Archivo de la categoría: Museo

La villa más lujosa de la Hispania romana enseña sus tesoros

Castilla-La Mancha abrirá al público la hacienda de un aristócrata inmensamente rico que incluye el mayor mosaico figurativo del mundo y una colección de 500 piezas de mármol
El arqueólogo Miguel Ángel Valero limpia una de las escenas que representa a tres diosas disputándose la ‘manzana de oro’. En el vídeo, visita a la villa de Noheda. R. G. 

Érase una vez un hombre inmensamente rico. Más. Más aún. Tan adinerado como para hacerse traer en el siglo IV el vino desde Siria (a 4.921 kilómetros de distancia) porque los caldos de la tierra donde residía no resultaban de su gusto. Un individuo tan poderoso que la villa en la que vivía y hacía negocios (un conjunto de edificaciones) ocupaba 10 hectáreas, según los últimos datos del georradar. Solo el salón de su casa (triclinium) medía 291 metros cuadrados y estaba decorado con mosaicos dignos del palacio de un emperador. “Ese hombre existió”, explica Miguel Ángel Valero, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha. Todavía se desconoce cómo se llamaba aunque los arqueólogos lo han bautizado en broma romanizando el nombre de un archimillonario español. “Pero tarde o temprano lo sabremos”, sostiene Valero, que lleva una década desenterrando sus impresionantes propiedades —ya lo ha hecho en un 5% del total—, en la actual provincia de Cuenca, que en breve serán visitables.

Ahora la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha va a abrir el yacimiento, denominado Villa de Noheda, en la localidad de Villar de Domingo García (218 habitantes), y a hacer públicos los espectaculares resultados de las investigaciones: el mayor conjunto escultórico en mármol de la Hispania romana, con medio millar de grandes fragmentos, y el mayor mosaico figurativo del Imperio. El alcalde de la localidad, Javier Parrilla (PP), quiere que su apertura coincida con la nueva campaña de trabajos arqueológicos del verano, donde está previsto, entre otras actividades, iniciar la excavación de la sala de recepción (salón áulico) de la villa, “normalmente de mayor superficie que el triclinium”, explica Valero. Por supuesto, esta zona también oculta su propio mosaico y cientos de secretos.

Hace algo más de una década, un tractor topó con un terreno muy duro (conocido desde siempre como El Pedregal o Cuesta de los Herreros) en Villar de Domingo García. Esa parte del municipio recibía esos nombres porque los vecinos no cesaban de hallar grandes sillares de piedra y objetos metálicos de los que desconocían su origen.

Cuando el arado abrió la tierra, cientos de pequeñas piedras de vivos colores volvieron a la luz. Eran parte de las teselas que conformaban los mosaicos. Los servicios arqueológicos comenzaron las excavaciones ya que en un mapa de Alonso de la Cruz (1554), que se guarda en el monasterio del Escorial, denomina al lugar Villar de la Vila y en 1897 Francisco de Coello ya describió la “existencia de unas ruinas romanas, con teselas, en la pedanía de Noheda”.

La realidad superó a todo lo imaginable. Noheda es un fiel reflejo de un intento de transmitir un mensaje de alta carga ideológica y propagandística: el poder de un terrateniente (dominus) que garantizaba la estabilidad económica y social a la comunidad. Erigió un gigantesco complejo residencial que conjugaba los conceptos de “ocio y negocio” dentro de una gran extensión de tierras (fundus). De hecho, “a estos conjuntos de explotación agraria se los denomina urbes in rure (ciudades en el campo)”, recuerda el profesor.

El fundus —que ocupaba 80 kilómetros cuadrados— lo componían las tierras de cultivo (ager), los pastos para el ganado (saltus) y un área montañosa (silva) de donde se obtenía madera. La villa se alzaba en un punto estratégico de la hacienda con suficientes recursos hídricos, resguardada de los vientos del norte y cercana a una vía de comunicación. En el caso de Noheda, la hacienda estaba suficientemente alejada de la calzada romana para no ser detectada por visitas indeseadas o asaltada por legiones hambrientas.

Las pinturas que decoran las paredes de las villas romanas, los mosaicos de los suelos, las esculturas y otros elementos que ornamentan estos espacios poseen un sentido. En Noheda significan la posesión de la máxima riqueza. Los especialistas no encuentran una respuesta a cómo fue posible tal acumulación de opulencia: se han detectado más de 30 tipos de mármoles traídos de todo el mundo conocido en la época. La construcción ocupaba 10 hectáreas y solo el triclinium del edificio, 291 metros cuadrados. “Puede ser que el dominus estuviese relacionado con el emperador, en ese momento Teodosio, eso aún no lo sabemos, pero lo que sí está claro es que pertenecía a la alta aristocracia”, explica Valero.

Las dimensiones son tales que el mosaico del triclinium es el más grande de tipo figurativo del imperio conocido hasta ahora. Las medidas de esta sala solo son superadas por el de Cercadilla (Córdoba) si bien este carece de mosaico. Es equiparable —aunque el de Noheda es 20 metros cuadrados mayor— al de la famosa villa siciliana de Casale, en Piazza Armerina (270 metros).

El pavimento lo componían una zona central, dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica, donde se abigarran enormes figuras, como la de Atenea, que mide 2,18 metros. El número de teselas empleadas es “incontable”. En cada cuadrado de 25 por 25 centímetros se usaron de media de 1.243 de estas pequeñas piezas, algunas de milímetros para conseguir dar movimiento o sombras a las figuras.

Los arqueólogos consideran, en virtud de la diferencia en el número de piezas utilizadas en cada parte de la estancia, que no hubo un “solo pictor imaginarius [diseñador]”, sino varios. También han descubierto que debajo de algunas zonas del gran mosaico se oculta otro con diferentes motivos. “Es como si al dueño de la villa no le gustase un primer resultado y ordenase que se elaborase otro encima diferente. El dinero no iba a resultar un problema”, bromea Miguel Ángel Valero.Y, en el centro de la estancia, una fuente ornamental de la que se conservan sus canalizaciones.

¿Y qué representan las escenas? Los especialistas enumeran el mito de Enómao, Pélope e Hipodamia, dos Pantomimas, el Juicio de Paris y el Rapto de Helena, El cortejo dionisiaco y Thiasos marino.

De toda la superficie construida solo se ha excavado una mínima parte. “En ese espacio, además del increíble mosaico, hemos hallado más de 550 grandes fragmentos de esculturas, todas realizadas en mármol importado de Oriente y de Carrara [Italia]. Es el conjunto escultórico más amplio de toda Hispania, donde se incluyen figuras de Dionisios, Venus o los Dioscuros.

¿Y por qué desapareció y fue olvidado? Con la caída del Imperio romano, toda Hispania sufrió una rápida cristianización. Los nuevos habitantes utilizaron las estancias de la villa como lugar donde habitar. Las esculturas paganas fueron destruidas y lanzadas a un vertedero. Parte de ellas fueron usadas para elaborar polvo de mármol. Pero muchas pervivieron. De hecho, los arqueólogos las están montando como un puzle. Algunas ya han sido recuperadas y se pueden ver en la exposición Noheda la imagen del poder, en la capital de la provincia.

