Archivos Mensuales: mayo 2019

El mayor arsenal medieval de la Península.

Los expertos de la Universidad Complutense hallan miles de piezas militares empleadas en la toma de la fortaleza de Calatrava en 1212.

Con las primeras luces del 30 de junio de 1212, los ejércitos de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra (los conocidos como los Tres reyes), además de las huestes de Alfonso II de Portugal y centenares de caballeros francos, se encaminaron hacia el primer acto de la decisiva batalla de las Navas de Tolosa (Santa Eulalia, Jaén), que se produciría 17 días después, y que acabaría con el poder musulmán en el centro peninsular. La toma de la fortificada ciudad de Calatrava (44 torres, sólidas murallas y un foso alimentado con un ingenioso sistema hidráulico) se interponía en su camino antes de enfrentarse a las muy superiores tropas del almohade Muhammad an-Nasir. Las armas empleadas para tomar Calatrava (Carrión, Ciudad Real) han emergido a lo largo de 34 años (la última campaña arqueológica acabó en septiembre) en el que se considera ya “el mayor y más variado conjunto de piezas de armamento encontradas en un yacimiento medieval de la península Ibérica”.

Desde 1984, el equipo arqueológico de Manuel Retuerce, de la Universidad Complutense de Madrid, y Miguel Ángel Hervás ha ido hallando gran parte del material bélico usado: espadas, ballestas, flechas, dardos, saetas, azagayas, virotes, puntas de lanza y hasta abrojos, las púas metálicas que se lanzaban a las pezuñas de los caballos. Se han desenterrado, como indica el trabajo de fin de máster (junio de 2018) del historiador Alejandro Floristán, defendido en la Universidad de Alicante, “más de 20.000 objetos metálicos”, de los que 1.605, por ejemplo, son “elementos arrojadizos”.

A principios del siglo XIII las fronteras entre los reinos cristianos y musulmanes permanecían estables en torno al Guadiana. Entre Toledo (cristiana) y Córdoba (musulmana), solo Calatrava se erigía como ciudad importante. Su posesión era decisiva para ambos bandos, una especie de “cabeza de puente”, como explica Retuerce. La ciudad, que llegaría a albergar a unas 4.000 personas, fue edificada por el emirato omeya en torno al 785 con el nombre de Qal’at Rabah (La Fortificación o Encomienda de Rabah). La conformaban alcázar, medina de cuatro hectáreas, arrabales (con industria alfarera), torres pentagonales, albarranas, puertas en codo, foso y un sistema hidráulico que lo alimentaba: un auténtico fortín protegido por los ríos Guadiana y Valdecañas, y erigido sobre una colina que ya había sido ocupada por los íberos.

En 1147 cayó en poder de los cristianos, pero los musulmanes la recuperaron en 1195, como consecuencia de su victoria en la batalla de Alarcos, hasta que la perdieron en 1212. A partir de ese momento las fronteras bélicas comienzan a descender hacia el sur, por lo que Calatrava perdió su importancia estratégica. Además, la insalubridad del río (paludismo) llevó a su abandono definitivo a principios del XV. En 1774 cerró la ermita y su recuerdo se perdió entre las brumas de la historia.
En los años setenta comenzaron los trabajos de consolidación y reconstrucción (Santiago Camacho y Miguel Fisac) de las estructuras existentes.

En 1984 se inició la excavación arqueológica. “El hecho de que la zona no estuviera muy densamente poblada evitó, en gran medida, el saqueo de sus restos”, explica Retuerce, y hoy en día, de hecho, es un parque arqueológico visitable, junto al municipio de Carrión de Calatrava. Los hallazgos durante estos años han sido abundantes en cerámica (ajuares islámicos y cristianos), vidrio, metales (broches de cinturón, adornos de los correajes, etc.), monedas (dos conjuntos de dineros de vellón del siglo XIII) y hasta la osamenta de un defensor musulmán de la fortificación.

Por su parte, el estudio de Floristán destaca la importancia de los hallazgos armamentísticos porque esta rama de la arqueología no está tan desarrollada en España como en Reino Unido, Alemania o Estados Unidos. La toma de la ciudad (según la ubicación de las armas halladas tanto dentro como fuera de la ciudad) se llevó a cabo mediante un triple ataque con el empleo de tres cuerpos de arqueros cristianos de manera simultánea para impedir a los defensores concentrar sus fuerzas en un único lugar. Los arqueros “actuaban en superficie, lanzando andanadas de flechas” para eliminar o debilitar al enemigo. Posteriormente, los ballesteros, que necesitaban más tiempo para cargar sus armas, disparaban con mayor precisión a los asediados. Se empleaban también flechas emponzoñadas” e incendiarias, recubiertas de estopa para provocar que las llamas devorasen el objetivo.

Tras la toma de Calatrava, los caballeros francos reclamaron matar a los defensores musulmanes. Alfonso VIII se negó. La mayor parte de los francos se encorajinaron y se volvieron a su reino. Y ya no participarían, el 16 de julio, en la decisiva batalla de Navas de Tolosa, y que fue posible gracias a la toma, en la retaguardia, de Calatrava, lo que inclinó definitivamente el fiel de la balanza hacia el lado cristiano, en una guerra sin cuartel que duró ocho siglos.

Olivares, vides y murallas

El yacimiento de Calatrava la Vieja impresiona. Sobre una extensa planicie cubierta de cultivos, vides y olivares, junto a la ribera del Guadiana y en el término municipal de Carrión de Calatrava, se erige una mole pétrea que sorprende al visitante. Una ciudad musulmana en excavación que puede ser recorrida con o sin guía y que semeja una isla entre las aguas del río.

El asentamiento se divide en dos zonas separadas por una gran muralla: el alcázar y la medina, mientras los arrabales alfareros quedan en el exterior.

Las tarifas de acceso son 4 euros para adultos y 2 para menores y grupos. En las cercanías del yacimiento, numerosos templos y lagunas para una jornada festiva. Luego, comida manchega.

La Vieja y la Nueva

La Orden de Calatrava era una entidad militar y religiosa fundada para proteger la ciudad de Calatrava del ataque de las tropas musulmanas. Alfonso VII, rey de León y Castilla, dada la importancia de la fortificación, se la entregó a los caballeros del Temple, que no pudieron mantenerla en poder cristiano.

La defensa se encomendó entonces a la nueva Orden de Calatrava, que fue creada por el abad del Monasterio de Fitero (Navarra) en 1158. Pero en el año 1217, el maestre Martín Fernández de Quintana decidió trasladar el maestrazgo a Calatrava la Nueva, en el actual municipio de Aldea del Rey (Ciudad Real).

