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Adiós al robot que fue a Marte para tres meses y resistió 15 años

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El rover Opportunity se construyó para durar 90 días y recorrer 600 metros, aunque el equipo albergaba la secreta esperanza de cumplir un año sobre Marte. Su aventura ha terminado 15 años después; ha sido testigo de la jubilación de varios ingenieros de la NASA y ha visto cómo algunos de los que han trabajado hasta hoy con él estaban en secundaria cuando el rover dejó la Tierra. Igualmente, su odómetro sobrepasa ligeramente los 45 km, más que una maratón. De hecho, es el vehículo que más larga distancia ha recorrido hasta la fecha fuera de la Tierra, incluidos los rovers lunares. Ha explorado terrenos muy antiguos en Marte, analizando sedimentos depositados en un rango temporal superior a los mil millones de años. Y ha establecido el estándar con el que todas las misiones deberán medirse a partir de ahora: la NASA revisa sus misiones cada dos años y Opportunity pasaba el examen cada vez con mejor nota, siempre superando a robots mucho más modernos y jóvenes.

Hasta aquí las cifras y los datos sorprendentes, los récords. Pero Opportunity no estaba pensado para establecer récords, sino para hacer ciencia. Opportunity era la mitad del programa de los Rovers de Exploración Marciana (MER, por sus siglas en inglés), junto con su gemelo Spirit. Los MER salieron de la Tierra en 2003 equipados cada uno con una memoria de 256 megabits y cámaras de 1 megapíxel: suena anticuado porque lo es, pero recordemos que eran calidades muy aceptables hace 15 años. Aterrizaron en Marte en enero de 2004, en regiones ecuatoriales y antipodales del planeta: Spirit en el cráter Gusev, posible lecho de un antiguo lago marciano; y Opportunity en las planicies de Meridiani, donde datos de orbitadores habían sugerido la posible presencia de agua en el pasado.

Los sorprendentes resultados científicos de la misión se sucedieron sin descanso. Los MER fueron los primeros en mostrarnos que Marte no es rojo, sino gris: los rovers iban equipados con unos pequeños rotores capaces de quitar la capa de polvo rojo de encima de las rocas y debajo el material no era rojo. Spiritencontró los restos de antiguos manantiales hidrotermales y Opportunitydescubrió vastas planicies que se anegaban episódicamente con lagunas de extensión variable hace más de 3.500 millones de años. El agua era ácida y posiblemente salada, un entorno ideal para ciertos microorganismos de la Tierra.

Los MER descubrieron meteoritos, hicieron perfiles térmicos de la atmósfera, evaluaron la erosión eólica, validaron in situ los datos orbitales de varias misiones y determinaron la composición y distribución de rocas, minerales y suelos sobre la superficie de Marte. Y, sobre todo, demostraron que Marte fue un mundo habitable hace miles de millones de años, con agua líquida estable sobre su superficie.

Se construyó para durar tres meses y recorrer un kilómetro, aunque el equipo albergaba la secreta esperanza de cumplir un año sobre Marte. Su aventura ha terminado 15 años después

Tristemente, Spirit quedó atrapado en un banco de arena en mayo de 2009, con su odómetro marcando casi 8 km, y dejó de comunicarse con la Tierra en marzo de 2010. Después de más de 1.300 órdenes enviadas sin respuesta, en mayo de 2011 se dio por terminada su misión.

En 2013 Opportunity realizó su descubrimiento más importante desde la identificación de las lagunas efímeras de Meridiani ocho años antes. Al acercarse a explorar el borde un gran cráter de impacto, el rover descubrió los materiales más antiguos que se han analizado hasta la fecha in situ sobre Marte: sedimentos de cerca de 4.000 millones de años, excavados por el cráter, y que contienen arcillas. Las arcillas se forman en entornos acuosos donde el agua no es muy ácida ni muy salada, y por lo tanto representan un ambiente totalmente distinto del de las lagunas ácidas y más recientes de la superficie de Meridiani. Los orbitadores que tenemos en Marte han descubierto muchos más depósitos de arcillas en Marte, e incluso el rover Curiosity ha analizado algunas en el cráter Gale, pero las que estudió Opportunity siguen siendo hoy las más antiguas nunca encontradas en Marte.

