Archivo de la categoría: Suceso

Muere el músico Pau Donés a los 53 años (nuestro homenaje por medio de este artículo que reproducimos)

El cantante, guitarrista y líder del grupo Jarabe de Palo era una de las voces más reconocibles del país

El músico Pau Donés, cantante, guitarrista y líder del grupo Jarabe de Palo, ha fallecido este martes a los 53 años en su casa en el Valle de Arán (Lleida). Con él desaparece una de las voces más reconocibles del país, así como con una forma de hacer canciones de una amable simplicidad, anclada en frases cortas con aires de eslogan que revelaron su experiencia en el mundo de la publicidad. Y siempre al servicio de una mirada sin recovecos ni segundas lecturas que tradicionalmente, y en especial desde que le fue diagnosticado un cáncer en 2015, celebran la alegría de vivir, la empatía y el agradecimiento.

Con Pau Donés también desaparece un modelo de artista no muy habitual, aquel que llega tarde al éxito, superada la primera juventud. A Donés le fue esquiva la popularidad en sus primeros años, cuando la intentó alcanzar con proyectos como J & Co Band o Dentaduras Postizas. Mientras la música no pasaba de un pasatiempo, Donés trabajó en el mundo de la publicidad, que fue finalmente quien le puso en órbita cuando en una campaña de una marca de tabaco que quería resaltar los valores latinos se coló como tema central La flaca, una canción escrita a vuelapluma en un viaje a Cuba bajo el impacto de una belleza local. Esa canción era la que se escuchó en todos los chiringuitos de verano a partir del año 1997. Donés, nacido en Montanuy, Huesca, contaba con 31 años y Jarabe de Palo funcionaba desde 1995.

La canción se hizo celebérrima, y en algún sentido le acercó a la órbita sonora de Radio Futura, cuya elaborada latinidad era revisitada en clave más ingenua y despreocupada con este tema. De hecho, en algunos conciertos le pidieron a Santiago Auserón que la cantase, al serle atribuida por algún aficionado despistado. Y si tras un éxito tan fulgurante se podía pensar que la carrera de Donés ya solo podía ir hacia abajo, su tesón y el gancho de su forma de componer le mantuvieron en lo alto de los favores populares con discos como Depende (1998)De vuelta y vuelta (2001) o Bonito (2003), con otro estribillo genuinamente basado en la cantidad de cosas que en el mundo pueden ser bonitas. Esa mirada franca y optimista se acentuó aún más tras serle diagnosticada su enfermedad, momento en el que encontró aún más sentido a una de las frases que le repetía su madre y que solía recordar en sus conciertos “ella me decía que hay que vivir rabiosamente, en presente, que la muerte ya vendrá”. Esa sensación de vivir con pasión lo que de vida le restase impregnó sus últimos trabajos, iniciados con el disco y la gira de 50 palos en 2017.

Es también el caso de su más reciente álbum, Traga o escupeeditado a finales de mayo después de ser compuesto en Estados Unidos. Según personas cercanas a su equipo, Donés, que funcionaba por impulsos e intuiciones, decidió publicarlo antes de lo previsto, el mes de septiembre, e ilustrar su primer sencillo, Eso que tú me das, con un emotivo videoclip de aire festivo grabado en la terraza de una vivienda y con la aparición de su hija Sara, con la que Donés no pudo bailar por falta de fuerzas. Antes, durante el confinamiento, había grabado en el balcón de su casa una toma a guitarra de Vuelvo, un tema en el que cantaba “vuelvo a hacer lo que siempre he querido hacer”, no otra cosa que componer canciones y cantarlas.

Tras la edición del disco, que coincidió con un empeoramiento de su estado, no estaba prevista la gira que había anunciado con antelación en las redes sociales, de cuya celebración solo dependía entonces la superación de la pandemia. A todo esto, su vinculación con los sanitarios se reforzó durante su largo tratamiento, de suerte que en Traga o escupe les rinde homenaje en Los ángeles visten de blanco, cuya letra recitó en primicia en una de sus últimas apariciones en directo, a finales de 2019 en la sala Luz de Gas de Barcelona en un concierto para recoger fondos para el Instituto de Oncología del Vall d’Hebrón. De igual manera, durante la pandemia regaló 2.500 mascarillas a otro hospital público, el Moises Broggi. Pau ya no es un paciente, pero sus canciones seguirán siendo lenitivas.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / LUIS HIDALGO

El coronavirus tiene un antes, un durante y un después (si se sobrevive)

A continuación reproducimos un estupendo artículo de Pablo Linde que habla del durante y del después del coronavirus,  lo publicamos sobre todo para aquellas personas que minusvaloran la importancia del momento, las que piensan que a ellas “no les va a pasar”.

