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Braña de los Tejos Milenarios Centro Cultural con música red

La Braña de los Tejos se sitúa en una pequeña meseta elevada que como su nombre indica está llena de tejos.

La forma mas fácil y rápida de llegar es desde San Pedro de Bedoya de donde sale una pista indicada con carteles del PR-S4 , no hay mas que seguirla hasta llegar a un collado del que parte el camino a la Braña.

Hay otra forma de llegar, desde Lafuente de Lamasón tomando el desvío al pueblo de Cires y desde allí una pista hasta el collado mencionado anteriormente. En ambos casos son 12 Km por cualquiera de los caminos.

Desde la Braña podemos divisar Los Picos de Europa, la Montaña Palentina y las Sierras Costeras de Asturias y Cantabria, es un lugar especial que se descubre al visitarlo.

El tejo es una especie robusta y longeva, llegando a alcanzar los mil años de antigüedad; sus hojas y semillas son muy venenosas.

Ha sido cobijo de pastores y ganado siendo lugar de paso entre Lebeña y Peñarrubia.

Fuente : Centro Cultural de Valderredible .

La alcaldesa que marcó como prioridad política la felicidad de sus vecinos

“Quisiera que alguien me lea un libro porque yo no sé”, ha pedido una mujer a través del buzón de deseos de la recién estrenada Concejalía de la Felicidad.

“Nos hemos olvidado de que la búsqueda de felicidad es un derecho histórico que hace casi tres siglos ya se recoge en la Constitución de los EE UU de América, o en Francia, con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre”, proclama la alcaldesa de Oia (Pontevedra), Cristina Correa (PP). Esta licenciada en Derecho, que acaba de ganar las elecciones con mayoría absoluta, dice que ha pensado mucho sobre esta cuestión y ahora se ha “lanzado para rescatarla” como uno de sus “compromisos políticos con los ciudadanos”.

Y hace unos días puso en marcha una Concejalía de la Felicidad, que no es exclusiva de Oia, aunque sí es la primera que se crea en España con este nombre. Esta misma idea la lanzó hace una década Ivan Dell’Ara, cuando accedió a la alcaldía de la villa italiana de Coregnano, al nordeste del país. Este jubilado nacido en Brasil, hijo de emigrantes italianos, impuso su propia fórmula para procurar la felicidad de sus paisanos, poniendo especial énfasis en los mayores y jóvenes, los dos segmentos de la población más vulnerables y que demandan más atención.

Su receta de la felicidad ha servido de inspiración a la regidora gallega, que está decidida a copiarla con su toque personal. En 20 días de Gobierno, esta fórmula metafísica se ha colado en las paredes del Consistorio de este pueblo costero de 3.000 habitantes, próximo a la frontera con Portugal y uno de los pocos con crecimiento vegetativo positivo. La despoblación es un lastre que atenaza a Galicia.

Correa espera que todos colaboren, porque todas las sugerencias que se planteen serán bien recibidas. “Nuestra obligación es escuchar a la gente, da igual la edad que tengan, y atender sus demandas en una relación de proximidad, positivismo y desarrollo personal, porque la búsqueda de la felicidad es uno de los tres derechos fundamentales del ser humano, después de la vida y la libertad”, asegura.

En su experiencia como concejal y luego como alcaldesa en los últimos tres años, al prosperar una moción de censura con apoyo de un partido de independientes locales en 2015, Cristina Correa destaca su enfoque de dar prioridad a las emociones y procurar el bienestar siempre que sea posible. “Los mayores suelen pedir pequeñas cosas para nosotros, pero que son muy grandes para ellos, como que se reponga una luz del alumbrado público porque siente que la soledad es más llevadera”, comenta la alcaldesa.

Aunque los planes de formación y ocupación para los jóvenes, sobre todo adolescentes, es un objetivo primordial de la concejalía, también es prioritaria la tercera edad de la que hay pocos datos estadísticos. Por eso se va a realizar un informe para conocer la situación personal de cada uno, si viven solos y cuáles son sus necesidades. Para empezar, el Ayuntamiento ha organizado un encuentro de jubilados, porque muchos de ellos hacía años que no se veían. La multitudinaria cita ha sido un gran comienzo para la Concejalía de la Felicidad.

Correa había planteado su idea al nuevo equipo de Gobierno y con el apoyo de todos se puso a pensar en la persona más idónea para llevarla a cabo. “Fue rápido, la vi aparecer en el Ayuntamiento sonriendo, como siempre, entonces se lo propuse y aceptó”, comenta la alcaldesa para referirse a la concejal Carmen Estévez, la encargada de organizar este proyecto con el asesoramiento de un consejo de sabios y expertos en la cuestión.

Un buzón municipal funcionará las 24 horas del día para recoger deseos y sugerencias. Los vecinos han empezado a utilizarlo. “Con muy poco, son felices, sobre todo los que viven en soledad”, hace balance la regidora. “Me gustaría que alguien me lea un libro, un poco cada día, porque yo no sé leer”, es el momento de felicidad que ha pedido una vecina de Oia.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / ELISA LOIS .

 

La villa más lujosa de la Hispania romana enseña sus tesoros

Castilla-La Mancha abrirá al público la hacienda de un aristócrata inmensamente rico que incluye el mayor mosaico figurativo del mundo y una colección de 500 piezas de mármol
El arqueólogo Miguel Ángel Valero limpia una de las escenas que representa a tres diosas disputándose la ‘manzana de oro’. En el vídeo, visita a la villa de Noheda. R. G. 

Érase una vez un hombre inmensamente rico. Más. Más aún. Tan adinerado como para hacerse traer en el siglo IV el vino desde Siria (a 4.921 kilómetros de distancia) porque los caldos de la tierra donde residía no resultaban de su gusto. Un individuo tan poderoso que la villa en la que vivía y hacía negocios (un conjunto de edificaciones) ocupaba 10 hectáreas, según los últimos datos del georradar. Solo el salón de su casa (triclinium) medía 291 metros cuadrados y estaba decorado con mosaicos dignos del palacio de un emperador. “Ese hombre existió”, explica Miguel Ángel Valero, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha. Todavía se desconoce cómo se llamaba aunque los arqueólogos lo han bautizado en broma romanizando el nombre de un archimillonario español. “Pero tarde o temprano lo sabremos”, sostiene Valero, que lleva una década desenterrando sus impresionantes propiedades —ya lo ha hecho en un 5% del total—, en la actual provincia de Cuenca, que en breve serán visitables.

Ahora la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha va a abrir el yacimiento, denominado Villa de Noheda, en la localidad de Villar de Domingo García (218 habitantes), y a hacer públicos los espectaculares resultados de las investigaciones: el mayor conjunto escultórico en mármol de la Hispania romana, con medio millar de grandes fragmentos, y el mayor mosaico figurativo del Imperio. El alcalde de la localidad, Javier Parrilla (PP), quiere que su apertura coincida con la nueva campaña de trabajos arqueológicos del verano, donde está previsto, entre otras actividades, iniciar la excavación de la sala de recepción (salón áulico) de la villa, “normalmente de mayor superficie que el triclinium”, explica Valero. Por supuesto, esta zona también oculta su propio mosaico y cientos de secretos.

Hace algo más de una década, un tractor topó con un terreno muy duro (conocido desde siempre como El Pedregal o Cuesta de los Herreros) en Villar de Domingo García. Esa parte del municipio recibía esos nombres porque los vecinos no cesaban de hallar grandes sillares de piedra y objetos metálicos de los que desconocían su origen.

Cuando el arado abrió la tierra, cientos de pequeñas piedras de vivos colores volvieron a la luz. Eran parte de las teselas que conformaban los mosaicos. Los servicios arqueológicos comenzaron las excavaciones ya que en un mapa de Alonso de la Cruz (1554), que se guarda en el monasterio del Escorial, denomina al lugar Villar de la Vila y en 1897 Francisco de Coello ya describió la “existencia de unas ruinas romanas, con teselas, en la pedanía de Noheda”.

La realidad superó a todo lo imaginable. Noheda es un fiel reflejo de un intento de transmitir un mensaje de alta carga ideológica y propagandística: el poder de un terrateniente (dominus) que garantizaba la estabilidad económica y social a la comunidad. Erigió un gigantesco complejo residencial que conjugaba los conceptos de “ocio y negocio” dentro de una gran extensión de tierras (fundus). De hecho, “a estos conjuntos de explotación agraria se los denomina urbes in rure (ciudades en el campo)”, recuerda el profesor.

