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Humanidades digitales ‘Networking’ en el Siglo de Oro: así se tejían las redes de colaboración entre dramaturgos

¿Qué pasa cuando se aplican métodos digitales al estudio del teatro español del siglo XVII? Que surge una red social en la que Calderón de la Barca y Lope de Vega ni pinchaban ni cortaban.

Si todos al nacer tuvieran jurisdicción para elegir sus fortunas, nadie sería inferior”, sentencia la dama Elvira. Sus palabras llevan más de trescientos años escritas. Congeladas en el texto de la comedia titulada El Rey Don Enrique el Enfermo, que no es obra de un solo autor, sino de nueve. En esta obra buscaron fortuna Agustín Moreto, Antonio Coello, Antonio Martínez de Meneses, Francisco de Rojas Zorrilla, Jerónimo de Cáncer, Juan Coello y Arias, Juan de Zabaleta, Pedro Rosete y Sebastián de Villaviciosa.

Es una muestra algo tardía de un fenómeno común en el Siglo de Oro: las comedias colaboradas que unieron a una larga lista de dramaturgos en una sólida red de producción literaria conjunta. La estructura de ese entramado es ahora visible gracias al estudio de Alejandra Ulla Lorenzo y Elena Martínez Carro, investigadoras del grupo de Humanidades Digitales Aplicadas de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). “Al iniciar nuestro estudio sabíamos que algunos dramaturgos habían participado con mayor frecuencia que otros en la composición de este tipo de piezas gracias a los estudios individuales sobre la obra de estos autores y, aunque intuíamos que no todos habían trabajado con todos desconocíamos por completo cuál era el panorama global de la red”, admiten. “Las comedias escritas en colaboración, un tipo de obras poco conocidas entre el público general, pero que encierran una forma de trabajar el teatro de la época”.

Datos del grafo compartidos por Alejandra Ulla y Elena Martínez, investigadoras de la Universidad Internacional de La Rioja.

¿Cómo se tejió esta red? En los círculos de la Corte. “Este espacio les proporcionaba la oportunidad de participar en diversos tipos de eventos culturales, como certámenes, justas, academias y, por supuesto, teatro en sus múltiples formas”, señalan las investigadoras. De un tiempo para acá, a estas prácticas, popularizadas hacia 1622, las llamamos networking. Entonces, como ahora, eran una manera de buscarse las castañas. “No hay duda de que estos grupos generaron una actividad socioeconómica durante el siglo XVII que concitó a varios autores profesionales que se reunían para formar relaciones, crear y desarrollar nuevas oportunidades de negocio y buscar nuevos clientes en los distintos espacios teatrales de la Corte madrileña”, confirman las autoras del estudio.

El grafo, con los autores enlazados en función de las comedias a las que contribuyeron, constituye un retrato de la época que no es fácil de pintar. Las obras de la época y sus respectivos autores no están precisamente estructurados en una base de datos de consulta rápida. Antes de empezar, Ulla y Martínez tuvieron que reconstruir y actualizar el corpus de comedias escritas en colaboración: “Esta tarea supuso un primer escollo por los problemas de autoría que presentan estos textos”. Esta complejidad, explican, es común a todo el teatro del siglo XVII, pero ha empezado a salvarse en los últimos años gracias a la estilometría. “Analiza los problemas de autoría utilizando la frecuencia de rasgos estilísticos léxicos de un autor en comparación con todas sus obras autorizadas y las obras de sus contemporáneos”.

Las comedias colaboradas surgieron “casi como un si de un juego colaborativo se tratase”, pero resultaron de gran utilidad para quienes tomaban parte en ellas. Por un lado, aligeraban el proceso creativo y permitían satisfacer más rápido la elevada demanda. Como las obras solían tratar temas conocidos para todos quienes participaban en la escritura podían repartirse las tareas y organizar rápidamente la composición. Por otro lado, combinar ingenios abría puertas. “Posibilitaba en muchas ocasiones acceder a los círculos cortesanos que, lógicamente, granjeaban una mejor posición a estos dramaturgos”, señalan.

Calderón de la Barca, en segundo plano

Ulla y Martínez han encontrado una anomalía los corrillos del networking literario del siglo XVII: “La posición de los dramaturgos canónicos no es tan central como cabía esperar”, explican. En el caso de Calderón de la Barca, que tomó parte en trece de las 149 obras que recoge el grafo, frente a autores como Juan de Matos Fragoso, que colaboró en 50 comedias. “Más bien parece que los dramaturgos más consolidados, como por ejemplo Calderón de la Barca, tenían en la Corte una posición suficientemente fortalecida a través de la composición de comedias individuales para grandes festejos como para no necesitar participar en este tipo de comedias y, cuando lo hizo, seguramente fue por compromiso”.

