posteriores— se ha hallado pirita como piedra de chispa, según los autores del nuevo trabajo. Para encontrar la prueba más clara de dominio absoluto del fuego en Europa, señalan, hay que esperar hasta hace unos 50.000 años en Francia. Y también en este caso los autores eran neandertales, la especie humana más cercana a la nuestra, que se extinguieron hace unos 40.000 años por causas desconocidas.

La gran pregunta es quiénes eran aquellos humanos que ya dominaban el fuego. Chris Stringer, investigador del Museo de Ciencias Naturales de Londres y coautor del estudio, explica que en este yacimiento no hay restos humanos. Pero a unos 100 kilómetros al sur se han hallado tres fragmentos de cráneo que evidencian una capacidad cerebral muy parecida a la de los humanos actuales.

Los restos pertenecían a neandertales tempranos, ancestros de esta especie con una fisonomía muy parecida a los que vivían en la sierra de Atapuerca, en Burgos, hace unos 430.000 años. Es interesante, porque justo en este yacimiento, del que han salido miles de fósiles de estos humanos, no hay ni rastro de fuego.

Probablemente, el dominio del fuego no surgió en Inglaterra, opinan los responsables del hallazgo. “Hace unos 450.000 años hubo una glaciación que probablemente aniquiló a todos los humanos” de la isla, ha relatado Stringer en una rueda de prensa. Un puente de tierra unía este territorio con el resto de Europa, así que estos ancestros neandertales europeos la repoblaron y llegaron “más al norte” gracias a la nueva tecnología que ya dominaban. El fuego fue “un seguro de vida”, y se convirtió en el lugar donde contar historias, transmitir conocimiento y desarrollar el lenguaje.

Estos hallazgos “encajan con un comportamiento neandertal más complejo del que pensábamos”, ha añadido el paleoantropólogo. “No estamos diciendo que fuesen los únicos [capaces de dominar el fuego], pero desde luego este es el primer caso del que podemos estar seguros”.

Los dos fragmentos de pirita vistos desde dos perspectivas distintas.Nature

“El control del fuego”, reconoce la historiadora Ruth Blasco, es “uno de los temas más debatidos y controvertidos en el ámbito de la arqueología del Paleolítico”. La investigadora del Instituto Catalán de Paleoecología Humana, que no ha participado en el trabajo, opina que las pruebas presentadas son diversas y “robustas”. “La comunidad científica ya asumía que el uso regular y controlado del fuego se produjo en Europa hace entre 400.000 y 300.000 mil años, y que la señal arqueológica queda bien establecida en yacimientos posteriores a 100.000 mil años. El panorama científico no cambia mucho a partir de Barnham, pero sí se pone una fecha clara para la producción intencional del fuego”, razona.

La hoguera de Barnham se hizo en campo abierto, probablemente a orillas de una laguna. Pasados 400.000 años era imposible que se conservasen los indicadores normales del fuego, como cenizas o tizones. Para probar su caso, los científicos echaron mano de varias técnicas muy novedosas, como el análisis magnético de los sedimentos, la espectroscopía de infrarrojos y el análisis de hidrocarburos, que presentan un patrón diferente cuando hay un fuego natural y otro encendido en el mismo lugar en varias ocasiones.

“La convergencia de múltiples líneas de evidencia y de métodos analíticos independientes aporta un elevado grado de robustez a las conclusiones del estudio”, opina la arqueóloga Montserrat Sanz, de la Universidad de Barcelona, que ha sido revisora científica independiente de este trabajo. “Posiblemente, no se trata del primer fuego producido por humanos en sentido estricto, ya que existen indicios de control y uso del fuego en cronologías anteriores. Sin embargo, el hallazgo es especialmente relevante porque documenta el encendedor más antiguo conocido hasta el momento; y documentarlo implica que el fuego fue producido por humanos”, argumenta.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / NUÑO DOMÍNGUEZ

Una alianza inesperada: orcas y delfines forman equipos de caza para atrapar salmones gigantes y compartir el botín

Grabaciones inéditas revelan cómo las dos especies de depredadores marinos desafían lo establecido al colaborar para localizar sus presas en las profundidades

Delfín con una manada de orcas residentes del norte.

