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Llueve plástico en los parques nacionales de EE UU

Un estudio calcula que la atmósfera transporta más de 1.000 toneladas de microplásticos al año hasta estos espacios naturales protegidos del oeste del país
El Gran Cañón, en Arizona, es uno de los parques nacionales de EE UU en los que se han recogido microplásticos . CHRISTIAN HEINRICH (GETTY IMAGES)

Hasta ahora se ha incidido en cómo los plásticos se están diseminando por el planeta a través de los ríos y los océanos, pero los científicos empiezan a tener cada vez más en cuenta otra vía de propagación: la atmósfera. El último trabajo de investigación sale publicado esta semana en la revista Science y muestra cómo la lluvia, el aire, las nubes están desplazando microplásticos hasta lugares tan inesperados como los parques nacionales de EE UU. A partir de las deposiciones atmosféricas recogidas en 11 de estos espacios naturales desde el otoño de 2017 al verano de 2019, investigadores de la Universidad Estatal de Utah llegan a estimar que cada año caen del cielo más de 1.000 toneladas de microplásticos en los parques nacionales del oeste de este país, el equivalente a entre 120 y 300 millones de botellas de plástico de agua que fueran desperdigadas en trozos microscópicos

“Nos sorprendió el número tan alto de plásticos en las muestras, pues es algo que no podemos ver a simple vista. Pero utilizamos dos métodos distintos de conteo y los dos dieron resultados similares”, detalla por teléfono Janice Brahney, profesora auxiliar de la Universidad Estatal de Utah y autora principal de este estudio.

Encontrar microplásticos en parques nacionales como las Montañas Rocosas o el Gran Cañón no solo sorprende porque se trate de enclaves protegidos de gran valor. Esto tiene una relevancia especial porque confirma el papel de la atmósfera para desperdigar por todo el planeta un material que no existía en la naturaleza hasta que fue inventado por los humanos en el siglo XX. Una propagación a gran escala de la que, hoy en día, no se sabe realmente hasta dónde puede llegar su impacto.

Un estudio de investigadores franceses ya documentó el año pasado deposiciones en altitud en montañas de Pirineos y otro trabajo del pasado agosto encontró microplásticos en la nieve del Ártico. Ahora, esta nueva investigación aporta más pistas sobre el viaje del plástico a través de la atmósfera.

Como explica Brahney, algunos trabajos han tratado de cuantificar el movimiento global del plástico en el planeta, pero ignoraban la parte atmosférica: “Nuestros datos muestran que el ciclo del plástico es una reminiscencia del ciclo mundial del agua, que tiene vidas atmosféricas, oceánicas y terrestres”. El mismo número de Science en el que aparece el trabajo de los parques nacionales incluye un comentario en el que los científicos Chelsea Rochman y Timothy Hoellein defienden la necesidad de pensar en grande con las pequeñas partículas e investigar este ciclo del plástico como otros de los ciclos elementales globales.

Para estudiar el viaje de los microplásticos hasta los parques nacionales de EE UU se utilizó un sistema que recolecta a la vez deposiciones atmosféricas húmedas y secas. Básicamente, se trata de dos cubos con un sensor de lluvia: cuando empiezan a caer gotas del cielo, de forma automática se tapa el cubo de las muestras secas y se deja al descubierto el de las húmedas, ocurriendo lo contrario al acabar de llover. En total, los investigadores recogieron 236 muestras húmedas y 103 secas (el número de las primeras es mayor porque se recogían de forma semanal, mientras que con las otras se hacía cada mes o dos meses). A continuación, todas estas deposiciones recolectadas en estos santuarios de la naturaleza fueron analizadas en el microscopio: el 98% de ellas contenían microplásticos.

Partículas y fibras plásticas mezcladas con polvo en muestras recogidas por los investigadores, 500 µm equivalen a 0,5 milímetros. (JANICE BRAHNEY / UNIVERSIDAD ESTATAL DE UTAH)

Si un pelo humano tiene un grosor de unas 80 micras (µm), el tamaño de las partículas plásticas recogidas variaba entre 4 y 188 µm, además también se encontraron fibras de entre 20 µm y 3 milímetros. Gran parte de estos microplásticos estaban en un rango similar al polvo que se mueve en la atmósfera. No obstante, según se recalca en el estudio, el plástico tiene menor densidad que las partículas de tierra por lo que todavía resulta más “transportable”. En cuanto a su composición, la mayor parte de los microplásticos fueron identificados como polímeros utilizados en aplicaciones industriales y textiles.

Después de combinar los resultados de las muestras con la localización de las ciudades cercanas, los patrones meteorológicos locales y los modelos climáticos, los investigadores concluyeron que los microplásticos más grandes fueron depositados durante la caída de lluvia y posiblemente llegaron hasta allí desde zonas urbanas cercanas durante tormentas. Al mismo tiempo, las partículas más pequeñas (que componían la mayoría de la masa plástica recogida) fueron recolectadas con tiempo seco y se cree que recorrieron mayores distancias.

Como señala Gaël Le Roux, investigador de la Universidad de Toulouse (Francia) y uno de los autores del trabajo científico del año pasado que detectó deposiciones de plástico en Pirineos, si bien el papel de la atmósfera en la propagación de micropartículas de este material se ha empezado a estudiar de forma reciente, cada vez son más los indicios que prueban su importancia. “Lo más impresionante de nuestro estudio es que la cantidad de plástico hallado en las montañas era similar al que se encuentra en las grandes ciudades”.

Este especialista en biogeoquímica incide en que cuando se evalúa la cantidad de plástico en los océanos hay una parte que no se sabe dónde va. “Debería estar en los océanos, pero no la encontramos: o bien desaparece, lo que es posible, pues puede ser descompuesto por organismos vivos, o bien va a la atmósfera. Nos hacen falta más datos”, recalca.