En el caso de Lope de Vega, que solo tomó parte en una de las obras, las investigadoras se inclinan más por una cuestión de líneas temporales. “Pertenece a una generación anterior y a ello se suma su muerte en 1635”, señalan en el estudio. Al otro extremo, junto a Juan de Matos Fragoso, destacan otros nombres no tan encumbrados en el Olimpo del Siglo de Oro, como Jerónimo de Cáncer o Luis de Belmonte. “Muchos de los autores considerados menores por la crítica ocupan una posición privilegiada en el grafo, como ocurre en el ejemplo de Juan de Matos Fragoso, o establecen con otros dramaturgos relaciones de interés que abren la puerta a nuevas investigaciones. Son escritores que, a pesar de no gozar de gran prestigio, dominaron la red social teatral del momento”.

Fuente : EL PAÍS / Montse Hidalgo Pérez / Olivia L. Bueno (Vídeo) . 

 

Centro de Visitantes de La Piedra en Seco (segunda parte). La Puente del Valle (Valderredible)

Hoy recordamos la segunda parte, la primera  se publico el 24 de Junio.

Beatriz Díez explica de una forma muy amena los atractivos contenidos que se pueden ver y conocer en este Centro de Visitantes ubicado en  La Puente del Valle (Valderredible). Segunda parte.

Gracias especiales a Alfonso Peña Rotella, Jefe de Servicio de Información Ambiental y Sostenibilidad, del  Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA), del Gobierno de Cantabria, por las facilidades dadas para la elaboración de este reportaje.

FUENTE: CENTRO CULTURAL. JORGE A. MURILLO .

Centro de Visitantes de La Piedra en Seco (primera parte). La Puente del Valle (Valderredible)

Hoy os mostramos como vivían nuestros antepasados, las técnicas de construcción se pueden ir observando en sus diferentes estancias,  y el legado arquitectónico  puede observarse en diferentes maquetas. Construcciones con gran seña de identidad de muchos paisajes agrícolas y ganaderos.

La segunda parte la publicaremos el viernes veintiséis.

Beatriz Díez explica de una forma muy amena los atractivos contenidos que se pueden ver y conocer en este Centro de Visitantes ubicado en  La Puente del Valle (Valderredible). Primera parte.

Gracias especiales a Alfonso Peña Rotella, Jefe de Servicio de Información Ambiental y Sostenibilidad, del  Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA), del Gobierno de Cantabria, por las facilidades dadas para la elaboración de este reportaje.

FUENTE: CENTRO CULTURAL. JORGE A. MURILLO

Colegiata de San Martín de Elines, por Federico Schneir y Mario Corada (versión larga narrada).

Recordamos este vídeo en 3D, donde se puede observar la maravilla románica de Valderredible.

Federico Schneir y Mario Corada han realizado un proyecto sobre la Colegiata de San Martín de Elines, consistente en la realización de varios vídeos de diferente duración con un recorrido virtual en 3D, y narraciones de los aspectos de mayor calado cultural.

La idea surge para dar mayor presencia a la joya del Románico por excelencia de Valderredible y que las personas interesadas puedan adentrarse por este monumento de una forma que no se podía hacer antes, disfrutando en primera persona de su belleza y riqueza cultural.

Disponibles también en nuestro Canal del Centro Cultural de Valderredible.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE / Federico Schneir y Mario Corada .

La Calderona: la actriz que pagó los excesos del Siglo de Oro

La escritora Elvira Menéndez novela la vida de la más popular de las intérpretes del siglo XVII, obligada a abandonar el teatro por Felipe IV para evitar el escándalo tras dejarla embarazada

Realidad y leyenda se mezclan en la historia de María Inés Calderón. Está probado que nació en 1611 en Madrid y que fue una famosa actriz conocida como La Calderona y Marizápalos. También que fue amante de Felipe IV y que tuvo con él un hijo, Juan José de Austria, uno de los dos únicos bastardos que reconoció el monarca de los 30 que se calcula que tuvo, aparte de los 15 hijos que engendró en sus dos matrimonios. Y es un hecho que para evitar el escándalo tras el nacimiento del niño, el rey ordenó que fuera recluida en el monasterio benedictino de Valfermoso de las Monjas (Guadalajara), donde llegó a ser abadesa desde 1643 hasta su muerte en 1646.

La leyenda, en cambio, cuenta que La Calderona huyó del convento y vivió oculta en la sierra que lleva su nombre en el norte de Valencia. Un documento del gremio de actores certifica la muerte de la actriz en Madrid en 1678 y detalla las limosnas que le pagaron en sus últimos años. Y algunos rumores de la época sugerían que Juan José de Austria no era hijo del rey, sino del duque Ramiro Núñez de Guzmán, viudo de la hija del conde-duque de Olivares, que también fue amante de la actriz.