Por supuesto, toda esta formidable aventura no ha estado exenta de complicaciones. No es trivial manejar un robot sobre la superficie de otro mundo, a temperaturas de congelación y sin conocer el terreno de antemano. Opportunity había sufrido ya varios achaques: su rueda delantera derecha empezó a dar problemas en 2010 y por eso el rover se desplazaba marcha atrás desde entonces, su brazo robótico acumulaba errores, varios de sus instrumentos de análisis científico hacía tiempo que habían agotado su vida útil y había perdido su memoria a largo plazo. Aún así, Opportunity ha demostrado que podemos manejar un rover sobre la superficie de Marte durante 15 años. El legado científico y tecnológico de los MER es inmenso.

El 10 de junio de 2018, la tormenta de polvo más duradera y activa de las últimas décadas estaba alcanzando su máxima amplitud. Ese día, el rover dejó de responder a nuestras llamadas. Desde entonces hasta hoy, le hemos preguntado cómo está más de 800 veces, pero no hemos tenido respuesta

De todas estas complicaciones, la más grave a la que han tenido que enfrentarse los rovers ha sido las tormentas de arena globales. Periódicamente, en Marte se desencadenan tormentas que cubren el planeta entero con pequeñas partículas que oscurecen el cielo, bloqueando la luz solar. Y los MER se alimentaban de energía solar exclusivamente, a través de sus paneles solares. La primera que tuvieron que sortear tuvo lugar en 2007 y ambos MER superaron la prueba. Pero el 10 de junio de 2018, día 5111 de Opportunity en Marte, la tormenta de polvo más duradera y activa de las últimas décadas estaba alcanzando su máxima amplitud. Ese día, el rover dejó de responder a nuestras llamadas. Desde entonces hasta hoy, le hemos preguntado cómo está más de 800 veces, pero no hemos tenido respuesta.

Estos últimos tres meses parecían brindar una oportunidad final de recuperación, porque estaba terminando el verano en la latitud donde se encuentra Opportunity y los vientos eran prevalentes. Todos nos aferrábamos a la remota posibilidad de que alguna ráfaga limpiara el polvo de los paneles solares y Opportunity pudiera despertar. Ya sucedió en 2014, cuando el viento limpió los paneles y la misión recobró energía. Pero esta vez no ha habido suerte. Posiblemente ha pasado demasiado tiempo sin recibir energía solar y se ha enfriado tanto que ya no puede despertar. Quedará para siempre varado en el lecho seco de un antiguo arroyo, su último lugar de exploración antes de congelarse.

El fin de Opportunity cierra uno de los capítulos más extraordinarios de la exploración del espacio. Pero la aventura continúa en Marte con nuevos rovers,como Curiosity, que trabaja en el cráter Gale desde 2012, y los que tenemos a punto de enviar: Mars2020 de la NASA y ExoMars de la ESA. Para estas nuevas misiones, el legado de Opportunity quedará por siempre como ejemplo de cómo hacer las cosas en exploración espacial. Como nos dijo hace unos pocos meses Steve Squyres, el Investigador Principal de los MER, “si Opportunity se recupera, será un milagro; si muere, será una digna muerte. No habrá muerto por un fallo de misión o por un mal diseño: solo Marte pudo acabar con él”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS. Alberto González Fairén es investigador en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) en Madrid y en el Departamento de Astronomía de la Universidad Cornell en Nueva York. Es el único científico español que ha trabajado en el equipo del 'Opportunity'.

La NASA estudia una misión interestelar para 2069

El artículo da un poco de ¿miedo?, las cifras que menciona asustan, pero… seguro que lo consiguen, aunque no lo veremos…

El proyecto de explorar Próxima Centauri puede llevar casi un siglo.

La Voyager-1 es la nave que más lejos ha llegado en el espacio. Despegó en 1977 y tardó 37 años en salir del Sistema Solar. A su vertiginosa velocidad actual —17 kilómetros por segundo— tardará otros 70.000 años en alcanzar la estrella más cercana. Si a los humanos nos cuesta tanto acordar un plan para mitigar el cambio climático de aquí a 100 años, ¿cómo pensar en una misión para alcanzar otro astro y sus planetas en un tiempo razonable?