¿Qué impacto tiene toda esta contaminación para los seres vivos en la naturaleza y en las personas? Como se especifica en el estudio de los parques nacionales, aunque todavía es escasa la literatura científica sobre los efectos de los microplásticos en los organismos terrestres, hay trabajos científicos que han documentado daños internosreducción de la energía o modificación del comportamiento en organismos acuáticos por la ingestión de plásticos. Asimismo, los investigadores de EE UU inciden en que, si bien se sabe todavía menos de lo que ocurre con los microbios, algunos estudios sugieren que este material puede influir en la composición de la comunidad microbiana. Expertos en toxicología advierten no tanto de los microplásticos, como de determinados aditivos utilizados en su fabricación. Por su parte, Le Roux incide en la degradación de los microplásticos en fragmentos todavía más pequeños, nanoplásticos, que pueden llegar más lejos en un organismo vivo.

“No sabemos realmente todas las implicaciones que tiene la acumulación de estos materiales, hace falta más investigación”, destaca Brahney, que cree que un primer paso para encontrar soluciones a escala global pasa por identificar los mecanismos clave en la emisión del plástico. Aun así, como incide, “aunque se dejara de producir plástico ahora mismo, la liberación de plástico en el entorno durante tanto tiempo hace que no se pueda parar su propagación en la atmósfera”.

Fuente : EL PAÍS / CLEMENTE ÁLVAREZ .

El coronavirus tiene un antes, un durante y un después (si se sobrevive)

A continuación reproducimos un estupendo artículo de Pablo Linde que habla del durante y del después del coronavirus,  lo publicamos sobre todo para aquellas personas que minusvaloran la importancia del momento, las que piensan que a ellas “no les va a pasar”.

Los últimos de la UCI

Tras curarse del virus, los pacientes que pasan semanas en cuidados intensivos, encamados y fuertemente medicados, han de superar una espiral de trastornos

Juan José cree que su madre entró en la UCI porque tuvo la suerte de estar en Córdoba, y no en Madrid. Cuando ingresó, a finales de marzo, en las unidades de cuidados intensivos de la capital no había sitio para todos los que las necesitaban. Los médicos tuvieron que priorizar a los pacientes con más posibilidades de supervivencia. Rosario, de 78 años, con una debilidad extrema y una saturación de oxígeno en sangre mínima, llegó con las justas. Y estuvo a punto de no salir: lo hizo tras 60 días entre la vida y la muerte.

Quienes pasan tanto tiempo en cuidados intensivos en los hospitales libran dos batallas: la primera, superar la covid-19, sobrevivir al compromiso en el que el virus pone sus pulmones, y a menudo también su corazón, hígado, riñones… y eliminar finalmente el patógeno de sus cuerpos. La segunda no es menor: después de días encamados, sedados, paralizados, ingiriendo un bombardeo de fármacos, se tienen que recuperar de la propia UCI. Y el camino está lleno de trampas. “Suele ser un paso para adelante y dos para atrás. Llegan infecciones, falta de movilidad, problemas con la nutrición, fallos orgánicos…”, relata José Carlos Igeño, jefe de Urgencias y Cuidados Intensivos del Hospital San Juan de Dios de Córdoba, donde estuvo ingresada Rosario. “Cuando van mejorando y hay un paso hacia atrás, los parientes me suelen preguntar: ‘¿Pero no estaba bien?’. Hay que explicarles que bien no, que están en una UCI, siguen críticos aunque vayan mejorando”, continúa.

Las unidades de cuidados intensivos de España se fueron vaciando poco a poco de pacientes ingresados con coronavirus. La media de estancia ha sido de alrededor de 20 días, según el Ministerio de Sanidad, pero no es infrecuente que se prolonguen. No hay una causa única para que esto suceda. Influye el estado basal con el que entre el paciente: cuanto más sano y fuerte estuviera antes de la enfermedad, más esperanzas hay. Pero la medicina no es matemáticas. “Hay veces que te encuentras a dos pacientes con la misma gravedad, misma edad y similares características. Les das el mismo tratamiento y uno sale para adelante y el otro no”, cuenta Igeño.

Hace semanas que los ingresos en UCI se cuentan con los dedos de las manos en toda España. En la última necesitaron cuidados intensivos 14 personas en seis de los 19 territorios (las 17 comunidades autónomas, Ceuta y Melilla). En los otros 13, en la casilla de nuevos enfermos críticos aparece un esperanzador cero. No es un camino irreversible. Todavía hay nuevas hospitalizaciones (148 en los últimos siete días), que suceden a los nuevos casos (2.053 el mismo periodo). Algunos de estos nuevos contagios probablemente acabarán en estado crítico, pero encontrarán hospitales con muchos más medios que quienes tuvieron estos mismos destinos en el periodo agudo de la epidemia.

Las dos comunidades más azotadas por la epidemia, Madrid y Cataluña, han pasado de tener una ocupación de sus UCI del 100% —aunque las autoridades han señalado que nunca se llegaron a saturar, decenas de profesionales han contado a este periódico que sí fue así— a un 30% y un 25% de pacientes de covid en estas unidades respectivamente, según los informes del pasado 22 de mayo publicados para el cambio de fase de ambas regiones. Entre esos críticos, algunos son estos nuevos ingresos que van llegando ahora muy poco a poco; otros son los que llevan semanas sedados esquivando la muerte.

Existe un término para describir el padecimiento de estos últimos: enfermedad crítica crónica. “Es una entidad que no tiene una definición estandarizada”, cuenta María Ángeles Ballesteros, de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC). Son pacientes que, una vez superado el evento agudo —en este caso la neumonía causada por el coronavirus— siguen necesitando soporte de UCI. “Hay varios motivos, en ocasiones se pone en marcha y se perpetúa un estado inflamatorio crónico. También suele suceder que hay una debilidad persistente”, asegura Ballesteros. La parálisis y la sedación de la UCI lleva el cuerpo a consumirse a sí mismo, entra en un estado catabólico en el que la masa muscular prácticamente desaparece. Algunos pacientes no pueden respirar por sí mismos, no ya por los pulmones rígidos, sino también porque el diafragma no es capaz de ejercer su función. Por no mencionar la capacidad para otros movimientos que requieren más fuerza.