Casi cinco años ha dedicado la escritora, guionista y actriz Elvira Menéndez (Ferrol, 70 años) a desbrozar documentos, relatos, fábulas y hasta canciones de la época (se conserva la letra de una llamada Marizápalos) para construir una novela en la que también confluyen realidad y ficción: los personajes y el contexto son verdaderos, pero los diálogos y las escenas los ha imaginado la autora. El resultado es un trepidante libro de aventuras recién publicado titulado Vida de una actriz (Ediciones B) que no solo ofrece un rico retrato de La Calderona, sino también un fresco de la vibrante vida teatral del Siglo de Oro español y su estrecha relación con la corte.

Cuenta la autora que su interés por La Calderona va más allá del propio personaje. Es cierto que su historia personal es tan intensa que en sí misma da para un buen novelón, pues de hecho no es el primer libro que se escribe sobre ella e incluso en los últimos años se han estrenado dos obras inspiradas en el personaje (La puta enamorada, de Chema Cardeña, y la comedia La Calderona, de Rafael Boeta), pero Menéndez la ve más bien como un símbolo. “Sintetiza el doble papel de la mujer en el teatro español del Siglo de Oro. Por un lado, las actrices tenían una enorme influencia y eran adoradas por el público, pero por otra parte eran despreciadas. También los actores, pues en general el oficio de cómico era deshonroso, pero las mujeres sufrían más esta exclusión porque a ellas se las consideraba poco más que prostitutas”, explica la escritora.

En realidad, según Menéndez, el teatro era un espacio de libertad insólito para las mujeres en el Siglo de Oro. “Recordemos que en Inglaterra no se les permitía ser actrices y en Francia estaba muy mal visto. En Italia sí podían, pero allí entonces no había un sistema teatral estructurado. En España, en cambio, las mujeres no solo actuaban, sino que dirigían sus propias compañías, eran empresarias, sabían leer y escribir, participaban de la vida intelectual, se relacionaban con dramaturgos y nobles. No es extraño que resultaran fascinantes”, apunta.

Eso sí, estaban obligadas a casarse para poder trabajar en los corrales, circunstancia que la novela recoge en uno de sus primeros capítulos, cuando La Calderona urde una trama para hacer pensar a su padre que ha sido deshonrada por un actor, lo que le obliga a permitir que se case con él y se convierta en actriz. “En realidad, el actor era homosexual. Un marión, como se les llamaba, que también encontraban en el teatro un refugio. Eran habituales este tipo de matrimonios en el mundillo porque beneficiaban a las dos partes: ellas podían actuar y ellos hacer su vida”, recuerda Menéndez.

En la novela hay muchas situaciones que permiten imaginar cómo era la vida en los corrales de comedias. Además de La Calderona, otra de sus grandes protagonistas es Jusepa Vaca, también actriz y empresaria muy famosa, que se codea en el libro con lo más granado de la profesión, entre quienes destaca el actor Cosme Pérez, más conocido como Juan Rana, a quien Menéndez dedica varios capítulos por ser uno de los actores más carismáticos del momento. Solo con verlo salir a escena el público ya se partía de risa. “Era tan popular que cuando la Inquisición lo detuvo por sodomía, sus admiradores armaron tal revuelo que al final acabaron absolviéndolo”, afirma Menéndez.

Juan Rana era muy apreciado por Felipe IV y lo mandaba a menudo llamar para que actuara en su corte. También era muy solicitado entre los nobles, que no querían mezclarse con el populacho en los corrales de comedias, por lo que solían organizar veladas teatrales en sus casas para las que reclamaban la presencia de los actores más populares del momento. Era la doble moral de la época, que despreciaba en público lo que degustaba en privado, con consecuencias a veces nefastas para aquellos que transitaban entre esos dos mundos. La Calderona fue una de sus grandes víctimas.

De la mala reputación al respeto social

Si la novela de Elvira Menéndez muestra la vida de los actores en la época de los Austrias, lo que abarca todo el Siglo de Oro, el ensayo El actor borbónico (ADE-Aisge)del investigador Joaquín Álvarez Barrientos, muestra cómo el oficio evolucionó con el cambio de dinastía en el siglo XVIII. Fue en ese momento cuando los intérpretes empezaron a dejar de ser considerados personas de vidas disolutas para ser reconocidos como profesionales dignos de respeto. Una prueba es que comenzaron a ser objeto de retratos y necrológicas.

Se inauguraba así, según Álvarez Barrientos, la sociedad del espectáculo. “El actor dejó de ser visto como un pelele, alguien que gesticula y se mueve por un escenario, para pasar a ser considerado un artista liberal; esto es, que desarrolla una labor intelectual”, explicó el investigador en una reciente presentación del libro en la Asociación de Artistas Intérpretes (Aisge), coeditora de la obra junto a la Asociación de Directores de Escena. Sobre ese contexto se fueron cimentando las bases de la profesión tal como se entiende hoy. Así nació el actor moderno.