Los últimos de la UCI

Tras curarse del virus, los pacientes que pasan semanas en cuidados intensivos, encamados y fuertemente medicados, han de superar una espiral de trastornos

Juan José cree que su madre entró en la UCI porque tuvo la suerte de estar en Córdoba, y no en Madrid. Cuando ingresó, a finales de marzo, en las unidades de cuidados intensivos de la capital no había sitio para todos los que las necesitaban. Los médicos tuvieron que priorizar a los pacientes con más posibilidades de supervivencia. Rosario, de 78 años, con una debilidad extrema y una saturación de oxígeno en sangre mínima, llegó con las justas. Y estuvo a punto de no salir: lo hizo tras 60 días entre la vida y la muerte.

Quienes pasan tanto tiempo en cuidados intensivos en los hospitales libran dos batallas: la primera, superar la covid-19, sobrevivir al compromiso en el que el virus pone sus pulmones, y a menudo también su corazón, hígado, riñones… y eliminar finalmente el patógeno de sus cuerpos. La segunda no es menor: después de días encamados, sedados, paralizados, ingiriendo un bombardeo de fármacos, se tienen que recuperar de la propia UCI. Y el camino está lleno de trampas. “Suele ser un paso para adelante y dos para atrás. Llegan infecciones, falta de movilidad, problemas con la nutrición, fallos orgánicos…”, relata José Carlos Igeño, jefe de Urgencias y Cuidados Intensivos del Hospital San Juan de Dios de Córdoba, donde estuvo ingresada Rosario. “Cuando van mejorando y hay un paso hacia atrás, los parientes me suelen preguntar: ‘¿Pero no estaba bien?’. Hay que explicarles que bien no, que están en una UCI, siguen críticos aunque vayan mejorando”, continúa.

Las unidades de cuidados intensivos de España se fueron vaciando poco a poco de pacientes ingresados con coronavirus. La media de estancia ha sido de alrededor de 20 días, según el Ministerio de Sanidad, pero no es infrecuente que se prolonguen. No hay una causa única para que esto suceda. Influye el estado basal con el que entre el paciente: cuanto más sano y fuerte estuviera antes de la enfermedad, más esperanzas hay. Pero la medicina no es matemáticas. “Hay veces que te encuentras a dos pacientes con la misma gravedad, misma edad y similares características. Les das el mismo tratamiento y uno sale para adelante y el otro no”, cuenta Igeño.

Hace semanas que los ingresos en UCI se cuentan con los dedos de las manos en toda España. En la última necesitaron cuidados intensivos 14 personas en seis de los 19 territorios (las 17 comunidades autónomas, Ceuta y Melilla). En los otros 13, en la casilla de nuevos enfermos críticos aparece un esperanzador cero. No es un camino irreversible. Todavía hay nuevas hospitalizaciones (148 en los últimos siete días), que suceden a los nuevos casos (2.053 el mismo periodo). Algunos de estos nuevos contagios probablemente acabarán en estado crítico, pero encontrarán hospitales con muchos más medios que quienes tuvieron estos mismos destinos en el periodo agudo de la epidemia.

Las dos comunidades más azotadas por la epidemia, Madrid y Cataluña, han pasado de tener una ocupación de sus UCI del 100% —aunque las autoridades han señalado que nunca se llegaron a saturar, decenas de profesionales han contado a este periódico que sí fue así— a un 30% y un 25% de pacientes de covid en estas unidades respectivamente, según los informes del pasado 22 de mayo publicados para el cambio de fase de ambas regiones. Entre esos críticos, algunos son estos nuevos ingresos que van llegando ahora muy poco a poco; otros son los que llevan semanas sedados esquivando la muerte.

