Geopoema Dibujado

LAS BELLAS INMERSIONES DE Nacho Zubelzu González EN NUESTRA GEOGRAFÍA.

Nacho Zubelzu González

En la montaña imagino el fragor de las raíces perforando el suelo, enraízan el mundo, lo protegen de la tempestad.
La Herradura de Campoo.

Maraña III. De la serie: “La falda de mis montañas”.
Pluma y tinta sobre papel. 2019

Fuente : Sur de Cantabria .

 

El Monte Hijedo y su Centro de Visitantes.

Palmira Incera -con motivo de las Jornadas Europeas del Patrimonio 2019-, nos conduce con sus estupendos comentarios, por un recorrido virtual del Monte Hijedo y su Centro de Visitantes ubicado en Riopanero (Valderredible).

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.

Así se forjó el primer cuchillo de hierro de la Península

Expertos alemanes y españoles hallan en Los Castillejos de Alcorrín (Málaga) la escoria férrica que permitió el paso de la Edad del Bronce a la del Hierro.

Un arqueólogo trabaja en las excavaciones de Castillejos de Alcorrín (Málaga). Instituto Arqueológico Alemán

A principios del primer milenio antes de Cristo, la flotilla fenicia de grandes velas rojas navegaba cautelosa hacia la desembocadura del río Guadiaro, en el término de San Roque (Cádiz), lo que entonces era un frondoso y verde abrigo próximo al estrecho de Gibraltar. En este lugar (hoy colmatado y ubicado varios kilómetros tierra adentro), los fenicios entraron en contacto con las poblaciones autóctonas, cuyo asentamiento principal era el actual Los Castillejos de Alcorrín(Manilva, Málaga).

Allí habitaba una comunidad de finales de la Edad del Bronce que se mostraba dispuesta a entablar relaciones con aquellos recién llegados que portaban un valioso secreto: la forja del hierro. Los lazos entre ambos grupos —que se alargaron casi medio siglo— permitieron la creación de la primera metalurgia férrica de la península Ibérica. Entre los objetos que elaboraron con la nueva tecnología se encontraban pequeños cuchillos ceremoniales, antecesores de lo que, varios siglos más tarde, serían las famosas falcatas íberas que provocaban el terror entre las tropas romanas. Los especialistas del Instituto Arqueológico Alemán (IAA) han encontrado ahora en el impresionante yacimiento de Alcorrín, —una ciudad fortificada de 11,3 hectáreas— las escorias que dejó aquella inicial metalurgia.

Cerro sobre el que se levantaba la ciudad de la Edad del Bronce de Castillejos de Alcorrín. Instituto Arqueológico Alemán

Los Castillejos de Alcorrín fue descubierto a finales de los ochenta del siglo pasado por el arqueólogo Fernando Villaseca. En 2004, José Suárez Padilla, profesor de Prehistoria de la Universidad de Málaga, llevó a cabo nuevas excavaciones que permitieron comenzar a desentrañar el pasado de una población que con el paso del tiempo llegó a levantar dos murallas defensivas (una exterior y otra interior rodeada por un foso) de hasta cinco metros de ancho.

Entre 2006 y 2019, el IAA, el Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, la Junta de Andalucía y un equipo de geofísicos, topógrafos, arquitectos, restauradores, químicos y dibujantes realizaron dos proyectos de investigación que permiten afirmar que el asentamiento destacaba por sus enormes dimensiones comparado con los otros coetáneos fenicios del Mediterráneo y las costas de Marruecos y Portugal.

Dirce Marzoli, directora del IAA y coordinadora de las excavaciones, explica que las intervenciones “atestiguan el potencial del sitio para estudiar dinámicas sociales, políticas, económicas y tecnológicas de la primera presencia fenicia en el sur peninsular”. “La fortificación”, indica, “no tiene paralelo en su entorno”, al tiempo que recuerda que el asentamiento se ha estudiado “mediante una excavación sistemática, lo que no ocurre en la mayoría de los de la época”. Este hecho permite adquirir más datos, más precisos y en menor tiempo.