El libro expone además cómo se fue introduciendo en los escenarios una manera de interpretar más natural, lejos del histrionismo que levantaba pasiones en el Siglo de Oro. Es un proceso que se desarrolla de manera paralela al cambio que se observa en las actitudes del público, que del jolgorio que solía armar en los corrales de comedias fue pasando a mantenerse en silencio como forma de distinción y educación, frente a las costumbres populares y rurales. Y otro hito importante que no puede olvidarse: fue en el siglo XVIII cuando nació la crítica teatral como género periodístico.

Fuente : EL PAÍS / RAQUEL VIDALES . 

 

Quintanilla de An y su joya mudéjar con misterio.

Rescatamos de nuestra biblioteca (digital) este post de 2018, una de las joyas importantes que tiene el patrimonio de  Valderredible.

La iglesia de San Miguel en Quintanilla de An en Valderredible, fue construida en el siglo XVI sobre una anterior de tipo románico de la que apenas quedan unos restos en el muro sur.

Resulta un destacado elemento no muy conocido del patrimonio histórico-artístico de Valderredible.

INTERIOR

(clic en cualquier imagen para verlas en grande en modo presentación)

 

 

PILA BAUTISMAL

En su interior destacan varios elementos muy relevantes, como por ejemplo, la bella pila bautismal de estilo románico.

Pila bautismal de estilo románico
ARTESONADO

(clic en cualquier imagen para verlas en grande en modo presentación)

No obstante, la pieza más relevante es el  artesonado (armadura) de inspiración mudéjar, una joya singular en Cantabria debido a la escasez de artesonados de estas características, y de su belleza. Contiene pinturas populares en los casetones: esvásticas, rosetas de varios pétalos inscritas en círculos, y otras originales figuras, pero una de ellas contiene un misterio…

EL MISTERIO

Nos comenta Javier García Hernando, Concejal de Cultura, Turismo y Educación del Ayuntamiento de Valderredible, que nos acompañó durante la visita: “Resulta un tanto extraña la imagen del casetón que aparece a continuación, ya que tratándose de arte de tradición musulmana,  no cabe representación alguna de personas o animales;  es, en toda regla,  un anacronismo (que no es propio de la época de la que se trata). Hay que echarle imaginación  y que cada cual saque sus conclusiones.

Podríamos citar, por ejemplo, otros famosos anacronismos como el astronauta de la portada de la Catedral Nueva de Salamanca.

El astronauta es un añadido de una restauración, y la cara del artesonado es coetánea a la elaboración del mismo. En mi opinión lo importante son los interrogantes que crea ¿heterodoxia? ¿autorretrato? ¿retrato de la amada de alguno de los que intervino como maestro, aprendiz? ¿quizás obra de un artesano díscolo?

No sabemos de nada parecido, el punto de misterio es genial“.

(clic en cualquier imagen para verlas en grande en modo presentación)

 

Detalle del artesonado mudéjar con la imagen misteriosa. Sigue leyendo Quintanilla de An y su joya mudéjar con misterio.

Tracy Chevalier: “La vida va a volverse más local y tranquila. Habremos ganado algo”

La escritora estadounidense regresa con ‘Las mujeres de Winchester’, una novela sobre la soltería de la mujer de entreguerras, y se muestra aliviada ante los hallazgos meramente estéticos del reciente estudio sobre el cuadro que centró su primer éxito, ‘La joven de la perla’

Tracy Chevalier (Washington D.C., 57 años) siguió nerviosa desde su casa en Londres, donde permanece confinada, la presentación del más exhaustivo estudio que se ha hecho hasta la fecha sobre uno de los cuadros más famosos del mundo: La joven de la perla, de Johannes Vermeer. No en vano, Chevalier publicó en 1999 una novela en la que fantaseaba con la posibilidad de que la chica del cuadro fuese una criada del pintor, y construía una historia en la que la belleza de la modelo era el centro. Fue un éxito en todo el mundo. Chevalier siguió escribiendo, pero aún hoy, más de 20 años después, se la recuerda por aquella novela. ¿Y qué podía pasar si el estudio revelaba que de ninguna manera la chica podía haber sido una criada? “Lo habría arruinado todo”, dice.

“Si llega a descubrirse que La joven de la perla era una de las hijas de Vermeer, algo con los que los estudiosos han especulado durante años, mi novela habría dejado de tener sentido. ¡Uf! ¡Respiré aliviada cuando no dijeron nada de su identidad!”, señala. Lo que se sabe ahora – que lo que había de fondo era una cortina verde, y que le había pintado pestañas – “me resultó curioso, en especial el asunto de las pestañas; quizá parezca un detalle sin importancia pero para mí dice mucho, y no solo que fuese un pintor detallista hasta ese punto, sino que conocía muy bien a la chica”, añade. Es un día de mayo por la mañana. Es probable que esta tarde cocine, o plante algo en su jardín. Estos días le está dando sobre todo por limpiar, hacer pasteles y hablar con familia y amigos por teléfono. “Tengo más tiempo para escribir, pero no escribo más. Me distraen las noticias”, dice.