Existe un término para describir el padecimiento de estos últimos: enfermedad crítica crónica. “Es una entidad que no tiene una definición estandarizada”, cuenta María Ángeles Ballesteros, de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC). Son pacientes que, una vez superado el evento agudo —en este caso la neumonía causada por el coronavirus— siguen necesitando soporte de UCI. “Hay varios motivos, en ocasiones se pone en marcha y se perpetúa un estado inflamatorio crónico. También suele suceder que hay una debilidad persistente”, asegura Ballesteros. La parálisis y la sedación de la UCI lleva el cuerpo a consumirse a sí mismo, entra en un estado catabólico en el que la masa muscular prácticamente desaparece. Algunos pacientes no pueden respirar por sí mismos, no ya por los pulmones rígidos, sino también porque el diafragma no es capaz de ejercer su función. Por no mencionar la capacidad para otros movimientos que requieren más fuerza.

“Es una debilidad neuromuscular, multifactorial, unida a los fármacos perpetúa la situación. La edad es factor de riesgo, pero no como tal, sino por las comorbilidades asociadas: si hay una disfunción cardíaca, problemas en los bronquios o en algún órgano, el despertar de la UCI será más complicado. Para mejorar todo esto conviene limitar la ventilación mecánica al mínimo tiempo posible, ir quitándola para que el paciente vaya respirando por sí mismo poco a poco, hacer un programa de movilización y nutrición precoz en cuanto sea posible”, enumera Ballesteros.

Cuando comenzaron a despertar a Rosario, “ni los párpados podía mover”, enfatiza Igeño. “Hubo muchos días que pensamos: de hoy no sale”, continúa. Estaba “muy, muy grave” al ingresar. Y poco después, a la neumonía se le sumó un problema cardiovascular, algo no infrecuente en pacientes de covid-19. “Manejar a un paciente con todos estos problemas, su fragilidad, moverlo para cambiarlo de postura se hace complicadísimo. El reto no era ya que no muriese por la infección, sino también por el shock cardiogénico añadido. Una miocarditis [era lo que le detectaron] en una paciente con una neumonía con covid, distrés respiratorio y shock cardiogénico, la mortalidad diría que es del 99%”, explica este médico. No es raro que se produzca una cascada de fallos orgánicos coadyuvados por un rosario de medicamentos: vasoactivos, adrenalina, noradrenalina… El corazón no bombea bien la sangre, no llega por ejemplo a los riñones, dejan de funcionar, el enfermo necesita diálisis. Es el círculo vicioso de la UCI de larga estancia.

Los intensivistas tienen que buscar ventanas de mejora para poder comenzar las técnicas de desconexión progresiva de la ventilación, que el paciente colabore lo máximo posible, haga cada vez más esfuerzo. Esto se une a rehabilitación y fisioterapia. “Es un avance muy lento susceptible de otras complicaciones”, cuenta Demetrio Carriedo, intensivista en el hospital de Getafe. “No hay un tiempo máximo de estancia, hay casos que han sobrevivido después de más de un año. Pero cuanto más se prolonga más reducidas son las posibilidades de recuperarse favorablemente, sin secuelas”, prosigue.

Después de 60 días, Rosario salió de la UCI y su hijo asegura que está bien, aunque con algunas lagunas. “En ocasiones no está segura de si las cosas han pasado de verdad o las ha soñado, nos tiene que preguntar a mi hermana o a mí”, dice Juan José. En el camino, en los primeros despertares, una vez salvados los compromisos orgánicos, se cruzaron reinfecciones muy frecuentes en las unidades de cuidados intensivos por los catéteres. Después llegó el miedo a que, superado todo esto, hubieran quedado fallos neurológicos irreversibles como consecuencia de la falta de oxígeno. “Abría los ojos, pero no conectaba con nosotros. Hicimos pruebas complementarias, TAC cerebrales, vimos que había pequeñas alteraciones, probablemente trombóticas por culpa del coronavirus, pero no justificaban que la mujer no despertara. El problema es que después de tantos días intubada, con sedantes, analgésicos opioides, relajantes musculares, el cuerpo tarda todavía un tiempo en eliminarlos”, explica Igeño.

Un día, una enfermera notó que conectaba con ella. Era una respuesta tenue, pero Rosario comenzaba a ser consciente. Comenzaba para ella un camino todavía, el de la recuperación tras la UCI que afronta, según su hijo Juan José, “con ganas de vivir”

FUENTE: DIARIO EL PAÍS /PABLO LINDE

¿Qué debes tener en cuenta al comprar una mascarilla? Ministerio de Consumo.

¿Qué debes tener en cuenta al comprar una mascarilla?