Conchas protectoras contra el mal colocadas frente a una de las viviendas del yacimiento de Castillejos de Alcorrín. Instituto Arqueológico Alemán

El prehistoriador José Suárez Padilla añade, por ejemplo, que los dos trozos de escoria de hierro hallados “evidencian” la extracción y reducción del material férrico arrancado de las montañas próximas y su posterior forja, lo que supuso una auténtica revolución tecnológica para pueblos de finales de la Edad del Bronce. Se ha descubierto, además, una minúscula cuenta azul de dos milímetros que deja claro que las conexiones comerciales alcanzaban hasta Egipto.

La llegada de los fenicios modificó también el urbanismo local, cuyo resultado fue la asunción de nuevas tradiciones arquitectónicas siguiendo los modelos traídos de Oriente Próximo: casas de planta rectangular y pavimentadas con conchas a su alrededor. “Las colocaban para protegerse de lo maligno. Su valor apotropaico [de defensa del mal] es muy claro en determinados edificios de gran valor hallados en la zona alta o acrópolis”, dice Suárez.

El IAA se enorgullece, además, de la “exitosa cooperación con la Junta de la Andalucía”, lo que ha permitido “analizar un caso de contacto entre unas poblaciones autóctonas y la primera generación de fenicios occidentales en el estrecho de Gibraltar”. Y eso que solo se ha excavado el 1% de un yacimiento que fusionó dos pueblos y permitió el cambio de era: del Bronce al Hierro. Y un puñal.

Fuente : EL PAÍS / VICENTE G . OLAYA .

Cuando el móvil te saca de la vida real

Aislados dentro de una pantalla

Adultos y menores son víctimas del ‘phubbing’, una adicción tecnológica que provoca aislamiento e incomunicación tanto en quien la padece como con las personas que la rodean. ¿Qué pueden hacer los expertos, el entorno familiar y el educativo para solucionarlo?

En casa de Jorge, se han establecido desde hace tiempo una serie de normas de obligado cumplimiento en torno al móvil. “Él mismo me reconoció que era incapaz de estudiar 20 minutos seguidos. Dejaba el libro o los apuntes y volvía al teléfono. Fingía que escuchaba a sus padres, pero en el fondo no les atendía”, recuerda el profesional que le atendió, y que prefiere mantener el anonimato. Una adicción que en gran parte tenía que ver con lo que pasaba en casa: padres ausentes y pendientes demasiadas horas al día de sus respectivos teléfonos. Este caso refleja lo que es el phubbing: cuando una persona ignora a otra y se abstrae del entorno que le rodea al estar más pendiente de su teléfono móvil que de sus acompañantes humanos.

Los expertos coinciden en que la mayoría de los menores que sufren esta adicción normalizan el acto de sumergirse en la pantalla por imitación. Un ejemplo típico, explica el profesor de Psicología de la Universidad Camilo José Cela (Madrid) Mateo Pérez Wiesner, es el de los padres en las comidas o en las cenas. “En vez de prestar atención a la conversación familiar, no quitan el ojo al móvil. Y los adolescentes sufren, aprenden e interiorizan esa conducta que después replican con sus grupos de iguales”, afirma. Además de la desatención, otro de las consecuencias de quienes padecen esta adicción es que la sensación de aislamiento se extiende a los otros interlocutores.

Adultos enganchados al teléfono

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Fuera los microplásticos de mi cara y de mi ropa

La Agencia Europea de Productos Químicos pide que se eliminen estas partículas en detergentes y productos cosméticos, médicos y agrícolas

La preocupación por el impacto de los microplásticos (partículas de menos de cinco milímetros) en el medio ambiente ha llevado a algunos países de la UE, como Reino Unido o Francia, a adoptar medidas para limitar su uso, principalmente, en el sector de los cosméticos. Sin embargo, faltaba una estrategia conjunta para toda la UE. La Comisión Europea encargó a principios de 2018 a la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA, por sus siglas en inglés) que estudiara la posibilidad de limitar el empleo de los microplásticos que se añaden deliberadamente a diferentes productos. Y la ECHA apuesta por poner en marcha un paquete legislativo para suprimir su uso en detergentes y productos cosméticos, agrícolas y médicos. “Si se adopta la restricción, el medio ambiente en la UE podría librarse de 400.000 toneladas de microplásticos a lo largo de 20 años”, apunta esta agencia europea con sede en Helsinki.