La Vieja entró entonces en completa decadencia. A principios del siglo XIX,  era ya un despoblado en estado de ruina avanzado. El último acontecimiento destacado que vivió fue la ejecución de Gregorio Monedero y Francisco Romo, unos milicianos isabelinos que fueron capturados durante la primera Guerra Carlista.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .

¿I+D+I en La Lora? Bar Oro Negro ¡gastronomía y mucho más!

Investigación, desarrollo e innovación en La lora

El cinco de diciembre de 2018 publicábamos un avance de esta iniciativa que queríamos conocer de primera mano. Y sí, nos hemos encontrado con un poco de investigación, otro poco de desarrollo y mucho de innovación ¿o es arrojo?.

Hace unos días estuvimos con Begoña Garrido quien nos contó por qué ha llegado a Sargentes de la Lora, cuál es su realidad y con qué expectativas de futuro cuenta. Una entrevista muy interesante, donde entre otras cosas, nos habla de un cambio de vida, de sus proyectos y expectativas que ya se van haciendo realidad, como es la creación del cocido loriego (ver video más abajo), del que podemos dar fe que… ¡está buenísimo!

PREGUNTA: ¿Cómo aparece Begoña Garrido en el Bar Oro Negro de Sargentes de la Lora?

RESPUESTA: Aparece un poco por casualidad. Este bar lo regentaba una amiga mía y por motivos de enfermad, lo tuvo que dejar. Entonces le di media vuelta, porque no le di vuelta entera; tenía ganas de que mi vida diera un cambio, y me dije: ahora o nunca.

Se lo plantee a mis hijos y me dijeron “lo que tu decidas bien estará”. Así que Begoña Garrido Ibarra cogió la maleta y se vino a Burgos desde  Bilbao. Y me quedé regentando el Bar.

 P: Y emprendes una aventura de riesgo, porque adquirir un bar en un páramo casi deshabitado, no tiene muchas más definiciones…

R: Sí, lo primero porque vienes con ilusión. Mientras tienes ilusión por hacer una cosa, es fácil que tenga un buen futuro, y si por tu forma de ser la gente colabora, no lo ves con tanto riesgo.

Muchas veces te paras a pensar y dices: “Hasta aquí. Si no soy feliz con la vida que estoy llevando ¿Que me puede pasar peor? Voy a buscar  felicidad, tranquilidad, paz. En un principio pensé que este trabajo iba a ser más sosegado, pero me estoy dando cuenta que no lo es tanto.

No tengo tiempo para pensar ni de aburrirme, solo de tirar para adelante. Pienso que lo vamos a conseguir, que este páramo solitario se va a llenar.

Es un cambio muy radical,  cambio de sistema de vida,  de actividad económica, de entorno,  dejas la familia y te vienes sola. Tengo la ventaja que no tengo niños pequeños que arrastrar conmigo, he venido yo sola y si me doy el batacazo me lo doy solo yo.

Al principio fue un poco duro, me hacia la chulita, siempre sonriendo  pero cuando me metía en la cama decía… “Bego ¿has acertado? eso me lo dirá el futuro”.

Siempre hacia adelante, eso es lo que me ayuda a tirar.

“Para atrás, ni para coger impulso”.

P: El mundo rural está viviendo momentos complicados, principalmente debido a la despoblación, dices en una de tus publicaciones en Facebook: No podemos dejar caer los brazos, está en juego nuestra cultura, nuestros orígenes… ¿Es tu manera de contribuir en este intento?

R: Vengo de una zona donde la cultura la llevamos muy arraigada, donde tenemos una manera de vivir muy definida.

Si, aquí quiero poner ese empeño. Pienso que es  importante educar a los niños para que les guste el pueblo, que no solo está la ciudad. Si a un niño o a un joven le pones algo atractivo para que venga al pueblo, va a seguir viniendo. Lo veo por mis hijos cuando eran pequeños, era cuestión de crearles actividades, cosas por hacer para que les gustara venir. Los jóvenes serán los que el día de mañana puedan llenar los pueblos, bien por temporadas, en vacaciones o porque en algún momento dado esto arranque y haya alguna posibilidad de ofrecer puestos de trabajo.

¿Cómo? ¿Dónde está esa fórmula? imagino que si todos juntos tiramos podremos encontrarla. Tiene que haberla, esto no debe ni puede morir. Si la extracción del petróleo ha muerto, habrá que buscar otras alternativas.

Hay pueblos por España que en ocasiones salen en la prensa porque han conseguido un cierto grado de repoblación,   -nosotros los seguimos con especial interés por lo que nos toca en Valderredible-,  han descubierto  formulas casi siempre asociadas a las nuevas tecnologías.

Disponer de una buena conexión de Internet,  puede atraer personas para crear un espacio de conocimiento, de trabajo, que decidan mudarse a un pueblo para desarrollar su actividad: escritores, pintores, informáticos… que se plantean trabajar desde su casa, evitar el ruido y la contaminación de las ciudades.

P: Hablando de conexión ¿Qué tipo conexión tenéis ADSL o Fibra Óptica?

R:  ADSL, la Fibra aún no ha llegado.

P: Una de las primeras apuestas para relanzar el negocio del Bar fue la creación del “cocido loriego” ¿Cuál fue su génesis?

R: Está claro que si algún día daba comidas tendría que ser algo propio de la zona. Pregunté a la gente de aquí: ¿vosotros que era lo que comíais de pequeños, de jóvenes?  Su respuesta fue: “aquí lo que se comían eran garbanzos”.

Entonces pensé que tenía que hacer un cocido cuyo componente principal fueran los garbanzos,  y a la vez incluir cosas típicas como el relleno castellano. He tenido que  aprender a hacerlo.

“No deja de ser un cocido, pero con un toque castellano”.

P: ¿De qué se compone el relleno castellano?

R: Consta de miga de pan remojada con huevo batido, ajo, perejil y  un poquito de cariño. Y luego se pone con la salsa del cocido para que se vaya empapando.

Digo con un poquito de cariño porque al principio lo debía hacer sin cariño y no me quedaba muy bien.

P: ¿Utilizas productos de la zona para su elaboración? lo que puede ser una manera de fomentar y ayudar a las pequeñas economías domésticas de la zona.

R: El producto que utilizo me gustaría que se diera en la zona, pero no lo hay, la gente que queda es mayor y solo plantan su huerta, eso sí, procuro comprar todo de Castilla.

La morcilla es de Villarcayo,  el garbanzo lo traigo de León, procuro que todo sea castellano.

A veces me dicen que por qué no planto garbanzos, y lo estoy pensando. No lo he hecho en mi vida, pero tampoco había hecho un relleno y me sale medianamente bien.


P:¿Qué ingredientes básicos lleva el cocido loriego?

R: Lleva pimiento choricero que llamamos pimiento seco, pimiento rojo, puerro y cebolla.