El fundus —que ocupaba 80 kilómetros cuadrados— lo componían las tierras de cultivo (ager), los pastos para el ganado (saltus) y un área montañosa (silva) de donde se obtenía madera. La villa se alzaba en un punto estratégico de la hacienda con suficientes recursos hídricos, resguardada de los vientos del norte y cercana a una vía de comunicación. En el caso de Noheda, la hacienda estaba suficientemente alejada de la calzada romana para no ser detectada por visitas indeseadas o asaltada por legiones hambrientas.

Las pinturas que decoran las paredes de las villas romanas, los mosaicos de los suelos, las esculturas y otros elementos que ornamentan estos espacios poseen un sentido. En Noheda significan la posesión de la máxima riqueza. Los especialistas no encuentran una respuesta a cómo fue posible tal acumulación de opulencia: se han detectado más de 30 tipos de mármoles traídos de todo el mundo conocido en la época. La construcción ocupaba 10 hectáreas y solo el triclinium del edificio, 291 metros cuadrados. “Puede ser que el dominus estuviese relacionado con el emperador, en ese momento Teodosio, eso aún no lo sabemos, pero lo que sí está claro es que pertenecía a la alta aristocracia”, explica Valero.

Las dimensiones son tales que el mosaico del triclinium es el más grande de tipo figurativo del imperio conocido hasta ahora. Las medidas de esta sala solo son superadas por el de Cercadilla (Córdoba) si bien este carece de mosaico. Es equiparable —aunque el de Noheda es 20 metros cuadrados mayor— al de la famosa villa siciliana de Casale, en Piazza Armerina (270 metros).

El pavimento lo componían una zona central, dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica, donde se abigarran enormes figuras, como la de Atenea, que mide 2,18 metros. El número de teselas empleadas es “incontable”. En cada cuadrado de 25 por 25 centímetros se usaron de media de 1.243 de estas pequeñas piezas, algunas de milímetros para conseguir dar movimiento o sombras a las figuras.

Los arqueólogos consideran, en virtud de la diferencia en el número de piezas utilizadas en cada parte de la estancia, que no hubo un “solo pictor imaginarius [diseñador]”, sino varios. También han descubierto que debajo de algunas zonas del gran mosaico se oculta otro con diferentes motivos. “Es como si al dueño de la villa no le gustase un primer resultado y ordenase que se elaborase otro encima diferente. El dinero no iba a resultar un problema”, bromea Miguel Ángel Valero.Y, en el centro de la estancia, una fuente ornamental de la que se conservan sus canalizaciones.

¿Y qué representan las escenas? Los especialistas enumeran el mito de Enómao, Pélope e Hipodamia, dos Pantomimas, el Juicio de Paris y el Rapto de Helena, El cortejo dionisiaco y Thiasos marino.

De toda la superficie construida solo se ha excavado una mínima parte. “En ese espacio, además del increíble mosaico, hemos hallado más de 550 grandes fragmentos de esculturas, todas realizadas en mármol importado de Oriente y de Carrara [Italia]. Es el conjunto escultórico más amplio de toda Hispania, donde se incluyen figuras de Dionisios, Venus o los Dioscuros.

¿Y por qué desapareció y fue olvidado? Con la caída del Imperio romano, toda Hispania sufrió una rápida cristianización. Los nuevos habitantes utilizaron las estancias de la villa como lugar donde habitar. Las esculturas paganas fueron destruidas y lanzadas a un vertedero. Parte de ellas fueron usadas para elaborar polvo de mármol. Pero muchas pervivieron. De hecho, los arqueólogos las están montando como un puzle. Algunas ya han sido recuperadas y se pueden ver en la exposición Noheda la imagen del poder, en la capital de la provincia.

“Ahora falta que podamos mostrar este yacimiento”, dice el alcalde de Villar de Domingo García. “Está todo casi preparado para abrirlo, además de un centro de interpretación que tenemos en el municipio. La idea es que los visitantes puedan disfrutar de esto, mientras ven cómo trabajan los arqueólogos”, añade Javier Parrilla, que no oculta que se está jugando el futuro de su pueblo. “Somos la España vaciada”, admite.

De hecho, uno de los objetivos de la apertura es conseguir que los visitantes de la villa romana conozcan también el municipio a la que esta pertenece y no se desplacen a la cercana y siempre atractiva Cuenca. El Ayuntamiento y los especialistas que trabajan en la excavación han impartido cursos y realizado actividades con los vecinos para implicarlos en lo que puede ser su gran atracción turística y cultural. “Nos gustaría contar con ellos para todo, incluso para enseñarlo”, señala Valero, si bien Parrilla admite que su contratación “es muy difícil por problemas administrativos”. “Ya me gustaría a mí”, se lamenta el alcalde, “pero la legislación…”.

Fuentes del Gobierno regional han confirmado a EL PAÍS que la apertura “será cuanto antes”. “Es algo único en el mundo. Cuando muestro las imágenes en los congresos internacionales [ha impartido conferencias por todo el mundo], los especialistas de otros países se quedan atónitos. Y eso que lo mejor está por venir, porque solo hemos excavado una mínima parte”, concluye Miguel Ángel Valero mientras se encoge de hombros y sonríe ampliamente.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA

El inesperado sarcófago plúmbeo del siglo III

Un ataúd romano de plomo en excelente estado de conservación ha sido hallado en las obras de remodelación de un edificio en el centro de Granada

Los arqueólogos no esperaban ningún gran descubrimiento, quizá material de la época musulmana sin mayor trascendencia. No era más que una prospección en el centro histórico de Granada, obligatoria para cualquier obra que quiera profundizar en el subsuelo y con la que se pretende descartar que existan restos históricos. Los trabajos se desarrollaban con la normalidad esperada. Algunos restos de la época cristiana. Algunos de la árabe. Nada relevante. Pero antes de levantar el campo, el equipo de arqueólogos decidió llegar un poco más abajo. Y allí estaba. A 2,5 metros de profundidad apareció una tumba romana cubierta de piedra arenisca y barro. Aún nada sorprendente en principio para Ángel Rodríguez, el arqueólogo responsable de la prospección del edificio Villamena, junto a la catedral de Granada. Pero al quitar la losa, ligeramente aplastada, apareció un sarcófago de plomo. Eso sí fue una sorpresa.

Estamos entre el siglo II y el IV después de Cristo. Los sarcófagos de plomo no eran frecuentes. En Andalucía, además de caros, eran difíciles de conseguir porque solo se fabricaban en una industria de Córdoba. Por tanto, “probablemente es de una familia adinerada, pero eso no significa que vayamos a encontrar grandes joyas en su interior”, explica Rodríguez, que piensa que el sarcófago será, a falta de la datación exacta que se hará próximamente, del siglo II o III, no más. El ajuar no tiene por qué ser especialmente rico porque, cuenta, lo de mucho valor se quedaba fuera, “para los vivos”.

El verdadero interés de este tipo de sarcófago, del que apenas se han encontrado una decena en Andalucía —y no siempre en buen estado o sin expoliar—, está en que el plomo conserva los restos especialmente bien. Eso significa que, si todo va como los arqueólogos esperan, dentro habrá un cuerpo, un ajuar y textiles probablemente muy bien conservados y, por tanto, se extraerán muchas conclusiones que permitirán “conocer bastante del ritual de inhumación”, sostiene Ángel Rodríguez.

El sarcófago se localizó el jueves pasado y este miércoles ha sido ya trasladado al Museo Arqueológico y Etnológico de Granada. Allí aguardará unos días hasta que se defina exactamente cómo proceder a descubrirlo. Un equipo multidisciplinar de antropólogos físicos, restauradores y arqueólogos será entonces quien viva el emocionante momento de la apertura. ¿Qué futuro espera a lo que se halle en el interior? “El cuerpo irá al laboratorio de antropología forense de la Universidad de Granada y el propio sarcófago y el ajuar quedarán en el museo para ser estudiados”, resume el arqueólogo jefe.

Granada tiene un centro histórico que, en realidad, no siempre lo fue. En época romana, el epicentro de la ciudad era el Albaicín y lo que hoy configura el centro histórico era, sencillamente, una zona rural periurbana. Pero tenía una peculiaridad: estaba bañada por el río Darro, una corriente de agua que hace casi un siglo dejó de verse a cielo abierto en esa parte de la ciudad y pasó a descender embovedada a lo largo de un par de kilómetros. Y ahí, en ese lugar entonces rural, ha aparecido el sarcófago plúmbeo. Eran “zonas de cultivo fuera de la ciudad romana, en el margen del río Darro. No se trata de un cementerio. Sin embargo, quizá por la influencia del Darro, debía tener alguna significación especial como área funeraria”, asegura Rodríguez, quien recuerda que en 1902 apareció un ataúd similar que “fue expoliado por los trabajadores que lo descubrieron” antes de que llegara el primer científico, que solo encontró “unos huesos”.