A continuación dejamos un enlace a un archivo .pdf descargable.

v23_GUIA_MASCARILLAS_2020-05-02_12.17

FUENTE: CENTRO CULTURAL / MINISTERIO DE CONSUMO

 

Un koala deshidratado reclama agua a unos ciclistas australianos

Los incendios en el sur del país han propiciado la muerte de 350 ejemplares de esta especie amenazada.

Este koala no dudó en acercarse a los ciclistas para poder beber agua. Reuters | EPV

La ola de calor que golpea con fuerza al sur de Australia desde noviembre, con temperaturas cercanas a los 40 grados, está causando estragos en sus bosques. En un mes, el fuego ha arrasado 4 millones de hectáreas de lo que supone el hábitat de uno de los animales más queridos de Australia: los koalas. La agencia de noticias Reuters calcula que 350 ejemplares de esta especie amenazada han perdido la vida a consecuencia de la deshidratación extrema.

En las últimas semanas, varios ejemplares de esta especie se han acercado a bomberos y voluntarios para ‘pedir’ agua. El pasado 27 de diciembre la ciclista Anne Heusler se encontraba en la región de Adelaide Hills con seis compañeros cuando vieron uno de estos animales sentado en medio de la carretera. “Después de darle el agua de todas nuestras botellas, le acompañamos de nuevo al bosque, aseguró Heusler, que recogió en vídeo las imágenes del momento.

FUENTE : EL PAÍS .

¿Miedo y ansiedad por la crisis del coronavirus? Estos son los consejos de los psicólogos para tranquilizarte

Prestar atención a los cuidados relacionados con la prevención de la transmisión y tratar de mantener la calma, entre los factores clave según los psicólogos.

Frente a la incertidumbre que generan este tipo de situaciones de emergencia sanitaria y reordenamiento social, el Colegio de Psicólogos de Madrid emitió esta misma semana un comunicado para superar el malestar emocional aportando consejos tanto para las personas que no tienen relación directa con el virus como para los que sí lo están.

Si no estás afectado por la enfermedad

Aquí la ansiedad puede manifestarse de varias formas: con nerviosismo, agitación, estado de alerta; no poder dejar de pensar en otra cosa; necesitar estar permanentemente viendo y oyendo informaciones sobre el coronavirus; dificultad para desarrollar labores cotidianas. También se percibe en aquellas personas a las que les está costando conciliar el sueño y a las que les «cuesta controlar su preocupación y pregunta persistentemente a sus familiares por su estado de salud, advirtiéndoles de los graves peligros que corren cada vez que salen del domicilio».

Frente a esta situación, el colegio de psicólogos propone:

Identificar pensamientos que puedan generarte malestar. «Pensar constantemente en la enfermedad puede hacer que aparezcan o se acentúen síntomas que incrementen su malestar emocional».

Reconocer nuestras emociones y aceptarlas. «Si es necesario, comparta su situación con las personas más cercanas a usted para encontrar la ayuda y el apoyo que necesita».

Cuestiónate: busca pruebas de realidad y datos fiables. «Conozca los hechos y los datos fiables que ofrecen los medios oficiales y científicos y evite información que no provenga de estas fuentes, evitando información e imágenes alarmistas».

Informe a sus seres queridos de manera realista. «En el caso de menores o personas especialmente vulnerables como ancianos, no les mienta y proporcionales explicaciones veraces y adaptadas a su nivel de comprensión».

Evita la sobreinformación. «Estar permanentemente conectado no le hará estar mejor informado y podría aumentar su sensación de riesgo y nerviosismo innecesariamente».

Contrasta la información que compartas. «Si usa redes sociales para informarse, procure hacerlo con fuentes oficiales».

Cómo autocuidarse en estos casos: los colegiados de la comunidad de Madrid recomiendan mantener «una actitud optimista y objetiva». Evitar hablar permanentemente del tema, apoyarse en familia y amigos y a ayudar a familiares y amigos a mantener la calma y un pensamiento «adaptativo a cada situación», además de procurar llevar una vida normal en la que no se alimente el miedo de los demás.

Si perteneces a la población de riego según las autoridades sanitarias

Aquí el colegio de psicólogos propone:

Seguir las recomendaciones y medidas de prevención que determinen las autoridades sanitarias. «Confíe en ellos porque saben lo que tienen que hacer. Ellos tienen los conocimientos y los medios».

Informarse de forma realista.

No trivializar su riesgo «para intentar evadir la sensación de miedo o aprensión a la enfermedad».

Tampoco magnificarlo. Ser precavido y prudente sin alarmarse.