“Es una debilidad neuromuscular, multifactorial, unida a los fármacos perpetúa la situación. La edad es factor de riesgo, pero no como tal, sino por las comorbilidades asociadas: si hay una disfunción cardíaca, problemas en los bronquios o en algún órgano, el despertar de la UCI será más complicado. Para mejorar todo esto conviene limitar la ventilación mecánica al mínimo tiempo posible, ir quitándola para que el paciente vaya respirando por sí mismo poco a poco, hacer un programa de movilización y nutrición precoz en cuanto sea posible”, enumera Ballesteros.

Cuando comenzaron a despertar a Rosario, “ni los párpados podía mover”, enfatiza Igeño. “Hubo muchos días que pensamos: de hoy no sale”, continúa. Estaba “muy, muy grave” al ingresar. Y poco después, a la neumonía se le sumó un problema cardiovascular, algo no infrecuente en pacientes de covid-19. “Manejar a un paciente con todos estos problemas, su fragilidad, moverlo para cambiarlo de postura se hace complicadísimo. El reto no era ya que no muriese por la infección, sino también por el shock cardiogénico añadido. Una miocarditis [era lo que le detectaron] en una paciente con una neumonía con covid, distrés respiratorio y shock cardiogénico, la mortalidad diría que es del 99%”, explica este médico. No es raro que se produzca una cascada de fallos orgánicos coadyuvados por un rosario de medicamentos: vasoactivos, adrenalina, noradrenalina… El corazón no bombea bien la sangre, no llega por ejemplo a los riñones, dejan de funcionar, el enfermo necesita diálisis. Es el círculo vicioso de la UCI de larga estancia.

Los intensivistas tienen que buscar ventanas de mejora para poder comenzar las técnicas de desconexión progresiva de la ventilación, que el paciente colabore lo máximo posible, haga cada vez más esfuerzo. Esto se une a rehabilitación y fisioterapia. “Es un avance muy lento susceptible de otras complicaciones”, cuenta Demetrio Carriedo, intensivista en el hospital de Getafe. “No hay un tiempo máximo de estancia, hay casos que han sobrevivido después de más de un año. Pero cuanto más se prolonga más reducidas son las posibilidades de recuperarse favorablemente, sin secuelas”, prosigue.

Después de 60 días, Rosario salió de la UCI y su hijo asegura que está bien, aunque con algunas lagunas. “En ocasiones no está segura de si las cosas han pasado de verdad o las ha soñado, nos tiene que preguntar a mi hermana o a mí”, dice Juan José. En el camino, en los primeros despertares, una vez salvados los compromisos orgánicos, se cruzaron reinfecciones muy frecuentes en las unidades de cuidados intensivos por los catéteres. Después llegó el miedo a que, superado todo esto, hubieran quedado fallos neurológicos irreversibles como consecuencia de la falta de oxígeno. “Abría los ojos, pero no conectaba con nosotros. Hicimos pruebas complementarias, TAC cerebrales, vimos que había pequeñas alteraciones, probablemente trombóticas por culpa del coronavirus, pero no justificaban que la mujer no despertara. El problema es que después de tantos días intubada, con sedantes, analgésicos opioides, relajantes musculares, el cuerpo tarda todavía un tiempo en eliminarlos”, explica Igeño.

Un día, una enfermera notó que conectaba con ella. Era una respuesta tenue, pero Rosario comenzaba a ser consciente. Comenzaba para ella un camino todavía, el de la recuperación tras la UCI que afronta, según su hijo Juan José, “con ganas de vivir”

FUENTE: DIARIO EL PAÍS /PABLO LINDE

¡Preparados para volver!

El problema, las medidas, la ilusión, reinventarse, soluciones creativas… ¡Preparados para volver! ¡Saldremos adelante! ¡Volveremos con más ganas que nunca!

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE / VIETNAM ESTUDIO .

Un mar de plásticos baña una de las principales ciudades costeras de Sudáfrica

Las fuertes tormentas que han sacudido la zona han llevado desde tierra adentro hasta el mar un enorme volumen de desechos.

Basura en la desembocadura del río Umgeni, en Sudáfrica, el pasado día 12. Vídeo: The Litterboom Project (Mike Frew/Reuters).

El mar Índico que baña las costas de Durban, la tercera ciudad de Sudáfrica, trae estos días a la playa casi tantos plásticos como agua. Unas imágenes difundidas por una ONG local muestran las olas de basura arribando a las orillas de ciudad portuaria, uno de los principales destinos turísticos del país.

Las fuertes tormentas que han sacudido la zona han aumentado el caudal del río Umgeni, que desemboca en el mar en Durban, y con el torrente han llegado hasta las playas un volumen de envases extraordinario. Con todo, el problema que no es nuevo. “Ocurre cada vez que llueve mucho, es entonces cuando el problema plástico se hace especialmente evidente. La ciudad y muchas organizaciones sin ánimo de lucro trabajan duro para limpiar cada vez, a veces pasando semanas”, ha declarado a la agencia Reuters Mike Frew, un vecino de la ciudad, quien grabó el vídeo que ha difundido la ONG.

El pasado mes de abril, un contingente de voluntarios, turistas entre ellos, limpió varias playas de la región, que aparecieron cubiertas de botellas y demás desperdicios, y que hubo de cerrar por insalubridad. El puerto de Durban, uno de los principales de África, también se vio afectado por el vertido, provocado por las fuertes lluvias, recogió el portal informativo IOL.

La organización que ha difundido las imágenes, The Litterboom Project, publica en su página web que en un año y medio han conseguido que 14 toneladas de plásticos no lleguen a los océanos, una cantidad a la que se suma, solo en el área de Durban y en los últimos cuatro meses, otras 55 toneladas de basura recogida.

Un estudio de 2013 catalogaba el río Umbeni como uno de los más sucios del país y alertaba de los riesgos para la salud humana que suponía el estado de sus aguas, infestadas de virus del cólera, salmonela y hepatitis b.

Fuente :  EL PAÍS .