P: ¿Son los ingredientes para elaborar la sala?

R: Sí. Primero cocino un poco las verduras, después  las junto con los garbanzos; lleva repollo o berza que cuezo aparte… depende de lo que haya ¿Por qué? Porque habrá gente que le guste y a quién no le guste. También va acompañado, además de los garbanzos, de morcilla, costilla, tocino y chorizo.

P: Lo preparas por encargo para ocasiones especiales y fines de semana

R: Normalmente lo tengo todos los fines de semana, y si es de encargo con más motivo.

P: Vemos en tu página de Facebook que Begoña  y el Bar Oro Negro van más allá de la creación de un plato gastronómico, ya que organizas concursos  (el de torrijas va por la tercera edición), ferias de abril loriegas, carnavales…

R: Así es, en 2018 también hicimos la primera Fiesta de la Cerveza, al fin y al cabo es una manera de reunir gente. El Oro Negro es  como un punto de encuentro de todos los pueblos de alrededor.

“Ver gente te da vida”.

Que venga un niño disfrazado y le des una bolsa de gominolas o un pequeño detalle va a hacer que le resulte atractivo a la hora de participar otros años,  tanto a niños como a jóvenes.

En un entono como este y en un local de este tipo no solamente se sirven comidas, también sirve para que la gente se socialice, sobre todo en invierno que quedan dos en un pueblo,  tres en otro, es un punto donde nos podemos juntar, charlar o si ocurre algo en un momento dado, poder ayudarnos.

P: En cuanto a bar ¿es el único de la zona?

R: Sí, he llegado a conocer cuatro,  pero hubo hasta cinco .Cuando vine por primera vez hace años quedaban cuatro, era la época de la extracción del petróleo.

En Valdeajos hay como un Teleclub/Centro Cultural,  Ayoluengo no tiene nada, en Ceniceros está cerrado.

“Este local desarrolla una labor social”

Al final viene gente de los alrededores y me dicen: “puedo dejar esto para Fulanito” (medicinas por ejemplo), y les digo que no se preocupen que las reparto.  Estamos cuatro, si no nos ayudamos entre nosotros…

P: ¿Tienes ya pensado alguna otra actividad o proyecto de cara a la época estival?

R: Sí, vamos a dar una fiesta para celebrar la noche de San Juan, queremos pedir permiso para ver si nos dejan hacer la hoguera típica de esa noche.  Si nos dan permiso la haríamos el 22, y por la noche habría fiesta de pijamas.

Tenemos otro proyecto pero no sé si saldrá: “Un día sin móvil” lo pensamos otra amiga y yo, Alicia de la Iglesia, que se dedica hacer rutas guiadas por La Lora, por esta zona.

La Lora en si es muy bonita no necesitas que nadie te la explique, pero si te acompaña  alguien que la vive,  la experiencia se volverá más intensa, y Alicia ¡la vive!

Hace poco ha habido un taller con lobos, el año pasado ya hubo uno y tuvo mucho éxito hasta tal punto que se tuvieron que montar dos  sesiones. Fue con una loba, una cachorra hembra muy bonita.

Retomando la idea de “Un día sin móvil”.  ¿Os acordáis cundo jugábamos a la goma,  a la pita,  al chorro morro, a las carreras de sacos?, sería un poco el “gancho” con el que hacer atractivo el  proyecto.

Pensaríamos un lugar donde  guardar los móviles, donde “aparcar” los móviles por unas horas. A cambio se recibiría un regalo además de  disfrutar del día, de la familia, de los amigos.

Son valores que se van perdiendo, y los que los hemos vivido tenemos la obligación de enseñarlos.

En el bar tengo el trivial y parchís,  y me parece triste que venga un niño al pueblo y solo se acerque al bar porque hay conexión a Internet, estando todo el rato con el móvil o la tablet.

Los padres tienen mucha labor que hacer sobre esto ya que  no les han enseñado a jugar a lo que ellos jugaron.

Ese día pretendemos que los niños aprendan a jugar  y  lo hagan con sus padres, como cuando ellos (los padres) eran niños.

Nos encantan las personas como Begoña, (su simpatía), su arrojo y su atrevimiento para afrontar un cambio tan radical, verdaderamente todo un ejemplo.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.
 FOTOGRAFÍAS, VÍDEO Y TEXTO: COVY MORATO Y JORGE MURILLO.

El tesoro romano que apareció en un caldero.

El Museo Arqueológico Nacional devuelve restaurada una olla con 8.000 monedas romanas que guardaba desde 1951.

Los hermanos Eusebia y Tomás Roldán, en mitad de una fortísima tormenta, avanzaban a pie por la antigua senda que unía las minúsculas poblaciones palentinas de Valsadornín y Gramedo. El agua, que descarnaba los rodales del viejo camino aquella mañana del 19 de agosto de 1937, comenzó a desenterrar a los pies de un muro un objeto que se semejaba una vieja olla. Intrigados, se acercaron y tiraron con fuerza de sus asas. Se trataba de un caldero de cobre de unos 45 kilos de peso con más de 8.000 monedas en su interior y varios miles más esparcidas por el suelo. Habían encontrado lo que se conoce desde entonces como el tesoro de Valsadornín y que, tras 67 años en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, volverá restaurado a Palencia a principios de 2019. El director del museo provincial, Francisco Javier Pérez Rodríguez, explica que se ultiman ya los trabajos para la exposición definitiva de las miles de piezas de plata y cobre que fueron acuñadas durante los reinados de 18 emperadores y emperatrices de Roma.

Los expertos coinciden en que el dueño del caldero lo escondió ante la inestabilidad que sufría la Península en torno al 270 después de Cristo. Un estudio de la historiadora Valentina Calleja destaca que entre los años 260 y 280 de nuestra era la Hispania romana estaba sometida a fuertes convulsiones por “causas internas y externas”. Por eso, posiblemente su propietario lo ocultó con el fin de recuperarlo pasado el peligro, pero nunca volvió.

La vasija contenía unas 8.000 monedas amalgamadas en su interior y otras 2.421 sueltas que fueron depositadas en el Museo de Palencia, a pesar de que los descubridores intentaron venderlas antes. De hecho, las crónicas de la época registran que los hermanos Roldán “se quedaron con algunas de ellas”, que los vecinos de Cervera de Pisuerga (localidad próxima a Valsadornín y donde el tesoro fue depositado unos días) “tenían también ejemplares” y que al ” gobernador de Valladolid, señor Villalobos, se le entregaron 23 de las mejor conservadas, de las que no se ha vuelto a tener noticia”. Finalmente, las restantes, y que no se pudieron separar del caldero con las técnicas de la época, se enviaron a Madrid en 1951 y fueron dejadas en depósito para su restauración. Pero pasaron las décadas, y el conjunto permanecía en los depósitos del Museo Arqueológico Nacional. “Nunca había tiempo para restaurarlas. Como era de Palencia…”, se queja Francisco Javier Pérez.