Estas partículas son un problema para el medio ambiente y, según dejan entrever algunos estudios, podría serlo también para la salud. “Son pequeños”, advierte la ECHA, “por lo que se pueden ingerir fácilmente y, eventualmente, introducirse en las cadenas alimenticias”.  Además, son muy resistentes a la biodegradación ambiental, “lo que los lleva a estar presentes en el medio ambiente durante mucho tiempo”. Y su degradación consiste en ir fragmentándose en partículas más y más pequeñas, hasta llegar convertirse en “nanoplásticos”. “Son prácticamente imposibles de eliminar del medio ambiente después de ser liberadas”, resume esta agencia europea.

Por todo ello, la ECHA propone restringir su uso, como ya había pedido el Parlamento Europeo. La propuesta de esta agencia, que se ha presentado este miércoles, se centra en los microplásticos que se añaden de forma intencionada a los productos. En el medio ambiente en estos momentos hay dos tipos de microplásticos: los que son resultado de la fragmentación de plásticos como bolsas o botellas y los microplásticos de uso intencionado. En este último caso, la ECHA ha encontrado estas partículas en un sinfín de productos: fertilizantes y productos fitosanitarios; cosméticos (productos enjuague y limpieza); detergentes y suavizantes; productos para limpieza y pulido; pinturas y tintas; productos químicos utilizados en el sector del petróleo y el gas; construcción; productos medicinales; y suplementos alimenticios y alimentos médicos.

Esos microplásticos llegan luego al medio ambiente, principalmente, “a través de las aguas residuales y los residuos sólidos municipales”, apunta ECHA. Aunque también hay algunos casos en los que se liberan intencionadamente, como ocurre con algunos productos agrícolas. La Agencia Europea de Productos Químicos concluye en su estudio que los microplásticos agregados intencionalmente “tienen más probabilidades de acumularse en ambientes terrestres”, ya que las partículas se concentran “en los lodos de aguas residuales que se usan frecuentemente como abono”. Aunque también hay una parte que acaban en el mar. En cualquier caso, la ECHA advierte de que los vertidos de esta clase de plásticos no están “adecuadamente controlados”.

Riesgos para los humanos

La ECHA reconoce el alto grado de incertidumbre sobre los efectos de los microplásticos y nanoplásticos en el medio ambiente. Incide en que debido a su tamaño pueden entrar en la cadena alimentaria. Y, como han demostrado algunos estudios ya, ser ingeridos por los humanos. Pero la agencia admite que “los posibles efectos en la salud humana” todavía no están bien estudiados.

En algunos casos, como determinados tipos de exfoliantes, la agencia espera que a lo largo de 2020 sean los propios fabricantes los que eliminen el uso de microplástico. En otros, como el caso de fertilizantes o productos agrícolas (donde los impactos económicos pueden ser mayores) se propone un calendario para su supresión que ofrece una moratoria de entre cinco y diez años. La ECHA espera tener completada su propuesta en 2020 para que pueda ser aprobada por la Comisión Europea, que hace un año ya anunció su intención de vetar los microplásticos que se añaden deliberadamente a los productos.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS. MANUEL PLANELLES.

El hombre que no pudo escapar de la destrucción de Pompeya

Los arqueólogos desentierran a una víctima del Vesubio que murió por el impacto de una piedra enorme.