Es lo que ha hecho Anthony Freeman, del Laboratorio de Propulsión a Chorro, el epicentro de las misiones robóticas de la NASA, (JPL, por sus siglas en inglés). Junto a Leon Alkalai, jefe de la oficina de planificación estratégica, el ingeniero acaba de presentar el primer concepto para una misión interestelar que se lanzaría en 2069, cuando se cumplan 100 años de la llegada del hombre a la Luna.

“La NASA comenzó a contemplar misiones interestelares hace 30 años”, explica Freeman al teléfono desde su despacho. “Entonces el foco de atención era cómo hacer posible la comunicación entre la nave y la Tierra. Después hemos revisado estas ideas más o menos cada década”, explica.

Las misiones espaciales se hacen con un enfoque muy conservador. Si realmente queremos enviar una misión a otra estrella tenemos que ser un poco más locos.

El nuevo proyecto —aún sin nombre—“está en un etapa muy temprana como concepto de misión”, advierte Freeman, pero coincide con el reciente arranque de proyectos similares impulsados por organizaciones privadas y con la aprobación en el Congreso de EE UU de un documento promovido por el republicano John Culberson que pide expresamente a la NASA que comience a financiar desde ya este proyecto.

El destino de la futura misión sería Próxima Centauri, donde se ha descubierto un planeta habitable del tamaño de la Tierra. La propuesta de Freeman contempla una nave capaz de viajar al 10% de la velocidad de la luz, con lo que alcanzaría Próxima en 40 años. Las primeras imágenes tomadas desde allí llegarían a la Tierra unos cuatro años más tarde, en 2113, casi dentro de un siglo. Esto supone que los ingenieros y científicos que analizasen esas imágenes ni siquiera habrían nacido cuando se lanzó la nave, y probablemente la mayoría de sus diseñadores originales estarían muertos para entonces. Ninguna misión espacial se ha enfrentado a este tipo de horizontes temporales y este es uno de sus mayores retos, admite Freeman. “Ahora las misiones espaciales se hacen con un enfoque muy conservador. Si realmente queremos enviar una misión a otra estrella no podemos hacer eso, tenemos que ser un poco más locos”, reconoce.

Cuando la nave llegue a su destino, la tecnología del momento la habrá sobrepasado por completo. El concepto de Freeman explora una sonda capaz de actualizarse, reprogramarse y transformarse sin necesidad de enviarle todas las instrucciones desde tierra, por ejemplo usando impresoras 3D y sistemas de inteligencia artificial capaces de crear nuevos programas de software. El concepto desarrollado por Freeman y Alkalai también sugiere una misión de apoyo, cuyo objetivo sería viajar 550 unidades astronómicas (cada una equivalente a la distancia entre la Tierra y el Sol) en la dirección contraria a Próxima Centauri. Su objetuvo sería tomar imágenes aprovechando el fenómeno de las lentes gravitacionales, que usa la  gravedad de cuerpos celestes como el Sol como si fuera una lupa para ampliar la imagen del astro que se desea observar.

El enfoque a largo plazo permitiría desarrollar las complejas tecnologías necesarias de forma gradual y probarlas con objetivos más cercanos y asequibles, como la nube de Oort o el Planeta X, asegura Freeman, que presentó su concepto hace unas semanas durante el Congreso de la Unión de Geofísica de EE UU.

Los ingenieros y científicos que analizasen las imágenes ni siquiera habrían nacido cuando se lanzó la nave.

Por ahora no hay nuevas formas de propulsión para un viaje interestelar. Ni el combustible químico de los cohetes, ni los paneles solares, ni la energía nuclear sirven para cubrir las distancias de más de 40 billones de kilómetros que hay hasta los astros más cercanos en un tiempo asequible. Algunas ideas alternativas son la fusión nuclear o las explosiones de materia y antimateria, que no se han desarrollado aún.

Otra opción es la “energía dirigida” que propone Phillip Lubin, físico de la Universidad de California en Santa Bárbara (EE UU). El sistema se basa en naves con velas solares alimentadas por luz láser emitida desde la Tierra o el espacio. Cuanto más pequeña sea la sonda más rápida puede ser, hasta un límite que puede llegar al 20% de la velocidad de la luz, asegura Lubin. En este caso, la tecnología necesaria sí existe ya y el físico espera que experimente un desarrollo exponencial similar a la electrónica. Desde 2015, el proyecto Deep-In ha recibido dos rondas de financiación de la NASA por un total de más de medio millón de euros. “Con un presupuesto adecuado, la tecnología que estamos desarrollando puede estar lista para una misión interestelar antes del 100 aniversario del aterrizaje del Apolo [11]”, asegura Lubin.