Si te recomendaran medidas de aislamiento, ten presente que «es un escenario que puede llevarle a sentir estrés, ansiedad, soledad, frustración, aburrimiento y/o enfado, junto con sentimientos de miedo y desesperanza, cuyos efectos pueden durar o aparecer incluso posteriormente al confinamiento. Trate de mantenerse ocupado y conectado con sus seres queridos».

Genera una rutina diaria y aproveche para hacer aquellas cosas que te gustan pero que habitualmente por falta de tiempo no puede realizar (leer libros, ver películas, etc.).

Si estás padeciendo la enfermedad

Además de seguir las recomendaciones anteriores, los colegiados apuntan varios puntos clave para el autocuidado:

Maneja tus pensamientos intrusivos. «No se ponga en lo peor anticipadamente».

No te alarmes innecesariamente. «Sea realista. La inmensa mayoría de las personas se están curando».

Cuando sientas miedo, apóyate en la experiencia que tienes en situaciones similares. «Puede que ahora no lo asocie por tener percepción de mayor gravedad. Piense cuántas enfermedades ha superado en su vida con éxito».

El teléfono como foco de ansiedad

«Tengo ansiedad porque todas las conversaciones, grupos de WhatsApp, telediarios y timelines de redes sociales (bueno, menos Instagram, que como siempre va más a su bola) van sobre el mismo tema. Es imposible escapar del bucle en ningún momento», explica Lucía Benito, una barcelonesa embarazada de cinco meses que está sufriendo malestar emocional y físico por el ciclo informativo y la alarma sanitaria del coronovirus. Lucía, como buena parte de la población, está trabajando en remoto desde casa. «Como embarazada echo de menos más información específica sobre cómo nos afecta, he leído cosas contradictorias sobre los efectos del virus en la gestación. Tengo un poco de taquicardia por las noches (aunque es normal tenerla durante mi estado) y me cuesta bastante concentrarme en el trabajo», añade. Lucía no está sola. «No veo la tele pero es imposible aislarse, tengo la ansiedad disparada», explica Cristina González, trabajadora social en un ayuntamiento de la provincia de Barcelona. El coronavirus ha invadido chats familiares en los que se prodigan notas de audio, bulos, sobre supuestos desbordamientos hospitalarios. Está en fotos virales de supermercados vacíos que ridiculizan a ciertos sectores de la población. También en memes racistas sobre la epidemia y es el protagonista de los brotes de histeria en conversaciones de WhatsApp, donde se especula con supuestos cierres aéreos o de fronteras sin ningún tipo de confirmación oficial o gubernamental.

Abrir las redes sociales estos días no es tarea fácil, en especial para aquellas personas que conviven con elevados índices de ansiedad. «Me siento agotada, me va a estallar la cabeza. Estoy telebrajando en casa y conectarme a redes o mirar el móvil me genera muchísima ansiedad», explica Laura Montes, una trabajadora del sector de la comunicación de 38 años. Su situación se engloba dentro de la población de riesgo. «Los pacientes que previamente tienen un trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o sufren de ansiedad generalizada son población de riesgo a nivel psicológico en este momento y estamos recibiendo muchísimas consultas en relación a la incertidumbre que les genera el coronavirus. Tanto para ellos como para el resto es importante mantener la calma, no ser alarmista y seguir las recomendaciones que se dan desde sanidad», aconseja la psicóloga Silvia García Graullera, experta en trastornos de ansiedad y directora del centro PSICIA.

Aprender a reconocer tus miedos

«El miedo no es una emoción ‘mala’ de por sí», aclara el psicólogo Rafael García. «Lo que es ‘malo’ es que aparezca cuando no es adaptativo (en una situación donde no corremos riesgo); que no aparezca cuando sería adaptativo que lo hiciese (en una situación de riesgo) o que aparezca con una intensidad tal que nos bloquea» advierte antes de analizar la sensación de malestar emocional generalizado por la alarma sanitaria. Una situación excepcional en la que la brecha social y de cuidados también incide. No es lo mismo afrontar una llamada a la reclusión con cuidado de niños y teletrabajo sin ningún tipo de ayuda que con la posibilidad (y dinero) para tenerla.