Víctima de la erupción del Vesubio alcanzada por un bloque de piedra. POMPEII PARCO ARCHEOLOGICO

Pompeya, la ciudad arrasada por la erupción del Vesubio hace 2.000 años, nos dice mucho sobre la vida cotidiana en la antigua Roma. Pero también alberga una gigantesca cantidad de información sobre la muerte porque en ningún otro lugar se conservan tantos cadáveres del mundo antiguo, de personas que no fueron enterradas, sino que quedaron petrificadas en el momento en que se produjo su fallecimiento. Una nueva campaña de excavaciones en una zona de la ciudad de la bahía de Nápoles, en la que los arqueólogos no habían trabajado hasta ahora, acaba de revelar el esqueleto de una víctima del volcán que tuvo un final terrible: con una infección en la pierna, se trata de un hombre que fue alcanzado por un gigantesco bloque de piedra en medio de una catástrofe de la que seguramente no había podido escapar.

“La primera víctima que hemos encontrado en las excavaciones de la Región V de Pompeya apareció en una posición dramática”, explica una nota del departamento de prensa del yacimiento arqueológico. “El tórax fue aplastado por un gran bloque de piedra arrancado de una casa por la explosión volcánica, mientras la víctima trataba infructuosamente de huir”, agrega el comunicado.

Los primeros análisis del esqueleto, llevados a cabo por un equipo de antropólogos, han revelado que la víctima era un hombre de unos 30 años que tuvo muchas dificultades para huir. Una lesión en la tibia indica que sufría una infección en los huesos, “lo que debía provocarle muchas dificultades para caminar, las suficientes para impedirle escapar cuando comenzó la erupción volcánica”.

Massimo Osanna, el soprintendente de los yacimientos del Vesubio, ha declarado: “Este hallazgo extraordinario nos recuerda a un caso análogo, un esqueleto descubierto en la Casa de los Smith y que ha sido estudiado muy recientemente. También se trataba de una persona que cojeaba y que, seguramente, tampoco pudo escapar de la erupción por motivos motrices”.

La erupción del Vesubio fue un proceso gradual que se prolongó durante muchas horas. De hecho, la ciudad había sufrido un terremoto anterior, que indicaría actividad sísmica, y se encontraba en pleno proceso de reconstrucción cuando el volcán napolitano se despertó, en el año 79 de nuestra era. Aunque la fecha tradicional de la erupción es el 24 de agosto, varios historiadores creen que tal vez tuvo lugar en otoño, precisamente porque alguno de los cadáveres encontrados iban vestidos con gruesas capas de lana, impropias del sur de Italia en pleno verano.

Cuando comenzaron a excavarse las ruinas de Pompeya, los cadáveres empezaron a aparecer muy rápidamente. El primero fue descubierto el 19 de abril de 1748. En el siglo XIX, el arqueólogo Giuseppe Fiorelli, el director que dio el gran impulso al examen científico de Pompeya, tuvo una idea genial: se le ocurrió que se podía echar yeso en los huecos que habían dejado los cadáveres, enterrados por el flujo piroplástico y que se habían descompuesto hace siglos, y así surgiría un molde perfecto de la persona en el momento de morir. El primer yeso surgió de las cenizas en 1863 y, desde entonces, se han realizado cientos. El último se hizo recientemente en las mismas excavaciones de la Región V y fue descubierto así un caballo militar atrapado por la erupción. Como explica la latinista británica Mary Beard, autora del estudio de referencia sobre el yacimiento Pompeya. Vida y leyenda de una ciudad (Crítica), “los moldes de yeso de las víctimas del Vesubio son un recuerdo constante de que se trata de personas como nosotros”.

FUENTE: EL PAIS / Guillermo Altares

‘Urbicidio’, la aniquilación cultural como arma de guerra

Un ensayo radiografía las causas de la destrucción del patrimonio por dictaduras, terroristas e incluso democracias. Los ataques del ISIS muestran la vigencia de la teoría.

Destrucción de la catedral de Cristo Salvador en Moscú, en 1931. Cortesía de la colección David King

A Dietrich von Choltitz le debemos que París sobreviviera a la barbarie nazi. El gobernador militar de Alemania en la capital francesa se negó a cumplir las órdenes de Hitler y no voló por los aires la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, la catedral de Notre Dame o Los Inválidos. La retirada de los alemanes evitó que se rematara el trabajo con cohetes V2, tal y como estaba previsto. Hitler quería borrar del mapa la ciudad como tantos otros han hecho en otros sitios. Asesinar una ciudad, borrar del mapa los vestigios culturales de un pueblo para cambiar el pasado, negar su existencia. Esto es lo que se conoce como urbicidio, concepto que Robert Bevan desarrolla en La destrucción de la memoria (La Caja Books), un multidisciplinar relato de la barbarie contra la cultura usada como arma de guerra.