El sarcófago de plomo pesa entre 300 y 350 kilos y sus dimensiones son como las de cualquier ataúd clásico: 1,97 metros de largo y 40 centímetros de alto. Algo más ancho en la cabecera (0,56 metros) que en los pies (0,36). En una primera inspección, ha respondido el arqueólogo responsable, “no tiene inscripciones aparentes, aunque aún tiene barro y arena; veremos cuando lo limpiemos”. La procedencia sí la da por segura: “Córdoba, el único lugar donde se fabricaban ataúdes de plomo”. Su exterior ya ha aportado numerosas pistas. En unas semanas, será el turno del interior, algo que los científicos esperan con emoción.

ALHÓNDIGA, CÁRCEL, BANCO

El edificio de Villamena, bajo el que ha aparecido el sarcófago, es un lugar con mucha historia. Ya en época romana se hizo un hueco como espacio relevante. En el siglo XI los comerciantes genoveses establecieron allí su alhóndiga, una especie de embajada comercial donde compraban la seda y el azúcar, explica Rodríguez, que vendían por toda Europa. A este lugar llevaban productos de lujo europeos para vender en la urbe. Los Reyes Católicos, en el siglo XVI, ceden el edificio a la ciudad, que se convierte en cárcel durante más de cuatro siglos, hasta 1930. La última función que tuvo fue la de oficina bancaria y allí es dónde, exactamente debajo de una impresionante puerta de caja fuerte que hace tiempo que no guarda nada, ha aparecido el sarcófago de plomo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / JAVIER ARROYO .

El castillo soriano que enseñó a los cruzados a resistir en Jerusalén

Finaliza la restauración de la fortaleza de Osma, que disponía de un sistema defensivo que permitía a una pequeña guarnición rechazar enormes ejércitos.

Castillo de Osma, en Soria, tras su restauración. Fernando Cobos

Abderramán III necesitaba tomar aquel castillo estratégico de la frontera del Duero. En el 934, se presentó al pie de la fortaleza de Osma con un poderoso ejército compuesto por varios miles de arqueros y máquinas de guerra. Frente a él, agazapados en una fortaleza erigida sobre un peñasco con pendientes que superaban los 45 grados, el rey Ramiro II de León y sus condes con tropas claramente inferiores, medio centenar frente a casi tres mil. Pero tenían un arma secreta: un sistema defensivo compuesto por saeteras desconocido hasta entonces en Europa y que les llevó a la victoria. Las crónicas cristianas señalan que los musulmanes no se atrevieron a escalar aquellos riscos. Por su parte, las fuentes islámicas sostienen que lo que en realidad ocurrió fue que los cristianos no osaron bajar.

El castillo de Osma (Soria), abandonado desde el siglo XIV, ha vuelto ahora a la vida después de más de diez años de estudios y de una restauración financiada por el Ministerio de Cultura. La investigación de la fortaleza –encabezada por Fernando Cobos, doctor arquitecto y experto internacional en patrimonio, y Manuel Retuerce, arqueólogo de la Universidad Complutense– ha destapado, entre otras cuestiones, la tecnología empleada por los reducidos defensores para rechazar las gigantescas acometidas musulmanas: las saeteras inclinadas, tecnología que los sorianos trasladaron a los cruzados para su guerra en Tierra Santa.

Las primeras noticias del castillo de Osma son del año 910, cuando se erige –sobre un asentamiento de la Edad del Bronce- en un pico de la inestable frontera que dividía el Reino de León del califato. Pocos años después de su construcción fue arrasado por los ejércitos de al-Ándalus. Decidido a convertirlo en la pieza clave de la frontera, Ramiro II lo refuerza para que pueda resistir a las tropas califales, que terminarían tomando y reconstruyendo en los años siguientes la cercana fortaleza de Gormaz, que se convertiría en su base de operaciones y de asedio contra Osma. Hasta levantaron varias torres de vigilancia en las proximidades para controlar cualquier movimiento cristiano en Osma.

Saetera con inclinación del castillo de Osma. Fernando Cobos

Entre el 934 y el 989 Osma es ya la principal línea de resistencia del Reino de León en la frontera del Duero. Pero en el 989 Almanzor consiguió tomarlo y lo reformó. En el 1011 los cristianos lo recuperaron. Tres años después, los cristianos tomaron Medinaceli, a unos ochenta kilómetros al sureste, por lo que Osma perdió su importancia estratégica. En el siglo XIV se allanó su interior tapando las singulares saeteras para crear nuevos espacios habitables. En el XVIII sus mejores sillares –muchos de procedencia romana, ya que en las cercanías se erigía la ciudad romana de Uxama– se transportaron para levantar la catedral del Burgo de Osma. En 2005 se iniciaron los trabajos de restauración.

El castillo de Osma rebosa enigmas históricos y arqueológicos. Uno son sus saeteras, que se situaban al pie de sus muros, no en las partes altas de las murallas, como es lo habitual. La ubicación inferior de estas aberturas se debe a que las almenas solían ser barridas por las máquinas de guerra musulmanas, por lo que las bases de los muros eran los lugares más seguros para la defensa.

Las saeteras de Osma son una apertura mucho más estrecha de lo normal para evitar que las flechas enemigas se introduzcan, pero disponen de un pequeño conducto en su parte inferior por donde sale el dardo del defensor. Su inclinación, en el caso del castillo de Osma, variaba, según el lugar de la fortaleza donde se abriesen: más inclinación del terreno, más inclinación de la saetera, lo que permitía apuntar directamente a las tropas enemigas y mantenerse a salvo, una especie de tiro al plato. “En esta época, no existe en ningún lugar de Europa este tipo de defensa. Solo se ha hallado en algunos castillos cruzados en Tierra Santa construidos años después. Su aparición en Tierra Santa para defenderse de ejércitos superiores pudo ser debida a Pedro González de Lara, que era hijo del teniente real [máximo responsable] del castillo y que viajó a Jerusalén como escolta de la mujer del conde de Tolosa” o de su hermano Rodrigo González de Lara que construyó un castillo en Tierra Santa para donárselo a los caballeros templarios”, señala Cobos.

Alejado ya de la frontera bélica, sufrió una fuerte modificación a finales del siglo XIII y la primera mitad del XIV para adaptarlo a las necesidades del momento. En su interior se levantaron zonas de acuartelamiento con barracones y letrinas y más tarde unas dependencias episcopales.

La fortaleza de Osma estuvo a punto de desaparecer en el siglo XVIII cuando los Ejércitos borbónicos lo barrenaron para evitar que fuera tomado por los partidarios de los Austrias. Felizmente, la idea se desechó al no llegar nunca a Osma estos últimos. El castillo será en breve visitable. “Las pronunciadas pendientes que lo salvaron en los asedios, siguen ahí, por lo que solo se puede visitar si se va provisto de buen calzado y te gustan las excursiones”, señala Cobos. “De todas formas, es un castillo roquero único, por lo que merece la pena verlo”, concluye el arquitecto.

Fuente : EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA . 

Teruel: la rebelión de la España vacía

 

 

Son pocos, pero se les escucha cada vez más alto y claro. Y ahora tienen además a un representante en el Congreso de los Diputados. Recorremos una tierra llena de historias de ingenio, pasión y éxito.

LA COLUMNA DE humo blanco de la central térmica de Andorra, el tercer municipio más poblado de Teruel, se puede distinguir a más de 30 kilómetros de distancia. Omnipresente en un paisaje rocoso y de secano, la chimenea de 343 metros de altura rompe la monotonía del cielo y señala el epicentro de la industria del carbón en la provincia. Endesa cerrará la central en 2020 y con ella dará carpetazo a un siglo y medio de minería en la región bajo el impulso descarbonizador dictado a nivel europeo. Con la central también se esfumarán los mejores años de la vida de ­Jaime Valero, andorrano de 38 años, 15 de ellos empleado en la térmica. Valero está en el paro desde el verano y admite, con la voz rota, echar de menos un trabajo que antes tuvieron su padre y sus abuelos: “En la planta me sentía realizado; será difícil conseguir algo tan bueno, pero lo tengo que intentar”.

Eduardo Nave | Juan Millás

Con la central térmica de Andorra desaparecerá un negocio que genera el 9% del PIB de la provincia, aseguran en Teruel Existe. Este movimiento ciudadano protagonizó una de las sorpresas de las pasadas elecciones generales: tras 20 años de activismo, saltó a la política y ganó los comicios en la provincia, accediendo al Congreso con un diputado. La rabia que expresan los representantes de Teruel Existe se centra en una histórica demanda por la mejora de las infraestructuras y los servicios en el mundo rural. Manuel Gimeno, portavoz de la formación, esgrime alarmado las previsiones de evolución de la población del Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2033: mientras que el conjunto de España ganará un 5% en habitantes, la provincia aragonesa los perderá en un 8,5%; la población de Teruel entre 25 y 49 años de edad se reducirá en un 23% hasta 2033, mientras que la horquilla entre los 65 y los 84 años aumentará un 22%. “Hay que actuar ya porque en 50 años quizá ya no habrá gente en Teruel y habrán muerto demasiados pueblos”, dice otro veterano de Teruel Existe, Amado Goded.