 

Un cambio radical de la agricultura se abre paso en el Reino Unido para mejorar la salud y el clima

Un informe respaldado por las principales fuerzas políticas sugiere avanzar hacia la “agroecología”

“Influida por unas políticas pobres y unos incentivos perversos, la industria agrícola y la alimentaria se han convertido en uno de los principales factores en la crisis de salud y medioambiental. Desde la deforestación a la pérdida de especies salvajes, de la degradación del suelo a la contaminación extendida y a problemas de salud relacionados con la dieta, las personas y el planeta han sufrido las consecuencias”. El informe de la Comisión para la Alimentación, Agricultura y el Campo (RSA, en sus siglas en inglés), un organismo independiente establecido en 2017 para replantear la cadena alimentaria en el Reino Unido, alerta de los graves riesgos para la salud y el medioambiente que han generado décadas de agricultura intensiva, con resultados devastadores para el campo británico y para el bienestar físico de las nuevas generaciones.

El informe, en el que han participado expertos en la industria agroalimentaria y en políticas medioambientales y de sanidad, describe los últimos 70 años como un proceso destinado a crear alimentos cada vez más baratos que ha tenido consecuencias “perversas y perjudiciales”. Los precios a los que venden hoy en día los productores son baratos, y los alimentos en los supermercados tienen precios cada vez más bajos, pero “el verdadero coste de estas políticas es simplemente trasladado al resto de la sociedad: un medioambiente degradado, una espiral de mala salud y núcleos urbanos más empobrecidos”. “El Reino Unido tiene la tercera alimentación más barata entre los países desarrollados, pero el mayor riesgo de seguridad alimentaria en toda Europa”, dice el informe. Con datos concretos, salpicados en todo el documento, se ilustran las consecuencias a largo plazo de estas políticas. “Simplemente el coste para el Servicio Nacional de Salud de una de estas enfermedades relacionadas con una dieta pobre, la diabetes tipo 2, se acerca a los 30.000 millones de euros al año”, indica.

Los expertos señalan que las medidas que se adopten en los próximos 10 años pueden ser fundamentales. Y señalan, desde el lado positivo, que la ciudadanía ha comenzado a tomar conciencia de la dimensión del reto. Surgen cada vez más llamadas de atención y movimientos colectivos que exigen que se adopten las medidas necesarias para combatir esta amenaza. “Desde los alumnos de las escuelas a los accionistas de las empresas, o desde las industrias agrícolas y alimentarias, por todas las comunidades del Reino Unido, estamos encontrando respuestas a favor del cambio necesario”, dice el informe, que incluye en sus conclusiones las quejas de muchos de los protagonistas de esta situación: “Soy un ganadero y no puedo permitirme la misma comida que he producido. ¿No es algo ridículo?”, dice James, un productor de carne de oveja del distrito británico de Peek.

La comisión defiende la disponibilidad y voluntad de la comunidad agricultora y ganadera del Reino Unido, preparada para cambios drásticos cuando el Brexit sea una realidad, para acometer las reformas necesarias en la próxima década. “Los agricultores se adaptan extraordinariamente a las nuevas circunstancias”, ha dicho Sue Pritchard, directora de la RSA y ella misma una agricultora orgánica en Gales. “Tenemos que convivir con los cambios cada día de nuestras vidas. En estos momentos, muchos agricultores son acosados y retratados como los malos de la película. Pero sin una agricultura sostenible y segura en el Reino Unido, no sobreviviremos”.

El informe asegura que la actual agricultura británica es responsable de al menos el 10% de los gases de efecto invernadero que se emiten en el Reino Unido, y es además la culpable de la desaparición de una gran porción de la vida salvaje de esta isla. El volumen de especies autóctonas clave se ha reducido, asegura, en un 67% desde 1970, y cerca de un 13% de esas especies se encuentra hoy en peligro de extinción.

“El Brexit ha creado una oportunidad que solo se da cada 50 años para cambiar nuestro sistema agroalimentario”, asegura Ian Chesire, presidente de la RSA y asesor del Gobierno en materia medioambiental. “Necesitamos tomar medidas ahora mismo. La emergencia climática exige acciones urgentes y radicales”.

Entre otras acciones, el informe, respaldado por las principales fuerzas políticas del Reino Unido, sugiere marchar hacia la “agroecología”, que supone avances en la agricultura orgánica y la reforestación inteligente de bosques, que combinen árboles con cultivos y pastos para ganado. Recomienda respuestas tan simples y a la vez tan lógicas como “apoyar la cría vacuna y de corderos en aquellos lugares donde lo más fácil de cultivar es la hierba”. El ministro de Medio Ambiente, Michael Gove, se ha comprometido nada más recibir el informe a incrementar las ayudas destinadas a los agricultores y ganaderos dispuestos a emprender estos cambios.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / RAFA DE MIGUEL .

Rebeldía indígena contra los envases de plástico

San Pedro La Laguna, al occidente de Guatemala, lidera una cruzada medioambiental que puede servir como ejemplo en otras comunidades.

El primer municipio de Guatemala donde está prohibido el uso de plásticos es el de una pequeña comunidad indígena. San Pedro La Laguna, al occidente del país, con su alcalde Mauricio Méndez a la cabeza, ha dado un paso adelante que puede servir de ejemplo. “Este pueblo ha sido cómplice y protagonista de las locuras en relación con el medioambiente”, dice Méndez.

El regidor se encontró con su iniciativa a mucho incrédulo, sobre todo porque una situación como esta no es usual en Guatemala. “No ha sido sencillo, muchas de las personas nos sentimos perdidas al principio”, dice Julia, una vendedora del mercado local. “Con el tiempo, e información, fuimos entendiendo lo de ayudar al medioambiente”.

La idea de prohibir el plástico no fue solamente por razones ambientales. Méndez cree que abordar la vida de un pueblo y su desarrollo desde un punto de vista integral, ofrece mayores garantías de éxito que hacerlo de manera aislada. “La idea es generar oportunidades sostenibles. No se trata de ser solamente ambientalistas, sino también apoyar a las mujeres, al sector agrícola y al comercial”, dice Méndez.

Y esa visión le ayudó a crear un sistema en el que todos los ámbitos del pueblo se sintieran partícipes del cambio de hábitos. “Es bastante sencillo realizar labores de limpieza. Las jornadas no llevan más de dos horas”, añade. Según la Municipalidad de San Pedro, hasta el 90% del pueblo se ha subido al barco de la no utilización de plásticos de un solo uso.