“Ahora falta que podamos mostrar este yacimiento”, dice el alcalde de Villar de Domingo García. “Está todo casi preparado para abrirlo, además de un centro de interpretación que tenemos en el municipio. La idea es que los visitantes puedan disfrutar de esto, mientras ven cómo trabajan los arqueólogos”, añade Javier Parrilla, que no oculta que se está jugando el futuro de su pueblo. “Somos la España vaciada”, admite.

De hecho, uno de los objetivos de la apertura es conseguir que los visitantes de la villa romana conozcan también el municipio a la que esta pertenece y no se desplacen a la cercana y siempre atractiva Cuenca. El Ayuntamiento y los especialistas que trabajan en la excavación han impartido cursos y realizado actividades con los vecinos para implicarlos en lo que puede ser su gran atracción turística y cultural. “Nos gustaría contar con ellos para todo, incluso para enseñarlo”, señala Valero, si bien Parrilla admite que su contratación “es muy difícil por problemas administrativos”. “Ya me gustaría a mí”, se lamenta el alcalde, “pero la legislación…”.

Fuentes del Gobierno regional han confirmado a EL PAÍS que la apertura “será cuanto antes”. “Es algo único en el mundo. Cuando muestro las imágenes en los congresos internacionales [ha impartido conferencias por todo el mundo], los especialistas de otros países se quedan atónitos. Y eso que lo mejor está por venir, porque solo hemos excavado una mínima parte”, concluye Miguel Ángel Valero mientras se encoge de hombros y sonríe ampliamente.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA

El inesperado sarcófago plúmbeo del siglo III

Un ataúd romano de plomo en excelente estado de conservación ha sido hallado en las obras de remodelación de un edificio en el centro de Granada

Los arqueólogos no esperaban ningún gran descubrimiento, quizá material de la época musulmana sin mayor trascendencia. No era más que una prospección en el centro histórico de Granada, obligatoria para cualquier obra que quiera profundizar en el subsuelo y con la que se pretende descartar que existan restos históricos. Los trabajos se desarrollaban con la normalidad esperada. Algunos restos de la época cristiana. Algunos de la árabe. Nada relevante. Pero antes de levantar el campo, el equipo de arqueólogos decidió llegar un poco más abajo. Y allí estaba. A 2,5 metros de profundidad apareció una tumba romana cubierta de piedra arenisca y barro. Aún nada sorprendente en principio para Ángel Rodríguez, el arqueólogo responsable de la prospección del edificio Villamena, junto a la catedral de Granada. Pero al quitar la losa, ligeramente aplastada, apareció un sarcófago de plomo. Eso sí fue una sorpresa.

Estamos entre el siglo II y el IV después de Cristo. Los sarcófagos de plomo no eran frecuentes. En Andalucía, además de caros, eran difíciles de conseguir porque solo se fabricaban en una industria de Córdoba. Por tanto, “probablemente es de una familia adinerada, pero eso no significa que vayamos a encontrar grandes joyas en su interior”, explica Rodríguez, que piensa que el sarcófago será, a falta de la datación exacta que se hará próximamente, del siglo II o III, no más. El ajuar no tiene por qué ser especialmente rico porque, cuenta, lo de mucho valor se quedaba fuera, “para los vivos”.

El verdadero interés de este tipo de sarcófago, del que apenas se han encontrado una decena en Andalucía —y no siempre en buen estado o sin expoliar—, está en que el plomo conserva los restos especialmente bien. Eso significa que, si todo va como los arqueólogos esperan, dentro habrá un cuerpo, un ajuar y textiles probablemente muy bien conservados y, por tanto, se extraerán muchas conclusiones que permitirán “conocer bastante del ritual de inhumación”, sostiene Ángel Rodríguez.

El sarcófago se localizó el jueves pasado y este miércoles ha sido ya trasladado al Museo Arqueológico y Etnológico de Granada. Allí aguardará unos días hasta que se defina exactamente cómo proceder a descubrirlo. Un equipo multidisciplinar de antropólogos físicos, restauradores y arqueólogos será entonces quien viva el emocionante momento de la apertura. ¿Qué futuro espera a lo que se halle en el interior? “El cuerpo irá al laboratorio de antropología forense de la Universidad de Granada y el propio sarcófago y el ajuar quedarán en el museo para ser estudiados”, resume el arqueólogo jefe.

Granada tiene un centro histórico que, en realidad, no siempre lo fue. En época romana, el epicentro de la ciudad era el Albaicín y lo que hoy configura el centro histórico era, sencillamente, una zona rural periurbana. Pero tenía una peculiaridad: estaba bañada por el río Darro, una corriente de agua que hace casi un siglo dejó de verse a cielo abierto en esa parte de la ciudad y pasó a descender embovedada a lo largo de un par de kilómetros. Y ahí, en ese lugar entonces rural, ha aparecido el sarcófago plúmbeo. Eran “zonas de cultivo fuera de la ciudad romana, en el margen del río Darro. No se trata de un cementerio. Sin embargo, quizá por la influencia del Darro, debía tener alguna significación especial como área funeraria”, asegura Rodríguez, quien recuerda que en 1902 apareció un ataúd similar que “fue expoliado por los trabajadores que lo descubrieron” antes de que llegara el primer científico, que solo encontró “unos huesos”.

El sarcófago de plomo pesa entre 300 y 350 kilos y sus dimensiones son como las de cualquier ataúd clásico: 1,97 metros de largo y 40 centímetros de alto. Algo más ancho en la cabecera (0,56 metros) que en los pies (0,36). En una primera inspección, ha respondido el arqueólogo responsable, “no tiene inscripciones aparentes, aunque aún tiene barro y arena; veremos cuando lo limpiemos”. La procedencia sí la da por segura: “Córdoba, el único lugar donde se fabricaban ataúdes de plomo”. Su exterior ya ha aportado numerosas pistas. En unas semanas, será el turno del interior, algo que los científicos esperan con emoción.

ALHÓNDIGA, CÁRCEL, BANCO

El edificio de Villamena, bajo el que ha aparecido el sarcófago, es un lugar con mucha historia. Ya en época romana se hizo un hueco como espacio relevante. En el siglo XI los comerciantes genoveses establecieron allí su alhóndiga, una especie de embajada comercial donde compraban la seda y el azúcar, explica Rodríguez, que vendían por toda Europa. A este lugar llevaban productos de lujo europeos para vender en la urbe. Los Reyes Católicos, en el siglo XVI, ceden el edificio a la ciudad, que se convierte en cárcel durante más de cuatro siglos, hasta 1930. La última función que tuvo fue la de oficina bancaria y allí es dónde, exactamente debajo de una impresionante puerta de caja fuerte que hace tiempo que no guarda nada, ha aparecido el sarcófago de plomo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / JAVIER ARROYO .