La Unión Europea reconoce el serio riesgo de despoblación en las provincias con menos de 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado. Con menos de 8, la situación demográfica pasa a ser considerada crítica. Tres provincias españolas se encuentran por debajo de los 12,5 habitantes por kilómetros cuadrado: Soria, Teruel y Cuenca. Soria se sitúa en 8,5, y Teruel, en 9 (cuando la media en España es de 93 personas por kilómetro cuadrado y una provincia como Barcelona alcanza los 726).

“Teruel no está muerto, solo faltan más oportunidades”, insiste una ingeniera afincada en Alcañiz.

La despoblación de Teruel no se explica únicamente por la tendencia de la sociedad global a concentrarse en ciudades. En la provincia solo existe una conexión ferroviaria, la que enlaza Teruel con Zaragoza y Valencia, cuatro o cinco veces al día, en dos horas y media. Otra demanda histórica es la de una mayor red sanitaria que evite desplazamientos a Zaragoza. La provincia tiene hospitales en dos municipios, en Teruel capital y en Alcañiz, en un territorio que es un 75% mayor en superficie que la Comunidad de Madrid y con una población especialmente envejecida. La prioridad de Teruel Existe como fuerza parlamentaria es que entre en vigor un pacto de Estado contra la despoblación, con una financiación especial para dotar de servicios y de oportunidades económicas al medio rural. Otra prioridad es la implementación de la fibra óptica en toda la provincia, el desarrollo del corredor ferroviario entre el Cantábrico y el Mediterráneo, la construcción de la autovía A-68 entre Castilla y León y la Comunidad Valenciana y de la autovía A-40, que debería conectar Cuenca, la comarca de las Cuencas Mineras y Tarragona.

Desde el mirador de la localidad turolense de Alloza se observa un paisaje de cultivos de secano y olivares. Eduardo Nave | Juan Millás

Los turolenses luchan contra el destino. Jaime Valero, por ejemplo, se ha puesto a estudiar el grado de formación profesional en Energías Renovables en el instituto Pablo Serrano de Andorra. Anteriormente se había formado en robótica, energía hidráulica y electricidad. Su objetivo es conseguir un trabajo de mantenimiento en el sector eólico. En la región funcionan actualmente ocho parques eólicos. Green Power, filial de Endesa, está construyendo cuatro nuevos, y la aragonesa Forestalia ha anunciado un plan de 2.400 millones de euros para instalar 34 puntos de producción de energía fotovoltaica y 32 de eólica

La fiebre de las renovables

Manuel Gimeno, junto a Amado Goded, de Teruel Existe. Eduardo Nave | Juan Millás

Forestalia asegura que la construcción de los parques dará trabajo a 12.000 personas y creará 450 empleos posteriores para la explotación de las instalaciones. Valero quiere tener uno de ellos. “Teruel no está muerto, solo faltan más oportunidades”, dice una de las profesoras de Valero, la ingeniera Nadine Fernández. Criada en Andalucía, emigró a Alemania con su marido, químico. Hace un año y medio que recalaron en Alcañiz —el segundo municipio de la provincia— por un empleo que consiguió él. Fernández explica que recientemente vio un documental sobre el éxito de la repoblación de las Highlands escocesas y que demuestra, según esta ingeniera, que con mejores infraestructuras y mejores tecnologías de la comunicación es posible revivir el mundo rural. “Como en Escocia, debería potenciarse cursar estudios superiores por Internet”, dice Fernández. Milagros Mateo, directora del instituto Pablo Serrano, hija y esposa de agricultores y mineros, está estudiando un máster a distancia por la Universidad de Valencia. Mateo tiene dos hijos que viven en Zaragoza y Barcelona, y que hoy no se plantean volver.

Una hipotética saturación del paisaje turolense con molinos preocupa en Andorra, dice Valero, aunque añade que “más preocupa tener trabajo”. Teruel Existe se muestra crítico con las inversiones en renovables porque no van acompañadas de una industria de producción y porque cree que la provincia vende a bajo precio sus recursos naturales. “Las renovables son como un proceso de colonización, como pasó con el carbón, aunque este dejaba más puestos de trabajo”, dice Goded. “Existe el riesgo de que esta energía quede desfasada y nos quedemos con pinares de molinos”, apunta Gimeno.

El parque eólico de Valdeconejos. Eduardo Nave | Juan Millás

Ignacio Urquizu, sociólogo y alcalde socialista de la localidad de Alcañiz, opina que lo que ha faltado históricamente en Teruel es capacidad de emprender. “Teruel tenía en 1900 la misma población que Gipuzkoa, 240.000 habitantes [casi el doble de la que tiene hoy la provincia]”, recuerda. El regidor destaca que la apertura al mar o la proximidad con Francia han sido determinantes en favor del desarrollo de Gipuzkoa, pero admite que en Teruel “no ha habido grandes polos de emprendedores”, en parte porque sus élites apostaron por una economía tradicional como la agricultura. Urquizu subraya que mejores infraestructuras son importantes, pero no son sinónimo de progreso. “Cuando el AVE o una autopista llega a un municipio, en muchos casos facilitan que la gente se vaya. Para conseguir mayor desarrollo en Teruel hay que ir más allá de las infraestructuras”.

Alloza y la historia de Belén

Belén Soler insiste en que unas buenas vías de comunicación pueden determinar la decisión de vivir en un pueblo: “Si tu hijo tiene que hacer 40 kilómetros en autocar por una carretera mala y con muchas curvas para ir al colegio, quizás optarás por mudarte a la ciudad”. Soler sabe de qué habla. Nació en 1973 en Cardedeu (Barcelona), pero en 2001 quiso volver a los orígenes de su familia, Alloza. Su padre, transportista, se trasladó a Cataluña por trabajo. Su abuelo era minero. Soler regresó a Alloza porque quería fundar una familia en el campo. Abrió una casa de turismo rural y un restaurante kilómetro cero, La Ojinegra. Todos los alimentos del establecimiento provienen de la región, de la carne a las hortalizas y los cereales, de las frutas a la exquisita infusión de té de roca que prepara.

La provincia cuenta con 9 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media española es de 93.

Soler dice que Alloza (580 vecinos) es una excepción porque su despoblación es menos acusada que la de otros municipios de la comarca de Andorra-Sierra de Arcos. Y enumera a otros jóvenes que también se han instalado en Alloza: el artista Raúl Escuín, una nueva vecina que ha abierto un centro de estética y un comercio de ropa, o una veterinaria que también ha querido regresar al pueblo de sus padres. “Han visto que se puede conseguir porque antes ha habido alguien que se ha salido con la suya. La clave es adaptarse a las oportunidades del entorno rural. Adaptarse, ser ambiciosos y cooperar entre nosotros”, reflexiona Soler.

El bando a través de WhatsApp

Los entrevistados coinciden en querer superar el catastrofismo: “Si nosotros mismos lo vendemos todo como negativo, nadie va a venir”, afirma Raquel Sodric. Ella y su marido, Javier García, se mudaron a Castelserás en 2014 procedentes de Gavà (Barcelona). La crisis económica les dejó en el paro y decidieron probar suerte en el pueblo de donde proceden los padres de Sodric y donde veraneaba la familia de García. Buscaban también un entorno rural para criar a sus hijas. Crearon Dinamo, una consultoría de marketing digital que hoy cuenta con una docena de clientes. “Posiblemente tenemos menos opciones de conseguir clientes, pero también menos competencia”, dice García.

El consultor Javier García. Eduardo Nave | Juan Millás

Castelserás ha recibido la atención de los medios de comunicación por la concentración de empresas vincu­ladas al comercio online: son seis compañías, según García, en un municipio de 830 habitantes —hace un siglo eran 2.140—. García, militante socialista —su abuelo fue uno de los fundadores del PSC en Gavà—, fue alcalde de Castelserás entre 2015 y 2019. De su experiencia como edil extrae varias lecciones: una es que el empoderamiento de la mujer es fundamental para estabilizar la población; la otra, que hay que exprimir el ingenio. García pone ejemplos de cómo han intentado llamar la atención sobre el pueblo: en 2016 clavaron una espada en una roca a orillas del río Guadalope, una pieza que vende por Internet la compañía local Aceros de Hispania. La performance simulaba la leyenda del rey Arturo, y García, como alcalde, anunció a los medios que retaba a los candidatos en las elecciones generales de aquel año a arrancar la espada. El montaje apareció en decenas de periódicos y agencias.