El mismo año que se descubrió el planeta en Próxima, Stephen Hawking apadrinó el nuevo proyecto para buscar vida con un enjambre de diminutas naves espaciales impulsadas por láser capaces de llegar a esa estrella en 20 años. Detrás de la iniciativa estaba Yuri Milner, un multimillonario ruso que se ha convertido en uno de los mayores mecenas de la ciencia mundial y que puso 100 millones de dólares en el proyecto. El sistema de propulsión de esas naves —que realizaron su primer viaje al espacio en 2017— está basado en el de Lubin. “Estamos entusiasmados de que la NASA haya empezado a trabajar en misiones interestelares”, dice Pete Worden, exdirector del Centro Ames de la agencia espacial estadounidense y actual director ejecutivo de Breakthrough Starshot, el proyecto de Milner. La organización está negociando con la NASA para cooperar en varios campos, incluido el viaje interestelar, y esperan anunciar los detalles en unos meses, asegura.

Otros expertos que trabajan en misiones actuales y futuras dudan de que estos proyectos sean viables. Mar Vaquero, ingeniera de vuelo en el JPL, cree que la propuesta de sus colegas es demasiado “loca y teórica”, aunque añade que “no hay duda de que un concepto así invita a la reflexión”. Además no faltan paralelismos con misiones recientes de gran éxito. “La ruta primaria de Cassini no estaba planteada del todo en el momento del lanzamiento. Fue durante la fase de crucero cuando se diseñó. Con este concepto puede ocurrir algo semejante. Toparemos con retos en diferentes campos, como la propulsión, la navegación, o la misma protección de la nave y sus sistemas durante tantos años de viaje interestelar, pero no me cabe duda de que podremos resolverlos”, asegura.

FUENTE: DIARIO EL PAIS / NUÑO DOMÍNGUEZ .

La misión InSight de la NASA aterriza en el planeta rojo.

Ayer publicábamos un artículo referente a que estaba a punto de llegar, pues…

InSight ha aterrizado con éxito en Marte para la primera misión espacial que estudiará el interior del planeta y averiguará si está completamente muerto o aún alberga algo de actividad en sus entrañas.

Recreación de la nave ‘Insight’ en la superficie de Marte. En vídeo, así fue el aterrizaje de la nave en Marte. NASA | EPV

FUENTE: DIARIO EL PAIS/NUÑO DOMÍNGUEZ .

La nave que verá las entrañas de Marte llega a su destino

La misión InSight de la NASA aterriza hoy en el planeta rojo.
Recreación de la nave Insight en la superficie marciana

Hoy está previsto el aterrizaje de InSight, la primera misión espacial que estudiará el interior de Marte para averiguar si está completamente muerto o aún alberga algo de actividad en sus entrañas.

La nave de la NASA entrará en la fina atmósfera marciana a 20.000 kilómetros por hora para adentrarse en los llamados “siete minutos de terror”, el tiempo en el que debe frenar lo suficiente como para posarse en la superficie de Marte a la velocidad de una persona andando rápido. El aterrizador pesa 360 kilos, con lo que no puede usar el sistema de airbags que emplearon los robots Spirit y Opportunity, más ligeros. La nave usará el rozamiento con la envoltura de gases marciana para bajar de velocidad hasta los 1.500 kilómetros por hora. Cuando esté a unos 12 kilómetros de la superficie desplegará el paracaídas. A 1.000 metros de altura el paracaídas se desprenderá y entrarán en funcionamiento el radar y un sistema de inteligencia artificial que usará sus datos para controlar la intensidad de 12 retropropulsores para realizar la última fase de frenado hasta los ocho kilómetros por hora. El aterrizaje está previsto para las 20:54 de hoy, hora peninsular española, y la primera señal de radio desde la superficie del planeta rojo tardará en llegar a la Tierra ocho minutos más.