Nuestras experiencias y traumas pasados, además, pueden influir de forma problemática en este periodo extraordinario. «El hecho de haber vivido situaciones traumáticas (en el caso que nos concierne hablaríamos de enfermedades propias o ajenas o muertes de seres queridos) puede alterar la relación que tengamos con nuestro mundo emocional y, desde ahí, vivir el miedo en este caso desde un lugar inapropiado», adelanta. Para García, lo importante es poner contexto al miedo al que nos enfrentamos en este momento. «Para manejar la ansiedad frente a la alarma sanitaria creo que sería importante que cada uno escuchase el mensaje de su miedo. ¿Ese miedo sería a contagiarse y morir, a contagiar y matar, a que se contagien nuestros seres queridos, a una pérdida económica, al aislamiento, a estar desabastecido, a sentir el rechazo, a no poder asumir responsabilidades de cuidado…? Sería importante conocer a ese miedo: si es un miedo antiguo; si es nuevo o si lo ha aprendido de alguien».

Controlar el consumo de información (con fuentes fiables)

Los consejos de García pasan por poner contexto a nuestros miedos y tratar de calmarlos «recursos personales que nos regulen emocionalmente» y un consumo de noticias limitado, poniendo el foco en medios de comunicación oficiales. «La búsqueda excesiva de información es una acción que nos ofrece el control para calmar el miedo, pero que paradójicamente lo aumenta puesto que alimenta lo obsesivo frente a lo racional. Hacer un uso adecuado de la información (sobre todo aquella que provenga de medios oficiales) y concederle un espacio mental también adecuado nos puede ayudar a transitar por las circunstancias actuales de una forma lo más sana posible».

Buscar fuentes fiables es otra recomendación de la psicóloga Yolanda Cuevas Ayneto. «Debemos limitar la  exposición a los medios de comunicación. La informacion nos aporta seguridad pero si nos empachamos nos confunde y aumenta la vulnerabilidad. Pero, recuerda, ser vulnerable no anula tus recursos», apunta. La psicóloga, como remedio, aconseja «practicar el autocuidado» en este estado excepcional con el autoconocimiento. «Se puede aprender a calmar tu mente de esos pensamientos de ansiedad anticipatoria, pensamientos alarmistas y pesimistas. Se puede conectar con tu respiración, sentir el aite entrar y salir, su recorrido y cada vez que te vayas a esos pensamientos volver a llevar la atención  a la nariz ese lugar por donde entra y sale el aire. Una y otra vez, sin dejarte llevar por los juicios. No se trata de no tener pensamientos sino de saberlos acompañar y soltar».

FUENTE: EL PAÍS/S MODA .

 

Catálogo de libros del Centro Cultural de Valderredible

El Centro Cultural de Valderredible dispone de un pequeño catálogo de libros para su venta.  En caso de estar interesados en adquirir alguno de sus ejemplares -cuya cantidad es limitada-, contactar en el 942 77 61 59 para comprobar que haya existencias disponibles ya que no se envían por correo, únicamente se pueden adquirir en el Centro.

PRECIO DE ESTE EJEMPLAR: 15 EUROS.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.

Campeonato de España de 1ª Categoría Individual Pasabolo en Valderredible

El pasado día 15 de agosto comenzó a las 10,30 horas en Polientes (Valderredible), en la bolera Miguel Díez, el Campeonato de España de 1ª Categoría Individual en la modalidad de Pasabolo, arbitrado por Don José L. Ochoa Sisniega.

A continuación os dejamos unas imágenes de la entrega de premios:

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.
FOTOGRAFÍAS: COVADONGA MORATO.

Yo sobreviví al infierno de Paradise (parece el título de una novela, pero lamentablemente no lo es)

Sobrecogedor artículo. Impresionantes las historias de Kevin, Vishal Mahindru (a la derecha), su hermano y su cuñado, así como la de Chanté Johnson.

Dos vecinos de la ciudad californiana que desapareció a causa del fuego cuentan cómo se quedaron en sus casas y sobrevivieron.

El incendio que arrasó la ciudad de Paradise y la pedanía de Concow fue lo que los bomberos llaman un fuego “de viento”, en vez de un fuego “de combustible”. “El ojo profesional sabe ver la diferencia inmediatamente”. Es decir, fue un incendio donde el avance y la velocidad del fuego los decide el viento, no lo que se va quemando

Kevin Guthrie recuerda que el fuego ya había pasado. Llegó por la carretera y pasó de largo. Entonces un bombero llegó a su casa y les dijo que tenían que evacuar. “Nos dijo que estábamos en el corazón de la bestia”. Guthrie miró a su abuelo, inválido, de 83 años. “No puede caminar y no teníamos dónde ir”. Decidió ignorar la orden de evacuación. Era el 8 de noviembre por la mañana y se disponía a sobrevivir al incendio más letal y destructor jamás registrado en California (EE UU).