El mar del estrecho de Johnstone, al norte de la isla de Vancouver (Canadá) parece tranquilo, pero en las profundidades turbulentas se teje una historia entre dos grandes depredadores. Allí, las orcas residentes avanzan al ritmo del peso de sus cuerpos negros y los delfines de flancos blancos se desplazan inquietos. Juntos, pero no revueltos, como quien pasa por la calle sin intercambiar miradas. Es en ese vaivén donde un nuevo estudio de la revista Scientific Reports apunta a que ambas especies han encontrado una forma de colaboración en plena caza para seguir el rastro de los salmones Chinook y darse un verdadero festín frente a la Columbia Británica.

Para desentrañar la naturaleza de estas interacciones, los investigadores utilizaron una combinación inédita de herramientas con drones lanzados por el Instituto Hakai, cámaras submarinas y sensores de bioregistro —adheridos como ventosas en la piel de las orcas— captando un retrato íntimo de encuentros que desafían lo que se creía sobre la vida social de estos cetáceos. “Nuestras grabaciones muestran que podrían estar cooperando para encontrar y compartir presas”, indica la autora principal Sarah Fortune, del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Dalhousie, en un comunicado.

En la superficie, la escena era aún más reveladora. En cuatro días de registro, hubo 258 momentos en que los delfines nadaron cerca de la cabeza de una orca. Durante todos estos episodios, las orcas realizaban comportamientos de búsqueda, persecución, captura y despiece de presas con otros miembros de su grupo matrilineal. Al mismo tiempo, los delfines estuvieron presentes en cuatro ocasiones. La investigación publicada este jueves indica que en al menos un episodio de caza estos mamíferos aprovecharon los restos de los salmones capturados por las orcas, una presa demasiado grande para que pudieran ingerir entera.

Orcas, delfines y marsopas de Dall interactúan en la superficie entre inmersiones de alimentación.A. Trites/S. Fortune/ K. Holmes/ X. Cheng

Los científicos pudieron registrar en 3D lo que antes quedaba oculto gracias a las etiquetas CATS (Customized Animal Tracking Solutions, en inglés) que fueron usadas por primera vez para seguir con detalles los movimientos de caza, la actividad acústica y la dinámica entre especies, permitiendo reconstruir escenas subacuáticas con una precisión nunca vista. Paolo Domenici, investigador del Instituto de Biofísica de Pisa, en Italia, considera que estos resultados añaden una pieza clave a un rompecabezas poco explorado. “El presente trabajo, así como investigaciones anteriores, sugiere que las interacciones intraespecíficas no agresivas podrían ser más comunes de lo que se creía”, señala este experto, que no fue parte del análisis.

No es el único indicio porque otro estudio difundido por la revista Ecology and Evolution y realizado en la misma zona también identifica interacciones interespecíficas entre pequeños cetáceos como las marsopas de Dall y orcas residentes del norte. El equipo de Fortune —compuesto también por expertos de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) y el Instituto Leibniz (Alemania)— es prudente. Prefieren hablar de “colaboración oportunista” o “asociación funcional”, términos que reflejan una relación ventajosa sin suponer intenciones complejas. Un aspecto en el que coincide Domenici: “Se requerirán estudios adicionales que cuantifiquen el impacto de la cooperación en el esfuerzo y el éxito de la búsqueda de alimento”.

La danza de la colaboración

Los resultados descartan explicaciones como el cleptoparasitismo, que es cuando una especie roba alimento a otra. En cambio, los científicos sugieren que las orcas aportan fuerza y técnica para procesar presas grandes, mientras los delfines amplían el alcance de la búsqueda gracias a su ecolocalización. Son sonidos que viajan en ondas, cruciales para comunicarse y orientarse en aguas donde la luz no llega.