El ingenio también ha llevado a Castelserás una forma diferente de transmitir los bandos y edictos municipales: a través de WhatsApp. Cada vecino empadronado recibe al instante los comunicados oficiales del Consistorio. “La proximidad con las Administraciones, la relación directa, hace de Teruel un buen lugar para experimentar”, asegura Raquel La cuesta. Esta turolense de 43 años es ingeniera informática y profesora de la Escuela Universitaria Politécnica de Teruel, un centro de la Universidad de Zaragoza (UZ) con 200 alumnos. La cuesta ha sido noticia en 2019 por desarrollar junto a su colega Iván García, de la Complutense de Madrid, y junto al doctorando Franks González-Landero un armario que permite monitorizar la pérdida de memoria en personas mayores. En su desarrollo también participa la Universidad de Harvard y el Hospital General de Massachusetts.

La ingeniera ha desarrollado aplicaciones para el seguimiento de afectados de cáncer del hospital de Teruel Obispo Polanco y para pacientes con trasplante de hígado en el clínico Lozano Blesa de Zaragoza. El próximo proyecto es probar en una residencia de Teruel una aplicación de móvil, similar al Pokémon Go, que permite a los ancianos ejercitar la mente y el cuerpo a partir de objetos del pasado. La cuesta lamenta que la UZ esté ampliando líneas de ingeniería en Zaragoza y no en Teruel: “Deberían impulsarse medidas para que vengan jóvenes a la provincia. Es la manera de que se abran nuevas oportunidades”.

De la Toscana al mudéjar

Sara Bianchi, de 27 años, es una de estas jóvenes que La cuesta quiere atraer a Teruel. Licenciada en Ciencias Políticas, esta italiana de Massa Marítima, en la Toscana, conoció a su pareja, un turolense, durante un Erasmus en Polonia. Él es maestro de escuela rural y ella imparte clases en la escuela de idiomas, pero sobre todo es la coordinadora del lobby Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa (SSPA, por sus siglas en inglés).

En Urrea de Gaén se celebra el FestiFal, un certamen especializado en cortometrajes de temática rural

Bianchi valora poder salir de casa y perderse en una naturaleza sin presencia humana, o disfrutar del patrimonio mudéjar, como la catedral de Santa María de Mediavilla, a escasos 20 metros de su despacho en la sede local de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). La misión de Bianchi como coordinadora de la SSPA también es vender a su cliente: la SSPA reúne a asociaciones de empresarios y Administraciones de cinco provincias del sur de la UE con menos de 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado: Soria, Teruel, Cuenca, Lika-Senj (Croacia) y Euritania (Grecia). La SSPA ejerce presión sobre las instituciones nacionales y comunitarias. Su coordinadora enumera algunas de las propuestas por las que presionan, como la reducción de las cuotas de la Seguridad Social en zonas despobladas o la creación, siguiendo el ejemplo de Escocia, de una agencia especial que ofrezca servicios en el entorno rural como la gestión de burocracia para autónomos.

Bianchi subraya que las nuevas tecnologías son fundamentales para activar los núcleos rurales y ofrece un ejemplo de su trabajo: ella realiza videoconferencias de manera regular con técnicos de la Comisión Europea en Bruselas, pero en cambio no lo puede hacer con los funcionarios del Ministerio de Agricultura en Madrid porque no hay costumbre para ello, por lo que siempre acaba teniendo que desplazarse a la capital.

La coordinadora de la SSPA tiene claro que cualquier plan para revertir la depresión demográfica de un municipio pasa por establecer ventajas económicas y dotar al lugar de los servicios públicos necesarios. El paradigma de lo que no debe hacerse, según Bianchi, ha sido el proyecto de repoblación en Aguaviva. Este pueblo turolense se hizo célebre por intentar aumentar el censo financiando la llegada de familias extranjeras que, apunta Bianchi, finalmente no se han asentado a los niveles que se preveía por la falta de empleo y servicios.

‘El sueño’, obra del artista Juan Barragán en la vía férrea a su paso por Alfambra. Eduardo Nave | Juan Millás
El cine que levantaron los vecinos

“La repoblación no se consigue a golpe de talonario”, dice José Ángel Guimerá. Él lo sabe por experiencia propia. Este director de cine nacido en Castelnou realizó en 2011 el documental La caravana de niños. El Ayuntamiento de este pueblo turolense de 160 habitantes atrajo a una treintena de familias del resto de España y del extranjero. Guimerá resume que la presencia en el término de Castelnou de una central de ciclo combinado aporta suculentos ingresos al Consistorio y que con este dinero se intentó subsidiar la llegada masiva de nuevos vecinos. “Se quiso hacer a lo loco, y al no haber suficientes opciones de conseguir empleo, la mayoría marcharon o acabaron pidiendo ayuda a Cáritas”.

Guimerá y sus compañeros del Centro de Estudios del Bajo Martín organizaron este diciembre la VI edición del FestiFal, especializado en cortometrajes de temática rural. Fueron 12 cortos de cinco países que se proyectaron en el cine de Urrea de Gaén. Los vecinos construyeron en 1968, con sus propias manos, lo que hoy es la sala de actos de un pueblo de 436 habitantes, casi la mitad de los que había en 1980, cuando nació Silvia Blasco. Ella es una de las organizadoras del FestiFal y vecina de Urrea. Dice que solo 4 de los 12 componentes de su cuadrilla de juventud siguen residiendo en la villa. Blasco estudió en Zaragoza y se especializó en pedagogía terapéutica. Hoy es maestra en un centro de educación especial en Andorra. “Mi padre era campesino, y mi madre, ama de casa. Hicieron un gran esfuerzo para que mi hermana y yo viviéramos aquí”, dice Blasco: “Cada vez que una pareja se instala en el pueblo es una gran noticia”, apunta esta maestra. Guimerá cree que cada pequeño paso es un triunfo en Teruel, sea la sala llena de gente de la comarca o los dos empleos que pueda crear el nuevo campo fotovoltaico que se ha levantado en Castelnou.

Activismo entre fósiles y rocas

Julia Escorihuela afirma que sería un gran avance poder ampliar la plantilla del parque geológico de Aliaga con dos puestos de trabajo. “Que se instalen dos familias es un logro”, dice esta mujer de 60 años, gerente del parque y bibliotecaria del pueblo. Aliaga era un municipio minero que a partir del desmantelamiento de la industria del carbón ha pasado de los más de 2.000 habitantes de 1950 a los 360 de hoy. Escorihuela recibe al periodista en la biblioteca, el antiguo horno de pan de Aliaga. Escorihuela ha hecho de la educación su razón de vida, motivada por su experiencia en la infancia. Hija de labriegos, vivía en una masía aislada y cada día, para ir a la escuela, andaba cinco kilómetros de ida y otros cinco de vuelta. Un suceso cotidiano marcó su futuro: a Escorihuela le gustaba leer, pero la bibliotecaria no le prestaba libros porque vivía en el campo y no se fiaba de que los fuera a devolver. En 1989 fue nombrada bibliotecaria del pueblo, y en 2001, gerente y guía del parque geológico. Antes se formó a distancia, o desplazándose a otros municipios de Teruel —de Aliaga solo llega y sale un autobús de línea al día—, para obtener un grado de formación profesional en Turismo, además de cursos de guía, de geología y de gestión del territorio.

Julia Escorihuela, bibliotecaria de Aliaga Eduardo Nave | Juan Millás

Aliaga es un lugar único en España. Sus pliegues gigantescos de roca caliza de hace 200 millones de años y los fósiles que hay por doquier convierten el lugar en un destino obligado para geólogos de toda Europa. Escorihuela intenta potenciar un turismo de calidad y también incentivar entre los más pequeños el amor por el entorno natural. Los niños de la provincia se apuntan a sus talleres de verano y la mayor satisfacción de Escorihuela es detectar la concienciación que siembra: “Ahora los pequeños del pueblo corren a avisarnos si ven a alguien martilleando para llevarse un fósil o un ripple [las rocas en las que han quedado marcadas las mareas de hace millones de años]”. Pero Escorihuela también se ha granjeado enemigos por su activismo medioambiental. La situación llegó al extremo en 2008, cuando recibió amenazas que denunció a la Guardia Civil. Escorihuela explica que su sensibilidad por el medio ambiente responde a la educación familiar que recibió en la masía: “Mi padre plantaba en cada bancal lo que necesitaba, conocía la naturaleza. Si las Administraciones hubieran tenido en cuenta a los habitantes de las masías, si se les hubiera protegido, las cosas hubieran ido mejor”.