La nave entrará en la fina atmósfera marciana a 20.000 kilómetros por hora

El proceso de aterrizaje está gobernado por “medio millón de líneas de código de programación; cualquier sistema que no funcione o lo haga a destiempo puede echar a perder la misión”, resalta Jorge Pla-García, astrofísico del Centro de Astrobiología (CAB) y operador de la estación meteorológica a bordo de la misión, que ha sido fabricada en España.

InSight se posará sobre la planicie de Elysium, posiblemente el lugar más aburrido de la superficie marciana: llano, polvoriento, sin apenas accidentes geográficos, pero muy seguro para el aterrizaje e ideal para el objetivo principal de la misión. Unos 40 días después de tomar tierra un brazo robótico depositará sobre el suelo uno de los dos instrumentos principales de la misión: un sismómetro “cuyo péndulo es capaz de detectar movimientos de una cien mil millonésima parte de un metro”, explica Pla-García. Este instrumento será el primero de la historia capaz de detectar movimientos sísmicos —martemotos— y también impactos de meteoritos a kilómetros de distancia.

Al segundo instrumento le apodan el topo: un percutor que penetrará hasta cinco metros en el suelo marciano dejando sensores de temperatura en su camino. Con estos instrumentos se podrá averiguar si Marte está completamente muerto desde el punto de vista geológico o aún conserva algo de vida geológica y térmica. Esta misión puede aclarar las dimensiones de la corteza, el manto y el núcleo del planeta, que es rocoso como la Tierra. Es posible que las capas externas del núcleo hechas de hierro fundido se hayan solidificado, lo que a su vez habría debilitado el campo magnético y habría permitido que el viento solar se llevase buena parte de la atmósfera del planeta, reduciendo drásticamente las posibilidades de que pueda haber vida en la superficie.

La zona de aterrizaje "es perfecta para que haya remolinos y tormentas de polvo"

“Sabemos que en el pasado hubo gran actividad volcánica durante largos periodos de tiempo, de hecho Marte tiene los volcanes más grandes del Sistema Solar, algunos más altos que el Everest”, explica Alberto González-Fairén, investigador del CAB, y de la Universidad Cornell (EE UU). “Al ser más pequeño que la Tierra, lo que implica una relación entre la superficie y el volumen mucho mayor, Marte se enfrió mucho más rápido, y cualquier tipo de actividad geológica que hubiera podido tener cesó poco a poco. InSight nos dirá si aún queda algo de energía residual y cuándo dejó Marte de estar activo”, explica.

El punto de aterrizaje de InSight es perfecto por una razón más. Uno de los objetivos de la estación meteorológica a bordo de la nave es saber en qué momentos hay menos viento y se pueden tomar mediciones sísmicas más fiables. “Esta zona es perfecta para que haya remolinos, que alcanzan hasta 40 kilómetros por hora, y tormentas, que pueden llegar a los 120 kilómetros por hora, pues al contrario que en la zona en la que está el Curiosity, dentro de un cráter, esta es un área totalmente desprotegida”, explica Pla-García. Tras el aterrizaje de hoy será la primera que haya dos estaciones meteorológicas desplegados en Marte (Insight y Curiosity) desde las sondas Viking de los años 70. Ambas estaciones han sido desarrolladas en España.

FUENTE: DIARIO EL PAIS / NUÑO DOMÍNGUEZ .

La NASA capta un iceberg rectangular de corte perfecto

Las extraordinarias imágenes fueron capturadas durante una misión en la Antártida.

La Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) ha captado durante un estudio aéreo de la península Antártica un inusual iceberg con una llamativa forma rectangular de corte perfecto. Las imágenes, que han revolucionado las redes sociales, se tomaron durante la misión Operación IceBridge el pasado 16 de octubre, que tiene como objetivo evaluar los cambios en la altura del hielo de varios glaciares que desembocan en el Larsen A, B y C. Los expertos creen que el iceberg captado en las imágenes acababa de desprenderse cuando fue fotografiado.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / EL PAÍS .

Neil Armstrong usaba Playtex

Os dejamos un curioso y a la vez excelente artículo de Bibiana Candia

Elegimos ir a la luna no porque sea fácil, sino porque es difícil. 12 de septiembre de 1962. (Discurso de J.F. Kennedy en la Universidad de Rice).