“En este caso forman equipos de caza sorprendentemente coordinados. Ambos se benefician”, complementa Bruno Díaz, doctor en Ecología y fundador de Bottlenose Dolphin Research Institute, que no participó de los hallazgos. En las exploraciones las orcas, de hecho, se orientaban hacia los delfines, siguiéndolos en las profundidades como si leyeran sus señales acústicas para localizar presas. Al moverse así, ellas ahorraban energía y convertían a los delfines en guías con radar propio para aumentar sus probabilidades de encontrar grandes salmones Chinook a mayor profundidad.

En esta alianza, los delfines ganaban algo más que comida. Una especie de protección silenciosa, se lee en el estudio, frente a los depredadores y la oportunidad de hurgar entre los restos de uno de los peces más codiciados del océano. Las interacciones, coordinadas y oportunistas, revelan que la cooperación entre especies marinas puede ser más compleja y estratégica de lo que hasta ahora se pensaba, y abren la puerta a nuevas investigaciones sobre cómo se forman y se sostienen estas alianzas en la profundidad del Pacífico.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / CONSTANZA CABRERA

‘El Principito’ vuela más alto que nunca: el fin de los derechos de autor dispara la fiebre por el clásico de Saint-Exupéry

El paso a dominio público en España propicia reediciones, exposiciones y el lanzamiento de una secuela autorizada, firmada por el superventas español Eloy Moreno

Ilustración de David Sierra para ‘El nuevo viaje del Principito’, escrito por Eloy Moreno a partir de la obra de Antoine de Saint-Exupéry y editado por Salamandra.

La historia de El Principito está llena de vuelos. Empezaba con uno, que el narrador de la novela debía interrumpir por una avería, en pleno desierto. Varado entre las dunas, con agua solo para ocho días, escuchaba aquella célebre vocecita: “Por favor…, ¡dibújame un cordero!”. Su asombro en el libro, ante el extraño encuentro con un niño y su aún más extraña petición, aumentaba cuando el chiquillo se ponía a contarle sus propios viajes espaciales. Así Antoine de Saint-Exupéry juntó en 1943 en una fábula de un centenar de páginas sus dos grandes pasiones: escritura y aviación. Aunque otra travesía fallida, poco después, le costó la vida: su caza de combate desapareció el 31 de julio de 1944 cerca de Córcega. Destino, talento literario, interés póstumo y unos cuantos elementos más empujaron entonces el despegue de la propia obra, rumbo al estrellato: se calcula que solo La Biblia cuenta con más traducciones.

Ocho décadas después, se siguen vendiendo al menos cinco millones de ejemplares al año, según la Fundación Antoine de Saint-Exupéry por la Juventud, que gestiona la marca y el legado del escritor. Y que acaba de autorizar por primera vez una secuela, El nuevo viaje de El Principito, de Eloy Moreno con ilustraciones de David Sierra, donde aviador y muchacho se reencuentran a raíz de un nuevo accidente aéreo, en medio del mar. La edición de Salamandra se presenta como la única con el sello oficial. En absoluto, sin embargo, es la única en las estanterías: el paso a dominio público de la obra en España ha disparado su presencia. Prácticamente cada sello tiene su principito, ya sea idéntico al original, con pop-ups, solapas, carruseles, o nuevos dibujos.

“Nunca ha sido tan popular. Todos hablan de él. Ahora, además, todos lo publican”, celebra Thomas Rivière, responsable de licencias y marca global de la fundación. Habla desde Dortmund, adonde ha acudido estos días a inaugurar una exposición inmersiva que ya estuvo en Francia y visitará otros países. Y detalla planes de aquí a 10 años: musicales ―menciona Antoine, en Barcelona―, videojuegos, reediciones, cómics, animación. El mito de El Principito no tiene previstos aterrizajes de emergencia. Al revés, aspira a volar cada vez más alto. Para disgusto de quienes colocan su calidad cerca del suelo. O incluso por debajo.

Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry para ‘El Principito’.

