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La villa más lujosa de la Hispania romana enseña sus tesoros

Castilla-La Mancha abrirá al público la hacienda de un aristócrata inmensamente rico que incluye el mayor mosaico figurativo del mundo y una colección de 500 piezas de mármol
El arqueólogo Miguel Ángel Valero limpia una de las escenas que representa a tres diosas disputándose la ‘manzana de oro’. En el vídeo, visita a la villa de Noheda. R. G. 

Érase una vez un hombre inmensamente rico. Más. Más aún. Tan adinerado como para hacerse traer en el siglo IV el vino desde Siria (a 4.921 kilómetros de distancia) porque los caldos de la tierra donde residía no resultaban de su gusto. Un individuo tan poderoso que la villa en la que vivía y hacía negocios (un conjunto de edificaciones) ocupaba 10 hectáreas, según los últimos datos del georradar. Solo el salón de su casa (triclinium) medía 291 metros cuadrados y estaba decorado con mosaicos dignos del palacio de un emperador. “Ese hombre existió”, explica Miguel Ángel Valero, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha. Todavía se desconoce cómo se llamaba aunque los arqueólogos lo han bautizado en broma romanizando el nombre de un archimillonario español. “Pero tarde o temprano lo sabremos”, sostiene Valero, que lleva una década desenterrando sus impresionantes propiedades —ya lo ha hecho en un 5% del total—, en la actual provincia de Cuenca, que en breve serán visitables.

Ahora la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha va a abrir el yacimiento, denominado Villa de Noheda, en la localidad de Villar de Domingo García (218 habitantes), y a hacer públicos los espectaculares resultados de las investigaciones: el mayor conjunto escultórico en mármol de la Hispania romana, con medio millar de grandes fragmentos, y el mayor mosaico figurativo del Imperio. El alcalde de la localidad, Javier Parrilla (PP), quiere que su apertura coincida con la nueva campaña de trabajos arqueológicos del verano, donde está previsto, entre otras actividades, iniciar la excavación de la sala de recepción (salón áulico) de la villa, “normalmente de mayor superficie que el triclinium”, explica Valero. Por supuesto, esta zona también oculta su propio mosaico y cientos de secretos.

Hace algo más de una década, un tractor topó con un terreno muy duro (conocido desde siempre como El Pedregal o Cuesta de los Herreros) en Villar de Domingo García. Esa parte del municipio recibía esos nombres porque los vecinos no cesaban de hallar grandes sillares de piedra y objetos metálicos de los que desconocían su origen.

Cuando el arado abrió la tierra, cientos de pequeñas piedras de vivos colores volvieron a la luz. Eran parte de las teselas que conformaban los mosaicos. Los servicios arqueológicos comenzaron las excavaciones ya que en un mapa de Alonso de la Cruz (1554), que se guarda en el monasterio del Escorial, denomina al lugar Villar de la Vila y en 1897 Francisco de Coello ya describió la “existencia de unas ruinas romanas, con teselas, en la pedanía de Noheda”.

La realidad superó a todo lo imaginable. Noheda es un fiel reflejo de un intento de transmitir un mensaje de alta carga ideológica y propagandística: el poder de un terrateniente (dominus) que garantizaba la estabilidad económica y social a la comunidad. Erigió un gigantesco complejo residencial que conjugaba los conceptos de “ocio y negocio” dentro de una gran extensión de tierras (fundus). De hecho, “a estos conjuntos de explotación agraria se los denomina urbes in rure (ciudades en el campo)”, recuerda el profesor.

El fundus —que ocupaba 80 kilómetros cuadrados— lo componían las tierras de cultivo (ager), los pastos para el ganado (saltus) y un área montañosa (silva) de donde se obtenía madera. La villa se alzaba en un punto estratégico de la hacienda con suficientes recursos hídricos, resguardada de los vientos del norte y cercana a una vía de comunicación. En el caso de Noheda, la hacienda estaba suficientemente alejada de la calzada romana para no ser detectada por visitas indeseadas o asaltada por legiones hambrientas.

Las pinturas que decoran las paredes de las villas romanas, los mosaicos de los suelos, las esculturas y otros elementos que ornamentan estos espacios poseen un sentido. En Noheda significan la posesión de la máxima riqueza. Los especialistas no encuentran una respuesta a cómo fue posible tal acumulación de opulencia: se han detectado más de 30 tipos de mármoles traídos de todo el mundo conocido en la época. La construcción ocupaba 10 hectáreas y solo el triclinium del edificio, 291 metros cuadrados. “Puede ser que el dominus estuviese relacionado con el emperador, en ese momento Teodosio, eso aún no lo sabemos, pero lo que sí está claro es que pertenecía a la alta aristocracia”, explica Valero.

Las dimensiones son tales que el mosaico del triclinium es el más grande de tipo figurativo del imperio conocido hasta ahora. Las medidas de esta sala solo son superadas por el de Cercadilla (Córdoba) si bien este carece de mosaico. Es equiparable —aunque el de Noheda es 20 metros cuadrados mayor— al de la famosa villa siciliana de Casale, en Piazza Armerina (270 metros).

El pavimento lo componían una zona central, dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica, donde se abigarran enormes figuras, como la de Atenea, que mide 2,18 metros. El número de teselas empleadas es “incontable”. En cada cuadrado de 25 por 25 centímetros se usaron de media de 1.243 de estas pequeñas piezas, algunas de milímetros para conseguir dar movimiento o sombras a las figuras.

Los arqueólogos consideran, en virtud de la diferencia en el número de piezas utilizadas en cada parte de la estancia, que no hubo un “solo pictor imaginarius [diseñador]”, sino varios. También han descubierto que debajo de algunas zonas del gran mosaico se oculta otro con diferentes motivos. “Es como si al dueño de la villa no le gustase un primer resultado y ordenase que se elaborase otro encima diferente. El dinero no iba a resultar un problema”, bromea Miguel Ángel Valero.Y, en el centro de la estancia, una fuente ornamental de la que se conservan sus canalizaciones.

¿Y qué representan las escenas? Los especialistas enumeran el mito de Enómao, Pélope e Hipodamia, dos Pantomimas, el Juicio de Paris y el Rapto de Helena, El cortejo dionisiaco y Thiasos marino.

De toda la superficie construida solo se ha excavado una mínima parte. “En ese espacio, además del increíble mosaico, hemos hallado más de 550 grandes fragmentos de esculturas, todas realizadas en mármol importado de Oriente y de Carrara [Italia]. Es el conjunto escultórico más amplio de toda Hispania, donde se incluyen figuras de Dionisios, Venus o los Dioscuros.

¿Y por qué desapareció y fue olvidado? Con la caída del Imperio romano, toda Hispania sufrió una rápida cristianización. Los nuevos habitantes utilizaron las estancias de la villa como lugar donde habitar. Las esculturas paganas fueron destruidas y lanzadas a un vertedero. Parte de ellas fueron usadas para elaborar polvo de mármol. Pero muchas pervivieron. De hecho, los arqueólogos las están montando como un puzle. Algunas ya han sido recuperadas y se pueden ver en la exposición Noheda la imagen del poder, en la capital de la provincia.

“Ahora falta que podamos mostrar este yacimiento”, dice el alcalde de Villar de Domingo García. “Está todo casi preparado para abrirlo, además de un centro de interpretación que tenemos en el municipio. La idea es que los visitantes puedan disfrutar de esto, mientras ven cómo trabajan los arqueólogos”, añade Javier Parrilla, que no oculta que se está jugando el futuro de su pueblo. “Somos la España vaciada”, admite.

De hecho, uno de los objetivos de la apertura es conseguir que los visitantes de la villa romana conozcan también el municipio a la que esta pertenece y no se desplacen a la cercana y siempre atractiva Cuenca. El Ayuntamiento y los especialistas que trabajan en la excavación han impartido cursos y realizado actividades con los vecinos para implicarlos en lo que puede ser su gran atracción turística y cultural. “Nos gustaría contar con ellos para todo, incluso para enseñarlo”, señala Valero, si bien Parrilla admite que su contratación “es muy difícil por problemas administrativos”. “Ya me gustaría a mí”, se lamenta el alcalde, “pero la legislación…”.

Fuentes del Gobierno regional han confirmado a EL PAÍS que la apertura “será cuanto antes”. “Es algo único en el mundo. Cuando muestro las imágenes en los congresos internacionales [ha impartido conferencias por todo el mundo], los especialistas de otros países se quedan atónitos. Y eso que lo mejor está por venir, porque solo hemos excavado una mínima parte”, concluye Miguel Ángel Valero mientras se encoge de hombros y sonríe ampliamente.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA

Siete cascos celtíberos únicos vuelven a España

El museo francés de Mougins cede a España una colección de yelmos expoliados en los años ochenta en Zaragoza.

Uno de los cascos celtíberos que componían el conjunto de 18 piezas expoliado.

A finales de los años ochenta del siglo pasado, en un lugar indeterminado del término municipal de Aranda de Moncayo (Zaragoza), los expoliadores arqueológicos hicieron un triste pleno: hallaron, al menos, 18 cascos celtíberos de bronce bien conservados y fechados entre los siglos IV y II a. C. Los vendieron rápidamente en el extranjero a través de intermediarios y anticuarios. Luego, estos los sacaron a subasta. Mañana, tras casi 30 años de haberse cometido el robo, las piezas volverán a España en un acto que se celebrará en la Embajada española en la sede de la Unesco, en París.

Las piezas sustraídas en Aranda son únicas, ya que en España no se ha encontrado nunca este tipo de material militar tan bien conservado, más allá de algunos ejemplares fragmentados o muy deteriorados. Los yelmos celtíberos estaban compuestos, a grandes rasgos, por carrilleras, para evitar cortes en los laterales del rostro, así como protecciones en la nuca y en la nariz. Los de los nobles eran fabricados con bronce y los del resto de guerreros, con cuero. El interior se rellenaba con materiales vegetales o textiles para ajustarlo al cráneo. Podían llevar un remate superior (metálico o de plumas) que expresaba la importancia social o militar de su dueño.

Casco con alas celtíbero hallado en Aranda de Moncayo

Los intermediarios de los expoliadores de Aranda sacaron las piezas del país de forma ilegal. Las enviaron a Reino Unido y Suiza. Algunos de estos yelmos fueron ofrecidos en 2008 al Römisch-Germanisches-Zentralmuseum, de Maguncia (Alemania), que los rechazó. Lo que hicieron sus responsables, tras recibir la tentadora oferta, fue llamar directamente a la Interpol. Pero España no reaccionó. Dos de los cascos fueron comprados entonces por un coleccionista de Londres, que revendió una de las piezas en Hong Kong. Un caso que EL PAÍS, tras una larga investigación, destapó en 2012.

El resto salió a subasta también en Londres (Christie´s) en 2008 —donde se adjudicó un lote de tres piezas por 90.000 euros— y en Alemania (Hermann Histórica, Múnich) en los años 2009 y 2010. Allí se vendieron otros ocho morriones más con precios que rondaban los 75.000 euros por pieza. Una parte de la colección, tras múltiples avatares, terminó en los Museos Guttman (Berlín) y de Arte Clásico de Mougins (Francia). Esta última institución —presidida por Christian Levett— es, precisamente, la que ha decidido donar las piezas al comprobar su procedencia ilícita.

Casco de guerrero celtíbero que formaba parte de la colección expoliada en Aranda de Moncayo.

El Ministerio de Cultura español no ha hecho públicas, de momento, las negociaciones que van a permitir la vuelta de las piezas históricas. El Gobierno de Aragón admite, por su parte, que no ha participado en ellas. Previsiblemente, la colección se expondrá en el Museo de Zaragoza. “Pensamos que es el lugar donde deben estar”, manifiestan fuentes del Ejecutivo aragonés, que admiten “últimos flecos que aún no están cerrados”. A la entrega de las piezas está previsto que asista el embajador de España en la Unesco, Andrés Perelló, y previsiblemente el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán.

Los investigadores desconocen con certeza dónde fue hallado el conjunto de protecciones metálicas, aunque sospechan que podría proceder de un yacimiento detectado en la margen izquierda del río Aranda. Algunos informes señalan que los expoliadores hallaron las piezas escondidas en una grieta de una formación rocosa cercana a la desaparecida ciudad celtíbera de Aratis.

La importancia del conjunto estriba en el gran número de piezas que lo componen, algo completamente inusual en los enterramientos celtíberos españoles: apenas se encuentran ejemplares en las tumbas de los guerreros y, además, están muy deteriorados. En el caso de Aranda, el almacenamiento de estos cascos podría indicar la existencia de un arsenal militar, ya que, además de los cascos, los ladrones -hubo un detenido- pusieron a la venta diversos tipos de armas de la época. Otra posibilidad es que, en vez de un depósito, los celtíberos guardasen los cascos como ofrendas de un santuario.

En el mundo celtíbero, como en el íbero, el casco metálico representaba una defensa de prestigio. La cabeza era considerada la parte del cuerpo más importante y donde se concentraba el valor del guerrero. Por eso, cuando vencían a sus enemigos, se las cortaban, las traspasaban con un clavo y las clavaban en las puertas de sus casas.

FUENTE : EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .

El misterio de la gruta subacuática con 200 ánforas

Un proyecto multidisciplinar investiga una cueva de la bahía de Alcudia donde se ha encontrado un desconcertante yacimiento romano

Un arqueólogo submarinista, junto a las ánforas romanas halladas en el interior de la cueva de la Fuente de Ses Aiguades en la bahía de Alcudia (Mallorca). En vídeo, el misterio arqueológico de la cueva de Ses Aiguades. Proyecto IASCM | EPV

Los navíos antiguos que surcaban la ruta que unía la península Itálica con la Ibérica solían fondear, desde antes del siglo II antes de Cristo, en la bahía de Alcudia (Mallorca) para abastecerse de agua. Allí, a un centenar de metros del mar, se abre una oquedad, llamada Fuente de Ses Aiguades, en la que introducían ánforas mediante un sistema de poleas y cuerdas para llenarlas. Pero muchas no se recuperaban. ¿Por qué? Un misterio que trae de cabeza a los responsables del Proyecto IASCM (Investigación Arqueológica Subacuática en las Cuevas de Mallorca), que se preguntan si es que se les rompía el sistema de alzamiento o las arrojaban directamente como ofrendas a este pozo encontrado en 1998. Los buceadores han hallado ya dos centenares.

Hasta ahora, la datación de los recipientes se había realizado mediante comparaciones con otras semejantes, siendo mayoritariamente de producción tarraconense. Pero en agosto pasado se llevaron a cabos nuevas inmersiones con novedosas técnicas de prospección como sistemas de radiolocalización, geolocalización o fotogrametría 3D. Estas tecnologías, junto con futuros estudios microscópicos (polen, cerámica y huesos de animales extinguidos), permitirán conocer de un modo global este yacimiento subacuático. “Los resultados del laboratorio nos ofrecerán la datación exacta de las ánforas y responderán a preguntas hasta ahora sin respuesta”, explica Manel Fumás, codirector de la investigación.

El acceso a Fuente de Seis Aiguades se realiza a través de una galería vertical de unos 6 metros con una sección aproximada de casi un metro, que conduce a una primera sala de 16 metros por 14 metros y con una profundidad de hasta 14. Es la entrada a una cueva de agua dulce, con alto grado de cloruros, que llega a tener una longitud de 180 metros, de los cuales la mayor parte son subacuáticos, aunque con abundantes cámaras de aire en su recorrido. De los techos cuelgan estalactitas.

Fue descubierta por el equipo científico de Xisco Gràcia hace casi 20 años, que recuperó 189 ánforas y recipientes de la época romana republicana, islámica y de los siglos XVIII y XIX. En su interior también se hallaron posteriormente los restos de un Myotragus, una especie caprina desaparecida hace 5.000 años.

El Proyecto IASCM está considerado el primero en arqueología subacuática prospectiva de Europa (permite extraer toda la información sin alterar las condiciones de la cueva). Lo llevan a cabo la Asociación Nacional de Arqueología Subacuática (Sonars), Submaris, SEB y Explorextrem. La dificultad de su trabajo estriba en la alta especialización requerida en la investigación, lo que hace imprescindible contar con expertos en espeleobuceo, topografía, arqueología subacuática, fotogrametría, filmación subacuática, documentación y restauración, entre otros.

Restos de ánforas romanas encontradas en la cueva de Alcudia Proyecto IASCM

El estudio, cuyos resultados se conocerán este año, determinará si la cueva fue utilizada como refugio, como santuario medicinal (a causa del cloro de sus aguas) o fue solo un punto de abastecimiento. “El misterio estriba en por qué hay tantas ánforas. No es normal. Se pudo caer alguna, al romperse la polea, pero no 200″, señala Fumás. Algunos investigadores como Enric Colom, del Institut Català d’Arqueologia Clàssica, opinan que puede tratarse de un santuario relacionado con la navegación y las divinidades acuáticas, siendo las ánforas ofrendas a algún dios.

El estudio I Campanya de Prospecció Arqueològica Subaquàtica a les Coves Submergides de Mallorca, firmado por los Francesc Gràcia, Florian Huber y Fumás, detalla “que la presencia del Myotragus demuestra que la cavidad era natural, formada miles de años antes de la llegada de los humanos a Mallorca y no como consecuencia de la acción antrópica relacionada con la búsqueda del agua”. Es decir, que el caprino se cayó accidentalmente, pero las ánforas las lanzaron. O no.

Fuente : EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .

Los carros de los líderes íberos para viajar al otro mundo

Dos equipos de arqueólogos hallan en Valencia y Córdoba ruedas y partes de vehículos ceremoniales de 2.400 años

Llevaban enterrados 2.400 años y han sido encontrados con unas semanas de diferencia. Desde el verano, dos equipos de arqueólogos han encontrado en La Bastida de Moixent, Valencia, y en Montemayor, Córdoba, yacimientos situados a 450 kilómetros de distancia, cinco ruedas ibéricas y restos de los carros a los que iban conectados. Los hallazgos son doblemente excepcionales porque apenas hay documentadas piezas similares y ninguna se encuentra en tan buen estado de conservación. Los indicios señalan que los vehículos no sirvieron para hacer la guerra ni para transportar mercancías, sino que fueron colocados junto a las tumbas de personajes de alto rango para que viajaran con ellos al más allá. Los íberos daban a los carros ese sentido simbólico y, en ocasiones, los representaban tirados por caballos alados.

Los descubrimientos han abierto investigaciones a las que se dedicarán años. Las hipótesis de trabajo son que las ruedas y el resto de elementos fueron enterrados en tumbas o en depósitos funerarios de líderes íberos, de momento no está claro si hombres o mujeres. La rueda de Moixent, de mediados del siglo V antes de Cristo, es de hierro, mide 90 centímetros de diámetro y ha aparecido apilada en tres segmentos idénticos. Al lado, explica Jaime Vives-Ferrándiz, director del proyecto y conservador del Museo de Prehistoria de Valencia, también han sido hallados, hasta ahora, un bocado de caballo, restos de cerámica y una extraordinaria arracada de oro.

Las cuatro imponentes ruedas de Montemayor, de seis radios, fueron hechas también en hierro. Las dos más grandes de 120 centímetros, por las que casi podría decirse que no ha pasado el tiempo, fueron encontradas en lo que parece un cementerio íbero sobre el que los romanos construyeron siglos más tarde un campamento militar para el asedio de Ulia. Los textos clásicos relatan que la antigua ciudad fue escenario de feroces batallas en la guerra civil que enfrentó a Julio César con Pompeyo y sus hijos.

Conjunto sin parangón

El equipo de Fernando Quesada, de la Universidad Autónoma de Madrid, bajo la dirección de campo de Javier Moralejo, iba tras las huellas de aquel conflicto bélico cuando se toparon con un hallazgo ibérico que no tiene parangón en la península por la complejidad del conjunto y su estado de conservación, aseguran. Todo apunta a que el carro es del siglo IV, aunque todavía debe confirmarse mediante la prueba del carbono 14.

Las ruedas de ambos yacimientos son muy distintas. La encontrada en el antiguo oppidum rodeado de viñas de Valencia, una idílica colina desde la que sus gobernantes controlaban el antiquísimo camino que los romanos llamaron más tarde Vía Augusta, que conectaba el norte de la península con el valle del Guadalquivir, y también el paso de la meseta al Mediterráneo, ha obligado a adelantar unas décadas la cronología del yacimiento de La Bastida de les Alcusses, ubicado en el término de Moixent.

El descubrimiento ha revelado que antes de la edificación del poblado, rodeado de altas murallas, donde vivieron unas 800 personas, hubo una construcción previa que no parece residencial. Quizá fue la tumba de un héroe o un espacio de culto. En todo caso, el lugar en que se depositó rueda fue arrasado para erigir la nueva ciudad. “El proyecto puede contribuir a dar respuestas a los procesos de urbanización en esta zona del Mediterráneo en el primer milenio antes de Cristo”, comenta Vives-Ferrándiz. “Una urbanización que responde a procesos políticos, en los que vemos que las personas instauran las ciudades encima de algo que había previamente. A veces incorporan lo anterior al nuevo lugar, como ancestros, y otras veces esa memoria es destruida con violencia”, añade.

La cultura ibérica se desvaneció ante el empuje romano hacia el siglo I después de Cristo, como resultado de la violencia de los invasores y de la asimilación cultural. Los detalles sobre la destrucción de La Bastida de Moixent, que brilló durante un siglo para caer después en un olvido que duró dos milenios, siguen siendo un enigma. “Lo que está claro es que no fueron los romanos. Fue violencia entre vecinos. Si estaban más cerca o más lejos no lo sabemos, y es posible que nunca lo sepamos”, afirma el arqueólogo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / IGNACIO ZAFRA .

El hombre que no pudo escapar de la destrucción de Pompeya

Los arqueólogos desentierran a una víctima del Vesubio que murió por el impacto de una piedra enorme.

Víctima de la erupción del Vesubio alcanzada por un bloque de piedra. POMPEII PARCO ARCHEOLOGICO

Pompeya, la ciudad arrasada por la erupción del Vesubio hace 2.000 años, nos dice mucho sobre la vida cotidiana en la antigua Roma. Pero también alberga una gigantesca cantidad de información sobre la muerte porque en ningún otro lugar se conservan tantos cadáveres del mundo antiguo, de personas que no fueron enterradas, sino que quedaron petrificadas en el momento en que se produjo su fallecimiento. Una nueva campaña de excavaciones en una zona de la ciudad de la bahía de Nápoles, en la que los arqueólogos no habían trabajado hasta ahora, acaba de revelar el esqueleto de una víctima del volcán que tuvo un final terrible: con una infección en la pierna, se trata de un hombre que fue alcanzado por un gigantesco bloque de piedra en medio de una catástrofe de la que seguramente no había podido escapar.

“La primera víctima que hemos encontrado en las excavaciones de la Región V de Pompeya apareció en una posición dramática”, explica una nota del departamento de prensa del yacimiento arqueológico. “El tórax fue aplastado por un gran bloque de piedra arrancado de una casa por la explosión volcánica, mientras la víctima trataba infructuosamente de huir”, agrega el comunicado.

Los primeros análisis del esqueleto, llevados a cabo por un equipo de antropólogos, han revelado que la víctima era un hombre de unos 30 años que tuvo muchas dificultades para huir. Una lesión en la tibia indica que sufría una infección en los huesos, “lo que debía provocarle muchas dificultades para caminar, las suficientes para impedirle escapar cuando comenzó la erupción volcánica”.

Massimo Osanna, el soprintendente de los yacimientos del Vesubio, ha declarado: “Este hallazgo extraordinario nos recuerda a un caso análogo, un esqueleto descubierto en la Casa de los Smith y que ha sido estudiado muy recientemente. También se trataba de una persona que cojeaba y que, seguramente, tampoco pudo escapar de la erupción por motivos motrices”.

La erupción del Vesubio fue un proceso gradual que se prolongó durante muchas horas. De hecho, la ciudad había sufrido un terremoto anterior, que indicaría actividad sísmica, y se encontraba en pleno proceso de reconstrucción cuando el volcán napolitano se despertó, en el año 79 de nuestra era. Aunque la fecha tradicional de la erupción es el 24 de agosto, varios historiadores creen que tal vez tuvo lugar en otoño, precisamente porque alguno de los cadáveres encontrados iban vestidos con gruesas capas de lana, impropias del sur de Italia en pleno verano.

Cuando comenzaron a excavarse las ruinas de Pompeya, los cadáveres empezaron a aparecer muy rápidamente. El primero fue descubierto el 19 de abril de 1748. En el siglo XIX, el arqueólogo Giuseppe Fiorelli, el director que dio el gran impulso al examen científico de Pompeya, tuvo una idea genial: se le ocurrió que se podía echar yeso en los huecos que habían dejado los cadáveres, enterrados por el flujo piroplástico y que se habían descompuesto hace siglos, y así surgiría un molde perfecto de la persona en el momento de morir. El primer yeso surgió de las cenizas en 1863 y, desde entonces, se han realizado cientos. El último se hizo recientemente en las mismas excavaciones de la Región V y fue descubierto así un caballo militar atrapado por la erupción. Como explica la latinista británica Mary Beard, autora del estudio de referencia sobre el yacimiento Pompeya. Vida y leyenda de una ciudad (Crítica), “los moldes de yeso de las víctimas del Vesubio son un recuerdo constante de que se trata de personas como nosotros”.

FUENTE : EL PAIS / Guillermo Altares .

El misterio de las 20 sacerdotisas envenenadas con mercurio hace 4.800 años en Sevilla

La universidad de la capital andaluza desvela que los cuerpos hallados en el dolmen de Montelirio portaban ropas tejidas con miles de cuentas

Lo único seguro es que todas fueron inhumadas en la cámara principal del megalito hace unos 4.800 años. Los prehistoriadores desconocen si murieron a la vez, así como qué provocó su fallecimiento. Pero sí saben que se trata de 20 personas (al menos 15 mujeres y 5 individuos de sexo no identificado, pero más que probablemente féminas) ataviadas con espectaculares vestidos trenzados con miles de cuentas de entre 3 y 4 milímetros de diámetro y que portaban colgantes de marfil y ámbar en forma de bellotas. Eran las sacerdotisas del templo de Montelirio (Castilleja de Guzmán, Sevilla). Ahora, una investigación de un amplio equipo liderado por el catedrático Leonardo García Sanjuán, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, desvela uno de los grandes misterios del megalitismo peninsular: murieron con una edad media de 31 años y entre grandes dolores, envenenadas por mercurio, aunque cabe la posibilidad de que mientras sufrían los efectos del veneno fueran rematadas de forma violenta.

El yacimiento, cuyo nombre es Tholos de Montelirio, en la zona arqueológica de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán, fue descubierto en 1868 y abandonado durante décadas. Su excavación se retomó a partir de 1980 a causa del crecimiento urbanístico de Sevilla. Esquemáticamente se trata de una construcción megalítica (entre 3.000 y 2.800 años antes de Cristo) compuesta por un “corredor” al aire libre de unos 40 metros de longitud que desemboca en dos cámaras subterráneas techadas con sendas cúpulas de unos 5 y 2,75 metros de diámetro, respectivamente, que se sostenían –durante el fraguado de la obra- sobre pilares de madera. La principal de las cámaras, donde se hallaron los cuerpos, estaba recubierta de una pátina roja de cinabrio y decorada con motivos que hacían referencia al Sol.

Las últimas investigaciones de la Universidad de Sevilla han permitido determinar que durante unos pocos minutos durante el solsticio de invierno el sol se colaba por el corredor de entrada, iluminaba la cámara funeraria e incidía sobre una estela que representaba a la Diosa Madre, provocando “una saturación sensorial” entre las personas que se encontraban en su interior.

En los restos de todos los cuerpos se han detectado “elevadísimos niveles” de mercurio (traído desde Almadén, Ciudad Real), lo que les provocaría graves disfunciones motrices y cognitivas. “Esto significa que estaban expuestas continuamente al cinabrio, bien por ingestión por razones religiosas o porque viviesen con la piel pintada por el mercurio”, señala el investigador. Además, los huesos presentan afecciones de tipo óseo (artritis y artrosis) que, dada su “juventud” (la edad media de fallecimiento en la Edad del Cobre rondaba los 40 años), indican que o caminaban mucho o eran “bailarinas”, lo que refuerza su posible carácter sacerdotal. García Sanjuán admite que se ignora si “todas murieron a la vez o en un periodo muy corto de tiempo, pero sí que es posible que el monumento fue construido para un evento funerario único o para un colectivo muy especial”.

Estas personas fueron inhumadas recubiertas por una especie de vestidos de lentejuelas, que en realidad eran ropas confeccionadas con decenas de miles de cuentas de caliza o conchas y ensartadas por hilos. El peso de estos trajes rondaría, según los cálculos de los estudiosos, los ocho o 10 kilos. Uno de los cuerpos ha sido hallado en postura orante hacia la estatua de la divinidad femenina, aunque la mayoría de los esqueletos están en posición supina. Junto a los restos se han desenterrado materiales suntuarios importados de lugares lejanos, como marfil, ámbar, variscita, cinabrio o cristal de roca.

El sepulcro, que acumula materiales que fueron transformados mediante una artesanía de excepcional calidad, incluye piezas de marfil tallado, una lámina de oro o puntas de flecha de cristal de roca. La tumba de Montelirio ha sido relacionada con otro gran mausoleo megalítico hallado a unos 200 metros: el sepulcro tumba del denominado Marchante del Marfil. Se trata de un “gran hombre” que fue enterrado con valiosos objetos, entre ellos el colmillo de un elefante y un puñal de sílex con pomo de ámbar. La Sociedad Max Planck de Jena (una destacada red de institutos alemanes de investigación científica) está analizando varias muestras que permitirán determinar la posible relación de parentesco entre todos los cuerpos hallados.

El Tholos de Montelirio no se puede visitar y sus objetos y restos se almacenan actualmente en el Museo de Arqueología de Sevilla. “Es lamentable que unas piezas que han dado la vuelta al mundo científico, dado su innegable valor, no puedan ser admiradas por el público, lo que generaría más expectación sobre un yacimiento que es único en el mundo”, concluye García Sanjuán.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS. VICENTE G. OLAYA .

Emerge en Pompeya la Casa de Júpiter y sus frescos de estilo arcaico

Las cenizas solidificadas con el paso de los siglos han conservado las impresionantes pinturas que decoraban los muros de la próspera urbe frente al Golfo de Nápoles

Frescos recién descubiertos en la Casa de Júpiter. CESARE ABBATE | EFE / EL PAÍS

Casi dos milenios después de que el Vesubio arrasara Pompeya, las excavaciones siguen regalando tesoros que ayudan a entender cómo era la vida en el apacible golfo de Nápoles —y por extensión, en la antigua Roma— antes del desastre. Aquel día de agosto del año 79 d. C. el calendario se detuvo por completo a los pies del imponente volcán y, ahora, gracias a las nuevas tecnologías y al minucioso trabajo de técnicos y obreros, las maravillas van saliendo a la luz. Las investigaciones han permitido descubrir un espléndido palacio que traslada a los arqueólogos y pronto a los visitantes a la Pompeya más próspera y fastuosa.

Se trata de la denominada Casa de Júpiter, dedicada al soberano del panteón romano y cuyos muros rebosan de frescos característicos del primer estilo ornamental de la ciudad, inspirado en la época helenística. Toda una joya, teniendo en cuenta que no abundan los restos de pinturas que mantienen ese patrón antiguo, ya que los pompeyanos fueron dejando atrás esta estética y sustituyéndola por otra más moderna.

Según los arqueólogos, las pinturas de esta mansión, compuesta por un atrio central rodeado de habitaciones lujosamente decoradas y por un largo callejón con balcones y una columnata, se realizaron uno o dos siglos antes de la erupción. Por lo que eran prácticamente el tesoro vintage de su célebre dueño: el rico senador Marco Nonio Balbo. Un hombre culto y consciente del valor del arte centenario —que ya en la época de Augusto (27 a. C. – 14 d. C.) hacía las delicias de la aristocracia romana— a juzgar por la decoración de su residencia pompeyana. Un personaje importante en la vida de la ciudad que también estaba comprometido con la cultura en la vecina Herculano, también arrasada por la lluvia de cenizas y donde se sabe que sufragó varias restauraciones y la construcción de edificios públicos.

Pintura imitando el mármol

Un arqueólogo excava en el área del Regio V en el yacimiento arqueológico de Pompeya CESARE ABBATE EFE

Gracias al mecenazgo del senador y en parte al efecto conservador del material volcánico que lo cubrió todo, ahora se descubre una estética particular que no se encuentra en ninguna otra urbe romana de Italia. Se caracteriza por el uso de varias capas de estuco colocadas en la pared, en forma de rectángulos de colores vivos como el rojo, el azul, el negro, el amarillo o el verde, imitando el mármol policromado y otros elementos típicos de la estética griega. Como la representación de figuras geométricas, aves como el pavo real, helechos o ramas con flores.

Cerca de la Casa de Júpiter, también se ha descubierto un imponente mural, sorprendentemente bien conservado que recrea la escena de un sacrificio en el bosque en torno a una especie de olivo. Es una de las primeras escenas figuradas de cierta complejidad, según los expertos, junto a otra que se encontró en una estancia cercana y que representa a Adonis herido con Venus, diosa del amor.

Ambos están en la llamada Regio V, una zona en la que desde hace unos meses está emergiendo un mundo nuevo frente a las brochas y las palas de arqueólogos y excavadores, con la que el yacimiento vuelve a la vida. Numerosos tesoros que han ido manando en este sector, como parte de una nueva tanda de excavaciones. Son las primeras que se llevan a cabo en tres décadas únicamente con fines científicos y no para intentar salvar in extremis alguna zona en decadencia.

Las nuevas técnicas de excavación

Las primeras excavaciones de los siglos XVIII y XIX pasaron por Pompeya como un vendaval. Las rudimentarias e invasivas técnicas de la época priorizaban los descubrimientos de objetos. Se excavaba en horizontal por lo que para acceder de un ambiente a otro se destrozaban estructuras y muros contiguos para hacer túneles.

Las pinturas que aparecían se cubrían con una cera en un intento de protegerlas y conservarlas pero con el tiempo acababa fundiéndose con los pigmentos originales y se alteraban los colores. Ahora, se trabaja con técnicas de conservación que no alteran la obra y que son reversibles, para que se pueda volver al estado primario sin dificultad.

Fuente : EL PAÍS / LORENA PACHO.

 

 

El mayor arsenal medieval de la Península.

Los expertos de la Universidad Complutense hallan miles de piezas militares empleadas en la toma de la fortaleza de Calatrava en 1212.

Con las primeras luces del 30 de junio de 1212, los ejércitos de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra (los conocidos como los Tres reyes), además de las huestes de Alfonso II de Portugal y centenares de caballeros francos, se encaminaron hacia el primer acto de la decisiva batalla de las Navas de Tolosa (Santa Eulalia, Jaén), que se produciría 17 días después, y que acabaría con el poder musulmán en el centro peninsular. La toma de la fortificada ciudad de Calatrava (44 torres, sólidas murallas y un foso alimentado con un ingenioso sistema hidráulico) se interponía en su camino antes de enfrentarse a las muy superiores tropas del almohade Muhammad an-Nasir. Las armas empleadas para tomar Calatrava (Carrión, Ciudad Real) han emergido a lo largo de 34 años (la última campaña arqueológica acabó en septiembre) en el que se considera ya “el mayor y más variado conjunto de piezas de armamento encontradas en un yacimiento medieval de la península Ibérica”.

Desde 1984, el equipo arqueológico de Manuel Retuerce, de la Universidad Complutense de Madrid, y Miguel Ángel Hervás ha ido hallando gran parte del material bélico usado: espadas, ballestas, flechas, dardos, saetas, azagayas, virotes, puntas de lanza y hasta abrojos, las púas metálicas que se lanzaban a las pezuñas de los caballos. Se han desenterrado, como indica el trabajo de fin de máster (junio de 2018) del historiador Alejandro Floristán, defendido en la Universidad de Alicante, “más de 20.000 objetos metálicos”, de los que 1.605, por ejemplo, son “elementos arrojadizos”.

A principios del siglo XIII las fronteras entre los reinos cristianos y musulmanes permanecían estables en torno al Guadiana. Entre Toledo (cristiana) y Córdoba (musulmana), solo Calatrava se erigía como ciudad importante. Su posesión era decisiva para ambos bandos, una especie de “cabeza de puente”, como explica Retuerce. La ciudad, que llegaría a albergar a unas 4.000 personas, fue edificada por el emirato omeya en torno al 785 con el nombre de Qal’at Rabah (La Fortificación o Encomienda de Rabah). La conformaban alcázar, medina de cuatro hectáreas, arrabales (con industria alfarera), torres pentagonales, albarranas, puertas en codo, foso y un sistema hidráulico que lo alimentaba: un auténtico fortín protegido por los ríos Guadiana y Valdecañas, y erigido sobre una colina que ya había sido ocupada por los íberos.

En 1147 cayó en poder de los cristianos, pero los musulmanes la recuperaron en 1195, como consecuencia de su victoria en la batalla de Alarcos, hasta que la perdieron en 1212. A partir de ese momento las fronteras bélicas comienzan a descender hacia el sur, por lo que Calatrava perdió su importancia estratégica. Además, la insalubridad del río (paludismo) llevó a su abandono definitivo a principios del XV. En 1774 cerró la ermita y su recuerdo se perdió entre las brumas de la historia.
En los años setenta comenzaron los trabajos de consolidación y reconstrucción (Santiago Camacho y Miguel Fisac) de las estructuras existentes.

En 1984 se inició la excavación arqueológica. “El hecho de que la zona no estuviera muy densamente poblada evitó, en gran medida, el saqueo de sus restos”, explica Retuerce, y hoy en día, de hecho, es un parque arqueológico visitable, junto al municipio de Carrión de Calatrava. Los hallazgos durante estos años han sido abundantes en cerámica (ajuares islámicos y cristianos), vidrio, metales (broches de cinturón, adornos de los correajes, etc.), monedas (dos conjuntos de dineros de vellón del siglo XIII) y hasta la osamenta de un defensor musulmán de la fortificación.

Por su parte, el estudio de Floristán destaca la importancia de los hallazgos armamentísticos porque esta rama de la arqueología no está tan desarrollada en España como en Reino Unido, Alemania o Estados Unidos. La toma de la ciudad (según la ubicación de las armas halladas tanto dentro como fuera de la ciudad) se llevó a cabo mediante un triple ataque con el empleo de tres cuerpos de arqueros cristianos de manera simultánea para impedir a los defensores concentrar sus fuerzas en un único lugar. Los arqueros “actuaban en superficie, lanzando andanadas de flechas” para eliminar o debilitar al enemigo. Posteriormente, los ballesteros, que necesitaban más tiempo para cargar sus armas, disparaban con mayor precisión a los asediados. Se empleaban también flechas emponzoñadas” e incendiarias, recubiertas de estopa para provocar que las llamas devorasen el objetivo.

Tras la toma de Calatrava, los caballeros francos reclamaron matar a los defensores musulmanes. Alfonso VIII se negó. La mayor parte de los francos se encorajinaron y se volvieron a su reino. Y ya no participarían, el 16 de julio, en la decisiva batalla de Navas de Tolosa, y que fue posible gracias a la toma, en la retaguardia, de Calatrava, lo que inclinó definitivamente el fiel de la balanza hacia el lado cristiano, en una guerra sin cuartel que duró ocho siglos.

Olivares, vides y murallas

El yacimiento de Calatrava la Vieja impresiona. Sobre una extensa planicie cubierta de cultivos, vides y olivares, junto a la ribera del Guadiana y en el término municipal de Carrión de Calatrava, se erige una mole pétrea que sorprende al visitante. Una ciudad musulmana en excavación que puede ser recorrida con o sin guía y que semeja una isla entre las aguas del río.

El asentamiento se divide en dos zonas separadas por una gran muralla: el alcázar y la medina, mientras los arrabales alfareros quedan en el exterior.

Las tarifas de acceso son 4 euros para adultos y 2 para menores y grupos. En las cercanías del yacimiento, numerosos templos y lagunas para una jornada festiva. Luego, comida manchega.

La Vieja y la Nueva

La Orden de Calatrava era una entidad militar y religiosa fundada para proteger la ciudad de Calatrava del ataque de las tropas musulmanas. Alfonso VII, rey de León y Castilla, dada la importancia de la fortificación, se la entregó a los caballeros del Temple, que no pudieron mantenerla en poder cristiano.

La defensa se encomendó entonces a la nueva Orden de Calatrava, que fue creada por el abad del Monasterio de Fitero (Navarra) en 1158. Pero en el año 1217, el maestre Martín Fernández de Quintana decidió trasladar el maestrazgo a Calatrava la Nueva, en el actual municipio de Aldea del Rey (Ciudad Real).

La Vieja entró entonces en completa decadencia. A principios del siglo XIX,  era ya un despoblado en estado de ruina avanzado. El último acontecimiento destacado que vivió fue la ejecución de Gregorio Monedero y Francisco Romo, unos milicianos isabelinos que fueron capturados durante la primera Guerra Carlista.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .

Hallada en Castellón una espada medieval íntegra bajo el suelo de mortero de una fortificación

La rehabilitación del castillo del pueblo de Aín saca a la luz el arma del siglo XIV. Mide 94 centímetros de longitud y tiene una cruz de 13 centímetros y pomo esférico

Una espada medieval en muy buen estado de conservación y bautizada como espadana por los vecinos es lo que han sacado a la luz las excavaciones arqueológicas con motivo de la rehabilitación del castillo de Aín. Esta localidad de poco más de un centenar de habitantes en el interior de Castellón ha sido testigo del hallazgo de esta espada del siglo XIV que los técnicos encargados de las obras de la fortificación califican de “excepcional”. Es, dicen, “extremadamente inusual” localizar una pieza de este tipo en una prospección arqueológica. Lo es porque en la época “todos estos objetos se recuperaban; eran preciados, muy caros, pertenecientes a soldados profesionales o caballeros. No solían quedarse en el sitio tras ser abandonadas. Y las que se quedaban aparecen muy deterioradas o en fragmentos irreconocibles”, explica a EL PAÍS Vicente Vivó, el arqueólogo que dirige los trabajos.

“Aquí ha salido la espada totalmente entera. Obviamente, está oxidada, son más de seis siglos… pero está en un buen estado de conservación”, añade. Tiene 94 centímetros de longitud, una cruz de 13 centímetros y pomo esférico. En su empuñadura emergen dos aretes de bronce remachado a modo de virola que rodean la espiga y en la hoja se aprecia una acanaladura central. Por su tipología y contexto arqueológico, la espada dataría del siglo XIV. Seguramente se conservó como consecuencia de la destrucción del castillo durante la Guerra de los Dos Pedros (1356-1367), la contienda que enfrentó a Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Fue una destrucción abrupta.

Es “extremadamente inusual” localizar una pieza de este tipo porque en la época todos estos objetos se recuperaban; eran preciados, pertenecientes a soldados profesionales o caballeros. No solían quedarse en el sitio

Es parte de la información que arroja la pieza medieval, localizada en una estancia con suelo de mortero, una zona de hogar y un banco obrado, afirma Vivó. “Nos indica que el castillo fue destruido bruscamente, no dio tiempo a saquearlo, no se abandonó. Cayó sobre la espada tras un incendio o un ataque” durante el paso de los castellanos por la sierra donde se levanta Aín para alcanzar Valencia. Ello abriría la puerta a localizar más armas de este tipo. “Ojalá haya más, espero que sí. Aunque de momento no sabemos”, dice el arqueólogo.

Seis siglos después, la espadana sigue hablando. Arrojando datos. La calidad de su acero, plasmada en la hendidura central, eleva su valor e indica que fue elaborada posiblemente por un maestro armero, no por un herrero tradicional. Que fue una espada a medida. Por encargo. Para un guerrero destacado.

La espada aguarda ahora su restauración por parte del Instituto Valenciano de Conservación y Recuperación de Bienes Culturales (Ivacor) “Los técnicos le darán el tratamiento necesario para estabilizarla y verán hasta qué punto pueden limpiar la hoja”, explica Vicente Vivó. El futuro de espadana se vislumbra museístico. “Es lo que nos han comentado, que se exhibirá en un museo importante, pero no nos han especificado más”, zanja Vivó.

La Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Aín cofinancian la segunda fase del proyecto para la consolidación del sector suroeste de la muralla del castillo de esta pequeña población castellonense, una actuación para frenar el deterioro de la fortificación y ponerla en valor como recurso cultural de primer orden.

La primera fase de los trabajos sirvió para consolidar una esquina de la muralla exterior que conservaba gran parte de su altura original. Las excavaciones arqueológicas desvelaron una estancia, con suelo de mortero y confirmaron las hipótesis de los técnicos sobre la posible existencia de un segundo muro paralelo al exterior que formaría estancias a lo largo de la muralla. La segunda fase del proyecto y la correspondiente excavación arqueológica han desvelado precisamente esto: la existencia de una habitación de mayores dimensiones que las anteriores, con suelo de mortero, una zona de hogar y un banco obrado. Es aquí donde se ha realizado el hallazgo de la espada. De espadana, que sigue hablando 650 años después.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / MARÍA PITARCH .

Vuelven los trabajos al yacimiento arqueológico de Santa María de Hito

Cultura reinicia la labores que en su primara fase consistieron en una prospección con georradar cuyos resultados preliminares “abren la puerta a futuras acciones de investigación y puesta en valor”

Imagen de los trabajos realizados en el yacimiento de Santa María de Hito.

La Consejería de Educación, Cultura y Deporte ha reiniciado los días 21 y 23 de noviembre los trabajos en el yacimiento arqueológico de Santa María de Hito, en Valderredible. La primera fase del plan de actuación ha consistido en una prospección con georradar cuyos resultados preliminares abren la puerta a futuras acciones de investigación y puesta en valor.

Dicha prospección se ha realizado en dos áreas: en la parcela donde quedaron enterrados los restos de la villa bajo imperial romana tras las excavaciones realizadas entre 1979 y 1986, y en el entorno de la iglesia de Santa María. La actuación ha sido dirigida por la arqueóloga Helena Paredes Courtot.

Las excavaciones arqueológicas que permitirían conocer mejor un enclave en el que han quedado registrados 1.200 años de historia y que retrata como pocos en Cantabria el tránsito entre la época romana y la Edad Media

Dicha prospección se ha realizado en dos áreas: en la parcela donde quedaron enterrados los restos de la villa bajo imperial romana tras las excavaciones realizadas entre 1979 y 1986, y en el entorno de la iglesia de Santa María. La actuación ha sido dirigida por la arqueóloga Helena Paredes Courtot.

La prospección mediante georradar, GPR, es una técnica no invasiva que permite detectar y geolocalizar los restos enterrados mediante señales de radiofrecuencia que penetran en el subsuelo. La superficie prospectada ha sido de unos 2.000 metros cuadrados. Aunque todavía está en marcha el procesado de los datos recogidos, tras lo que se dispondrá de unos resultados definitivos, durante el trabajo de campo se han podido identificar en el entorno de la iglesia algunas estructuras cuya existencia se ignoraba.

Esto abre la puerta a la realización de nuevas excavaciones arqueológicas que permitirían conocer mejor un enclave en el que han quedado registrados 1.200 años de historia y que retrata como pocos en Cantabria el tránsito entre la época romana y la Edad Media.

En el reciente Congreso Internacional ‘Las Villas Romanas Bajo imperiales de Hispania’ se ha planteado posibilidad de que esta villa romana sea algo más extensa de lo que se pensaba, lo que parece confirmarse con los primeros resultados de la prospección. También hay evidencias claras de que queda una parte de la necrópolis medieval por desenterrar.

Más presupuesto para actuaciones arqueológicas

El consejero de Educación, Cultura y Deporte, Francisco Fernández Mañanes, ha mostrado su satisfacción por el reinicio de este plan de actuación en uno de los yacimientos más “emblemáticos” de nuestra región. En este sentido, ha renovado el compromiso de su departamento con este tipo de investigaciones “que nos ayudan a descubrir y poner en valor nuestro patrimonio“.

Ha recordado que esta apuesta por las actuaciones arqueológicas se ve refrendada en los presupuestos del próximo año, en los que se destina una partida de 100.000 euros para este capítulo, el doble de la cantidad del año pasado.

Por su parte, Fernando Fernández, alcalde de Valderredible, ha valorado positivamente la implicación del Gobierno de Cantabria en el proyecto, cumpliendo el compromiso adquirido esta primavera para ponerlo en marcha. “La recuperación de Santa María de Hito como un activo cultural para el valle es una cuenta pendiente con el patrimonio y con esta actuación se ha dado un paso muy importante para su futura puesta en valor“, ha manifestado.

Enrique Gutiérrez Cuenca, coordinador del Plan de Actuación 2018-2022 en Santa María de Hito promovido por el Ayuntamiento de Valderredible, se ha mostrado optimista con los resultados preliminares de la prospección realizada. Confía en que la información obtenida facilite el desarrollo de las siguientes fases previstas, entre las que se contempla abordar nuevas excavaciones que completen la labor de investigación realizada hasta el momento.

En los próximos meses se procederá a la firma de un convenio entre la Consejería de Educación, Cultura y Deporte y el Ayuntamiento de Valderredible que permitirá seguir avanzando en la ejecución de este plan.

Fuente :  Vive Campoo / Santa María de Hito .