El Gran Museo Egipcio se retrasa hasta 2021 pero se puede hacer una visita de obras virtual desde casa

Otras posibilidades en las redes son recorrer tumbas y un cara a cara con Nefertiti
El busto de Nefertiti en el Neues Museum de Berlín.

La decisión del presidente al-Sisi de retrasar de nuevo la apertura del Gran Museo Egipcio, que estaba prevista para este otoño, a causa de la crisis del coronavirus, ha sido acogida con la natural resignación y comprensión. Cuando Egipto, sacudido ya por la pandemia, ha cerrado sus monumentos al turismo era ingenuo pensar que la inauguración del gigantesco edificio, que arrastra ya un notable retraso, iba a mantener sus fechas. Sin embargo, como consuelo, queda la posibilidad de hacer desde casa una visita de obras virtual en YouTube para irse haciendo a la idea de lo que es ese colosal museo.

El gobierno egipcio ha iniciado una serie de iniciativas para paliar la imposibilidad de viajar en estos momentos al país del Nilo y ofrece una serie de otras visitas virtuales a sus monumentos en la iniciativa Experience Egypt from home. Stay home. Stay safe (tours disponibles en la web oficial del ministerio y en sus redes sociales en Facebook, Instagram y Twitter). La oferta de momento es reducida y en las propuestas del Ministerio de Turismo y Antigüedades no figuran visitas a las pirámides de Gizah o a las grandes tumbas del Valle de los Reyes. Cada día se aumentan las posibilidades de excursión virtual pero hasta ahora lo que hay en el menú de tour faraónico virtual oficial es entrar en la tumba de Menna, la TT69 (por tumba tebana y su número de hallazgo), en Luxor, y en la de la reina Meresankh III, una mastaba a la sombra de la Gran Pirámide de Keops, en Gizah. La tumba de Menna, una de las más bellas pertenecientes a nobles de la 18 dinastía (1549-1292 antes de Cristo), es un recinto pequeño pero decorado con extraordinarias pinturas en las que aparecen el propietario, escriba y supervisor de los campos del faraón, y su mujer Henuttany. La de Meresankh III, nieta de Keops y quizá esposa de Kefrén, también es una experiencia interesante, pero uno desearía poder utilizar un mecanismo semejante para moverse por los corredores de la Gran Pirámide o los pasillos de la tumba de Seti I.

Otras posibilidades que ofrece el gobierno egipcio son visitar el monasterio copto en Sohag (el denominado Red Monastery), y la sinagoga de Ben Ezra, en el viejo Cairo, ambas con uso prolijo del 3D y la espectacular visión llamada “efecto casa de muñecas”, y la mezquita y madrasa del sultán Barquq, también en El Cairo. A destacar una cuarta visita, sensacional, la de las catacumbas grecorromanas de Kom El Shoqafa, en Alejandría, subida el domingo. El recorrido en 3D es sobrecogedor y permite adentrarse en los distintos nieles del recinto y apreciar cada detalle, como el famoso relieve de la serpiente coronada, de sabor gnóstico y que parece salido de El cuarteto de Alejandría.

Una simpática iniciativa nos lleva asimismo a recorrer el tradicional y tan querido Museo Egipcio de la plaza Tahrir (que afortunadamente para los nostálgicos seguirá funcionando tras la apertura del Gran Museo Egipcio junto a las pirámides, aunque despojado de algunas colecciones como la de Tutankamón), a través de 20 objetos señeros en exposición. La visita se hace de la mano de dos guías voluntariosos, Fatma Abdallah y Walid El-Batouty, que explican piezas como el collar de Pseusenes I (14 kilos de oro) en la sala de los tesoros de Tanis, o una escultura emblemática de Akenatón. En este segundo caso aprovechan para lamentar la ausencia del busto de Nefertiti, llevado a Alemania tras su descubrimiento y cuyo regreso es uno de los anhelos de Egipto y una reclamación perpetua del gobierno. Es interesante saltar entonces a la página web del Neues Museum de Berlín, donde se encuentra el famoso retrato de la reina y que ofrece un interesantísimo “encuentro virtual” con Nefertiti en el que aparte de poder ver pormenorizadamente el busto en su sala y moverte por ella tienes acceso a un montón de información (alguna un pelín sesgada justificando el tramposo reparto que hizo el descubridor para quedarse con la pieza). Lo que no se puede negar es que en el Neus Museum -al que regresó Nefertiti tras reabrir sus puertas en 2009- la reina tiene unas perspectivas sensacionales: en línea recta en su campo de visión, como puede observarse con el navegador, se yergue una gran estatua procedente de Alejandría del dios Helios desnudo a excepción de un sucinto manto en el hombro. La reina parece sonreír.

Fuente : EL PAÍS / JACINTO ANTÓN .

 

Miradas y Resistencias. Reportaje de la exposición de Nacho Zubelzu

El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid acoge la exposición Miradas y Resistencias del artista  cántabro Nacho Zubelzu, que se inauguró el pasado 20 de febrero y estará abierta hasta el 24 de mayo, en la que se exhiben más de 50 dibujos realizados a tinta y plumilla que recogen diferentes especies de la fauna ibérica y ejemplares del museo. Su arte está basado en la observación, la evocación, la metáfora y la interpretación.

Nacho Zubelzu con Soraya Peña, Coordinadora de Exposiciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en el acto de apertura.

La inauguración contó con un elevado número de público que disfrutó de los dibujos y las explicaciones que Nacho fue desgranando de cada uno de ellos.

A continuación os dejamos dos galerías fotográficas de imágenes y un video (ya publicado). Al colocar el cursor del ratón sobre los recuadros tipo presentación, aparecen los controles para poder interactuar con los mismos: adelante, atrás, etc.

DIBUJOS

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

LA EXPOSICIÓN

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

EL VÍDEO

Finalmente agradecer la atención recibida de Azucena López del Departamento de Comunicación del Museo.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE
TEXTO E IMÁGENES: JORGE A. MURILLO

Nota: Trabajamos con la parte gratuita de WordPress, por lo que es posible que se vea publicidad insertada tanto en este, como en otros artículos. Obviamente no cobramos nada por ella… quid pro quo.

 

Reencuentro con la fragata de La Fayette

La bella y aventurera ‘Hermione’, una réplica de la cual navega desde 2014, protagoniza un álbum de cómic sensacional

Todo el mundo tiene sus barcos favoritos. Yo tengo una debilidad por el Cutty Sark, el famoso clíper, una maqueta enorme del cual, ensamblada por mi padre y exhibida en una gran urna de cristal, era lo primero que te encontrabas al entrar en casa, para ir creando ambiente. También siento como muy mío el Bismarck, de abatido orgullo, y otros navíos: el drakar Gran Serpiente,  el Atlantis, la Bounty, la Compass Rose, la Hispaniola, el Pequod, el Patna, la Perla Negra (las dos, la de Sparrow y la de mi cuñado), el schooner ruso Demeter, cargado con cincuenta ataúdes repletos de tierra transilvana, que eso sí que es compañía animada para navegar… Entre toda esa heterogénea flota preferida, figura la hermosa fragata francesa de tres palos Hermione, “la frégate de la liberté”, a la que me une estrechamente un afecto nacido de haber podido observar como la construían. No la original, claro, de 1779, sino la réplica exacta que se construyó en el mismo arsenal de Rochefort de la primera y que fue botada el 7 de septiembre de 2014.