“¿Cuántos libros se habrán escrito en estos 80 años? ¿Cuántos clásicos hay? Es un milagro que aún esté vendiendo tanto. Resulta muy emocional, cuando lo lees quieres compartirlo con tus seres queridos”, agrega Rivière. “Se dirige a la humanidad entera”, subraya en un vídeo promocional Olivier d’Agay, sobrino nieto de Saint-Exupéry y presidente de la fundación. La imagen del principito ocupa ya todo tipo de utensilios, pero Rivière relata que el objeto más exitoso sigue siendo el original: el libro. Lo cual, junto con la desaparición de los derechos de autor, explica por qué tantos sellos lo hayan hecho suyo. Ya sucedió en China o Japón, donde hace décadas que es de todos: existen hasta 20 versiones distintas solo en manga. En Francia o EE UU, en cambio, todavía está sujeto al copyright. Aunque los seguidores en todo el mundo llevan tiempo difundiendo en internet sus propias versiones y continuaciones.

En España no ha habido mes, este 2025, sin que se anunciara la publicación de otro principito. Tanto que, cuando Salamandra le planteó a Moreno si quería escribir una continuación, pidió una semana para responder. “Era una responsabilidad muy grande. Hay mucha gente fanática, que tiene hasta tatuajes. Intenté ser respetuoso con la historia y el autor”, explica. Su carrera ofrece otra clave: es el creador de superventas infantiles y juveniles muy emotivos como Invisible o Redes. Y celebra estas semanas otra marca inédita: ha entrado en el Guinness de los Récords por la mayor cantidad de libros firmados en 12 horas, con los 11.088 autografiados el pasado febrero en Madrid.

Antoine de Saint-Exupéry en una imagen de archivo.

“El público lo compra porque es El Principito. Y, ahora, también por Eloy Moreno. Mi objetivo es que se lea lo más posible”, destaca Rivière. Finalmente, una vez aceptado el reto, el español apostó por mantener la estructura original y tocar el interior. Piloto y niño vuelven a juntarse, el chico sigue necesitando un dibujo ―un topo, en este caso― y describe un periplo parecido: ha visitado unos cuantos planetas peculiares antes de regresar a la Tierra. Reaparecen así temas como el cuidado de la naturaleza, la tolerancia, la amistad o el amor. Y personajes como la rosa o el zorro. En la novela original, el pequeño conocía a un hombre de negocios afanado en contar estrellas o un rey sin súbditos. Aquí, pisa una avenida masificada, descubre la invasión de pastillas y pantallas u observa a un niño a bordo de “una barca que no sabe a dónde ir, porque quienes están en ella no tienen casa”.

Moreno aclara que descartó enseguida un planteamiento rompedor: “No habría sido El Principito”. Y, a la vez, rechaza que se haya limitado a una copia actualizada: “Quería reproducir la idea de observar con los ojos de un niño, sin posicionarme, pero con otras temáticas. He recibido mensajes de gente que ahora ha leído los dos seguidos y percibe la misma esencia”. Lo cierto es que El nuevo viaje suma ya 20.000 copias vendidas. Aunque Salamandra no se conforma: prepara una edición del original ilustrada por María Hesse y traerá a España la de los célebres diseñadores MinaLima, uno de los lanzamientos estrella de la fundación para 2026.

Ilustración de Antonio Lorente para la reciente edición de ‘El Principito’ publicada por Edelvives.

“Todos los ilustradores que deseábamos hincarle el diente ahora somos libres para abordar ese imaginario”, apunta Antonio Lorente, que se ha atrevido a dibujar la versión editada por Edelvives. Él también sintió cierto peso, porque los diseños del propio Saint-Exupéry han contribuido junto con los textos a la leyenda. Así que se lo leyó por tercera vez. Y luego, guiado por el mismo respeto que Moreno, encontró otro camino: un estilo “completamente diferente” y aun así parecido “en la línea y el punto de vista”, con mucha “alma”. Dejó amplios espacios blancos, para evocar el infinito del que habla el libro. “Es la magia de El Principito. Cada uno le busca su lectura. Es filosofía pura”, añade. Por eso Irene de Puig y Roser Grivé i Solé se pasaron hace años 15 cursos escolares debatiéndolo con clases de adolescentes. Y, finalmente, sacaron de la experiencia otro libro: Cómo se puede leer El Principito (Octaedro).