“El tesoro de Valsadornín traza un mapa del poder en su tiempo. Hay piezas con el nombre de 18 emperadores, emperatrices y sus herederos. Pone cara a la inestabilidad política del Imperio, con dirigentes efímeros y usurpadores que se suceden y superponen en Roma, en Galia y Oriente”, explican fuentes del Museo Arqueológico.

Las monedas más antiguas se sitúan en el 240 d. C. y las más modernas en el 269 d. C. La mayoría fueron acuñadas en Roma, aunque también las hay de las cecas de Lyon, Antioquía o Milán, y pertenecen principalmente al reinado de Galieno, que gobernó entre el 253 y el 268. Galieno fue emperador durante una época de grandes turbulencias y tuvo que enfrentarse a la disgregación del imperio a causa de diversas rebeliones. De hecho, murió asesinado.

Entre 2016 y 2018 el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) abordó la restauración de la vasija y su contenido, conservando ahora el aspecto más aproximado al hallazgo original e interviniendo individualmente en una parte de las monedas desprendidas del bloque. También fueron realizadas diversas pruebas de imagen y composición metálica: radiografías, microanálisis mediante microscopía electrónica de barrido (SEM) y espectrometría de dispersión de energías de rayos X (EDX). Los datos obtenidos sirven para desentrañar las técnicas romanas de fabricación de moneda o la variación del contenido real en plata de este tipo de piezas. Los antoninianos, como se las conoce, eran inicialmente de plata, y deben su nombre a que fueron acuñadas durante el mandato de Marco Aurelio Severo Antonino. Pero conforme pasaban los años, fueron perdiendo valor, ya que cada vez incluían menos plata y más cobre y estaño.

Tras la exposición en Madrid, en la llamada Vitrina Cero, el conjunto volverá definitivamente al Museo de Palencia. El 13 de enero, la muestra en el Museo Arqueológico cerró sus puertas, un día importante para el provincial de Palencia, al que solo le resta ir a buscarlo. “Se tomarán todas las medidas de seguridad precisas”, señala Pérez Rodríguez.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .

La lección de la maestra que se lo dejó todo al Museo del Prado.

Carmen Sánchez García legó al museo 800.000 euros y una casa como único heredero con una condición: que sirviesen para comprar obra. El conjunto se expondrá en 2020.

He aquí una fórmula para ser una persona extraordinaria: “X=C+A”. Es decir, conocimiento más actitud. Cada mañana la escribía en la pizarra de un aula del Colegio Nervión de Madrid Carmen Sánchez García, una profesora que pedía a sus alumnos respeto en clase, además de saberse la lección a diario. Dejó un legado imborrable en sus estudiante: la pasión por el arte, el interés por otras culturas, la apertura de mente… Era agnóstica, progresista y de Felipe González. Murió en julio de 2016, a los 86 años, y en su testamento solo aparece un heredero: el Museo del Prado.

Sus únicos caprichos fueron el Moët Chandon, las flores y viajar por todos los museos del mundo. Su gran pasión, sus alumnos. Lo demás, lo que le sobró de una vida soberana, se lo dejó al Prado: una casa en Toledo y 800.000 euros; con una condición, todo debía invertirse en la adquisición y restauración de cuadros “específicamente”. Entre los prohombres, aristócratas y empresarios que han donado sus colecciones al museo, ella es la maestra anónima. En los casi dos siglos de vida del museo, nadie antes de ella había legado a la pinacoteca un activo así.

Para reconstruir la biografía anónima de Carmen hay que partir de su epicentro vital: el colegio Nervión, en la privilegiada colonia madrileña del Viso. Ahí aparece otra persona crucial en su historia, Ramón Velasco, su albacea y socio. Con él montó hace 45 años el colegio, en dos chalets. Durante nueve años tuvieron alquilados los edificios que terminaron comprando gracias a una hipoteca. Ramón era ingeniero de montes y había renunciado a su plaza en el Estado, tras dar con su lugar en el mundo. Sería profesor de las asignaturas técnicas. Hoy su hijo Leonardo, alumno de Carmen, es el director del centro concertado. Ambos rememoran en la sala de juntas quién fue la mujer a la que el Museo del Prado dedicará en enero de 2020 una exposición temporal, con todas las compras que la pinacoteca ha hecho gracias a su donación. Desde el museo prefieren no dar a conocer el listado de obras adquiridas, pero entre ellas figura un Mariano Fortuny y un exquisito retrato pintado por el renacentista flamenco Adriaen Thomasz Key (por el que se han pagado 50.000 euros).

“No descansaba nunca”, dice Ramón, que conoció a Carmen cuando los padres de ella le propusieron fundar un colegio. El padre era médico, especialista en cesáreas, de izquierdas e intelectual. Su gran referente. Carmen nació siete años antes de que estallara la Guerra Civil y estudió en el Liceo francés, se licenció en Historia y se formó también en inglés. En plena dictadura, un tiempo poco propicio para que las mujeres estudiaran. “Era una persona que quería saber de todo. No dejaba de leer sobre los nuevos métodos de enseñanza y recorrió medio mundo para aprender nuevas técnicas”, cuenta Ramón. Enseñaba a los niños a ser independientes y ella era el referente perfecto. Estuvo dando clases hasta los setenta años y, según cuenta su compañero de oficio, sólo quería leer, viajar y mantenerse soltera para seguir disfrutando de su vida a solas. Casarse le parecía ” perder el tiempo”.

En las fotos que muestran aparece rodeada de niños o atenta a ellos. Es austera. Tampoco creía en dios, pero conocía todas las religiones. Y no era millonaria; el dinero testado es el fruto de los ahorros de toda una vida. Por supuesto, en su despacho de directora del centro tenía una gran lámina de Las meninas.

“Queridos alumnos, quiero mandaros un abrazo y un recuerdo desde el hospital. Estoy bien, no os preocupéis. A ver si os veo pronto. Besos y abrazos para todos. Gracias”. Es su voz, delicada, unas semanas antes de fallecer, en una nota de voz que guardan algunos de sus estudiantes. Pedro fue a verla al hospital y mandó el audio por Whatsapp al grupo con los que mantenía el contacto. Una de ella, Fátima recuerda con cariño cómo hacía vida con ellos. “Yo he estado en su casa, con un grupo de alumnos, con 14 años, para oír música”, cuenta en conversación telefónica.