La Hermione, de 32 cañones, como precisaría Patrick O’Brian*, 26 de ellos de 12 libras (lanzaban balas de 6 kilos), tiene una bella historia: fue el barco en el que el marqués de La Fayette, esa curiosa y aventurera (hasta fue mosquetero) mezcla de aristócrata y revolucionario, viajó a Norteamérica en 1780 para unirse a los rebeldes de las colonias británicas y confirmar oficialmente el apoyo del Reino de Francia a su guerra contra Inglaterra y el envío de tropas. Nuestros destinos, el de la fragata y el mío, se unieron en abril de 2007 por pura casualidad. Durante un viaje a La Rochelle conseguí arrastrar aviesamente a mi familia a la cercana Rochefort con el secreto propósito de visitar la casa de Pierre Loti, una maravilla llena de objetos exóticos en la que el escritor y oficial de marina, que sirvió en el arsenal de la localidad, echó el resto de su fetichismo orientalista y en la que no dejé de probarme su máscara de esgrima. Apurando mi suerte, llevé a todos mis acompañantes luego a la Antigua Escuela de Medicina Naval y Tropical (1722), donde se formaba a los cirujanos de la armada (como el hermano de Loti, Gustave), se exhiben cráneos, el esqueleto de un grumete (lo que entusiasmó a los niños) y se documenta la terrible llegada de los verdaderos navíos fantasmas de la escuadra de Jean-Baptiste de La Rochefoucauld de Roye, duque de Anville, enviada en 1746 a reconquistar Louisburg en Canadá y que fue diezmada por el escorbuto y el tifus. Vimos también el bonito cenotafio del explorador teniente Joseph René Bellot, criado en Rochefort y ahogado en el Ártico en 1853 al caer de un témpano mientras participaba en la búsqueda de Franklin y sus hombres.

Cuando se aproximaba la hora de comer y en el grupo ya reinaban el descontento, el desasosiego y el espíritu de revuelta, los convencí para una última visita al arsenal. Y cuál no sería nuestra sorpresa al ver que allí estaba la fragata a medio construir (se empezó en 1997) y era visitable, previo pago de 6 euros (“plein tarif”). El espectáculo, en el dique de carena del astillero, dentro de una gigantesca carpa, era sensacional. El barco –para el que se usaron los planos de una fragata de la misma serie, la Concorde, ya que los de la Hermione no se conservan– ya tenía todo el casco y los puentes y podías observarlo desde un andamiaje.

La Hermione era una fragata de gama alta, por así decirlo, rápida (hasta 15 nudos), manejable y bien armada. Y bellísima, no en balde su nombre era el de la hija única de Menelao y Helena de Troya. Se la acabó de construir (entonces se tardó solo un año) precisamente cuando se le encargó la misión a La Fayette, así que llevar al marqués a Norteamérica fue su primer viaje. Resultó una travesía muy aventurera, tuvo que hacer frente al mal tiempo dos veces y se enfrentó a corsarios enemigos pero finalmente desembarcó a su ilustre pasajero en Boston para cumplir su histórico propósito. La fragata realizó entonces varias misiones de guerra para los revolucionarios, con éxito (capturó 5 barcos ingleses en 1781) y con la audacia característica de su capitán, Louis-René de Latouche-Tréville, un verdadero marino de raza (y primo lejano de Josefina) del que se ha dicho que si no hubiera muerto prematuramente en 1804, enfermo, a bordo del Bucentaure como comandante de la escuadra de Tolón, otro gallo hubiera cantado en Trafalgar (le sucedió Villeneuve). La Hermione original tuvo también un final desgraciado: se hundió a causa de un error de navegación del piloto al chocar en 1793 con los bajíos de Four.

La nueva Hermione, que está motorizada, dispone de lavabos individuales, sus cañones son de pega (no se puede tener todo) y ha tenido una vida marinera desde que no nos vemos. En 2015, tras varias navegaciones de prueba, realizó en la vieja estela de su predecesora el viaje a EE UU, donde fue recibida con entusiasmo. En 2018 hizo otro viaje por el Mediterráneo visitando varios puertos aunque, a causa del mal tiempo, no Barcelona, donde estaba anunciada y yo la esperaba con una botella de champán y mi tricornio en la mano. Este año vuelve a estar paseando el recuerdo de La Fayette y lo ha hecho con mucha propiedad en Normandía, con la Armada de la Liberté, durante la conmemoración del 75º aniversario del Día D. Hubiera sido cosa de verse qué cara hubieran puesto los alemanes entonces en sus casamatas al ver llegar una fragata francesa a todo trapo…

Mi reencuentro con la nave ha sido sin embargo en París, en la estupenda librería náutica Outremer, rue Jacob 26,  en Saint-Germain-des-Prés, donde adquirí hace un par de semanas el fabuloso álbum L’Hermione, de Jean-Yves Delitte (Glénant, serie Chasse-marée), un cómic que explica la historia de la construcción original de la fragata y su misión, inventándose un emocionante complot británico para detenerla. Mezcla de historia real con una trama digna de Alejandro Dumas, el álbum está protagonizado por el capitán Latouche-Tréville, el chévalier De Fresnes, miembro del servicio de seguridad del rey de Francia enviado para proteger la Hermione,  y un siniestro agente inglés, un verdadero chacal dispuesto a asesinar a La Fayette. Los dibujos de la fragata, ya sea en el arsenal o navegando a toda vela, son una maravilla. El libro, que incluye un apéndice con documentación sobre el barco, los personajes y su misión, ha sido una manera fascinante de navegar en la Hermione y vivir su gran aventura. Estoy seguro de que la próxima vez que nos volvamos a encontrar será en el mar de verdad. No soy La Fayette, pero espero que la bella Hermione me recuerde.

*Por cierto, no hay que confundir la Hermione de La Fayette con el navío británico del mismo nombre que protagonizó uno de los episodios más célebres de la Marina inglesa durante las guerras napoleónicas. El HMS Hermione, de 32 cañones, fue construido en Bristol en 1782 y entregado a los españoles en 1797 por su tripulación amotinada tras asesinar a su capitán y a nueve oficiales en las indias occidentales. El navío fue recuperado en 1799 en una acción audaz y trepidante por botes del HMS Surprise bajo el mando del capitán sir Edward Hamilton en el puerto de Puerto Cabello, al precio de 200 españoles muertos o heridos y solo 10 ingleses heridos (según las cuentas del Almirantazgo británico). El Hermione fue rebautizado Retaliation. La historia era una de las favoritas de Patrick O’Brian y aparece contada en sus novelas náuticas.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / JACINTO ANTÓN .