Siempre he tenido la sensación de que las mujeres somos nuestro peor enemigo. Los hombres juzgan menos que nosotras. Aunque creo que hay una solidaridad especial entre las mujeres solteras

TRACY CHEVALIER

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La villa más lujosa de la Hispania romana enseña sus tesoros

Castilla-La Mancha abrirá al público la hacienda de un aristócrata inmensamente rico que incluye el mayor mosaico figurativo del mundo y una colección de 500 piezas de mármol
El arqueólogo Miguel Ángel Valero limpia una de las escenas que representa a tres diosas disputándose la ‘manzana de oro’. En el vídeo, visita a la villa de Noheda. R. G. 

Érase una vez un hombre inmensamente rico. Más. Más aún. Tan adinerado como para hacerse traer en el siglo IV el vino desde Siria (a 4.921 kilómetros de distancia) porque los caldos de la tierra donde residía no resultaban de su gusto. Un individuo tan poderoso que la villa en la que vivía y hacía negocios (un conjunto de edificaciones) ocupaba 10 hectáreas, según los últimos datos del georradar. Solo el salón de su casa (triclinium) medía 291 metros cuadrados y estaba decorado con mosaicos dignos del palacio de un emperador. “Ese hombre existió”, explica Miguel Ángel Valero, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha. Todavía se desconoce cómo se llamaba aunque los arqueólogos lo han bautizado en broma romanizando el nombre de un archimillonario español. “Pero tarde o temprano lo sabremos”, sostiene Valero, que lleva una década desenterrando sus impresionantes propiedades —ya lo ha hecho en un 5% del total—, en la actual provincia de Cuenca, que en breve serán visitables.

Ahora la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha va a abrir el yacimiento, denominado Villa de Noheda, en la localidad de Villar de Domingo García (218 habitantes), y a hacer públicos los espectaculares resultados de las investigaciones: el mayor conjunto escultórico en mármol de la Hispania romana, con medio millar de grandes fragmentos, y el mayor mosaico figurativo del Imperio. El alcalde de la localidad, Javier Parrilla (PP), quiere que su apertura coincida con la nueva campaña de trabajos arqueológicos del verano, donde está previsto, entre otras actividades, iniciar la excavación de la sala de recepción (salón áulico) de la villa, “normalmente de mayor superficie que el triclinium”, explica Valero. Por supuesto, esta zona también oculta su propio mosaico y cientos de secretos.

Hace algo más de una década, un tractor topó con un terreno muy duro (conocido desde siempre como El Pedregal o Cuesta de los Herreros) en Villar de Domingo García. Esa parte del municipio recibía esos nombres porque los vecinos no cesaban de hallar grandes sillares de piedra y objetos metálicos de los que desconocían su origen.

Cuando el arado abrió la tierra, cientos de pequeñas piedras de vivos colores volvieron a la luz. Eran parte de las teselas que conformaban los mosaicos. Los servicios arqueológicos comenzaron las excavaciones ya que en un mapa de Alonso de la Cruz (1554), que se guarda en el monasterio del Escorial, denomina al lugar Villar de la Vila y en 1897 Francisco de Coello ya describió la “existencia de unas ruinas romanas, con teselas, en la pedanía de Noheda”.

La realidad superó a todo lo imaginable. Noheda es un fiel reflejo de un intento de transmitir un mensaje de alta carga ideológica y propagandística: el poder de un terrateniente (dominus) que garantizaba la estabilidad económica y social a la comunidad. Erigió un gigantesco complejo residencial que conjugaba los conceptos de “ocio y negocio” dentro de una gran extensión de tierras (fundus). De hecho, “a estos conjuntos de explotación agraria se los denomina urbes in rure (ciudades en el campo)”, recuerda el profesor.

El fundus —que ocupaba 80 kilómetros cuadrados— lo componían las tierras de cultivo (ager), los pastos para el ganado (saltus) y un área montañosa (silva) de donde se obtenía madera. La villa se alzaba en un punto estratégico de la hacienda con suficientes recursos hídricos, resguardada de los vientos del norte y cercana a una vía de comunicación. En el caso de Noheda, la hacienda estaba suficientemente alejada de la calzada romana para no ser detectada por visitas indeseadas o asaltada por legiones hambrientas.

Las pinturas que decoran las paredes de las villas romanas, los mosaicos de los suelos, las esculturas y otros elementos que ornamentan estos espacios poseen un sentido. En Noheda significan la posesión de la máxima riqueza. Los especialistas no encuentran una respuesta a cómo fue posible tal acumulación de opulencia: se han detectado más de 30 tipos de mármoles traídos de todo el mundo conocido en la época. La construcción ocupaba 10 hectáreas y solo el triclinium del edificio, 291 metros cuadrados. “Puede ser que el dominus estuviese relacionado con el emperador, en ese momento Teodosio, eso aún no lo sabemos, pero lo que sí está claro es que pertenecía a la alta aristocracia”, explica Valero.