Cuando Armstrong y Aldrin caminaron sobre la superficie lunar el 20 de Julio de 1969, llevaban puesto el traje tecnológicamente más avanzado de la historia. El AL7 (A de Apolo, L de látex y 7 por el número de proyecto) fue confeccionado a base de veintiuna capas de tejidos superpuestos, cosidos puntada a puntada por costureras especialistas en ropa interior femenina.

En una competición contrarreloj por adjudicarse el diseño del traje espacial, la tecnología anatómica de los sujetadores y fajas de nuestras abuelas ganó a toda la industria armamentística norteamericana.

De cómo Playtex se hizo con el proyecto al estilo Mad Men

Abram Spanel, fundador de la International Latex Corporation, empezó fabricando fundas para pañales de bebé y gorros de baño de señora hechos de látex en los años 30. Durante la segunda guerra mundial, el bombardeo de Pearl Harbor y la invasión de Malasia cortaron radicalmente los suministros de látex, todo esto sumado a la bajada de demanda debido a la propia guerra, la empresa estuvo al borde de la quiebra.

Las ventas se reanudaron 1946, y con el fin de asegurarse el futuro Spanel creó una división interna de investigación para encontrar aplicaciones a sus productos que fuesen útiles al gobierno y la industria militar, ahí fue dónde nació el nuevo nombre: Playtex, la combinación del verbo play, jugar, y látex.

De esos experimentos nació la propuesta para diseñar el traje del Apolo en 1962.

En plena carrera espacial, la NASA convirtió la confección del traje de los tripulantes del Apolo en una competición principalmente dominada por los grandes contratistas de la industria armamentística. Antes de comenzar ya se daba por hecho que sería uno de ellos el ganador.

El equipo Playtex era un grupo formado por señoras costureras de Delaware e ingenieros que diseñaban fajas, todos ellos dirigidos por un señor que había sido mecánico de coches y un director de ventas que antes se dedicaba a reparar televisores. Imaginarlos compitiendo con empresas de armas que además les triplicaban el presupuesto despierta una especie de simpatía y compasión inmediata, la misma con la que miras a un perro cojo que sabes que va a perder la carrera.

Durante seis semanas trabajaron 24 horas al día en el diseño del modelo que competiría en las pruebas de resistencia que los directores del proyecto les tenían preparadas.

El prototipo, basado en su idea de anatomía, ligereza de los materiales y trabajo artesano superó tan ampliamente a sus dos competidores que la NASA no tuvo más remedio que tomarlos en serio y adjudicarles el proyecto. Aunque para dejar claro que no se fiaba del todo de ellos, los obligó a trabajar bajo la tutoría de una subcontrata aeroespacial: Hamilton Standard.

Los que en un principio tenían simplemente que supervisar la producción resultaron ser el enemigo en casa y no solo boicotearon al nuevo equipo, sino que a escondidas crearon y presentaron a la NASA su propio traje: el Tiger, que por supuesto fue un fracaso, habían intentado copiar torpemente el diseño de capas y el resultado fue un prototipo que solo servía para dejarse flotar pero no para hacer trabajo de campo. Cuando desde la dirección del proyecto Apolo se pidieron responsabilidades, Hamilton, bien entrenada en maniobras militares de distracción, se lavó las manos y culpó a los nuevos y su inexperiencia. Sin posiblidad de defenderse, Playtex fue expulsada del proyecto.

Las historias de héroes necesitan llegar siempre a ese punto en que parece que todo está perdido, el momento mágico en que ya no hay esperanza y por tanto un plan casi suicida parece lo más juicioso del mundo.

Han pasado tres años y la NASA sigue sin resolver el qué me pongo más importante del siglo XX, no les queda más remedio que invitar otra vez a presentar prototipos. Los antiguos empleados de Playtex que saben que no tienen nada que hacer si vuelven a presentarse amparados por Hamilton Standards, cogen sus proyectos, se despiden en bloque y presentan por su cuenta un prototipo nuevo. Quien ha visto la tercera temporada de Mad Men, sabe perfectamente de lo que hablamos.