Un bot programado para publicar todas las obras del Prado en Twitter a lo largo del año

La cuenta @prado_bot comparte cada día seis imágenes de la colección del museo
En la imagen, “Duelo a garrotazos” de Francisco de Goya. Este cuadro es una de las Pinturas negras que el pintor realizó en 1819 para los muros de su casa. Museo del Prado

“Entre tantas opiniones e incluso insultos, quería que en Twitter también se pueda ver de vez en cuando una pieza bonita de arte”. Esta es la motivación que llevó al programador Héctor Meleiro a crear la cuenta @prado_bot, que comparte de manera automática las más de 2.000 obras expuestas en el Museo del Prado.

El perfil acumula casi 2.000 seguidores a pocas semanas de abrir la cuenta, en este mismo mes de enero. La idea de crear una cuenta para mostrar la colección Museo del Prado vino a la mente de este creador de 30 años al conocer el trabajo del programador Andrei Taraschuk, explica a Verne por teléfono. Este informático ruso ha desarrollado una red de más 800 bots -a través de Twitter, Facebook, Pinterest y Tumblr- con los que divulga arte de todo tipo, desde artistas como Kandinsky a colecciones concretas como la del museo Met.

Según explicó el propio Taraschuk en una conferencia en diciembre de 2018, su propósito es usar los bots “para, en vez de expandir la falta de información y el miedo, educar y unir a gente que comparta amor por el arte”.

Con esta referencia, Meleiro llegó a la conclusión de que “el Prado también se merecía una cuenta propia”. “Llevaba tiempo rumiando la idea y, como me enteré de que se habían cumplido 200 años del museo, me puse a hacerla”, explica. El creador creía que “los actos de conmemoración se celebran en 2020”. Pero, para los despistados, una aclaración: el museo abrió sus puertas el 19 de noviembre de 1819, motivo por el que realmente fue en 2019 cuando se celebraron los eventos relacionados con el Bicentenario.

En España ya existe un perfil similar de Twitter que comparte la colección del Museo Thyssen de Málaga, pero sin embargo no había hasta ahora ninguna dedicada a la galería de arte más importante del país. Recabar la gran cantidad de obras que en ella se exponen fue para Meleiro “algo sencillo si sabes programar, pero no cualquier persona lo puede hacer.”

El Museo del Prado ofrece en su web una colección online en la que muestra -con autor, título, descripción e incluso apoyo explicativo vía audio- todas sus obras, tanto las expuestas como las que en ese momento se encuentran guardadas en almacén. Meleiro utilizó una técnica llamada web scraping [simula la navegación de un humano para extraer información de sitios web] con la que automatizar la descarga de todas las fichas agrupadas con la etiqueta “Expuesto”, y así crear la base de datos de la que posteriormente se alimentaría el bot.

Dentro de la colección del Museo del Prado pone a disposición a través de su página web, el creador del bot ha usado los datos del apartado

Meleiro, que no es experto en arte, pensó incluir en un principio las obras no expuestas (15.962 según datos de la web del museo), algo que descartó porque vio que “tardaría mucho más”. Aunque para el creador la descarga es “quizá la parte más complicada del proceso”, obtener únicamente los datos -e imágenes- de las piezas expuestas le llevó menos de un día. Posteriormente, juntó todo en un script de R [documento de texto que permite ejecutar la información que contiene] y programó Twitter para que las obras se muestren durante un año sin repetirse.

El bot del Prado compartirá por tanto cada día seis imágenes elegidas de manera aleatoria, hasta llegar a mostrar el total de las 2.218 elementos que aúna el apartado de “Expuestas” de la web. Según datos que el Museo del Prado ha ofrecido a Verne, las piezas mostradas en sala son 1.723, a las que se sumarían otras 352 que forman parte de exposiciones temporales. La cifra total es de 2.075 obras visitables, que resulta ligeramente menor que las imágenes que va a compartir el bot.

La razón por la que hay más ficheros digitales que obras expuestas es la forma en la que la página de la institución divide algunas de ellas en función de su tamaño. Por ejemplo, el bot irá mostrando en diferentes tuits la tabla “Episodios de las vidas de la Magdalena y de san Juan Bautista”, ya que la web tiene dos fichas de esta obra debido a su extensión.

Ahora, con este nuevo bot, el programador espera ayudar a “compartir arte de una forma muy bonita”. El Museo del Prado ha contribuido a su popularización haciendo un retuit al bot desde su cuenta oficial de Twitter. Fuentes de comunicación de la institución sostienen a Verne por teléfono que “para eso está el trabajo de digitalización de las imágenes, para la difusión a la población”.

FUENTE : EL PAÍS / LAURA ROMERALES .

El grumete que desertó y pudo contar la vuelta al mundo

Tres investigadores rescatan y traducen al español la declaración del marino Martín de Ayamonte, que aporta nuevos datos sobre el viaje de Magallanes y Elcano

Hasta ahora la Relación del primer viaje alrededor del mundo, del italiano Antonio Pigafetta, era la principal fuente informativa de la hazaña protagonizada por Juan Sebastián Elcano y 17 marineros más, de los 247 que partieron de Sevilla el 10 de agosto de 1519. Pero el redescubrimiento en el Archivo Nacional Torre do Tombo, en Lisboa, de la declaración del grumete de la nao Victoria, la que capitaneaba Juan Sebastián Elcano, ofrece nuevos y sorprendentes detalles sobre la gesta. El joven Martín de Ayamonte, que fue apresado e interrogado por los portugueses cuando se escondía en la isla de Timor tras desertar de la nave, desvela en su declaración la fortaleza de carácter de Elcano, las tácticas de los nativos para matar a los españoles o la procedencia exacta de algunos de los tripulantes. “Es un documento indispensable para entender la hazaña  y es incomprensible que haya pasado desaparecido en la historiografía”, explica a EL PAÍS Tomás Mazón, uno de los tres expertos que han hallado y traducido al castellano el documento.

 

El 5 de febrero de 1522, el joven Martin de Ayamonte y el soldado Bartolomé Saldaña abandonaron “sin ser sentidos” la Victoria en la isla de Timor, donde la nave estaba fondeada. Desertaron porque temían morir en el intento de dar la vuelta al mundo. Se escondieron en la selva esperando la oportunidad de regresar a las Molucas, donde estaba siendo reparada otra de las naves de la expedición, la Trinidad. Ayamonte quería reunirse con un familiar que viajaba en esta nao y que iba a volver a España, no por el oeste como la Victoria, sino por el este, hacia México.