Las dimensiones son tales que el mosaico del triclinium es el más grande de tipo figurativo del imperio conocido hasta ahora. Las medidas de esta sala solo son superadas por el de Cercadilla (Córdoba) si bien este carece de mosaico. Es equiparable —aunque el de Noheda es 20 metros cuadrados mayor— al de la famosa villa siciliana de Casale, en Piazza Armerina (270 metros).

El pavimento lo componían una zona central, dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica, donde se abigarran enormes figuras, como la de Atenea, que mide 2,18 metros. El número de teselas empleadas es “incontable”. En cada cuadrado de 25 por 25 centímetros se usaron de media de 1.243 de estas pequeñas piezas, algunas de milímetros para conseguir dar movimiento o sombras a las figuras.

Los arqueólogos consideran, en virtud de la diferencia en el número de piezas utilizadas en cada parte de la estancia, que no hubo un “solo pictor imaginarius [diseñador]”, sino varios. También han descubierto que debajo de algunas zonas del gran mosaico se oculta otro con diferentes motivos. “Es como si al dueño de la villa no le gustase un primer resultado y ordenase que se elaborase otro encima diferente. El dinero no iba a resultar un problema”, bromea Miguel Ángel Valero.Y, en el centro de la estancia, una fuente ornamental de la que se conservan sus canalizaciones.

¿Y qué representan las escenas? Los especialistas enumeran el mito de Enómao, Pélope e Hipodamia, dos Pantomimas, el Juicio de Paris y el Rapto de Helena, El cortejo dionisiaco y Thiasos marino.

De toda la superficie construida solo se ha excavado una mínima parte. “En ese espacio, además del increíble mosaico, hemos hallado más de 550 grandes fragmentos de esculturas, todas realizadas en mármol importado de Oriente y de Carrara [Italia]. Es el conjunto escultórico más amplio de toda Hispania, donde se incluyen figuras de Dionisios, Venus o los Dioscuros.

¿Y por qué desapareció y fue olvidado? Con la caída del Imperio romano, toda Hispania sufrió una rápida cristianización. Los nuevos habitantes utilizaron las estancias de la villa como lugar donde habitar. Las esculturas paganas fueron destruidas y lanzadas a un vertedero. Parte de ellas fueron usadas para elaborar polvo de mármol. Pero muchas pervivieron. De hecho, los arqueólogos las están montando como un puzle. Algunas ya han sido recuperadas y se pueden ver en la exposición Noheda la imagen del poder, en la capital de la provincia.

“Ahora falta que podamos mostrar este yacimiento”, dice el alcalde de Villar de Domingo García. “Está todo casi preparado para abrirlo, además de un centro de interpretación que tenemos en el municipio. La idea es que los visitantes puedan disfrutar de esto, mientras ven cómo trabajan los arqueólogos”, añade Javier Parrilla, que no oculta que se está jugando el futuro de su pueblo. “Somos la España vaciada”, admite.

De hecho, uno de los objetivos de la apertura es conseguir que los visitantes de la villa romana conozcan también el municipio a la que esta pertenece y no se desplacen a la cercana y siempre atractiva Cuenca. El Ayuntamiento y los especialistas que trabajan en la excavación han impartido cursos y realizado actividades con los vecinos para implicarlos en lo que puede ser su gran atracción turística y cultural. “Nos gustaría contar con ellos para todo, incluso para enseñarlo”, señala Valero, si bien Parrilla admite que su contratación “es muy difícil por problemas administrativos”. “Ya me gustaría a mí”, se lamenta el alcalde, “pero la legislación…”.

Fuentes del Gobierno regional han confirmado a EL PAÍS que la apertura “será cuanto antes”. “Es algo único en el mundo. Cuando muestro las imágenes en los congresos internacionales [ha impartido conferencias por todo el mundo], los especialistas de otros países se quedan atónitos. Y eso que lo mejor está por venir, porque solo hemos excavado una mínima parte”, concluye Miguel Ángel Valero mientras se encoge de hombros y sonríe ampliamente.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA

El inesperado sarcófago plúmbeo del siglo III

Un ataúd romano de plomo en excelente estado de conservación ha sido hallado en las obras de remodelación de un edificio en el centro de Granada

Los arqueólogos no esperaban ningún gran descubrimiento, quizá material de la época musulmana sin mayor trascendencia. No era más que una prospección en el centro histórico de Granada, obligatoria para cualquier obra que quiera profundizar en el subsuelo y con la que se pretende descartar que existan restos históricos. Los trabajos se desarrollaban con la normalidad esperada. Algunos restos de la época cristiana. Algunos de la árabe. Nada relevante. Pero antes de levantar el campo, el equipo de arqueólogos decidió llegar un poco más abajo. Y allí estaba. A 2,5 metros de profundidad apareció una tumba romana cubierta de piedra arenisca y barro. Aún nada sorprendente en principio para Ángel Rodríguez, el arqueólogo responsable de la prospección del edificio Villamena, junto a la catedral de Granada. Pero al quitar la losa, ligeramente aplastada, apareció un sarcófago de plomo. Eso sí fue una sorpresa.