“Es una obra simbólica que permite una variedad infinita, desde la moralina, hasta la autoayuda o la sociopolítica. Tiene un tono ingenuo, que no lo es en realidad, que nos lleva a la infancia. Al alumnado de 12-15 años le habla de sí mismo, pero sin decírselo. Afronta temas tremendos como el abandono, la soledad, la muerte, con una sensibilidad exquisita”, apunta De Puig. La filósofa y filóloga añade que la respuesta en las aulas fue “magnífica”, y recuerda jóvenes que contagiaron la lectura a sus familias. Aunque, por más que ofrezca una oda al entendimiento, la novela se ha ganado opositores igual de pasionales. En el libro, el protagonista se sorprende por la rigidez de los adultos: a saber qué opinaría de la enemistad que despierta su fábula, a priori tan inocente. Y tan desprovista de asuntos polémicos que se le lanza otra acusación: ser una ñoñería.

Taza de ‘El Principito’, a la venta en la tienda oficial en París.

Las mismas frases que ejemplifican su poética compleja según los adoradores, de “Lo esencial es invisible a los ojos”a “Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos”, revelan su vacuidad, en opinión de los detractores. El cómico Héctor de Miguel, hace cuatro años, lo resumió en tres palabras: “Es una mierda”. “No puede gustar a todos. Quien la critica no se imagina cuánto ayuda a gente que se siente mal. Es un libro triste que, sin embargo, hace estar bien”, responde Rivière. “Hay capítulos más o menos conseguidos, situaciones quizás un poco sensibleras, pero ocurre en las mejores novelas”, valora De Puig. Y Lorente atribuye el desapego de algún lector al elemento “místico” de la novela. Eloy Moreno, cuyas exitosas obras han sufrido algún ataque parecido, afirma: “Hay muchas capas y también depende de dónde te quedes. De todos modos, no hago novelas negras, escribo de forma emocional sobre temas muy sentimentales”.

“Sin ser yo la persona más ñoña del mundo, ¿cuál sería el problema incluso si El Principito lo fuera?”, plantea Silvia Riesco, filóloga clásica, profesora de secundaria y bachillerato en Madrid. Fue otro enseñante quien le descubrió el libro, cuando ella aún estudiaba en la universidad: dio a la clase las primeras páginas de la novela en griego moderno. Luego, en 2004, Riesco compró en un viaje a Bolonia la versión italiana. La española, paradójicamente, vino más tarde. Siguieron la tailandesa, la armenia o la extremeña, El Prencipinu, y muchas más, hasta una colección que suma más de 40 ejemplares. Por compras propias, y regalos de amigos que ya conocen y alimentan su tradición. “Tampoco es que ofrezca la calidad de la Ilíada, pero sí creo que tiene más profundidad de lo que a priori parece”, agrega la profesora.

Una imagen de la película ‘El Principito’, de Mark Osborne.

Mark Osborne, director de la última adaptación cinematográfica, hace una década, le debe de alguna manera su familia a la novela: ha contado que su novia se la regaló cuando él tuvo que mudarse de Nueva York a California, con 18 años. Sostuvo que el libro les sirvió como un vínculo. “Hoy están casados y con hijos”, celebra Rivière. El directivo asegura que la fundación nunca ha recibido propuestas muy disparatadas y que solo imponen unos pocos límites: “En cada proyecto tenemos que compartir los mismos valores. Toda la gente con la que trabajamos ama El Principito. No hacemos productos que dañarían su imagen, ni alianzas con compañías petrolíferas o de comida rápida”.

Hoy colaboran con unas 400 empresas, abrieron un parque temático o una tienda ad hoc en París. Aunque De Puig ofrece una mirada más escéptica: “Separaría la lectura del libro del bum de objetos que ha generado. Como en tantas otras cosas, han surgido un merchandising y un negocio que a veces no tienen mucho que ver”. Rarezas de la Tierra. Aunque el Principito sabe que cada planeta tiene las suyas.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / Tommaso Koch