Pero, siempre según el relato del grumete, al poco tiempo fueron descubiertos por un navío portugués y trasladados a la fortaleza de Malaca (actual Malasia), donde el marinero fue interrogado el 1 de junio de 1522 y donde un escribano tomó nota de su declaración. Este documento, que terminó en Lisboa, fue hallado por el historiador António Baiao en 1933 y traducido al portugués moderno. Pero los historiadores españoles desconocían por completo su existencia hasta que Mazón, que es director de la web rutaelcano.com, lo localizó en el Archivo Nacional Torre do Pombo, en Lisboa. El experto avisó de su hallazgo a los responsables del Archivo General de Indias (Sevilla), que lo han traducido por primera vez al castellano de la mano del archivero Braulio Vázquez Campos y de Cristóbal Bernal Chacón, experto en paleografía.

La declaración de Ayamonte contiene “un relato de la expedición de suma importancia por venir de uno de sus tripulantes, y por la cantidad y calidad de la información aportada”, explica Mazón. “La historia de la expedición no podrá ser contada ya sin tener presente este documento, en el que, por ejemplo, por vez primera conocemos que Juan Sebastián de Elcano hizo prevalecer su criterio para la elección del camino de vuelta frente a la postura de sus principales oficiales”,

Según confesó Ayamonte, la tripulación de la Victoria deseaba volver a España bordeando los territorios portugueses del Pacífico, pero Elcano se negó alegando que podían ser apresados y que los monzones no les serían propicios. Impuso su criterio con determinación. “Frente a la opinión general, se alejó de las costas porque entendió perfectamente el ciclo de los monzones, lo que permitió que diese la vuelta al mundo”.

El relato del grumete desvela, además, cómo en la batalla de Mactán, donde murió Fernando de Magallanes, los indígenas colocaron trampas con estacas para ensartar a los españoles. Igualmente, señala el lugar de procedencia de algunos tripulantes, como el capitán de la nao Santiago, Juan Serrano, que era extremeño, de Fregenal de la Sierra, o Juan de Cartagena, del que confirma que era burgalés.

“No sabemos qué pasó con el grumete”, explica Mazón. Solo se conocen las últimas palabras que han quedado registradas de él a preguntas del capitán portugués que lo interrogó, Jorge de Albuquerque: “Y la nao [Victoria], cuando partió de Timor [sin él ni Saldaña], daba a la bomba doce veces de día y doce veces de noche, y el maestre y el piloto, que eran griegos, quisieron venir por Malaca [territorio portugués], y el capitán [Elcano], que era vizcaíno [en realidad era guipuzcoano, nacido en Getaria], no quiso, y su intención de ellos era ir a las islas de Maldivas para corregir [arreglar] su nao, y de allí irían su camino para esas partes [España]. Y más no dice”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .

La pintura retrata las heridas de la brecha de género

Un estudio reciente, que ha analizado 113.000 transacciones de 725 casas de pujas, revela que no hay ninguna pintora entre los 50 artistas que más vendieron en subasta el año pasado.

Joan Mitchell, en su estudio en París en septiembre de 1956. Loomis Dean The LIFE Picture Collection/Getty Images.

La mujer ha pasado a través de la historia del mercado del arte con la irrelevancia de un copo de nieve en una avalancha. En nuestros días, poco ha cambiado. Un reciente trabajo del economista Roman Kräussl, para la publicación alemana Manager Magazin, revela que la expresión artística con mayor éxito comercial es un club privado de hombres. No hay ninguna pintora entre los 50 artistas que más vendieron el año pasado en subasta. Ha pasado el cedazo por 113.000 transacciones y 725 casas de pujas. Nada. Solo, al fondo, el eco hiriente de aquellas declaraciones que en 2013 lanzó en el semanario Der Spiegel el artista George Baselitz: “Las mujeres no pintan muy bien. Es un hecho. Hay, desde luego, excepciones. Agnes Martin o en el pasado Paula Modersohn-Becker. Me encanta ver alguna tela suya. Pero no es Picasso, no es Modigliani ni es Gauguin”. 

Esa provocación es el retrato de una injusticia avalada por los números. El informe de Roman Kräussl, profesor en la Escuela de Finanzas de Luxemburgo, sitúa en los tres primeros puestos por ventas el año pasado a Leonardo da Vinci (450 millones de dólares por su célebre Salvator Mundi), Pablo Picasso (415 millones) y Jean-Michel Basquiat (335 millones). Los tres artistas fallecidos, los tres representantes del canon occidental. La primera pintora que aparece (en el puesto 51º) es la expresionista abstracta estadounidense Joan Mitchell (1925-1992), con 30 millones. Solo hay otra más dentro de los cien primeros. Ese espacio (62º) lo ocupa Agnes Martin (1912-2004). La creadora minimalista británica vendió piezas por 27 millones. “Las mujeres están ausentes del segmento superior del mercado, que atrae a más del 80% del dinero que se invierte”, matiza Roman Kräussl.

Un cambio en marcha

El arte, diríase, refleja la misma discriminación sistemática hacia las mujeres que otros mundos. De ahí que también ganen menos. Kräussl analizó 1,5 millones de ventas en subasta de 66.442 artistas entre 1970 y 2013 y halló que el precio medio por transacción era de 48.212 dólares (39.800 euros) para los hombres y de 25.262 (20.900 euros) en las mujeres. “Esta brecha solo la pueden cambiar los coleccionistas. Las cuotas, por ejemplo, son inútiles y contraproducentes. Únicamente cuando los coleccionistas compren prioritariamente obras de mujeres en galerías y ferias de arte las cosas serán distintas”, observa el economista. Es difícil establecer esa discriminación positiva. Porque una colección es un relato y cada institución y cada coleccionista construye el suyo. “El mercado debe decir, de lo contrario siempre se sentirán en segunda división, que no ganaron ese espacio por su calidad artística sino por los cupos”, sostiene Kräussl.

‘The Turkish Schoolgirls’ (1987), obra de Marlene Dumas.

Pero el problema resulta más complejo. El mercado e infinidad de instituciones (Tate, Reina Sofía, MoMA) han recuperado el relato y la cotización de pintoras como Carmen Herrera, Irma Blank, Etel Adnan o María Lassnig. Un esfuerzo que aún se percibe igual de lento que el caminar de los bueyes sobre la nieve. “La brecha de género es real; sin embargo, el cambio, aunque vaya despacio, está en marcha”, defiende Tanya Barson, conservadora jefe del Macba. ¿Es así? En Nueva York, la artista Marilyn Minter (Estados Unidos, 1948), una respetada voz liberal y feminista, trabaja en varios de sus solicitados esmaltes sobre metal. Imágenes que reivindican la sexualidad de una mujer poderosa. Maneja precios elevados (una pintura de dos metros supera los 210.000 euros) y decenas de coleccionistas aguardan turno por sus cuadros. “La fractura está ahí porque existe un gran sistema de apoyo para los artistas masculinos, especialmente de mi grupo de edad”, critica. “Solo me importa hacer lo que quiero, me da igual el dinero. El mundo está cambiando rápidamente y las mujeres, con sus ingresos propios, modificarán el juego al coleccionar artistas de su mismo sexo”.