Solo hay una cosa mejor que vencer a todos tus enemigos una vez, vencerlos dos veces y dejar claro que la primera victoria no fue un golpe de suerte. El traje cosido por señoras del pueblo de Frederica, en Delaware, superó doce de las veintidós pruebas a las que fue sometido y permitía la libertad de movimientos que era fundamental para que los astronautas pudiesen, una vez en la luna, recoger muestras y realizar su trabajo con la mayor comodidad posible.

En cuanto al resto de los competidores, uno de los trajes explotó y el otro tenía los hombros tan anchos que no dejaba a los astronautas salir por la escotilla; la imagen mental está al nivel de un episodio de el coyote persiguiendo al correcaminos.

Las empresas de armas seguían poniendo en primer lugar la seguridad por eso sus trajes eran pesados y poco prácticos, puras armaduras, mientras que nuestros amigos tenían como lema la ligereza, la comodidad y libertad de movimientos.

Playtex volvió a ganar por K.O. y esta vez llevarían el proyecto solos. Sin embargo la NASA puso como única condición que la división dedicada al traje de los astronautas tenía que cambiar de nombre, no querían una marca de corsetería femenina asociada a la carrera espacial.

Así nació ILC Industries, que más tarde cambiaría nuevamente de nombre y sería ILC Dover, pero que siempre estuvo formada por personal de Playtex, trabajando en las instalaciones de Playtex y utilizando exactamente el mismo material que utilizaba Playtex para confeccionar los sujetadores y las fajas.

El traje que era una nave espacial

Veintiuna capas de tejidos con funciones interrelacionadas entre sí, formando una especie de muñeca rusa de tamaño humano, una superpiel inmune al vacío lunar cuyas secciones iban unidas por piezas tubulares de neopreno reforzado con naylon para permitir el movimiento de las articulaciones y que se ajustaban con tiras de látex a la talla exacta del tripulante: las convolutes. Como era necesario que además de flexibilidad se pudiese aguantar la presión necesaria para preservar la vida, se insertaron cables de acero para absorber las fuerzas de tensión. Todos los trajes fueron unidos pieza a pieza por costureras de la línea de montaje de Playtex y hechos a la medida de cada uno de los tripulantes del Apolo 11.

Tuvieron que ser cosidos sin utilizar alfileres para no correr el riesgo de agujerear el látex, y el margen permitido para salirse de las costuras marcadas era 1/64 pulgadas, 0.39 milímetros; literalmente, la punta de una aguja. Para ello modificaron las máquinas de coser de modo que cada vez que bajaban el pedal daban una sola puntada.

Una vez terminada cada pieza se pasaba por una máquina de rayos X para asegurarse de que no había quedado ninguna aguja perdida entre las capas, porque en caso de ser  así, había que volver a empezar desde el principio.

Alta costura llevada a la máxima expresión tecnológica y a una cuestión de vida o muerte, Armstrong y Aldrin debían estar preparados no solo para sobrevivir en la luna, un lugar sin atmósfera, sino para soportar temperaturas extremas, radiación ultravioleta o incluso el impacto de micrometeoritos.

Una vez colocados los guantes y la escafandra, el traje de veintiuna capas era una nave espacial para una sola persona.

Un pequeño paso para el hombre

El 20 de julio de 1969 un grupo de señoras de Delaware veían en directo por la televisión los trajes que habían cosido puntada a puntada llegar a la Luna, los mismos trajes que hoy reposan en el museo Smithsonian de Washington y que fueron elegidos entre los 101 objects that made America, junto al sombrero de copa de Abraham Lincoln o el primer teléfono de Graham Bell.

La victoria de estas señoras sin nombre y sus vidas grises en un lugar perdido de los Estados Unidos es el triunfo del perro cojo. La confirmación de que algunas veces ganar no es fácil pero sí muy sencillo: tu trabajo debe ser tan bueno que no pueda ser ignorado, y hay insistir todas las veces que sean necesarias.

La única razón por la que una empresa de ropa interior femenina confeccionó los trajes que pisaron la luna es porque nadie consiguió impedírselo. Dio igual que resultase humillante para el orgullo masculino que los superhéroes fuesen vestidos con el mismo tejido que la faja de su mujer, a los ingenieros de la NASA y a los de la industria armamentística norteamericana no les quedó más remedio que admitir que este equipo tan poco ortodoxo había diseñado la solución más optimizada.