De vuelta a las raíces culturales

Si algo ha cambiado con el acuerdo emitido y aprobado en octubre de 2016, ha sido la vuelta a prácticas tradicionales que se estaban perdiendo. El uso de servilletas con motivos mayas dio paso a pequeñas bolsas plásticas para las tortillas, por ejemplo. De acuerdo con la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán y su Entorno (AMSCLAE) solamente en Panajachel y San Lucas Tolimán, dos de los 15 municipios que rodean al lago de Atitlán, se utilizan 15.000 bolsas plásticas para tortillas a la semana. Ahora las personas traen sus bolsos de tela y de palma para llevar sus compras. La carne, el pollo y el pescado se envuelven en hojas de plátano.

La educación ambiental la que desempeña un papel determinante. No por concienciar acerca de la problemática con el plástico, sino también a la hora de inculcar valores propios de la cultura tzu’tujil. “Ahora vemos el cambio en las casas. Son los niños quienes nos ayudan a los adultos a tener nuevos hábitos, que, de alguna manera, nos lleva a retomar algunos viejos”, cuenta Ángela Rosarina, una tejedora y artesana de la localidad.

El Congreso de Guatemala se encuentra en proceso de aprobar una Ley que regule el uso de plásticos, debido a la grave contaminación de ríos y lagos del país. Hasta que no salga adelante, la gran mayoría de municipalidades no se animan a emular lo hecho en San Pedro La Laguna. “No existe un marco legal que los proteja”, dicen desde AMSCLAE.

Reutilización y cambio de dieta

Después del paso del huracán Stan en 2005, que soterró a toda una comunidad de Santiago Atitlán y mantuvo en precarias condiciones a la mayoría de habitantes de la cuenca, Sussana Heisse, una exprisionera de la extinta Alemania Oriental y residente en Guatemala durante más de 30 años, ideó una solución a la destrucción: usar las botellas Pet como material de construcción.

El Congreso de Guatemala se encuentra en proceso de aprobar una Ley que regule el uso de plásticos, debido a la grave contaminación de ríos y lagos del país

“Surgió la idea de meter las bolsas plásticas dentro de las botellas. Cada turista toma tres litros de agua, lo que son muchos envases”, dice Heisse. En principio, lo que se buscaba era concentrar la basura. Luego, se vio el potencial de estos envases plásticos, llenos de más plástico compactado, como un posible material de construcción.

Y fue así como nació el ecoladrillo y con él, el deseo de la población de San Marcos de contribuir a reducir la contaminación mediante la separación de la basura. “Lo que la gente entendió es la importancia de separar y clasificar los desechos que producimos diariamente”, añade Heisse.

Los ecoladrillos fueron muy importantes en la reconstrucción de algunos hogares, así como la escuela de San Marcos en 2005. “Se necesita mucha inversión en algo como esto. Simplemente no pudimos continuar con ello”, se lamenta Heisse, quien a través de su ONG Pura Vida Atitlán ha dedicado los últimos 15 años a educar a los niños y niñas sobre temas ambientales y la importancia de evitar el consumo de frituras y comida chatarra.

Aunque continúa apoyando este material, su idea es la de ayudar a entender acerca de los peligros que la comida chatarra, o chucherías, y otros alimentos refinados y procesados presenta para la salud de las personas. A través de Pura Vida Atitlán ha editado varios libros educativos, que han sido reutilizados por el Ministerio de Educación, en los que hace una comparativa entre los aperitivos naturales, como las frutas, versus los procesados.

Solamente en Panajachel y San Lucas Tolimán, dos de los 15 municipios que rodean al lago de Atitlán, se utilizan 15.000 bolsas plásticas para tortillas a la semana

“Un banano es más sano y lo compras de tu paisano hermano”, le dice a unos niños que pasan a saludarla. “Guatemala pierde más de 500 millones de quetzales [unos 57 millones de euros] de beneficio económico que va a parar a las arcas de empresas transnacionales. Aquí nos quedamos solo con enfermos de gastritis, úlceras, diabetes y con montañas de basura”.

En esa línea, Méndez comenta que uno de los objetivos que persigue actualmente es la de mostrar a las marcas la cantidad de basura que sus productos producen. “La idea es tener un control de todo lo que consumimos para minimizar la contaminación”, apunta

No todo es fácil

El cambio ha traído grandes beneficios. El primero, la imagen de ser un lugar amigable con el medioambiente, lo que generó el aumento de un 300% en el turismo. “Eso ha significado un aumento en el comercio, los hoteles y toda la economía del pueblo”, dice Méndez.

Sin embargo, si bien hay algunas facturas que se han reducido, como la del consumo de energía eléctrica y el pago de cuadrillas para la limpieza subacuática del lago, la venta de materiales clasificados aún no levanta. Uno de los planes es involucrar a los grupos de mujeres, para que sean ellas quienes clasifiquen y vendan la basura y así generar sus propios ingresos.

Está, también, el tema de las demandas que la Gremial de Fabricantes de Productos de Plástico interpuso contra Méndez, por considerar inconstitucional la prohibición del plástico. “Atenta contra el libre comercio”, aducen. En la misma línea se expresó el congresista Fernando Linares, quien se opuso a la aprobación de la Ley contra el uso de bolsas plásticas. “La bolsa plástica es de gran utilidad. No hay que castigar a la industria de bolsa, sino a quien la bota sin ningún control”, dijo durante su intervención en el pleno del Congreso.

Todo esto asusta a otras corporaciones municipales que anhelan por aprobar iniciativas similares a las de San Pedro. Sin embargo, ninguna de estas presiones ha hecho retroceder a Méndez. “Irnos separando de los plásticos es muy exitoso. Como pueblo se están dando pasos, muy pequeños, pero que han logrado demostrar al mundo lo que somos capaces, como no ser codependientes de productos que no son de beneficio para el planeta”, concluye.

FUENTE: EL PAÍS / Jorge Rodríguez .