La primera guía astroturística

Maribel Aguilar replanteó su vida, como hizo Julia Escorihuela, a partir de uno de los activos naturales de Teruel: en su caso, el cielo. Con escasa contaminación lumínica, altitudes entre los 1.000 y los 2.000 metros, y noches despejadas, la provincia se ha convertido en uno de los destinos más destacados de España para la observación de estrellas. El núcleo de este atractivo es el observatorio astrofísico de Javalambre, gestionado por el Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (CEFCA). Aguilar ha sido contratada por este centro para asesorar en sus planes de divulgación. Su experiencia no es menor, fue la primera guía del turismo de estrellas de Teruel. Tras estudiar Periodismo en Madrid, y tras crear su propio gabinete de comunicación, Aguilar descubrió el astroturismo en 2012. Cursó en Canarias el título de guía de la Fundación Starlight, el principal reconocimiento en España para conductores de grupos de observación de estrellas. Aguilar también estudió un máster en Estudios de Medio Ambiente y abrió camino en un sector en Teruel en el que hoy trabajan unas 30 personas. Aguilar viaja certificando territorios en España con el sello Starlight e imparte cursos de formación en otras comunidades autónomas.

Teruel se ha convertido en uno de los destinos más destacados en España para la observación de estrellas

La madre de Aguilar era ordenanza en edificios públicos, y su padre, cosechador. Sus dos hermanos residen en Teruel porque creen que su calidad de vida es muy alta; solo hay que adaptarse. “Mi marido es de Cuenca, es ingeniero de Telecomunicaciones. Se tuvo que reinventar y ahora trabaja en oficinas de pueblo de Caja Rural. Estudia francés; tenemos un huerto; los críos, después de comer, me los llevo al campo. Hay que ser positivos”.

Las máquinas de Rubielos de Mora

Miguel Tomás explica que en su comarca, Gúdar-Javalambre, viven menos de cuatro personas por kilómetro cuadrado. Tomás, hombre recio y con las manos sucias de faenar, habla con una sonrisa entre irónica y cordial: es el presidente de Turomas, uno de los pocos fabricantes en el mundo de maquinaria para cortar vidrio. Su empresa se ubica en Rubielos de Mora, su pueblo (751 habitantes). La sede de Turomas ocupa 7.500 metros cuadrados donde producen de forma casi artesanal máquinas de hasta 18 metros de longitud que venden en 100 países. Tomás vuelve a sonreír cuando el visitante le muestra la sorpresa por el aislamiento de su municipio, al que solo se puede acceder por una estrecha carretera que serpentea por la sierra de Gúdar. “Hay poca mano de obra cualificada en la región y hay que formarlos. La ventaja es que la plantilla es más estable”.

Maribel Aguilar fue la primera guía de turismo astronómico en Teruel. Eduardo Nave | Juan Millás

Entre los 100 empleados de Turomas se encuentra José Solsona, uno de los que empezaron la empresa con Tomás en un pequeño taller en Rubielos, hace 34 años. Solsona recuerda cuando Tomás venía a casa de sus padres a reparar algún escape. Antes de fundar Turomas fue fontanero y creó una cooperativa de forja artística. “Yo solo estudié hasta los 14 años, pero era muy inquieto. Incluso diseñé una chimenea para calefacción con agua”, dice. Tomás también inventó una de las primeras máquinas para cortar vidrio de España. Hoy su compañía factura 12 millones de euros. Explica que ha recibido ofertas para trasladar las instalaciones a Madrid, Barcelona y Valencia, incluso se planteó mover la producción a México, pero le puede más la patria chica. El arraigo del empresario es fundamental para consolidar la economía local, y para demostrarlo, según Tomás, hay que retroceder a la construcción de la primera nave de su planta: “En los ochenta, a partir del llamado canon de la luz, las empresas de la región recibimos una gran ayuda pública. Yo financié con esto un 40% de la inversión para la nave. Con aquellas ayudas se instalaron en la comarca 50 empresas; de estas, solo quedan 9, las de los que éramos de la zona”.

La vivienda de Tomás se encuentra dentro de las instalaciones de la compañía. El día de nuestra visita, la fábrica funcionaba mediante generadores auxiliares porque se había interrumpido el suministro de electricidad en la zona. Tomás es consciente de los inconvenientes del mundo rural y dice aceptarlos, excepto por la ausencia de conexión de banda ancha a Internet. Turomas provee de maquinaria con un servicio de asistencia a distancia de 24 horas los 365 días al año en el que trabajan 12 ingenieros: “Sin una buena conexión estamos perdiendo competitividad. Ahora lo subsanamos en parte con conexión por satélite, pero es una situación que no voy a aguantar un año más”.

El resurgir del azafrán

Miguel Tomás, fundador de la empresa Turomas. Eduardo Nave | Juan MillásEl resurgir del azafrán

El presidente de Turomas celebra el éxito electoral de Teruel Existe porque “ha puesto a Teruel y sus problemas en el mapa”. Lo mismo piensan José María y José Ramón Plumed, padre e hijo y responsables de la empresa Azafranes Jiloca, en Monreal del Campo. “Mucha gente no ponía cara a los candidatos de Teruel Existe, pero si les decías que son los del vídeo del tractor y el tren, entonces sabían quiénes son”, dice José María. El fundador de la compañía se refiere a un spot realizado con pocos recursos que el colectivo difundió por Internet en 2018 y que mostraba una imagen real: un tractor que adelantaba por una carretera secundaria al ferrocarril que conecta Zaragoza con Teruel. Un golpe de ingenio, un mensaje denuncia con éxito, y casero, en el que José María Plumed se ve reflejado: en la década de los noventa, como concejal del PP en la oposición, cortó en varias ocasiones, acompañado por los alumnos, la carretera del municipio para protestar contra el traslado de la escuela municipal.

Plumed también luchó para resucitar el cultivo del azafrán en la cuenca del río Jiloca. Los estigmas secos de la flor de Crocus sativus fueron históricamente un complemento para la economía doméstica en los pueblos del Jiloca. Generaciones de la familia Plumed, pequeños agricultores de remolacha y cereal, también habían cultivado el azafrán. José María aprovechó esta experiencia para reiniciar en 1995 un negocio que había desaparecido con la despoblación de la comarca del Jiloca y con la competencia de las importaciones. Plumed se vende hoy en España y en Europa. Tras él llegaron 25 productores más.

Carlos Esteban y su padre, José Antonio, llevan la empresa de azafranes La Carrasca, en el pueblo de Blancas. Esteban confirma que Plumed fue un precursor. Hoy vuelven a explotarse 17 hectáreas en el Jiloca y Esteban asegura que su factor añadido es la producción ecológica.

La clave para los Plumed es crear marca, por eso han reconvertido una tienda de ropa de la familia en un establecimiento de productos de alimentación de la región. En la fachada han colgado un rótulo rosa que ilumina la carretera nacional a su paso por Monreal del Campo. “En una semana solo he vendido 10 productos”, dice José Ramón Plumed. “Pero no tenemos la tienda abierta por las ventas”, prosigue el hijo del fundador, “la mantenemos para que no baje otra persiana en el pueblo”.

Fuente : EL PAÍS / EL PAÍS SEMANAL / Cristian Segura .

David López García, artesano de gaitas.Ejemplo de toque con gaita afinada en “Do” a 432Hz

Tiempos para recordar parte de una entrevista a David López García un gran artesanu.

Fuente :  Centro Cultural de Valderredible . 

La receta para extraer ‘oro negro’ en Galicia

Los investigadores del CSIC completan la fórmula óptima para el coltán del yacimiento orensano de Penouta tras seis años de trabajo

El coltán que llega de la mina de Penouta, en el laboratorio del Cenim-CSIC. A. R. DE LA RÚA

Cuando en el municipio de Viana do Bolo se empezó a correr la voz de que en su remota mina orensana habían encontrado el oro negro, la alegría y el júbilo se instaló entre sus residentes, sorprendidos de que un mineral tan escaso estuviera oculto bajo su territorio. Con más de 270 kilómetros cuadrados y casi 3.000 habitantes, es uno de los más extensos de la provincia gallega. El yacimiento, el único de Europa donde se extrae coltán, devolvió la “esperanza” al medio centenar de núcleos de población que lo integran, azotados por la emigración en los últimos años, según cuenta José Antonio Alfonso, teniente de alcalde de su Ayuntamiento (BNG). “Pero, esto está cambiado, de verdad, bastante cambiado”, exclama mientras observa cómo las grúas remueven las antiguas escombreras de la explotación, perdida entre las montañas.