Plaza del Mercado en la ciudad medieval de Varsovia. Archiwum Dokumentacji Mechanicnej

Mao, Stalin, Al Qaeda, Hitler, Pol Pot o los Aliados en la II Guerra Mundial han usado esta herramienta que hunde sus raíces en la antigüedad. “La Noche de los cristales rotos en 1938 es el mejor ejemplo de la relación directa entre una aniquilación cultural y el genocidio posterior”, asegura a EL PAÍS el autor, un periodista y escritor obsesionado desde niño con el rastro que dejan los edificios destruidos. “Fue la guerra en Bosnia, sin embargo, la que me hizo darme cuenta de que la destrucción y estas muertes estaban entrelazadas. Esta idea ya había expuesta por Raphael Lemkin para establecer el concepto de genocidio durante los años treinta”, añade Bevan para situar el debate.

Hay múltiples razones para atacar el corazón cultural de una civilización. Cuando Al Qaeda derriba las Torres Gemelas en el 11S lo hace por su eficacia propagandística y por el daño moral que inflige entre los estadounidenses. Ese daño moral, y la venganza, están también detrás de la reducción a cenizas de la mayor parte de las ciudades alemanas por los aliados en la Segunda Guerra Mundial. “Siempre hubo una absoluta falta de respeto a la cultura alemana por parte de EE UU y Reino Unido, algo que no ocurrió para nada en Italia. A veces los centros medievales eran bombardeados simplemente porque sus vigas de madera ardían bien”, asegura el autor antes de subrayar una paradoja: al destruir un centro de refinamiento como Dresde, los Aliados atacaban el corazón de su propia herencia cultural.

Un hombre contempla entre los escombros las ruinas de las Torres Gemelas tras su derrumbe. DOUG KANTER EPA

La “tormenta totalitaria” nazi y comunista que se extendió por parte del mundo tenía sus propias motivaciones. “La megalomanía arquitectónica que parece ser sinónimo de la tiranía se explica en parte por ese deseo de borrar, renovar y controlar”, explica Bevan. Los nazis convirtieron Polonia en un inmenso campo de muerte. Aquí la destrucción cultural iba pareja a la humana. De los 957 monumentos listados en Varsovia antes de la Guerra se destruyeron 782 y 141 quedaron seriamente dañados. La ciudad fue prácticamente borrada del mapa. Bevan avisa de los riesgos de infravalorar estos ataques: “Los edificios pueden ser como la magdalena de Proust. Son muy simbólicos, pero si tú eliminas los monumentos de una comunidad es más fácil –para el perpetrador que pretende que esa gente no ha existido, que no han ocupado ese espacio falsificar el pasado”.

Poco caso hizo Stalin a los llamados de Trotski para establecer cierta continuidad cultural y librarse del arte burgués superándolo. El ejemplo más paradigmático de su plan para borrar vestigios del pasado es el de la Catedral de Cristo Salvador en Moscú. Con una altura equivalente a 30 plantas, una cúpula de 176 toneladas y un iconostasio con más de 422 kilos de oro, Stalin ordenó derribarla para crear un monumental Palacio de los Soviets, un edificio equivalente a los seis rascacielos más grandes de Nueva York que nunca se construyó. En su lugar, en los cimientos dinamitados de la iglesia, ahora reconstruida, hubo durante décadas una piscina.

La Frauenkirche de Dresde en febrero de 1945. Imperial War Museum

“Tíbet nos ofrece un interesante ejemplo de cómo un pueblo puede ser desarraigado no con el asesinato de masas sino a través de la supresión de su lengua, su cultura y su arquitectura tradicional”, cuenta Bevan para apuntar a un caso único en el que la represión, la demografía y el crecimiento urbano, ayudados por un turismo al que no parece importarle, han sido esenciales para reducir a la nada la auténtica herencia budista en la zona.