Solo les faltó comprender que por cambiarles el nombre no se muda la naturaleza de las cosas y que por mucho que insistiesen en ILC Industries era cuestión de tiempo que se supiese la verdad. Por eso la próxima vez que os hablen de la llegada el hombre a la luna e inmediatamente os vengan a la cabeza J.F. Kennedy, la Guerra Fría, un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidadKubrick, la conspiroparanoia y el desierto de Nevada o el heroísmo de una labor de ingeniería sin precedentes, no olvidéis que nada de todo esto hubiese sido posible sin la tecnología de los sujetadores de nuestras abuelas, y que en los escaparates de las mercerías viejas está el material del que se forjan los superhéroes de verdad.

Bibliografía:

De Monchaux, N, (2011) Spacesuit: Fashioning Apollo. EEUU. The MIT press.

FUENTE: JOT DOWN / BIBIANA CANDIA


Una metrópolis de millón y medio de pingüinos en la Antártida descubierta por satélites

Unas imágenes de desechos que han desembocado en un gran descubrimiento o cómo varias imágenes satelitales de la NASA, de los islotes Peligro en la Antártida, que revelaban numerosas manchas de guano -excrementos de aves marinas y otros animales-, ha llevado al descubrimientos de una de las colonias de pingüinos más numerosas del planeta.

En un lugar recóndito donde se dudaba de la existencia de fauna, debido a su lejanía, su difícil acceso y las peligrosas aguas de su alrededor, una colonia de más de millón y medio de pingüinos adelaida –Pygoscelis adeliae– ha vivido oculta hasta ahora. Apoyados en las imágenes de la zona donde aparecían altas concentraciones de excrementos aparentemente de aves, un equipo de investigadores decidió organizar una expedición a la zona.

Los resultados han sido publicados en la revista Scientific Reports y son fruto de una investigación conjunta de varios investigadores, entre ellos Heather Lynch, profesora asociada de Ecología y Evolución de la Universidad de Stony Brook de Nueva York; Mike Polito, ecólogo de vida marina de la Universidad Estatal de Louisiana y Tom Hart, zoólogo especializado en pingüinos de la Universidad de Oxford.

Los datos publicados convierten a esta colonia en la mayor agrupación de pingüinos de toda la Península Antártica. “La lejanía de los islotes Peligro ha resguardado a la mega colonia de los estragos del cambio climático, es extraño teniendo en cuenta lo que está ocurriendo en el lado occidental de la Península, a solo 180 km de distancia, donde otras poblaciones de estos animales sufren los estragos del cambio climático a medida que el hielo marino se derrite y las temperaturas aumentan” han señalado los autores de la investigación.

Debido al alto número de pingüinos que había en la zona, el equipo necesitó la ayuda de un dron comercial para tomar imágenes aéreas de todas las islas. Ya en el laboratorio, “gracias a una IA de detección de objetos (DetectNet), se da coherencia al puzzle de imágenes, que con un gran collage, muestra toda la masa terrestre en dos y tres dimensiones, en donde hemos ido buscando pixel por pixel los nidos individuales”, han explicado los investigadores.

El hallazgo pilló por sorpresa a todo el equipo puesto que entre 1996 y 1997, un censo había contabilizado entre 285.000 y 305.000 nidos de pingüinos adelaida en este archipiélago antártico del mar de Weddell. “Hasta hace poco, se pensaba que los islotes Peligro no eran un hábitat importante para los pingüinos”, ha comentado el equipo de la investigación.

Ajenos al cambio climático

Otro de los aspectos más llamativos del hallazgo a parte de su numerosa población, son sus condiciones. Los científicos creían que el número de pingüinos adelaida -los más comunes en la Península Antártica- había ido disminuyendo en los últimos 40 años debido al cambio climático. Para sorpresa de toda la comunidad científica, “la situación geográfica de estos islotes han protegido del cambio climático a la colonia, que según imágenes satelitales que datan de 1959, se ha mantenido estable hasta la actualidad”, han señalado los autores del hallazgo.

El descubrimiento ayudará a entender la dinámica de la colonia y los efectos del cambio climático en la región. También se espera que sirva para reconsiderar convertir ciertas zonas en Áreas Marinas Protegidas.

FUENTE:  DIARIO EL MUNDO .