Dejó por escrito su funeral, que coincidió con el día de la virgen del Carmen. Estas dos piezas debían sonar y serían sus alumnos los que debían despedirse de ella con unas palabras a su memoria. Una ceremonia laica, en el cementerio de la Almudena. Fátima y José Ramón hablaron ese día para recordar la figura de una mujer soberana y con criterio propio en un momento en el que en España eso se perseguía. Una mujer valiente y protectora de su libertad. “He aprendido de ella el respeto al pensamiento distinto. Ese es su legado”, dice Gonzalo, al que conocían como Koko. Vio alumbrar la democracia cuando ella rondaba los 50 años y tampoco tenía buen recuerdo de la Guerra Civil. Llegaba a ese capítulo y se ceñía al libro, prefería mantenerse al margen. No era así con los capítulos de la historia del arte, en los que trascendía los materiales y les hablaba de sus experiencias y viajes.

En el funeral José Ramón hizo mención a sus excursiones los fines de semana con la asociación Amigas de los castillos, con las que recorría España visitando su patrimonio histórico y el lunes en clase contaba todo el arte que había visto el sábado y el domingo. Pero nada igualaba a Toledo. A sus alumnos les pedía que miraran la ciudad como un cruce de civilizaciones. “Como la esencia de España”, recuerda Fátima. Se sentía bien allí, por las dimensiones de esta ciudad con escala de pueblo, por el arte. Ramón recuerda las visitas que les hacía, cómo pasaba a conventos e iglesias, monasterios y museos.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / PEIO H. RIAÑO .

La momia del Arqueológico era el médico del faraón

Una tomografía realizada en una operación relámpago desvela que el oculista de Ptolomeo II estaba en Madrid, en el Museo Nacional.

En la seca noche del domingo 6 de junio de 2016, un enorme tráiler refrigerado, acompañado de dos vehículos de escolta, aparcó frente a las Urgencias del Hospital Universitario Quirónsalud (Pozuelo, Madrid). Allí le esperaba un amplio equipo médico que iba a examinar a los cuatro pacientes que transportaba el camión desde el centro de Madrid, tres egipcios y un canario. Los especialistas solo disponían de 15 horas para completar con éxito el llamado Proyecto TAC Momias. Los visitantes del Museo Arqueológico Nacional no debían notar que los cuatro cadáveres habían pasado la noche fuera, y los atendidos en el centro hospitalario no debían saber que habían compartido la máxima tecnología médica con humanos que habían vivido más de dos milenios antes. Ahora, dos años después, el museo ha hecho públicos los espectaculares resultados obtenidos: el cuerpo de una de las momias, bajo cuyas vendas se ocultaban numerosos amuletos y joyas, corresponde al sacerdote Nespamedu, oftalmólogo personal de los faraones Ptolomeo II y, quizás, Ptolomeo III (los expertos no han llegado a una conclusión definitiva sobre este último).

La historia ahora resuelta comienza en 1925 cuando llega al puerto de Barcelona el vapor español C. López y López con un cargamento poco habitual: una momia que había sido adquirida en El Cairo por el estudioso Ignacio Bauer. Pero apenas existía documentación sobre ella, según explica en un informe la especialista del Museo Arqueológico Nacional Esther Pons Mellado. De hecho, al principio se pensó que se trataba del cadáver de una mujer.

Gracias al análisis tomográfico se ha determinado que Nespamedu fue un sacerdote que vivió en época ptolemaica, entre el 300 y el 200 a. C., y que ejerció sus funciones en el sanatorium de Imhotep- Asclepio, en Serapeum de Saqqara (Menfis) o en Alejandría. Llegó a ser médico del monarca, según explican en otro informe la arqueóloga María del Carmen Pérez Die y el doctor Javier Carrascoso.

Su momia y los textos que cubren el cuerpo desvelan que se trataba de un alto funcionario que disponía de suficientes recursos económicos para prepararse el camino y la estancia en el más allá. Pero sobre todo, señalan los expertos, son muy reveladoras las placas y amuletos que lo cubren y que están estrechamente relacionados con la supervivencia tras la muerte. En concreto, se han observado dos grupos de ocho placas en las que se representa a los cuatro hijos de Horus, colocadas en diferentes partes de la momia. Otras dos plaquitas representan a las diosas Isis y Neftys en actitud de plañideras, además de representaciones de la momificación del cadáver, junto al dios Anubis, en la parte superior de las piernas.

 

Destacan, asimismo, dos placas del dios Thot y los ojos Udyats, que significan la magia, la protección, la purificación y el símbolo solar que encarnaba la estabilidad cósmica. Thot, por su parte, es la divinidad de los oftalmólogos, el que puso en su lugar el ojo de Horus tras perderlo en su batalla con Seth. Esto lleva a pensar a los especialistas que Nespamedu se acogió a esta divinidad por su oficio. “La iconografía no es casual y está claro que deseaba dejar constancia de sus creencias y de los cargos que le elevaron a una alta categoría social. El hecho de que fuese un médico del faraón nos inclina a pensar que parte de su vida debió transcurrir en Alejandría, donde estaba instalada la corte de los Ptolomeos”, señalan los estudios publicados en el último número del Boletín del Museo Arqueológico Nacional.

Un tercer informe del caso, elaborado por Andrés Carretero Pérez, director del Arqueológico, recuerda que las “momias son bienes culturales muy vulnerables a los cambios ambientales y, a priori, deben evitarse en lo posible manipulaciones y movimientos porque no existe el riesgo cero”. En el museo, de hecho, están aclimatadas y monitorizadas. Se conservan en vitrinas herméticas con sistemas de renovación de aire y con temperatura, humedad e iluminación controladas.
Por eso, la especialista Teresa Gómez Espinosa recuerda que se seleccionó una empresa de transporte especializada para el traslado. Se escogió una ruta con dos opciones por si surgían imprevistos. Se buscó, además, un día con condiciones climáticas secas y temperatura moderada. La operación se abortaría inmediatamente si se pusiese a llover o la humedad relativa se elevase en exceso.

Tras llegar al hospital, la momia de Nespamedu y sus acompañantes fueron introducidas con el máximo cuidado en el TAC. Al médico se le realizaron 2.739 imágenes. La momia “fue desvendada virtualmente y pronto se vislumbraron una serie de adornos de joyería que cubrían su cuerpo”. La diadema que portaba correspondía a un escarabeo alado con el disco solar, colocado de forma invertida, el dios Khepri, símbolo de la resurrección y del renacimiento.

Nespamedu lleva en el cuello, además, un collar usekh. “Este abalorio es uno de los más característicos de la joyería egipcia y está normalmente rematado con sendas cabezas de halcón que apoyan en los hombros, o con broches semicirculares, y un contrapeso en la espalda”.
Se sabe que en el templo en el que Nespamedu atendía a los enfermos se llevaba a cabo la formación de los médicos y sacerdotes. En honor a Imhotep se erigió una capilla dedicada a la sanación, hasta donde se desplazaban miles de personas procedentes de los lugares más remotos de Egipto en busca de una curación milagrosa. Su dios era Thot; el de la ciencia y la medicina, el antepasado de los oftalmólogos. El que eligió Nespamedu a sabiendas.