Grandes documentales de Radio Televisión Española

GRANDES DOCUMENTALES DE  RADIO TELEVISIÓN ESPAÑOLA

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FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE .

Alarga la vida de tu aspiradora mientras te tomas un café

Los Repair Café son espacios en los que voluntarios con tiempo y maña enseñan a arreglar aparatos electrónicos y electrodomésticos para combatir la obsolescencia programada

Al punto limpio le han hecho una jugarreta. La holandesa Martine Postma creó en Ámsterdam hace una década Repair Café, un taller no profesional en el que arreglar desde una cafetera obstruida por la cal a una aspiradora que no aspira. Voluntarios con maña y tiempo enseñan a reparar cacharros a todo aquel que pase por allí mientras toman un café. Gratis. El café y la reparación. “Comenzó como una manera de reducir los desechos electrónicos. Con el tiempo se ha convertido en un espacio que fomenta las relaciones sociales. Y ahora queremos obligar a los fabricantes a que incluyan manuales de cómo reparar lo que venden”, resume Postma por teléfono desde la capital holandesa. Existen 1.854 Repair Cafés repartidos en 37 países. Los Países Bajos cuentan con 500. Este viernes en España se inaugura el sexto en Villaverde (Madrid). “No competimos con reparadores profesionales. No se trata de dejar el aparato y volver luego a por él ya listo; es un concepto diferente. Se trata de aprender a arreglarlo y de cambiar la mentalidad de la gente”, afirma. La competencia se la hacen al punto limpio.

Las actividades de los Repair Café dependen de la iniciativa de un particular. Quien quiera organizar uno de estos talleres con regularidad ha de pagar 49 euros a la fundación Repair Café –con sede en Ámsterdam–. A cambio, obtienen los derechos de uso del logo, promoción de la actividad en la web oficial y un manual con recomendaciones para asentarse en el vecindario. La periodicidad es flexible: los hay que abren a diario; otros lo hacen una vez al mes. Tampoco existe un prototipo de lugar que acoja estas jornadas en las que se lucha contra la obsolescencia programada y se confraterniza. “Lo que sucede en los Repair Cafés es algo así como pedirle a tu vecino que le eche un vistazo a algo que tienes roto”, ilustra Postma, que antes de crear esta iniciativa se dedicaba al periodismo.

Hay cafeterías que brindan su espacio para acoger estos talleres. Otras veces tienen lugar en la sede de alguna asociación vecinal o en un centro cívico. El de Madrid se organiza en Medialab-Prado, un laboratorio social cerca de Atocha que acoge propuestas de los ciudadanos. Julio Gisbert y Paco Ortega, “dos chiflados de la economía social”, como se define el segundo, lo pusieron en marcha hace cuatro años. El primero se ha desligado y se centra más en los bancos del tiempo, un sistema de intercambio de servicios que se paga en horas en lugar de en euros. Ortega, en cambio, va a inaugurar el sexto Repair Café de España este viernes en Villaverde, un barrio obrero en el sur de Madrid. “Va a ser una incógnita. No sé quién vendrá”, afirma este profesor de primaria. “Siempre he sido muy manitas. Antes destrozaba los juguetes, ahora los arreglo”, responde casi antes de que se le pregunte. Tiene la lección bien aprendida.

El taller de Madrid está en Atocha

Con Ortega centrado en el de Villaverde, la comunicación del Repair Café de Medialab-Prado recae en Javier Vázquez. Empezó con un blog, luego se cambió a Facebook. Madrileño de 62 años, trabajó de vendedor a puerta fría hasta que se quedó en paro. Forma parte de estos talleres desde hace tres años. Al principio se celebraban una vez al mes, ahora lo organiza todos los sábados de seis a ocho de la tarde. “Se trata de recuperar las relaciones que se daban antes en los barrios. Siempre había alguien que te ayudaba a poner un taladro o montar una estantería”, afirma para referirse a la parte más social. En el espacio habilitado hay tantas tazas de porcelana como cacharros y herramientas.

Cuando se le inquiere por la cuestión técnica remite a su colega José Manuel Gutiérrez, el reparador que lidera el taller: “Muchas veces el punto limpio no funciona como tal. Hay ocasiones en las que el aparato acaba en un barco camino de un país desfavorecido”, afirma este apasionado de la electrónica, que acaba de encontrar trabajo en una empresa de televisores. En la última jornada celebrada el pasado sábado arregló un altavoz y un radiocasete. “Los fabricantes dificultan la vida a los reparadores. Emplean componentes electrónicos que no existen en el mercado o usan tornillos de estrella pero con tres puntas [lo habitual son cuatro]. Hay cafeteras que llevan unos tornillos parecidos a remaches [con la apariencia de no poder extraerse]”, explica este reparador de 45 años de La Palma del Condado (Huelva), que en su anterior trabajo como florista, en Colombia, también requería de finura en las manos.

Desde la fundación Repair Café, en Países Bajos, recogen información sobre la durabilidad de algunos objetos y la publican. Llevan un control de las marcas y los modelos. “Muchos artículos no están rotos. Simplemente necesitan mantenimiento”, explica Postma. “Los fabricantes quieren vender tantos productos como puedan”, insiste. “Las tiendas siempre tienen alguna excusa para no reparar los aparatos. Al final la gente lo acaba tirando”, carga Gutiérrez.

De Repair Café a Repair Choco

Vázquez se encarga de contactar con reparadores, el puesto fundamental, a los que organiza desde casa. “Tengo mucho tiempo online”, cuenta. El siguiente proyecto consiste en afianzar el taller para niños que lanzaron hace un año con el fin de reparar juguetes y consolas. Lo llaman Repair Choco: “Hemos hablado con la Asociación de Padres y Madres de un colegio cercano. Les ha parecido bien”, explica. “No sé cómo estos chavales van a solucionar los problemas que se les presenten de mayores, todo el rato pegados a una maquinita”, reniega, pero no pierde la esperanza.