Guthrie vive en una casa de madera, como todas, en Neal Road, una de las cuatro carreteras que salen de Paradise. La ciudad californiana, de 26.000 habitantes, ya no existe. Más de 18.000 estructuras, la mayoría casas unifamiliares, fueron destruidas entre las 6:30 y las 12:00 de la mañana de aquel día. Toda la ciudad fue evacuada, pero el fuego iba más deprisa que los coches. Nadie sabe cuánta gente se quedó dentro del infierno voluntariamente. Hasta el domingo se habían recuperado 85 cadáveres y más de 200 personas seguían desaparecidas. Los que se quedaron y sobrevivieron, como Guthrie, están aislados del mundo en medio de las cenizas de lo que fue su ciudad.

Tal como lo recordaba Guthrie, el fuego volvió, relató este superviviente a EL PAÍS. “El viento empezó a soplar por el otro lado”. Fue entonces cuando una lluvia de maderas incandescentes empezó a caer sobre su casa, asegura. “Eran montañas”. Lo cuenta mirando al horizonte y haciendo un gesto con los brazos como si se echara agua encima, para dar una idea de la avalancha de pavesas que volaban sobre su casa. “Fue de locos”. Tenía un bidón de agua, tierra y una pala. Las iba quitando mientras se acumulaban contra la pared de su cobertizo. En su cabeza, asegura, estaba todo el rato la idea de que no tenía dónde ir con su abuelo. “Estaba dispuesto a luchar hasta el final”.

Guthrie salvó su casa, y con ella las vidas de su padre y su abuelo. “Lo siento por los demás, es horrible”. Guthrie dijo esto cuando aún no había salido de su casa a ver la ciudad. Creía que lo que aparecía en televisión era toda la destrucción. En un paseo en coche, a menos de 200 metros de su casa pudo comprobar el aspecto sobrecogedor que tiene el resto de Neal Road. Literalmente, todas las casas arrasadas, una detrás de otra, convertidas en cenizas menos alguna excepción.

Guthrie tiene 35 años y ha vivido toda la vida en Paradise. Conocía cada una de estas casas. “Llevo toda mi vida pasando por esta calle”, decía conmocionado por el paisaje. “Todos los recuerdos de mi vida han desaparecido”. Guthrie mostró a este diario las casas de su padre y su madre, esta última estaba intacta. El fuego chamuscó el apartamento de al lado y, milagrosamente, se paró ahí. La de su padre, en una pequeña urbanización de Paradise, estaba hecha cenizas. Solo dos de las casas de la urbanización habían ardido. “Solo es una casa”, decía Guthrie tras descubrir el desastre. “Lo único que echaremos de menos son las fotos de mi infancia. Estamos todos bien”.

Justo enfrente de Guthrie vive Vishal Mahindru, un inmigrante de Punjab de 46 años que tiene varios negocios en la zona. Tiene una granja en la que vive con su familia y la de su hermano. Aquel día fue su esposa la primera en darse cuenta de que había un fuego al levantarse para trabajar. “Yo le dije que no se preocupara”, contaba recientemente a la entrada de su terreno. “A las 8.00 de la mañana se fue la luz”. Ahí se dio cuenta de que era serio. El fuego se veía en toda la colina que hay frente a su granja.

“Hacía mucho viento. El fuego era muy fuerte. A las 11.00 de la mañana estaba por todas partes”. A esa hora, Mahindru ya había ignorado las órdenes de evacuación y había decidido quedarse en su casa para defender a los animales, porque sabía que si se iba no podría volver a entrar hasta que hubiera pasado todo. Vio a un helicóptero echar agua y parar el fuego momentáneamente. “Parecía que nos salvábamos”. Mahindru describe esa misma escena, cuando el viento cambió y el fuego acometió la ciudad por segunda vez. “Entonces vino del otro lado y todo se hizo oscuro. Yo rezaba a Dios. No podíamos respirar, no se veía nada”. Según iba cayendo la lluvia de brasas las iban apagando con tierra y el bidón de agua de la finca.