Hacía seis meses que el edil no recorría los 12 kilómetros de carretera sinuosa que separan a Viana do Bolo de la mina de Penouta, una de sus minúsculas aldeas, que se completan en unos 20 minutos. El antiguo holding empresarial Rumasa explotó el estaño de la mina en los ochenta. Y tras echar el cierre por su quiebra, la compañía Strategic Minerals (que ha declinado participar en este reportaje) le devolvió la vida en 2011. Dentro de sus escombreras encontraron el preciado coltán, nombre vulgar con el que se denomina a la columbo tantalita, que es la mezcla de los óxidos de niobio y de tántalo, imprescindibles para la fabricación de telefonía móvil, ordenadores, armas inteligentes y otros productos de alta tecnología. Su mercado, escaso y concentrado, se centra principalmente en República Democrática del Congo, donde su búsqueda desenfrenada ha desembocado en explotación infantil y en conflictos armados. En los últimos años se han sumado también nuevas explotaciones en Brasil y Australia, pero el problema es que su alta demanda no cubre la oferta.

El coltán por sí mismo no tiene aplicación práctica, sino que necesita de un complicado proceso químico para separar el tántalo del niobio. Y esa fórmula es distinta según la procedencia del mineral, por lo que Strategic Minerals llamó a la puerta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) hace seis años para que investigasen la receta óptima del coltán gallego. Tras un largo periodo de trabajo, los científicos del Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (Cenim), adscrito al CSIC, completaron su fórmula a principios de este mes de febrero. “Estos yacimientos se han venido explotando fundamentalmente por el estaño. Entonces, cuando niobio, tántalo y otros metales han tenido el auge que han tenido y las aplicaciones que han tenido y los precios de mercado que tienen, pues evidentemente ahora sí que resulta rentable poder extraer estos materiales”, explica el coordinador del proyecto, Félix A. López.

La investigadora contratada del Cenim-CSIC Irene García-Díaz. A. R. R.
La separación del niobio y el tántalo

Después de un primer procesamiento en Penouta, el mineral llega a las instalaciones del Cenim en Madrid con un aspecto arenoso de color grisáceo y sale como un polvo de color blanco. El equipo de una decena de investigadores divide el proceso en dos fases: en una primera, que se realiza en una enorme nave con aspecto industrial, el mineral se mezcla con una serie de aditivos y se introduce en un horno. De ahí salen lingotes de estaño, por un lado, y escoria de tántalo y niobio, por otro. Esa escoria es la que pasa a un segundo nivel, dentro de un laboratorio contiguo, en el que finalmente se separa el niobio del tántalo mediante un proceso químico por formación de compuestos con fluoruro. “Son dos elementos que tienen propiedades muy parecidas, entonces la separación es complicada”, aclara Francisco J. Alguacil, investigador científico, tras dejar sobre la mesa los dos botecitos con los precursores de los metales. Ahora sí, con aspecto de polvo blanco.

Todo ese proceso es el que luego tiene que copiarse a gran escala industrial, con la receta lograda por los investigadores del Cenim, para que el coltán gallego se utilice en la miniaturización de los móviles, por ejemplo. Respecto a cuánto tiempo sea necesario, Irene García-Díaz, investigadora contratada del centro, no aventura si será a corto o medio plazo, pero sí tiene claro que se llevará a cabo: “Siempre y cuando haya una inversión económica, yo creo que sí, que se podrá alcanzar esto a escala industrial, igual que en el laboratorio se conseguirá a nivel industrial”. En la mina, que tiene “una larga vida”, según Félix A. López, se espera que el oro negro gallego se explote cuanto antes.  Strategic Minerals ha despedido a una veintena de personas en las últimas semanas, por “falta de liquidez”, según el teniente de alcalde, pero también afirma que desde que la compañía empezó sus prospecciones “no hay casi paro” en la gente joven. De hecho, su hija trabaja precisamente en sus instalaciones donde se procesa el coltán.

El teniente de alcalde de Viana do Bolo, José Antonio Alfonso, señala las escombreras de la mina de Penouta, en Ourense. A. R. R.

Fuente : EL PAÍS / VIRGINIA MARTÍNEZ   (REDACCIÓN) / ÁLVARO DE LA RÚA (REALIZACIÓN) / (GRAFISMO) / Penouta .

La Magia del Rudrón, donde la imaginación y la innovación se dan la mano.

Imaginación, innovación, ganas de salir adelante  así como de  revitalizar la zona, conforman las principales características de esta iniciativa que han tenido Alicia, Begoña y Mar, responsables respectivamente de Loras y Cañones, el Bar Oro Negro, y el Hotel Rural Aguazul.

¿A qué iniciativa nos referimos? A la creación de un pack para dos personas que han denominado ‘La Magia del Rudrón , con opciones diversas pero que se complementan entre sí, como son: realización de una ruta de senderismo por la zona con Loras y Cañones, comida o cena en el Bar Oro Negro de Sargentes de la Lora, y alojamiento y desayuno para una noche en el Hotel Rural Aguazul de Covanera. Un plan perfecto para pasar dos días conociendo esta parte del norte de Burgos.

En el Centro Cultural de Valderredible nos gusta especialmente la innovación en el medio rural, y pensamos que era una buena idea conocer la génesis de esta iniciativa, así que las hicimos una entrevista mediante correo electrónico.

¿Cómo y porqué surge la idea del pack? Un día nos juntamos las tres tomando un café y hablamos del comienzo de los negocios, de nuestros proyectos y objetivos. Las tres estamos enamoradas de la zona, de su entorno y apostamos por vivir aquí y poder trasmitírselo a la gente, bien sea con su gastronomía, con un lugar idílico donde descansar o dando un paseo a la vez que conocen la naturaleza que nos rodea. Y viendo que los tres negocios se complementaban, sería mucho más enriquecedor el trabajo en común; así que apostamos por crear el pack de “la Magia de Rudrón”.

También tiene mucho que ver el movimiento comunitario que hay, y que ha habido en Sargentes (su trabajo promocional de la zona, del entorno, del museo….) todo ello es un motivo añadido para llevar a cabo con ilusión este proyecto.

Río Ebro a su paso por la zona. Fotografía: Jorge A. Murillo

(clic sobre las imágenes para ver en grande)

¿Fue sencillo poner de acuerdo a tres empresas diferentes pero a la vez con un vínculo muy claro para complementarse?  No ha sido difícil cuando las tres apostamos por un medio de vida que nos gusta y que nos apasiona, como es el medio rural; y por el cual estamos dispuestas a intentarlo. No es que sea fácil sacar adelante los negocios, pero si es verdad que unificándonos nos enriquecemos en ese aspecto y ante los problemas, juntas, nos hacemos fuertes.

Cuando se habla de innovación, hay una tendencia generalizada a sublimarla, a ponerla en un escalón que parece inalcanzable, sin embargo vosotras habéis innovado y la habéis convertido en algo tangible, en algo cercano…  Somos conscientes de donde estamos y de lo que queremos, tenemos un objetivo claro, el cual  estamos empezando poco a poco con los medios que disponemos, y con la creatividad y el trabajo de las tres, esperamos alcanzarlo.

Aquellas personas que estén interesadas en esta oferta diferente ¿Dónde pueden informarse?  En los teléfonos de Loras y Cañones: 633 733  936; Hotel Rural Aguazul:  647 514 033; Bar Oro Negro:  690 389 785, así como en las direcciones de correo electrónico: lorasycanones@gmail.com y hraguazul@gmail.com.

¿Dónde y cómo se puede adquirir el pack? El pack se puede adquirir bien llamando a los teléfonos o escribiendo a correos citados anteriormente, o acercándose al Bar Oro Negro en Sargentes de la Lora, o al Hotel Rural Aguazul de Covanera.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.

 

Muerte del último glaciar de España

Los hielos de Monte Perdido retroceden a un ritmo acelerado y podrían desaparecer en tres décadas. (Incluye  dos video reportajes)

Cerca de la cumbre del Vignemale, una de las más altas de los Pirineos, hay unos enigmáticos boquetes en la roca abiertos con dinamita. Son la puerta a una época tan distinta de la actual que su historia parece mentira. En 1882 el conde Henry Russell tenía alquilada toda la montaña por el precio simbólico de un franco al año. Mandó que le construyeran siete cuevas desde las que contemplaba el atardecer en el glaciar de Ossoue y daba fiestas para sus amigos a más de 3.000 metros de altura. Los refugios se abrieron más o menos a ras de hielo para entrar caminando sin dificultades, pero cualquiera que lo intente hoy en día tendrá que trepar una pared de roca de varios metros. Es una de las pruebas más pintorescas de un fenómeno global: el retroceso de los glaciares de alta montaña.