Otros que ponen el foco en los adolescentes son los organizadores del Repair Café Asturias. “Queremos llevarlo a los institutos. No solo se trata de reparar sino de concienciar”, explica Víctor González, un ingeniero mecánico de 29 años que habla con serenidad. González forma parte de la ONG Ingeniería sin Fronteras Asturias, desde donde parte la iniciativa. Ayer martes celebraron una nueva edición en la asociación Casa de Iniciativas Suañu, un lugar de encuentro comunitario en el sur de Gijón. “Lo promocionamos en nuestras redes. Viene gente de toda la ciudad”, explica González, uno de los que más se involucra. Le encanta reparar. “No todo es comprar-tirar-comprar”, resume. Repair Café Asturias ha pasado por Gijón, Oviedo, Avilés y la escuela de Ingeniería de la Universidad de Oviedo.

Dinamizar un barrio

Si el Repair Café de Medialab-Prado funciona como un banco de tiempo, el de Barcelona va de la mano de un banco de objetos. Carolina Rivas, una cineasta mexicana que lleva ocho años en Barcelona, obtuvo la licencia para operar bajo el paraguas de la fundación holandesa este año. Trabaja en la asociación Open Art junto a Daoud Sarhandi, con quien ha organizado dos sesiones en el barrio desfavorecido Baró de Viver, separado de Santa Coloma de Gramanet por el río Besòs, al norte de Barcelona. El próximo se celebra el 26 de junio y está especializado en aparatos eléctricos. En los dos anteriores repararon impresoras y electrodomésticos. Los vecinos se acercan tanto a arreglar cacharros como a tomar prestadas herramientas. “Invitamos a todos los manitas a que participen”, explica Rivas con generoso entusiasmo.

Repair Café, incluido en el banco de objetos, es el último proyecto de esta asociación sin ánimo de lucro que fomenta la educación y la integración ciudadana. “Creo en la inclusión social a través del arte”. Reciben mobiliario de la Fira de Barcelona que ya no sirve y le dan una segunda vida. El consumo responsable y la economía circular subyace en todos los colectivos o individuos que organizan estas jornadas de reparación de aparatos. Café Repair también se celebra en Zaragoza, en el casco antiguo, y en Toledo, en el barrio de Covachuelas. Existen 1.928 puntos limpios en España, casi tantos como Repair cafés en el mundo.

DISEÑO DE APROVECHAMIENTO

Otro proyecto que aboga por vivir de una manera menos consumista es Rehogar, que reúne a diseñadores, arquitectos, artistas y estudiantes para crear arte a partir de cualquier tipo de desecho. El colectivo Makea tu vida está detrás de la fabricación de muebles con plástico reciclado, floreros hechos con tuberías, lámparas creadas a partir de CDs o cometas de kitesurf transformadas en bolsos y cometas. Rehogar, que va por su décima edición, exhibió estos objetos a principios de año en San Sebastián. Más que una exposición, se trata crear conciencia en el visitante. Esta es una de las iniciativas que agrupa FeliZiudad, la plataforma digital de Renault que ilustra buenas prácticas destinadas a mejorar la calidad de vida en las ciudades.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / MARIANO AHIJADO .

Muerte del último glaciar de España

Los hielos de Monte Perdido retroceden a un ritmo acelerado y podrían desaparecer en tres décadas. (Incluye  dos video reportajes)

Cerca de la cumbre del Vignemale, una de las más altas de los Pirineos, hay unos enigmáticos boquetes en la roca abiertos con dinamita. Son la puerta a una época tan distinta de la actual que su historia parece mentira. En 1882 el conde Henry Russell tenía alquilada toda la montaña por el precio simbólico de un franco al año. Mandó que le construyeran siete cuevas desde las que contemplaba el atardecer en el glaciar de Ossoue y daba fiestas para sus amigos a más de 3.000 metros de altura. Los refugios se abrieron más o menos a ras de hielo para entrar caminando sin dificultades, pero cualquiera que lo intente hoy en día tendrá que trepar una pared de roca de varios metros. Es una de las pruebas más pintorescas de un fenómeno global: el retroceso de los glaciares de alta montaña.

De los Andes a los Alpes, del Himalaya a la Antártida, la inmensa mayoría de los glaciares de la Tierra se derriten a una velocidad sin precedentes desde que hay registros, un fenómeno relacionado con el cambio climático. El proceso es especialmente intenso en los Pirineos, donde el problema ya no es tanto el retroceso de los hielos, sino su extinción. Treinta y tres de los 52 glaciares que había en 1850 han desaparecido, la mayoría de ellos después de 1980. Desde la cima del Monte Perdido (3.335 metros) se divisa el cadáver más reciente: un precioso lago color turquesa que fue un pequeño glaciar hasta finales de los 90.

Ignacio López-Moreno es como un cirujano al que se le muere el paciente sin poder hacer nada para salvarlo. Hijo de un informático y un ama de casa, este geógrafo zaragozano es el único entre siete hermanos que se dedica a la ciencia. Desde 2011 su equipo del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC) analiza con un detalle sin precedentes el glaciar de Monte Perdido, el más grande del Pirineo español junto al de Maladeta-Aneto, y sin duda el mejor estudiado (el tercer gran glaciar pirenaico es el de Ossue que enamoró al conde Russell). Ninguna otra alta cordillera española alberga ya glaciares. Estos son los últimos de España.

“Estos glaciares, los más meridionales de Europa, están en unas condiciones muy límite, y todo apunta a que serán los primeros en desaparecer”, explica López-Moreno. Estudiarlos es “muy importante para ver cómo se comportan en estas fases finales, hasta qué punto se acelera o se puede ralentizar, y es un ejemplo para muchas otras montañas que dentro de pocas décadas se van a enfrentar a esta situación”, resalta el investigador minutos antes de saltar a un helicóptero junto a otros científicos del IPE para realizar la campaña de este año, a la que ha asistido EL PAÍS. Llevará apenas unos minutos completar una ascensión de unas siete horas a pie, inhumana con los cientos de kilos de equipo y comida que hay que llevar al campamento.

Un glaciar es una masa de hielo que se mantiene a lo largo de todo el año y que está en continuo movimiento. El de Monte Perdido, con un kilómetro de largo y unos 500 de alto, avanza tres centímetros al día, el doble de rápido durante las horas de luz que por la noche. En las últimas décadas se ha separado en dos partes sin conexión, la superior y la inferior.