Viendo la propiedad de 16 hectáreas de Mahindru es aún más excepcional que consiguiera salvarla de lo que algunos vecinos describen como un huracán de fuego. El terreno que posee está cubierto de hierbas secas. Hay cuatro tractores cargados con balas de paja y toda una fila de cobertizos de madera justo en la línea por donde se acercaba el fuego. Un polvorín. “Pensé, mierda, se va a incendiar todo”, confiesa Mahindru. Está prácticamente intacto. De sus 30 animales, solo una llama tiene el lomo chamuscado porque le cayó una pavesa encima.

Aquel cambio de dirección del viento lo recuerda igual Chanté Johnson, una mujer suiza de 62 años cuya casa está intacta en la finca de al lado de la de Guthrie. El fuego pasó y luego volvió. “Volvió a 80 kilómetros por hora”, decía con la mascarilla aún puesta en la puerta de su finca. “Hizo como un torbellino y volvió”. Tenía siete caballos. Se salvaron tres. Johnson no se quedó a defender la casa. Trató de salir en coche por Neal Road, como decía el plan de evacuación. Eran las 12.30 y no sabía que a esa hora, hacia el otro lado, ya ardía toda la ciudad. De hecho, se estaba yendo cuando ya había pasado lo peor. La carretera estaba completamente atascada. “La gente tenía tanto pánico que nadie me dejaba sitio para incorporarme”. Un gesto tan sencillo de civilización como dejar a alguien incorporarse al tráfico se había convertido en una cuestión de vida o muerte.

El incendio que arrasó la ciudad de Paradise y la pedanía de Concow fue lo que los bomberos llaman un fuego “de viento”, en vez de un fuego “de combustible”, explica el Guy Anderson, bombero de la agencia antincendios de California, Cal Fire. “El ojo profesional sabe ver la diferencia inmediatamente”. Es decir, fue un incendio donde el avance y la velocidad del fuego los decide el viento, no lo que se va quemando. Eso explica estampas surrealistas en Paradise, como restaurantes calcinados en los que los toldos de la terraza están intactos. O árboles quemados solo por un lado, como si les hubieran dado con un soplete. La mayoría de las señales verticales de los negocios están en pie, junto a montones de escombros.

Cuando las familias Guthrie, Mahindru y Johnson hablaron con EL PAÍS estaban atrapadas entre los restos de Paradise. Todos los accesos están cortados mientras siguen las labores forenses de recuperación de cadáveres, en una inmensa escena del crimen que nadie sabe cuánto tiempo más va a permanecer cerrada. No pueden salir a por comida, combustible, ni agua. Nadie puede entrar a dárselo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL .

Hallado el ‘USS Lexington’, hundido en la II Guerra Mundial

Fue uno de los primeros portaaviones estadounidenses y se hundió el 8 de mayo de 1942 con 35 aviones a bordo en la batalla del Mar de Coral.

Un equipo de búsqueda liderado por el multimillonario Paul Allen, cofundador de Microsoft, ha anunciado este martes el hallazgo de los restos del portaaviones estadounidense USS Lexington, que se hundió hace 76 años durante la II Guerra Mundial, en el mar del Coral, en el Océano Pacífico.

Los restos fueron localizados el domingo por el buque de investigación del equipo, el R/V Petrel, unos 3.000 metros debajo de la superficie del mar y a más de 800 km de la costa oriental de Australia. El equipo difundió fotos y vídeos de sus hallazgos. “Lexington estaba en nuestra lista de prioridades porque fue uno de los barcos importantes que se perdieron durante la II Guerra Mundial”, ha explicado el director de operaciones submarinas del proyecto, Robert Krafr, en un comunicado.

El USS Lexington, uno de los primeros portaaviones estadounidenses, se hundió el 8 de mayo de 1942 con 35 aviones a bordo en el combate librado en el Mar de Coral, considerado como crucial para contener el avance de Japón en el Pacífico y evitar una posible invasión de Australia. Creado inicialmente como crucero de combate y reconvertido a portaaviones en 1925, el Lexington se enfrentó junto al USS Yorktown a tres buques japoneses en la llamada batalla del Mar del Coral. Sigue leyendo Hallado el ‘USS Lexington’, hundido en la II Guerra Mundial

Muere Forges, genial dibujante de medio siglo de la historia de España

Antonio Fraguas de Pablo, el humorista gráfico que mejor ha retratado el último medio siglo de la historia de España.  Descanse en paz.

Dibujó más de 250.000 viñetas. Nuestro pequeño homenaje a un grande.

 

FUENTE: CENTRO CULTURAL