Un guanche que vivió entre los siglos XII y XIII

La momia guanche de Tenerife enviada al Hospital Universitario QuirónSalud sufrió en 2018 una prueba más: la del carbono 14. Se trata de un varón adulto que fue hallado en el siglo XVIII en una cueva del barranco de Herques, según relatan en su informe Benigno Sánchez Cabrero, del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, y Teresa Gómez Espinosa, del Museo Arqueológico Nacional. Se enviaron dos muestras al Centro Nacional de Aceleradores (CNA) para su datación mediante un equipo de Espectrometría de Masas con Acelerador (AMS). El resultado fue que este hombre vivió entre el 1154 y 1260. Los castellanos no tomaron Canarias hasta 1402, cuando conquistaron Lanzarote, y 1496 cuando hicieron lo propio con Tenerife.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / Vicente G. Olaya .

Catálogo de libros del Centro Cultural de Valderredible

El Centro Cultural de Valderredible dispone de un pequeño catálogo de libros para su venta.  En caso de estar interesados en adquirir alguno de sus ejemplares -cuya cantidad es limitada-, contactar en el 942 77 61 59 para comprobar que haya existencias disponibles ya que no se envían por correo, únicamente se pueden adquirir en el Centro.

PRECIO DE ESTE EJEMPLAR: 50 EUROS.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE .

Secretos más allá de la extinción: el tigre de Tasmania

Un curioso animal del que existen poquísimas filmaciones y todas en cautividad.  A continuación os dejamos una de ellas.

El genoma completo del tilacino se acaba de secuenciar y revela que la salud genética del marsupial era precaria y que habría tenido dificultades para luchar contra las enfermedades.

Flotando en un pequeño recipiente lleno de alcohol se encuentra uno de los especímenes más excepcionales de Australia. El bote, etiquetado con el número de inventario C5757, contiene un individuo juvenil de tigre de Tasmania o tilacino, una de las especies extintas con más ejemplares conservados, depositado actualmente en los fondos de los Museos Victoria.

A medida que el animal disminuía, museos de todo el mundo corrieron a hacerse con un tilacino para sus salas de exposición, que actualmente constituyen el último refugio de la especie una vez que se extinguió en 1936 debido a la caza. Utilizando técnicas inimaginables cuando el último tilacino murió en el zoológico de Hobart el siglo pasado, un equipo liderado por la Universidad de Melbourne acaba de secuenciar el genoma del tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus), que se ha convertido así en uno de los mapas genéticos más completos de una especie extinguida.

Para Andrew Pask, director del estudio, el tilacino es su proyecto más querido. Hace más de 10 años, resucitó, junto con un equipo internacional, un gen de la piel conservada de un tigre de Tasmania, pero el ADN estaba demasiado fragmentado para obtener el genoma completo. Así que el científico buscó en las bases de datos de los museos del mundo y encontró el espécimen C5757, un cachorro de tilacino de corta edad, en las colecciones de los Museos Victoria. Como el tigre de Tasmania era un marsupial ‒como se denomina a los mamíferos que tienen una bolsa o marsupio‒, el ejemplar se pudo conservar íntegro, lo cual permitió al equipo de investigadores extraer el ADN y utilizar técnicas punteras para secuenciar el genoma.

Andrew Pask, profesor adjunto de la universidad, afirma que los resultados proporcionan el primer mapa genético completo del mayor superpredador australiano que sobrevivió hasta época moderna. “El genoma nos permite confirmar la posición del tilacino en el árbol filogenético. El tigre de Tasmania pertenece a un linaje hermano de los dasiúridos, una familia que incluye al diablo de Tasmania y al ratón marsupial”, explica Pask, de la Escuela de Biociencias. Una cuestión importante es que el genoma ha revelado también la precaria salud, o la baja diversidad genética del tilacino antes de que fuese víctima de la caza excesiva. Actualmente, el diablo de Tasmania también se enfrenta a un cuello de botella genético, probablemente a consecuencia de su aislamiento genético del continente australiano durante los últimos 10.000 o 13.000 años.

Sin embargo, el análisis del genoma indica que la diversidad genética de ambas especies ya era baja antes de que quedasen aisladas en Tasmania, lo cual, a su vez, es señal de que, si hubiesen sobrevivido, los tigres de Tasmania tal vez se habrían enfrentado a los mismos problemas ecológicos que los diablos, como la dificultad para superar las enfermedades.

“Tenemos la esperanza de que el tilacino pueda decirnos muchas cosas sobre la base genética de la extinción para poder ayudar a otras especies”, dice Pask. “Como actualmente su genoma es uno de los más completos para una especie extinta, técnicamente constituye el primer paso para recuperarlo, pero aún estamos muy lejos de esa posibilidad”, añade.

Actualmente, el diablo de Tasmania también se enfrenta a un cuello de botella genético, probablemente a consecuencia de su aislamiento genético del continente australiano durante los últimos 10.000 o 13.000 años.

Todavía haría falta desarrollar un modelo de marsupial para acoger el genoma del tilacino, como se ha hecho para incluir genes de mamut en el elefante moderno, “pero saber que el tigre de Tasmania se enfrentaba a una diversidad genética limitada antes de su extinción significa que, si hubiese sobrevivido, habría tenido que luchar por su vida de manera similar al diablo de Tasmania”, explica Pask.

El genoma aporta, además, otros conocimientos nuevos y significativos sobre la biología de este marsupial verdaderamente único. A menudo, el tilacino es descrito como un perro alargado con rayas, debido a que tenía la cola larga y rígida y la cabeza grande. Un ejemplar adulto podía medir 180 centímetros desde la punta del hocico hasta el extremo de la cola, y 58 centímetros de altura. Las rayas del lomo se extendían desde los hombros hasta la base de la cola. Al igual que el dingo, el talacino era un animal muy tranquilo, aunque fue descrito como un cazador incansable que perseguía a su presa hasta agotarla.

Los científicos consideran que el tilacino y el dingo constituyen uno de los mejores ejemplos de “evolución convergente”, un proceso por el cual organismos que no están relacionados estrechamente entre sí evolucionan de manera independiente para adquirir el mismo aspecto a consecuencia de haber tenido que adaptarse a un entorno o a unos nichos ecológicos similares.