De los Andes a los Alpes, del Himalaya a la Antártida, la inmensa mayoría de los glaciares de la Tierra se derriten a una velocidad sin precedentes desde que hay registros, un fenómeno relacionado con el cambio climático. El proceso es especialmente intenso en los Pirineos, donde el problema ya no es tanto el retroceso de los hielos, sino su extinción. Treinta y tres de los 52 glaciares que había en 1850 han desaparecido, la mayoría de ellos después de 1980. Desde la cima del Monte Perdido (3.335 metros) se divisa el cadáver más reciente: un precioso lago color turquesa que fue un pequeño glaciar hasta finales de los 90.

Ignacio López-Moreno es como un cirujano al que se le muere el paciente sin poder hacer nada para salvarlo. Hijo de un informático y un ama de casa, este geógrafo zaragozano es el único entre siete hermanos que se dedica a la ciencia. Desde 2011 su equipo del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC) analiza con un detalle sin precedentes el glaciar de Monte Perdido, el más grande del Pirineo español junto al de Maladeta-Aneto, y sin duda el mejor estudiado (el tercer gran glaciar pirenaico es el de Ossue que enamoró al conde Russell). Ninguna otra alta cordillera española alberga ya glaciares. Estos son los últimos de España.

“Estos glaciares, los más meridionales de Europa, están en unas condiciones muy límite, y todo apunta a que serán los primeros en desaparecer”, explica López-Moreno. Estudiarlos es “muy importante para ver cómo se comportan en estas fases finales, hasta qué punto se acelera o se puede ralentizar, y es un ejemplo para muchas otras montañas que dentro de pocas décadas se van a enfrentar a esta situación”, resalta el investigador minutos antes de saltar a un helicóptero junto a otros científicos del IPE para realizar la campaña de este año, a la que ha asistido EL PAÍS. Llevará apenas unos minutos completar una ascensión de unas siete horas a pie, inhumana con los cientos de kilos de equipo y comida que hay que llevar al campamento.

Un glaciar es una masa de hielo que se mantiene a lo largo de todo el año y que está en continuo movimiento. El de Monte Perdido, con un kilómetro de largo y unos 500 de alto, avanza tres centímetros al día, el doble de rápido durante las horas de luz que por la noche. En las últimas décadas se ha separado en dos partes sin conexión, la superior y la inferior.

En los años 50, la zona alta del glaciar era casi plana, pero ahora tiene una pendiente cada vez más pronunciada que dificulta la acumulación de nieve, esencial para que el glaciar no pase la línea crítica en la que pierde más volumen por fusión durante primavera y verano que lo que gana en invierno. En 2011, emergió un farallón de roca caliza entre el hielo del glaciar inferior. Las piedras son como un radiador que alcanza los 15 grados al sol y aceleran la fusión del hielo. Otro enemigo es el polvo del Sáhara, que llega en grandes nubes arrastradas por el viento y tiñe la nieve de color marrón, lo que disminuye su reflectividad y aumenta la fusión. Todo esto se suma al principal enemigo de los glaciares pirenaicos, el aumento de la temperatura.

“La temperatura media ha subido 1,5 grados. Para mucha gente puede parecer poco, pero cuando se habla del cambio climático a escala planetaria el incremento ha sido de 0,7 grados, por lo que el Pirineo se está calentando al doble de velocidad que el conjunto del planeta”, señala López-Moreno.

Durante las campañas de seguimiento anual, la mejor parte de la jornada es la noche. El grupo de seis científicos se arremolina en torno a una mesa plegable donde se hace la cena en una cocina de gas. En el menú de este año: guindillas piparras salteadas y huevos fritos con torreznos. A unos 2.700 metros saben incluso mejor de lo que suena. Pero el trabajo de estos investigadores no es un camino de rosas. Cada año tienen que descolgarse por paredes de roca para reponer termómetros y estaciones meteorológicas aplastadas por la nieve, salvar fuertes desniveles con el equipo a la espalda, acampar en verano y primavera, cuando han llegado a estar a 17 bajo cero y con vientos de 100 kilómetros por hora que derribaban los muros de nieve que habían levantado para proteger la tienda de campaña. La mayoría de ellos son avezados montañeros y espeleólogos. Miguel Bartolomé, el hombre que cocina en las alturas, es el experto del IPE en cuevas heladas, donde también es patente el retroceso del hielo. El día después de regresar de Monte Perdido se fue a poner sensores térmicos en una cueva del sistema de fuentes de Escuaín (Huesca). Tardó 13 horas en recorrerla junto a miembros del Centro de Espeleología de Aragón, en colaboración con la federación aragonesa de Espeleología y el Parque Nacional de Ordesa.

La medida más detallada del retroceso del glaciar la aporta el escáner láser terrestre, una máquina que lanza más de un millón de puntos de luz al glaciar y construye un mapa topográfico con una resolución centimétrica. “Este es el glaciar del mundo que más se ha estudiado con esta tecnología”, explica Esteban Alonso-González, el miembro del equipo que se encarga del escaneo cada año. “Nosotros tenemos una serie ininterrumpida desde 2011, y con varias campañas también en primavera para medir también los máximos de acumulación de nieve”, detalla. Después de 2017, que fue el peor año de la serie, este ha habido muy poca pérdida o alguna ganancia, pero la tendencia general es de declive. Los datos muestran que el glaciar ha perdido de media cinco metros de grosor, aunque hay puntos en que son 14 metros menos. En general el Monte Perdido retrocede un metro al año. Esto se suma a las medidas anteriores usando otras técnicas, que muestran una pérdida global de unos 50 metros entre 1980 y 2010.

“Si asumimos que continúa pasando lo de los últimos años, en 20 o 30 una gran parte desaparecerá completamente. Solo sobrevivirá la zona de hielo vivo, más protegido y con más nieve en la parte alta, que podría perdurar alguna década más”, explica López-Moreno. Será una lenta agonía, pues se estima que en sus últimos años el retroceso del hielo se ralentizará.

El glaciar del Monte Perdido se encuentra dentro del Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido, en los Pirineos, en la provincia de Huesca.

La desaparición del glaciar no supondrá una tragedia a nivel ambiental ni hidrológico. Se estima que el grosor del hielo es de unos 30 metros, con lo que en total atesora unos ocho hectómetros cúbicos, equivalente a un embalse pequeño. Desaparecerán los microbios y otras especies que viven en el hielo, pero aparecerán otras en los lagos resultantes, explica López-Moreno. La vida seguirá adelante, aunque para las próximas generaciones la única forma de ver un glaciar en España sea en fotos.

LA CONTAMINACIÓN MUNDIAL GRABADA EN UN LAGO

Blas Valero navega por el cadáver de un glaciar que desapareció hace 14.000 años. Su fusión dio lugar al lago de Marboré, uno de los más altos de los Pirineos, a 2.590 metros, y también uno de los más interesantes para resolver importantes preguntas sobre el glaciar de Monte Perdido, que está enfrente. Ha habido dos etapas históricas en las que las temperaturas eran muy parecidas a las actuales, una en la época romana y otra durante el Óptimo Climático Medieval entre los siglos X y XIV. Los registros de temperaturas en alta montaña son escasos. El equipo del IPE solo tiene mediciones de altura desde 2013, registro de temperaturas del refugio de Góriz de desde 1981; y las del observatorio Midi de Bigorre (Francia) a 2.877 metros, con datos de precipitación y temperatura desde 1903. El equipo de Valero intenta reconstruir el clima pasado gracias a los sedimentos del fondo del lago, donde siete metros de sucesivas capas permiten remontarse unos 13.000 años atrás. Las dataciones preliminares de la geóloga del IPE Ana Moreno apuntan a que el glaciar existía hace 2.000 años, en época romana, con lo cual, el hielo más antiguo del glaciar debería ser incluso más viejo. La actividad humana es patente en los sedimentos del Marboré, según detalla Valero. En los sedimentos “vemos la cantidad de metales pesados, plomo y mercurio, que proviene de la minería local, y sobre todo a escala global. Hay un pico enorme de la primera globalización del hemisferio norte durante la época romana. Ese pico de la minería romana se observa en todo el pirineo en un gran aumento de la cantidad de plomo que a través del transporte atmosférico llegó hasta aquí. Después desciende, aumenta un poquito durante la época medieval y luego aumenta a partir del siglo XIX con la revolución industrial. Comienza a disminuir un a partir de los 80, cuando se empiezan a utilizar gasolinas sin plomo, pero no baja hasta el nivel previo a la época romana. El impacto de lo que hacemos aparece en un sitio tan prístino y tan remoto como este”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / NUÑO DOMÍNGUEZ Y LUÍS ALMODOVAR .