Sobre la demolición de lugares históricos por parte del ISIS, posteriores a la publicación del libro en su versión original, Bevan cree que hay una “motivación doctrinal” tras la que se esconde “una lucha por el poder” en la región, aunque duda de los beneficios comerciales que los terroristas buscaban con el expolio de los museos o la venta de tesoros arqueológicos. Otros autores sí creen que, como en otras ocasiones, había un alto interés económico.

¿Qué ocurre con vestigios del pasado que loan a una dictadura como, por ejemplo, el Valle de los Caídos o los cientos de estatuas de Lenin derribadas en Europa del Este? “Si se elimina toda la herencia cultural hay un peligro de que aparezca un agujero en el registro histórico que puede llevar al olvido. Creo que no hay una regla general pero considero que estos sitios tan controvertidos deben añadir algo que les contextualice y debe hacerse a una amplia escala, más que añadir simplemente una placa interpretativa”, reflexiona.

La biblioteca de Sarajevo durante el incendió de agosto de 1992. Kemal Hadzic

A lo largo de todo el libro, Bevan defiende con beligerancia la idea de la verdad o de, al menos, su búsqueda. Cree, también, que estamos en un mundo que combina las amenazas del pasado con nuevos actores y peligros. Sin embargo, hay motivos para el optimismo. La destrucción parcial de Dubrovnik durante la Guerra de los Balcanes o la voladura de los budas de Bamiyan por los talibanes en marzo de 2001 son dos puntos de referencia para el autor, dos momentos en los que la información y la movilización internacional hicieron imposible que los perpetradores sumieran en el olvido a las víctimas. “El trabajo de la arquitectura forense que ha tenido lugar en los últimos años ha sido fundamental en los tribunales. Esto es importante porque la ‘intención’ se ha convertido en un concepto esencial para perseguir el genocidio”, añade, para abrir otro camino a la esperanza. Mientras, como reza la placa de la biblioteca de Sarajevo, arrasada por los serbios en 1992: “Recuérdalo tú y recuérdaselo a otros”.

Mercantilizar la ruina: de Berlín a Pol Pot

El final de algunos símbolos no deja de ser paradójico. Volker Pawlowski, un obrero berlinés de la construcción, compró 150 metros del Muro de Berlín, derribado rápidamente casi en su totalidad, para venderlo en trocitos y con certificado de autenticidad. Este proceso de mercantilización tiene un precedente: cuando la Bastilla fue tomada en la Revolución Francesa y poco después derruida, pedacitos del edificio fueron vendidos como reliquias laicas. De esa época vienen también conceptos como vandalismo o patrimonio. En una versión más siniestra de esto, el régimen de los jemeres rojos en Camboya dejó a un lado en su plan de destrucción total de la sociedad anterior el templo de Angkor Vat: les servía de propaganda y para financiar su plan de exterminio humano cultural con la venta de sus estatuas en el extranjero.

Fuente : EL PAÍS / JUAN CARLOS GALINDO .

Catálogo de libros del Centro Cultural de Valderredible

El Centro Cultural de Valderredible dispone de un pequeño catálogo de libros para su venta.  En caso de estar interesados en adquirir alguno de sus ejemplares -cuya cantidad es limitada-, contactar en el 942 77 61 59 para comprobar que haya existencias disponibles ya que no se envían por correo, únicamente se pueden adquirir en el Centro.

PRECIO DE ESTE EJEMPLAR: 15 EUROS.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.

Turzo Velas. Nacimiento de una cobra (de parafina) en algo menos de cinco minutos.

Nos sorprendió encontrar un negocio como el de fabricar velas con mucho arte,  en un pequeño pueblo del Valle de Sedano(Burgos), pequeño y coqueto llamado Turzo.

Miguel, copropietario de Turzo Velas & Co,  “da vida” a una cobra hecha de parafina. ¡Espectacular!

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE. COVADONGA MORATO Y JORGE A. MURILLO.