Al parecer, debido a sus técnicas de caza y a la dieta a base de carne fresca, el cráneo y el cuerpo de ambos llegaron a ser extremadamente parecidos. Trabajando conjuntamente con Christy Hipsley, de los Museos Victoria, el equipo analizó diversas características del cráneo del tilacino, como la forma de los ojos, la mandíbula y el hocico. “Descubrimos que la anatomía del cráneo del tigre de Tasmania se parecía más a la del zorro rojo y la del lobo gris que a la de sus parientes más próximos”, informa Hipsley. “El hecho de que estos grupos no hayan compartido un ancestro común desde el Jurásico los convierte en un ejemplo sorprendente de convergencia entre especies con un parentesco lejano”, añade.

Pask explica que el aspecto del tilacino era casi el de un dingo con marsupio: “Cuando nos fijamos en el fundamento de esta evolución convergente, descubrimos que, en realidad, los que dieron lugar a la misma forma del cráneo y del cuerpo no fueron los genes, sino las regiones de control que hay en torno a estos, que los activan y desactivan en los diferentes estadios del crecimiento. Esto revela una manera totalmente nueva de entender el proceso de la evolución. Ahora podemos explorar estas regiones del genoma para ayudar a comprender cómo dos especies convergen en el mismo aspecto y cómo funciona el proceso evolutivo”.

En este caso, parece que, a lo largo de los últimos 160 millones de años, la necesidad de cazar fue la causa de que el aspecto del tilacino se transformase en uno similar al del lobo. Ahora los científicos pueden empezar a entender la genética que dirigió el proceso y hacer nuevos descubrimientos sobre la biología de este superpredador marsupial único.

El equipo de investigación incluía también científicos de la Universidad de Munster, de los Museos Victoria, de la Universidad de Adelaida y de la Universidad de Connecticut.

 Este artículo fue publicado anteriormente en Pursuit. Lea el artículo original aquí.

Traducción de News Clips.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / Nerissa Hannink .

El Prado rescata a Artemisia Gentileschi de los almacenes

Solo siete de los 1.700 cuadros expuestos en el museo están firmados por mujeres. Ahora se exhibirá en un lugar privilegiado la única obra que se conserva de la pintora barroca.

Los madrileños salieron a la calle a celebrar los 199 años del Museo del Prado la noche del sábado 24 de noviembre. Como si fuera un lienzo, sobre la fachada de Velázquez del edificio de Villanueva se reconoció que el museo está lleno de musas, pero vacío de mujeres artistas. Solo hay siete cuadros firmados por ellas de entre las casi 1.700 pinturas que se exponen. El museo admitió públicamente la carencia y lanzó un lema para tratar de disimular la desigualdad histórica: “El Prado es de todas”, se pudo leer sobre la fachada. Hubo buenas intenciones y fragmentos de las obras de Clara Peeters, Sofonisba Anguissola y Artemisia Gentileschi.

Y fue entonces cuando el Prado tropezó con su propia piedra: en el momento de la reivindicación el único cuadro de Gentileschi que la pinacoteca tiene la suerte de conservar, seguía ausente en sala. En Nacimiento de san Juan Bautista, de 1635, cuatro mujeres atienden al recién nacido y Zacarías se retira a escribir, mientras Isabel –estéril hasta que el ángel anuncia a su anciano esposo que dará a luz a un niño al que deberá llamar Juan–, descansa agotada en el lecho tras el parto. Gentileschi, una de las figuras más deseadas en el circuito museístico extranjero, ha estado expuesta en sala solo dos meses en 2018. Antes se mostró entre noviembre de 2016 y mayo de 2017. En 2014, seis meses. Antes de 2012 era imposible encontrarse con la artista, que ha tenido en el Prado una visibilidad intermitente.

Tal y como reflejan los movimientos de la pintura, recogidos en los archivos de la pinacoteca consultados por este periódico, desde finales de 1999 solo ha estado expuesta en el museo 26 meses. Ha sido más fácil contemplarlo en el extranjero, donde ha permanecido a la vista durante 31 meses. Ha viajado a Bonn (Alemania), Nueva York, Roma, París, Milán y Bari (Italia). El resto, 171 meses, ha permanecido a la sombra.

Un rescate de urgencia

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Los íberos, el pueblo que cortaba cabezas

Una exposición en el Museo Arqueológico indaga en las costumbres bélicas de los habitantes del este peninsular en la Edad del Hierro

Cráneo de guerrero íbero atravesado por un clavo de hierro. Museo Arqueológico Nacional

Dice Carmen Rovira, del Museo de Arqueología de Cataluña (MAC), que los humanos de la Edad del Hierro (etapa que comenzó en el primer milenio antes de nuestra era) guardaban las cabezas cortadas de sus coetáneos por dos razones: o para mantener próxima “la esencia de la persona” fallecida junto a ellos, o para “mostrar su poder” frente a los enemigos derrotados. La exposición Cabezas cortadas. Símbolos de poder, que se ha presentado este martes en el Museo Arqueológico Nacional y que se centra en los descubrimientos realizados en el poblado íbero de Ullastret (Girona) en 2012, corresponde indudablemente al segundo grupo.

Desde el Neolítico (comenzó hace unos 10.000 años y no en todo el mundo al mismo tiempo) existen evidencias en todos los continentes de esta costumbre de decapitar a otros humanos. Los ejemplos más antiguos se sitúan en Jericó (Cisjordania, Palestina) durante el Neolítico (unos 9.500 años atrás). En 1952, se hallaron nueve cráneos perfectamente conservados y con conchas dentro de las órbitas oculares. Esto es importante porque, como explica Rovira, si los que cortan cabezas intentaban reconstruir la mirada del fallecido se debe a que su cráneo era guardado para mantener su esencia, algo que no ocurre en ninguno de los cinco que se muestran en la exposición del Arqueológico: todos eran enemigos.

Proceso de reconstrucción digital de guerrero íbero. Museo Arqueológico Nacional

Carece de nombre, pero no de rostro gracias a las nuevas tecnologías. Era un joven íbero de entre 16 y 18 años que nunca había entrado en batalla. Esto se sabe porque su cráneo carecía de cualquier herida o muesca. Su cabeza, tras ser decapitado, fue metida en una bolsa, atada al caballo de su vencedor y transportada hasta Ullastret, la ciudad íbera más grande que se conoce (unas 15 hectáreas), capital de los indiketas, con altas murallas de protección, campos arados, ganadería, minas y canteras. En 2012, durante las labores de excavación arqueológica, su cráneo —con un clavo de 23 centímetros atravesándolo de arriba abajo— fue desenterrado.