Estamos entre el siglo II y el IV después de Cristo. Los sarcófagos de plomo no eran frecuentes. En Andalucía, además de caros, eran difíciles de conseguir porque solo se fabricaban en una industria de Córdoba. Por tanto, “probablemente es de una familia adinerada, pero eso no significa que vayamos a encontrar grandes joyas en su interior”, explica Rodríguez, que piensa que el sarcófago será, a falta de la datación exacta que se hará próximamente, del siglo II o III, no más. El ajuar no tiene por qué ser especialmente rico porque, cuenta, lo de mucho valor se quedaba fuera, “para los vivos”.

El verdadero interés de este tipo de sarcófago, del que apenas se han encontrado una decena en Andalucía —y no siempre en buen estado o sin expoliar—, está en que el plomo conserva los restos especialmente bien. Eso significa que, si todo va como los arqueólogos esperan, dentro habrá un cuerpo, un ajuar y textiles probablemente muy bien conservados y, por tanto, se extraerán muchas conclusiones que permitirán “conocer bastante del ritual de inhumación”, sostiene Ángel Rodríguez.

El sarcófago se localizó el jueves pasado y este miércoles ha sido ya trasladado al Museo Arqueológico y Etnológico de Granada. Allí aguardará unos días hasta que se defina exactamente cómo proceder a descubrirlo. Un equipo multidisciplinar de antropólogos físicos, restauradores y arqueólogos será entonces quien viva el emocionante momento de la apertura. ¿Qué futuro espera a lo que se halle en el interior? “El cuerpo irá al laboratorio de antropología forense de la Universidad de Granada y el propio sarcófago y el ajuar quedarán en el museo para ser estudiados”, resume el arqueólogo jefe.

Granada tiene un centro histórico que, en realidad, no siempre lo fue. En época romana, el epicentro de la ciudad era el Albaicín y lo que hoy configura el centro histórico era, sencillamente, una zona rural periurbana. Pero tenía una peculiaridad: estaba bañada por el río Darro, una corriente de agua que hace casi un siglo dejó de verse a cielo abierto en esa parte de la ciudad y pasó a descender embovedada a lo largo de un par de kilómetros. Y ahí, en ese lugar entonces rural, ha aparecido el sarcófago plúmbeo. Eran “zonas de cultivo fuera de la ciudad romana, en el margen del río Darro. No se trata de un cementerio. Sin embargo, quizá por la influencia del Darro, debía tener alguna significación especial como área funeraria”, asegura Rodríguez, quien recuerda que en 1902 apareció un ataúd similar que “fue expoliado por los trabajadores que lo descubrieron” antes de que llegara el primer científico, que solo encontró “unos huesos”.

El sarcófago de plomo pesa entre 300 y 350 kilos y sus dimensiones son como las de cualquier ataúd clásico: 1,97 metros de largo y 40 centímetros de alto. Algo más ancho en la cabecera (0,56 metros) que en los pies (0,36). En una primera inspección, ha respondido el arqueólogo responsable, “no tiene inscripciones aparentes, aunque aún tiene barro y arena; veremos cuando lo limpiemos”. La procedencia sí la da por segura: “Córdoba, el único lugar donde se fabricaban ataúdes de plomo”. Su exterior ya ha aportado numerosas pistas. En unas semanas, será el turno del interior, algo que los científicos esperan con emoción.

ALHÓNDIGA, CÁRCEL, BANCO

El edificio de Villamena, bajo el que ha aparecido el sarcófago, es un lugar con mucha historia. Ya en época romana se hizo un hueco como espacio relevante. En el siglo XI los comerciantes genoveses establecieron allí su alhóndiga, una especie de embajada comercial donde compraban la seda y el azúcar, explica Rodríguez, que vendían por toda Europa. A este lugar llevaban productos de lujo europeos para vender en la urbe. Los Reyes Católicos, en el siglo XVI, ceden el edificio a la ciudad, que se convierte en cárcel durante más de cuatro siglos, hasta 1930. La última función que tuvo fue la de oficina bancaria y allí es dónde, exactamente debajo de una impresionante puerta de caja fuerte que hace tiempo que no guarda nada, ha aparecido el sarcófago de plomo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / JAVIER ARROYO .

El castillo soriano que enseñó a los cruzados a resistir en Jerusalén

Finaliza la restauración de la fortaleza de Osma, que disponía de un sistema defensivo que permitía a una pequeña guarnición rechazar enormes ejércitos.