Ese es uno de todos los futuros posibles. El presente asoma más confuso y fragmentado. Por un lado, están llegando mujeres a la dirección de centros de prestigio, como los museos Tate (María Balshaw), Tate Modern (Frances Morris) o el parisino museo d’Orsay (Laurence des Cars). Pero, a la vez, la geografía levanta sobre el mapa del mundo una frontera inesperada. En Brasil, recuerda Gabriel Pérez Barreiro, director de la 33ª Bienal de São Paulo, los artistas más valorados y reconocidos son casi todas mujeres. Anita Malfatti, Tarsila do Amaral, María Martins, Lygia Clark, Lygia Pape, Beatriz Milhazes, Adriana Varejão. “Y esto no es un fenómeno nuevo sino que ha sido así desde el inicio del siglo XX. Esto me hace preguntar si ¿no serían más machistas las instituciones europeas y norteamericanas que ahora se jactan de haber descubierto el feminismo?”

El jueves pasado, João Fernandes, subdirector de Museo Reina Sofía, repasaba las salas de la emocionante exposición que le ha dedicado a Pessoa. Reconoce que cuando imagina una muestra acuden, primero, más nombres de artistas masculinos. “Por eso tenemos que sospechar de nosotros mismos y luchar contra las intuiciones inmediatas. Cuando llegué de la Fundación Serralves (Portugal) sabía que entraba en el museo del Guernica pero no en el de [la artista] Ángeles Santos”. Y añade: “Las instituciones son parte de una sociedad estructuralmente machista y esto se revela en datos como la venta de pintoras en subasta”.

Pero en ese club de la inequidad, donde las dos pintoras vivas más solicitadas el año pasado fueron Marlene Dumas (vendió obras por valor de 17 millones de dólares) y Cecily
Brown
(15 millones), quizá el auténtico éxito sea “fracasar”. “Una de las bases del feminismo es replantear las estructuras de poder, por eso quizá no le interese formar parte de cierto tipo de rankings”, ahonda Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía. “Si es así, me parece interesante que no sean las más vendidas. No se trata de estar en el top 10 sino de cuestionarlo”. Pintar de otra manera.

 

Fuente : EL PAÍS / MIGUEL ÁNGEL GARCÍA VEGA .

 

 

 

 

Los carros de los líderes íberos para viajar al otro mundo

Dos equipos de arqueólogos hallan en Valencia y Córdoba ruedas y partes de vehículos ceremoniales de 2.400 años

Llevaban enterrados 2.400 años y han sido encontrados con unas semanas de diferencia. Desde el verano, dos equipos de arqueólogos han encontrado en La Bastida de Moixent, Valencia, y en Montemayor, Córdoba, yacimientos situados a 450 kilómetros de distancia, cinco ruedas ibéricas y restos de los carros a los que iban conectados. Los hallazgos son doblemente excepcionales porque apenas hay documentadas piezas similares y ninguna se encuentra en tan buen estado de conservación. Los indicios señalan que los vehículos no sirvieron para hacer la guerra ni para transportar mercancías, sino que fueron colocados junto a las tumbas de personajes de alto rango para que viajaran con ellos al más allá. Los íberos daban a los carros ese sentido simbólico y, en ocasiones, los representaban tirados por caballos alados.

Los descubrimientos han abierto investigaciones a las que se dedicarán años. Las hipótesis de trabajo son que las ruedas y el resto de elementos fueron enterrados en tumbas o en depósitos funerarios de líderes íberos, de momento no está claro si hombres o mujeres. La rueda de Moixent, de mediados del siglo V antes de Cristo, es de hierro, mide 90 centímetros de diámetro y ha aparecido apilada en tres segmentos idénticos. Al lado, explica Jaime Vives-Ferrándiz, director del proyecto y conservador del Museo de Prehistoria de Valencia, también han sido hallados, hasta ahora, un bocado de caballo, restos de cerámica y una extraordinaria arracada de oro.

Las cuatro imponentes ruedas de Montemayor, de seis radios, fueron hechas también en hierro. Las dos más grandes de 120 centímetros, por las que casi podría decirse que no ha pasado el tiempo, fueron encontradas en lo que parece un cementerio íbero sobre el que los romanos construyeron siglos más tarde un campamento militar para el asedio de Ulia. Los textos clásicos relatan que la antigua ciudad fue escenario de feroces batallas en la guerra civil que enfrentó a Julio César con Pompeyo y sus hijos.

Conjunto sin parangón

El equipo de Fernando Quesada, de la Universidad Autónoma de Madrid, bajo la dirección de campo de Javier Moralejo, iba tras las huellas de aquel conflicto bélico cuando se toparon con un hallazgo ibérico que no tiene parangón en la península por la complejidad del conjunto y su estado de conservación, aseguran. Todo apunta a que el carro es del siglo IV, aunque todavía debe confirmarse mediante la prueba del carbono 14.

Las ruedas de ambos yacimientos son muy distintas. La encontrada en el antiguo oppidum rodeado de viñas de Valencia, una idílica colina desde la que sus gobernantes controlaban el antiquísimo camino que los romanos llamaron más tarde Vía Augusta, que conectaba el norte de la península con el valle del Guadalquivir, y también el paso de la meseta al Mediterráneo, ha obligado a adelantar unas décadas la cronología del yacimiento de La Bastida de les Alcusses, ubicado en el término de Moixent.

El descubrimiento ha revelado que antes de la edificación del poblado, rodeado de altas murallas, donde vivieron unas 800 personas, hubo una construcción previa que no parece residencial. Quizá fue la tumba de un héroe o un espacio de culto. En todo caso, el lugar en que se depositó rueda fue arrasado para erigir la nueva ciudad. “El proyecto puede contribuir a dar respuestas a los procesos de urbanización en esta zona del Mediterráneo en el primer milenio antes de Cristo”, comenta Vives-Ferrándiz. “Una urbanización que responde a procesos políticos, en los que vemos que las personas instauran las ciudades encima de algo que había previamente. A veces incorporan lo anterior al nuevo lugar, como ancestros, y otras veces esa memoria es destruida con violencia”, añade.

La cultura ibérica se desvaneció ante el empuje romano hacia el siglo I después de Cristo, como resultado de la violencia de los invasores y de la asimilación cultural. Los detalles sobre la destrucción de La Bastida de Moixent, que brilló durante un siglo para caer después en un olvido que duró dos milenios, siguen siendo un enigma. “Lo que está claro es que no fueron los romanos. Fue violencia entre vecinos. Si estaban más cerca o más lejos no lo sabemos, y es posible que nunca lo sepamos”, afirma el arqueólogo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / IGNACIO ZAFRA .

“El toro está presente en el arte desde la primera huella del ser humano”

El Museo Arqueológico Nacional, testigo del protagonismo ‘taurino’ en las civilizaciones

Bicha de Balazote, toro androcéfalo -cuerpo de toro y cabeza humana-, perteneciente a un monumento funerario.