La testa fue insertada en la fachada de la vivienda de un noble, junto con su falcata (espada íbera de hierro) para que el notable mostrase su poder frente al resto de vecinos. No era la única que se podía ver en aquellos momentos en Ullastret. De hecho, los trabajos de excavación hallaron otras cuatro más completas y otras tantas incompletas. El director del MAC, Jusèp M. Boya i Busquet, avanza a EL PAÍS que en la última campaña se han encontrado más ejemplos de estas terribles muertes y que los resultados se harán públicos en breve. Porque antes de colgar el cráneo, los íberos le extraían las vísceras al decapitado mediante incisiones con cuchillos en las partes frontal y lateral, siempre que el cráneo estuviese “fresco”, pues pasados muchos días desde el fallecimiento se podían fracturar los huesos al introducirle el clavo para colgarlo en la pared.
En la muestra se puede ver cómo a uno de los cráneos le falta un hueso temporal (el espadazo debió de cortar la oreja izquierda del desdichado), a otro la mandíbula, un tercero fue atravesado en la región occipital por las falcatas… Algunos de los cráneos tienen mandobles en los huesos frontales, pero los arqueoforenses han determinado que estos individuos fueron capaces de sobrevivir a una primera lucha, aunque luego terminaron derrotados. Y decapitados.

Báculo íbero que representa a dos caballos con cabezas de enemigos colgando. Museo Arqueológico Nacional

Gabriel de Prado, responsable de la sede del MAC en Ullastret, explica que “las cabezas eran separadas del cuerpo de las víctimas y tratadas hasta convertirlas en instrumentos mediáticos, en símbolos de la victoria bélica o el dominio de la fuerza”. “Cualquier hipotético enemigo, interno o externo, veía claramente cuál sería su fin”.
Esta cultura íbera —que ocupaba en el territorio un arco que transcurría desde el actual Languedoc francés hasta Andalucía— desapareció con la llegada de los romanos a la península Ibérica. A Roma le espeluznaba la costumbre de cortar cabezas y exponerlas, según sus cronistas. “Pero era una falsedad. Ellos también las sajaban. De hecho, en la columna Trajana se ve a un guerrero portando la cabeza de un dacio”, señala Rovira.
La muestra, que termina su ciclo por España (ya estuvo en Barcelona y Valencia) ha sido posible gracias a los préstamos de los museos de Barcelona, Granollers, Soria, Cerdañola, Valencia, América y Nacional de Antropología. “Es la última oportunidad para verlo todo en conjunto”, anuncia De Prado. “Cuando acabe, habría que ir museo a museo reconstruyendo la historia del pueblo que ocupó la costa mediterránea de la Península”. “Y de Francia”, replica Boya i Busquet, “porque los franceses siempre venden que ellos eran galos: galos por aquí, galos por allá, pero en la parte sur del país no es verdad”, se ríe.

FUENTE : EL PAÍS / VICENTE G . OLAYA .

Una reducida aristocracia de bacterias domina los suelos de la Tierra

El primer atlas bacteriano muestra que el 2% de las especies sustentan las poblaciones de microorganismos del suelo.

Apenas el 2% de las especies de bacterias conocidas dominan la mayoría de los suelos del planeta. Como sucede con los humanos y la riqueza, esta aristocracia bacteriana está presente en los terrenos más diversos, siendo la más abundante. Esta es la principal conclusión del primer atlas bacteriano. La investigación, liderada por científicos españoles, arroja una segunda idea: no se sabe apenas nada de estos microorganismos que son el sustrato de la vida. La mayoría no tiene ni nombre.

Ya sea árido o húmedo, sustente bosques frondosos o matorrales espinosos, esté bajo el agua o en las montañas, el suelo es el sostén literal de la vida y las bacterias la savia que lo vivifica. Se estima que en un gramo de tierra puede haber miles de especies (o filotipos) de bacterias y hasta 40 millones de células bacterianas. Tal diversidad hacía que intentar catalogar las bacterias que hay en los distintos suelos del planeta pareciera una locura. Sin embargo, un grupo de investigadores ha muestreado más de doscientos ecosistemas a lo largo de seis continentes para crear el primer atlas de las bacterias del suelo.

“Gracias a la secuenciación del ADN presente en las muestras pudimos catalogar las bacterias de los distintos suelos”, dice el investigador de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid) y la Universidad de Colorado Boulder (EE UU) y principal autor de la investigación, Manuel Delgado Baquerizo. La riqueza bacteriana de los suelos ha resultado ser muy variada. Los más pobres, que no tienen que coincidir con los desérticos, cuentan con unos 700 filotipos y el más diverso se acercó a los 2.900.

De las más de 25.000 especies de bacterias conocidas, solo 511 están presentes en la mayoría de los suelos.

Sin embargo, la genética de las muestras también reveló que hay una especie de aristocracia de las bacterias. De las más de 25.000 especies identificadas, solo 511 se podrían considerar como universales: eran las más abundantes, suponiendo el 41% de toda la biomasa bacteriana, y estaban presentes en más de la mitad de los 237 suelos muestreados. “Las comunidades de bacterias siguen una dinámica muy parecida a la de la riqueza: unas cuantas engloban la mayor parte de la riqueza existente en la tierra”, comenta Delgado Baquerizo.

El segundo gran resultado de este trabajo, publicado en la revista Science, es que la ciencia lo ignora casi todo de las bacterias del suelo. Ya sea porque a lo largo de la historia los científicos se han concentrado en los patógenos bacterianos o en las bacterias que podían tener alguna utilidad o por algún otro motivo, este atlas revela que en las bases de datos genómicas solo hay referencias del 18% de estos 500 filotipos. Además, muy pocas han sido aisladas y cultivadas en laboratorio.

“Es increíble lo poco que sabemos sobre las comunidades de bacterias que viven en nuestros suelos. ¡La mayoría, no tienen ni nombre! Es como si entráramos en un bosque y no supiéramos cuál es la especie de árbol mayoritaria en este bosque o la función que desarrolla esta especie en el ecosistema” dice Noah Fierer, también profesor en la Universidad de Colorado en Boulder y coautor del estudio.

Junto a hongos y otros microorganismos, las bacterias son la vida del suelo. Intervienen en infinidad de procesos vitales. Descomponen la materia orgánica, liberan nutrientes y ellas mismas son la base de la cadena alimenticia. Además, fijan el carbono o el nitrógeno del que dependen las plantas. También neutralizan las toxinas, muchas de origen humano.

“Sin bacterias, el suelo estaría muerto y sin suelo no habría vida”, recuerda el director del Laboratorio de Ecología de Zonas Áridas y Cambio Global en la Universidad Rey Juan Carlos y coautor del estudio, Fernando Maestre. “Ya sabíamos la relevancia de las bacterias para el suelo y los servicios que éste nos presta pero desconocemos aún qué función concreta hace cada especie”, añade. Por eso, al identificar las 511 especies dominantes, este trabajo permitirá a los científicos centrar sus energías en esta aristocracia bacteriana y averiguar por qué son tan universales.

FUENTE: DIARIO EL PAIS / Miguel Ángel Criado .