Castillo de Osma, en Soria, tras su restauración. Fernando Cobos

Abderramán III necesitaba tomar aquel castillo estratégico de la frontera del Duero. En el 934, se presentó al pie de la fortaleza de Osma con un poderoso ejército compuesto por varios miles de arqueros y máquinas de guerra. Frente a él, agazapados en una fortaleza erigida sobre un peñasco con pendientes que superaban los 45 grados, el rey Ramiro II de León y sus condes con tropas claramente inferiores, medio centenar frente a casi tres mil. Pero tenían un arma secreta: un sistema defensivo compuesto por saeteras desconocido hasta entonces en Europa y que les llevó a la victoria. Las crónicas cristianas señalan que los musulmanes no se atrevieron a escalar aquellos riscos. Por su parte, las fuentes islámicas sostienen que lo que en realidad ocurrió fue que los cristianos no osaron bajar.

El castillo de Osma (Soria), abandonado desde el siglo XIV, ha vuelto ahora a la vida después de más de diez años de estudios y de una restauración financiada por el Ministerio de Cultura. La investigación de la fortaleza –encabezada por Fernando Cobos, doctor arquitecto y experto internacional en patrimonio, y Manuel Retuerce, arqueólogo de la Universidad Complutense– ha destapado, entre otras cuestiones, la tecnología empleada por los reducidos defensores para rechazar las gigantescas acometidas musulmanas: las saeteras inclinadas, tecnología que los sorianos trasladaron a los cruzados para su guerra en Tierra Santa.

Las primeras noticias del castillo de Osma son del año 910, cuando se erige –sobre un asentamiento de la Edad del Bronce- en un pico de la inestable frontera que dividía el Reino de León del califato. Pocos años después de su construcción fue arrasado por los ejércitos de al-Ándalus. Decidido a convertirlo en la pieza clave de la frontera, Ramiro II lo refuerza para que pueda resistir a las tropas califales, que terminarían tomando y reconstruyendo en los años siguientes la cercana fortaleza de Gormaz, que se convertiría en su base de operaciones y de asedio contra Osma. Hasta levantaron varias torres de vigilancia en las proximidades para controlar cualquier movimiento cristiano en Osma.

Saetera con inclinación del castillo de Osma. Fernando Cobos

Entre el 934 y el 989 Osma es ya la principal línea de resistencia del Reino de León en la frontera del Duero. Pero en el 989 Almanzor consiguió tomarlo y lo reformó. En el 1011 los cristianos lo recuperaron. Tres años después, los cristianos tomaron Medinaceli, a unos ochenta kilómetros al sureste, por lo que Osma perdió su importancia estratégica. En el siglo XIV se allanó su interior tapando las singulares saeteras para crear nuevos espacios habitables. En el XVIII sus mejores sillares –muchos de procedencia romana, ya que en las cercanías se erigía la ciudad romana de Uxama– se transportaron para levantar la catedral del Burgo de Osma. En 2005 se iniciaron los trabajos de restauración.

El castillo de Osma rebosa enigmas históricos y arqueológicos. Uno son sus saeteras, que se situaban al pie de sus muros, no en las partes altas de las murallas, como es lo habitual. La ubicación inferior de estas aberturas se debe a que las almenas solían ser barridas por las máquinas de guerra musulmanas, por lo que las bases de los muros eran los lugares más seguros para la defensa.

Las saeteras de Osma son una apertura mucho más estrecha de lo normal para evitar que las flechas enemigas se introduzcan, pero disponen de un pequeño conducto en su parte inferior por donde sale el dardo del defensor. Su inclinación, en el caso del castillo de Osma, variaba, según el lugar de la fortaleza donde se abriesen: más inclinación del terreno, más inclinación de la saetera, lo que permitía apuntar directamente a las tropas enemigas y mantenerse a salvo, una especie de tiro al plato. “En esta época, no existe en ningún lugar de Europa este tipo de defensa. Solo se ha hallado en algunos castillos cruzados en Tierra Santa construidos años después. Su aparición en Tierra Santa para defenderse de ejércitos superiores pudo ser debida a Pedro González de Lara, que era hijo del teniente real [máximo responsable] del castillo y que viajó a Jerusalén como escolta de la mujer del conde de Tolosa” o de su hermano Rodrigo González de Lara que construyó un castillo en Tierra Santa para donárselo a los caballeros templarios”, señala Cobos.

Alejado ya de la frontera bélica, sufrió una fuerte modificación a finales del siglo XIII y la primera mitad del XIV para adaptarlo a las necesidades del momento. En su interior se levantaron zonas de acuartelamiento con barracones y letrinas y más tarde unas dependencias episcopales.

La fortaleza de Osma estuvo a punto de desaparecer en el siglo XVIII cuando los Ejércitos borbónicos lo barrenaron para evitar que fuera tomado por los partidarios de los Austrias. Felizmente, la idea se desechó al no llegar nunca a Osma estos últimos. El castillo será en breve visitable. “Las pronunciadas pendientes que lo salvaron en los asedios, siguen ahí, por lo que solo se puede visitar si se va provisto de buen calzado y te gustan las excursiones”, señala Cobos. “De todas formas, es un castillo roquero único, por lo que merece la pena verlo”, concluye el arquitecto.

Fuente : EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .