Archivos Mensuales: noviembre 2017

La odisea de Alonso de Ojeda: los españoles contra una horda de caníbales

Una historia apasionante. Os recomendamos la lectura de este artículo, verdaderamente merece la pena.

Este navegante conquense haría una cartografía extensa de más de tres mil kilómetros de costa junto a Américo Vespucio y Juan de la Cosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

El rey de los caníbales estaba muy contento con la visita negociadora del español, al que consideraba un suculento bocado procedente de exóticas latitudes. Ocurría que tras varios meses de acoso y hostigamiento le venía a visitar para hacer las paces. Los combates en la selva profunda eran de una violencia inusual y las flechas con curaré hacían estragos –les llamaban “las siete pasos”–, pues al interfecto era exactamente el tiempo que le daba para rezar una plegaria de conciliación con la abrumadora realidad y encomendarse al altísimo que, por lo general, solía estar bastante alejado. Eso, si no caía vivo en manos de los airados autóctonos. Si eso ocurría, el estofado a la peninsular, era el plato estrella del día.

Uno de los regalos que Alonso de Ojeda traía como presente para apaciguar al orondo y fornido cacique local consistía en unas muñequeras de latón muy vistosas y de imponente presencia, que aplacaron ipso facto los malos pensamientos de aquel troglodita al que la apabullante brillantez del abalorio deslumbraba con su efecto hipnótico. Más la cosa no era tan inocente como parecía. Los españoles sabían lo que hacían. Las bajas en combate contra aquella horda de encendidos caníbales les estaban costando un precio altísimo.

Este capitán distinguido con honores sería el segundo español al que le darían concesiones de tierra firme para establecer asentamientos.

Cuando el cacique se hubo puesto las susodichas muñequeras, muy ufano se levantó; pero ya era hombre preso. Eran unas esposas en toda regla aderezadas con una espada corta en el gaznate del sorprendido gerifalte, local que no tendría tiempo literal de reacción. Tras la original captura, el antropófago se avino a negociar.

Así era Alonso de Ojeda; rápido de reflejos y hombre de acción, con iniciativa probada y con ideas inusuales, un referente de temeridad en aquella durísima conquista de las tierras ignotas, donde locales e invasores creían estar en posesión de la verdad. Al final, todo se reducía a una mera cuestión de destreza militar y a quien tenía la potencia de fuego, y obviamente, esta estaba abrumadoramente a favor de los españoles de aquel tiempo.

Peripecias sin fin.

En su viaje de descubrimiento, acompañado de Américo Vespucio y Juan de la Cosa, haría una cartografía extensa y sorprendente que implicaba más de tres mil kilómetros de costa que abarcaban desde la Guayana venezolana hasta la península de Paria, incluidas Maracaibo con sus sorprendentes viviendas lacustres y una buen parte de la costa colombiana actual; algo así como cartografiar desde Lisboa a Dakar. Casi nada…

Tras Colón, su mentor (al que acompañó en su segundo viaje), este capitán distinguido con honores en el asedio a Granada, sería el segundo español al que le darían concesiones de tierra firme para establecer asentamientos y explotaciones.

A pesar de su fama temeraria, de sus probadas habilidades militares, de su carisma y ascendente sobre la tropa –era un capitán que no imponía sino que consultaba–, estuvo a punto de pasar a mejor vida antes de lo previsto en una zona olvidada y fuertemente batida por los vientos locales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el fuerte de Santo Tomás en la costa guajira, un fuerte construido con todas las de la ley, con tres perímetros defensivos y dos formidables empalizadas; tuvo que encerrarse ante el durísimo hostigamiento al que le estaba sometiendo Caonabo; un nativo de dos metros con muy mala leche y hambre atrasada. Una potente coalición de indígenas se había unido con el único propósito de echar de sus tierras a aquellos osados españoles, y a estos no les quedo otra que refugiarse al amparo de aquella aparentemente inexpugnable defensa.

Tras cerca de dos semanas de cruentos cuerpo a cuerpo (se combatía en ocasiones dentro del perímetro defensivo a cuchillo y espada) el centenar de peninsulares, exhaustos, al límite de la resistencia, con las vituallas a cero, y sabiendo que no podrían detener por más tiempo a aquellos feroces nativos que parecían liderados por el demonio, estaban a punto de ser desbordados.

Quiso la fortuna que una tremenda tormenta tropical con aspecto diluviano, de esas que solo se ve y padece en el Caribe, hiciera su aparición providencialmente poniendo en fuga a aquella horda de cabreados caníbales que por pura lógica, se quedarían sin postre.

Guaricha le hizo ojitos a Alonso de Ojeda y este se rindió a sus encantos. Tal y como se las gastaban las huestes de la princesa, como para desairarla.

Como por ensalmo, a aquellos voraces indígenas se los había tragado la tierra, siendo un enigma su reconfortante desaparición. Pero todo tiene una explicación

Alonso de Ojeda era un Don Juan y a pesar de las penalidades, intentaba vestir como un pincel. En su deambular por las selvas venezolanas, había conocido a la hija del jefe Guaraba que a la sazón controlaba un vasto territorio cerca de donde los españoles habían sido rodeados en batalla campal. Guaricha, que así se llamaba la hermosa y potente princesa había advertido a su padre, que a través de sus exploradores le llegaban noticias de que los españoles las estaban pasando canutas allá en las llanuras. Dicho y hecho.

El padre había enviado al llano a una potente vanguardia con cerca de un millar de flecheros muy aficionados a la cerbatana y su apéndice el curaré. Estos indígenas no tenían carta de presentación ni hacían prisioneros. Combatiendo en medio de aquella durísima e infernal tormenta, darían buena cuenta de los caníbales que se querían merendar a los españoles huyendo estos despavoridos. Con estos argumentos, la susodicha Guaricha le hizo ojitos a Alonso y este se rindió a sus encantos. Tal y como se las gastaban las huestes de la princesa, como para desairarla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Repuestos del susto y con todo el viento de la fortuna a favor , meses más tarde, en las inmediaciones del asentamiento de Vega Real y con la ayuda de su amada, les aplicaría un severo varapalo a los correosos caníbales locales que veían como cada vez iba menguando más y más sus opciones al menú.

Años más tarde, esta poderosa princesa moriría rota por la tragedia sobre la tumba de Ojeda días después de la muerte de este. Su llanto desconsolado y desgarrador habla de un amor entregado e inusual.

La última voluntad de Alonso de Ojeda fue la de ser enterrado en la puerta del Monasterio de San Francisco de Santo Domingo (República Dominicana) con el expreso mandato de que todo aquel que entrara en el recinto pisara su tumba en pago de los errores que cometió a lo largo de su vida, como así fue. El navegante repartiría su fortuna entre su mujer e hijos y los desheredados de la tierra, fundando un comedor social auspiciado por su amada . Alonso de Ojeda, una tumba lejana, una referencia de humanidad, una historia de amor sorprendente.

FUENTE: EL CONFIDENCIAL, ALVARO VAN DEN BRULE.

 

 

 

Esta gigantesca biblioteca China es una maravilla de la ingeniería.

Dicen que lo mejor de las bibliotecas siempre está en el interior, en las páginas de sus libros, pero también las hay que sacan su belleza al exterior y se convierten en verdaderas obras de arte. Ese es el caso de la nueva biblioteca pública del barrio de Binhai de Tianjin (China). Creada por el estudio holandés MVRDV, puede ser la biblioteca más bonita del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

33.700 metros cuadrados, 5 plantas y una cascada con más de 1.000 libros hacen de este lugar un espacio mágico y espectacular que se ha ganado el amor de todo el mundo.

Gracias a este edificio, una ciudad desconocida al noreste del gigante asiático ha pasado de ser un lugar industrial a convertirse en la vanguardia de la arquitectura.

 

 

 

 

 

 

 

Pero no solo es preciosismo lo que alberga este lugar. Entre sus estanterías en forma de olas tiene más de un millón de ejemplares y en sus laberínticos pasillos cuenta con salas de lectura, instalaciones educativas, oficinas y hasta salas de reuniones. Una mezcla perfecta de belleza y funcionalidad que merece la pena disfrutar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GALERIA DE IMAGENES(clic en una imagen para activar el modo presentación)

FUENTE: EL CONFIDENCIAL, TEKNAUTAS.

En este vídeo (antes de Under pressure) de apenas dos minutos, Freddie Mercury paró el mundo

El vídeo es tremendo, desprende fuerza por todos lados, con su famosa despedida: “Que os jodan / Fuck you”, pero el artículo es estupendo, luego… ¿mejor el artículo que el vídeo o viceversa? ¿o los dos son estupendos? Lo dejamos a vuestro criterio.

El pasado 24 de noviembre se cumplieron 26 años sin el líder de Queen. En esta grabación de un concierto de Wembley están resumidos sus poderes.

“Nunca he visto a un hombre atrapar el mundo entero en la palma de su mano de esa forma”. Así describe Peter Freestone, asistente personal de Freddie Mercury (Tanzania, 1946 – Londres, 1991) todo lo que sucedió el 12 de julio de 1986 en el estadio de Wembley, de Londres. El concierto pasaría a la historia de la música y de la cultura popular: el mundo dejó de girar durante tres horas y toda una generación asociaría para siempre al líder de Queen con esa chaqueta amarilla, ese mostacho y ese éxtasis musical casi religioso.

Lo más fascinante de aquel espectáculo es que se puede percibir cómo el cantante es perfectamente consciente de que está haciendo historia. Tanto, que ni siquiera le hizo falta una canción de verdad para despertar el fervor de 70.000 creyentes: le bastó con una improvisación de apenas 2 minutos. Hoy, más de 30 años después y en el 25º aniversario de su muerte, esa aparentemente intrascendente improvisación condensa todo lo que convirtió a Freddie Mercury en una leyenda.

Así se domina con chulería y elegancia un escenario

Era el escenario más grande construido hasta el momento, y se le quedaba pequeño. Mercury se pasea como un animal que sabe que conquista inmediatamente el terreno que pisa, y en ningún momento parece intimidado ante la responsabilidad de seducir a 70.000 personas. Resulta tan chulesco como entrañable. Sus posturas triunfales mientras improvisa, a medio camino entre la ópera y la verbena de pueblo, generaron una corriente eléctrica que consiguió que el público no sintiese que estaba repitiendo cantos tiroleses, sino que formaba parte de la historia de la música.

Siempre cantando como si fuera la última vez en su vida

“No puedo llegar tan alto, vamos a bajar otra vez”, reconoce el cantante en el vídeo. Pero enseguida vuelve a elevar su voz con una magnitud que no cabía en Wembley. A pesar de que el rango vocal de Mercury llegaba a la estratosfera como pocos cantantes masculinos han logrado, daba la sensación de que su vigor no nacía de la técnica, sino de las entrañas. El público respondió entusiasmado a sus gorgoritos, porque Freddie se lo estaba tomando tan en serio como si se tratase de la última canción de su vida.

Líder de masas

El flautista de Hamelin era un aficionado al lado de Mercury. Aquella masa entregada había pagado 17 euros por la entrada, en la que sin duda es la mejor inversión de toda su vida. Y se dejaron llevar por la euforia de Queen. La indumentaria de Mercury le hace parecer un líder militar sacado de un sueño, y sostiene su característico micrófono con la actitud épica de quien ostenta un cetro. Le falta la corona, pero ya se encarga él de comportarse como si fuera el rey del mundo. El público estaba tan a sus pies que si al terminar el concierto Freddie llega a proponer invadir Polonia, esas 70000 personas le habrían seguido sin pensarlo dos veces.

Un anfitrión divertido que invita a todo el mundo a la fiesta

Despedir el numerito con ese “que os jodan” y recibir una ovación como respuesta es algo que solo pueden permitirse las estrellas de verdad. Mercury se ha metido a Wembley entero en el bolsillo, y lo ha conseguido porque la arrogancia solo es carismática cuando nace de la positividad y no de la prepotencia. El cantante arranca su improvisación con un mini/cachi/maceta en la mano, que le haría parecer el borracho de turno de la fiesta si no fuera porque su presencia es majestuosa. Él es el primero en sorprenderse por lo receptivo que está el público, y parece querer poner a prueba la obediencia de sus fieles, pero no lo hace con superioridad (aunque la disfruta), sino invitando a todo el mundo a la fiesta.

Sí, soy estrafalario, y si no te gusta me importa un carajo

La estrambótica energía de Mercury sobre el escenario despertó multitud de comentarios acerca de su sexualidad, pero a él no podía importarle menos. Otros artistas habrían sentido pudor, pero Freddie se dejaba llevar por la teatralidad y grandilocuencia, siempre buscando sacar adelante el mayor espectáculo del mundo. Él sabía que el problema lo tenían los demás. Si un artista se pasa de prudente y pisa el freno, conseguirá pasar desapercibido, pero nunca hará historia.

Despreocupadamente atractivo

Freddie Mercury no era guapo, pero exhibía el bigote como pocos. Sus pantalones ajustados, su apego por las camisetas de tirantes y lo empapado que terminaba en cada actuación resultaba asombrosamente atractivo, precisamente gracias a que no le preocupaba lo más mínimo.

Un minuto y 58 segundos donde se para el mundo

Poco antes de su muerte, Mercury lanzó The show must go on (El espectáculo debe continuar), y se convirtió en un credo. Para él no era una frase hecha, sino una forma de vida. El espectáculo siguió, pero no le dejó atrás. Pasó sus últimos días obsesionado con seguir componiendo y grabando, sentía la necesidad de alimentar su legado. Lo cierto es que cuando murió aquel 24 de noviembre de 1991, Freddie Mercury ya era mucho más que un cantante: formaba parte de la vida de millones de personas. Recuperar aquel espontáneo y entrañable juego entre el rey y sus súbditos hace que, durante un minuto y 57 segundos, Freddie Mercury consiga parar el mundo de nuevo. Y eso es lo más cerca que se puede estar de la inmortalidad.

FUENTE: DIARIO EL PAIS / JUAN SANGUINO

Salvar el bosque con tirachinas

Estupendo artículo que nos cuenta un original método para repoblar el bosque después de un incendio.

Grupos de voluntarios aprenden a restaurar los montes calcinados en el paisaje donde perpetró sus crímenes el “hombre lobo” Romasanta, un LIC masacrado por el fuego.

El espíritu de Masanobu Fukuoka, filósofo de la agricultura natural que murió en 2013 después de vivir casi un siglo, llegó ayer desde Japón a la sierra de San Mamede, un paisaje ourensano engullido por el fuego que en el XIX fue escenario de los salvajes crímenes del “hombre lobo” español, Manuel Blanco Romasanta. Y lo hizo en forma de tirachinas fabricado en Portugal, en medio de la espesa niebla helada que coronaba el municipio de Vilar de Barrio. Había expectación antes de empezar el día, porque el sábado se había anunciado por WhatsApp la presentación mundial de un “exclusivo aparato reforestador de tecnología puntera”. Pero el artilugio consistió justo en eso: un buen tirador de madera, con goma elástica y resistente, posiblemente improvisada con una cámara neumática de bicicleta; capaz de lanzar bellotas, nueces y castañas a varios metros de distancia, a poder ser en parábola.

Se trataba de un ingenio restaurador de paisajes masacrados ensayado ya por el gran contador lucense de historias Anxo Moure, pero la aportación de Fukuoka para el desastre gallego eran las nendo dango, pequeñas bolas de arcilla en las que previamente se introducen semillas autóctonas. Las esferas acaban rompiéndose y deshaciéndose con las primeras lluvias, y sustituyen la acción de los pájaros, que comen granos y los dispersan en sus heces. Nada más natural, para un territorio arrasado por esas llamas de las que también las aves huyen. Las nendo dango y el tirachinas son una pequeña esperanza para esta zona del mapa de la Red Natura sepultada de ceniza. Porque cuando el suelo esté dispuesto a recibir de nuevo la vida, allá por febrero o marzo, podrán ayudar a sembrar sin pisar las heridas de la tierra.

“Me estoy planteando construir una catapulta”, comenta Xosé Santos, agente forestal, integrante de Amigos da Terra y vocal del Consello Forestal de Galicia, máximo órgano de representación del sector, en el que también está el Gobierno gallego. Santos hace de guía y participa en la organización de estos trabajos de restauración del monte quemado por iniciativa propia y de los grupos ecologistas a los que pertenece. No lo hace por ninguna orden política llegada desde un despacho de la Xunta. La de ayer era ya la cuarta vez que decenas de voluntarios trabajaban colocando barreras en la cumbre, a 1.618 metros de altura sobre el nivel del mar, para evitar que las próximas lluvias arrastren hasta los ríos ese lodo negro que acaba escupiendo el infierno de los fuegos forestales. Sigue leyendo Salvar el bosque con tirachinas

¡Ya tenemos página del Centro Cultural de Valderredible en Facebook!

Tenemos la satisfacción de anunciaros que ya se encuentra disponible en

la página del Centro Cultural de Valderredible.

Nuestras vías de trabajo seguirán siendo tanto el blog como la nueva pagina.

Esperamos que sea de vuestro agrado, y os animamos a visitarla,  para ello basta hacer clic sobre la imagen:

os animamos a visitarla, y haceros amigos si os apetece.

FUENTE: CENTRO CULTURAL

Covy Morato – Coeditora

Jorge Murillo -Coeditor.

Sergio Cayón. Lutier, que no es poco, y de los buenos.

Nos desplazamos a Villasevil de Toranzo para conocer a Sergio Cayón un reconocido y experto lutier en la fabricación, principalmente, de panderetas, castañuelas y panderos, que por sus excelentes trabajos, ha obtenido el certificado de calidad Marca Territorial Europea. Calidad Rural Valles Pasiegos en agosto de este año.

Este reconocimiento solo lo tienen treinta empresas en toda España, lo que da idea de su dificultad en conseguirlo, y la exigencia que tiene en cuanto a estándares de calidad.

Nos acompañó durante nuestra visita, Adelaida Valdés, esposa de Sergio que tuvo la gentileza de permitir que la grabáramos un vídeo tocando diferentes ritmos con la pandereta, video que dejamos al final del artículo como contenido adicional a la entrevista.

Adelaida y Sergio

Pregunta: Sergio ¿desde cuando eres lutier?

Respuesta: Desde hace quince años aproximadamente

P: ¿Quién te enseñó? ¿aprendiste de alguien?

R: No me enseñó nadie.  Inicialmente tocaba la gaita y la pandereta, y un buen día pensé ¿porqué no hacer mis propias panderetas?, llegar a conseguir dominar la técnica fue un proceso de autoaprendizaje y constancia.

Pandereta tipo picayos

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Monte Hijedo (Valderredible, Cantabria). Galería de imágenes.

Las imágenes están tomadas en alta resolución (LSF), si bien las del blog están reducidas de tamaño. Si alguien quiere los originales los puede solicitar al correo:

centrocultural@valderredible.es.

The pictures are taken in Large Super Fine(LSF), the size of the pictures displayed below is reduced. If anyone wants the originals  can ask them to the mail:

centrocultural@valderredible.es.

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FUENTE: CENTRO CULTURAL