“El toro es un animal que está presente desde el primer vestigio de arte de la humanidad; es un animal mítico que ha funcionado como factor económico, divinidad protectora y objeto de culto, referente mágico y lúdico, y como exponente de la virilidad en la transmisión de su fuerza engendradora; la sangre del toro fertiliza las tierras y el semen transmite hombría a los que la habitan”.

Teresa Gómez Espinosa es responsable del departamento de Conservación y Restauración del Museo Arqueológico Nacional, exigente aficionada a los toros por familia, que ha derivado en una ocasional y decepcionada espectadora por las oscuras circunstancias que atraviesa la tauromaquia moderna.

Habla, sin embargo, con desmedida pasión sobre el hondo significado del toro en todas las épocas del ser humano, desde el pleistoceno hasta nuestros días; y muestra con palpitante orgullo las muchas referencias toristas heredadas de la historia y que se guardan en el Museo Arqueológico Nacional, donde, entre otras huellas, se pueden contemplar los cuernos del bos primigenius, un animal gigantesco, precedente del bos taurus actual, la Bicha de Balazote, el toro de Osuna y numerosos vestigios de la civilización ‘taurina’ mundial.

“Los toros aparecen vinculados a los humanos ya en las pinturas rupestres paleolíticas”, cuenta la conservadora, “y en el Levante peninsular figuran desde los primeros tiempos del neolítico, alrededor del sexto milenio; ahí nos encontramos con personajes con máscaras que atacan a un toro; también en Anatolia -Próximo Oriente- y en el asentamiento de Çatalhöyük, un yacimiento neolítico situado en Turquía, un auténtico santuario con cabezas de toros”.

“El toro nupcial es el antecedente más claro de las corridas”, afirma Teresa Gómez, conservadora del museo.

El toro es protagonista en el antiguo Egipto, en Creta -mujeres y hombres saltan como los actuales recortadores, y algunos historiadores han querido ver en esas imágenes el origen de la tauromaquia, aunque esa posibilidad no está fielmente documentada, a juicio de Teresa Gómez-; en el mundo de los sumerios y acadios -cuarto milenio antes de Cristo-, en Mesopotamia, “donde los dioses aparecen tocados con tiaras con cuernos, y donde el toro es la fuerza, el poder y la fertilidad”; en el mundo oriental, en la mitología griega y en las culturas del Mediterráneo… “El toro ha jugado un papel de referencia en todas las civilizaciones, y en ellas ha ejercido un especial poder de fascinación”.

No están claros los motivos, pero la figura del toro se ha desarrollado con más intensidad y perdurabilidad en la península ibérica, aunque siempre sometido a numerosas influencias exteriores.

“A principios de la Edad Media, siglo XI, está documentada en Ávila la primera boda aristocrática en la que se corren toros”, prosigue Teresa Gómez, “y ese llamado ‘toro nupcial’ es el antecedente más claro de las corridas actuales”.

Toro de Costitx, hallado en Mallorca en el santuario del predio de San Corro (siglo V a. de C.). MAN

El toro nupcial arraigó en España hasta el siglo XVIII; en algunos lugares del centro peninsular se ha mantenido hasta los inicios del XX, y aún hoy se rememora en Teruel, cuya fiesta se celebró el pasado 17 de febrero.

“En el siglo XIII, las Cantigas de Alfonso X el Sabio recogen una regulación de los corredores de toros, entre los que está prohibido el lucro”, comenta la conservadora del Museo Arqueológico.

“Con motivo de una boda, el novio compra un toro bravo y poderoso para correrlo enmaromado -atado a una cuerda- con sus amigos. Unos lo agarran por los cuernos, otros le lanzan dardos ataviados con plumas para que vuelen mejor, y así llegan hasta la puerta de la novia. Allí, es la mujer la que lanza los dardos y, en Extremadura, por ejemplo, ella es la que los adorna, como precedente de las banderillas actuales. La escena final consiste en que el novio coloca al toro las banderillas adornadas por su amada”.

-¿Y qué sentido tenía esta ceremonia?

– El toro adquiere un sentido mágico; va a transmitir su virilidad al novio, porque es muy importante engendrar hijos. Y esa capacidad se adquiere por el contacto con la sangre. El novio quiere ser embestido por el toro para que su ropa se manche de sangre y se contagie de la fuerza engendradora del toro.

Existen leyendas ‘taurinas’, como el oricuerno, originaria de algunos pueblos de Palencia y León, en la que una doncella que por avatares de la vida se ve obligada a disfrazarse de hombre, bien para ir a la guerra o independizarse, y en contacto con el unicornio o el toro negro se convierte en varón.

“En el mundo hispano ha existido siempre una fascinación especial hacia el toro”

“Y aún persisten -continua Teresa Gómez- ritos de iniciación a la pubertad y juventud en localidades de la sierra de Madrid y Ávila, -como La Fiesta de la Vaquilla, que se celebra en Fresnedillas de la Oliva, de tradición antiquísima y origen céltico-, en los que los protagonistas van con máscaras y cencerros enormes y todos corren hacia la plaza, donde se simula el sacrificio del toro y acaban bebiendo para celebrar la virilidad contraída por los mozos del pueblo”.

Fiestas, costumbres y leyendas que están en los albores de la tauromaquia, que nace cuando el pueblo recupera el protagonismo y sustituye a la nobleza en las fiestas de toros que se celebraban en eventos reales y aristocráticos.

– ¿Por qué arraiga el toro en la península ibérica más que en otros lugares?

– No está clara la razón, pero lo cierto es que es difícil entender la historia de España sin el significado de este animal. Ya lo dijo Ortega y Gasset y es una verdad indiscutible. En el mundo hispano ha existido siempre una fascinación especial hacia el toro, como si fuera algo innato en esta sociedad nuestra.

“Es una pena -concluye- que lo podamos perder definitivamente si las corridas desaparecen. Creo que el panorama es muy oscuro; prohibirán la suerte de matar y los picadores, y los toros serán mecánicos con mando a distancia… Ya se verá… Y todo por culpa de los antitaurinos, que hablan de algo sobre lo que no tienen idea, de los toreros y ganaderos y de las manipulaciones y fraudes existentes en el espectáculo. Por todo ello, creo que hasta los aficionados más recalcitrantes abandonarán antes o después.

Teresa Gómez Espinosa se muestra claramente decepcionada por los avatares de la fiesta taurina actual, pero recupera su entusiasmo cuando se convierte en guía especial de los tesoros ‘taurinos’ del Museo Arqueológico Nacional: las astas del uro del pleistoceno, la Bicha de Balazote, los Berracos, el Toro de Azaila, el Toro de Osuna, el Toro de Costitx…

-Siempre me han gustado los toros y he corrido los encierros en Cebreros, el pueblo de Ávila donde nací. No sabe cómo sube la adrenalina. Pero eso era hace años. Ahora, mi vida ‘taurina’ se centra en el Museo.

El toro, por los cuernos

Fuente : EL PAÍS / ANTONIO LORCA .