En los años 50, la zona alta del glaciar era casi plana, pero ahora tiene una pendiente cada vez más pronunciada que dificulta la acumulación de nieve, esencial para que el glaciar no pase la línea crítica en la que pierde más volumen por fusión durante primavera y verano que lo que gana en invierno. En 2011, emergió un farallón de roca caliza entre el hielo del glaciar inferior. Las piedras son como un radiador que alcanza los 15 grados al sol y aceleran la fusión del hielo. Otro enemigo es el polvo del Sáhara, que llega en grandes nubes arrastradas por el viento y tiñe la nieve de color marrón, lo que disminuye su reflectividad y aumenta la fusión. Todo esto se suma al principal enemigo de los glaciares pirenaicos, el aumento de la temperatura.

“La temperatura media ha subido 1,5 grados. Para mucha gente puede parecer poco, pero cuando se habla del cambio climático a escala planetaria el incremento ha sido de 0,7 grados, por lo que el Pirineo se está calentando al doble de velocidad que el conjunto del planeta”, señala López-Moreno.

Durante las campañas de seguimiento anual, la mejor parte de la jornada es la noche. El grupo de seis científicos se arremolina en torno a una mesa plegable donde se hace la cena en una cocina de gas. En el menú de este año: guindillas piparras salteadas y huevos fritos con torreznos. A unos 2.700 metros saben incluso mejor de lo que suena. Pero el trabajo de estos investigadores no es un camino de rosas. Cada año tienen que descolgarse por paredes de roca para reponer termómetros y estaciones meteorológicas aplastadas por la nieve, salvar fuertes desniveles con el equipo a la espalda, acampar en verano y primavera, cuando han llegado a estar a 17 bajo cero y con vientos de 100 kilómetros por hora que derribaban los muros de nieve que habían levantado para proteger la tienda de campaña. La mayoría de ellos son avezados montañeros y espeleólogos. Miguel Bartolomé, el hombre que cocina en las alturas, es el experto del IPE en cuevas heladas, donde también es patente el retroceso del hielo. El día después de regresar de Monte Perdido se fue a poner sensores térmicos en una cueva del sistema de fuentes de Escuaín (Huesca). Tardó 13 horas en recorrerla junto a miembros del Centro de Espeleología de Aragón, en colaboración con la federación aragonesa de Espeleología y el Parque Nacional de Ordesa.

La medida más detallada del retroceso del glaciar la aporta el escáner láser terrestre, una máquina que lanza más de un millón de puntos de luz al glaciar y construye un mapa topográfico con una resolución centimétrica. “Este es el glaciar del mundo que más se ha estudiado con esta tecnología”, explica Esteban Alonso-González, el miembro del equipo que se encarga del escaneo cada año. “Nosotros tenemos una serie ininterrumpida desde 2011, y con varias campañas también en primavera para medir también los máximos de acumulación de nieve”, detalla. Después de 2017, que fue el peor año de la serie, este ha habido muy poca pérdida o alguna ganancia, pero la tendencia general es de declive. Los datos muestran que el glaciar ha perdido de media cinco metros de grosor, aunque hay puntos en que son 14 metros menos. En general el Monte Perdido retrocede un metro al año. Esto se suma a las medidas anteriores usando otras técnicas, que muestran una pérdida global de unos 50 metros entre 1980 y 2010.

“Si asumimos que continúa pasando lo de los últimos años, en 20 o 30 una gran parte desaparecerá completamente. Solo sobrevivirá la zona de hielo vivo, más protegido y con más nieve en la parte alta, que podría perdurar alguna década más”, explica López-Moreno. Será una lenta agonía, pues se estima que en sus últimos años el retroceso del hielo se ralentizará.

El glaciar del Monte Perdido se encuentra dentro del Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido, en los Pirineos, en la provincia de Huesca.

La desaparición del glaciar no supondrá una tragedia a nivel ambiental ni hidrológico. Se estima que el grosor del hielo es de unos 30 metros, con lo que en total atesora unos ocho hectómetros cúbicos, equivalente a un embalse pequeño. Desaparecerán los microbios y otras especies que viven en el hielo, pero aparecerán otras en los lagos resultantes, explica López-Moreno. La vida seguirá adelante, aunque para las próximas generaciones la única forma de ver un glaciar en España sea en fotos.

LA CONTAMINACIÓN MUNDIAL GRABADA EN UN LAGO

Blas Valero navega por el cadáver de un glaciar que desapareció hace 14.000 años. Su fusión dio lugar al lago de Marboré, uno de los más altos de los Pirineos, a 2.590 metros, y también uno de los más interesantes para resolver importantes preguntas sobre el glaciar de Monte Perdido, que está enfrente. Ha habido dos etapas históricas en las que las temperaturas eran muy parecidas a las actuales, una en la época romana y otra durante el Óptimo Climático Medieval entre los siglos X y XIV. Los registros de temperaturas en alta montaña son escasos. El equipo del IPE solo tiene mediciones de altura desde 2013, registro de temperaturas del refugio de Góriz de desde 1981; y las del observatorio Midi de Bigorre (Francia) a 2.877 metros, con datos de precipitación y temperatura desde 1903. El equipo de Valero intenta reconstruir el clima pasado gracias a los sedimentos del fondo del lago, donde siete metros de sucesivas capas permiten remontarse unos 13.000 años atrás. Las dataciones preliminares de la geóloga del IPE Ana Moreno apuntan a que el glaciar existía hace 2.000 años, en época romana, con lo cual, el hielo más antiguo del glaciar debería ser incluso más viejo. La actividad humana es patente en los sedimentos del Marboré, según detalla Valero. En los sedimentos “vemos la cantidad de metales pesados, plomo y mercurio, que proviene de la minería local, y sobre todo a escala global. Hay un pico enorme de la primera globalización del hemisferio norte durante la época romana. Ese pico de la minería romana se observa en todo el pirineo en un gran aumento de la cantidad de plomo que a través del transporte atmosférico llegó hasta aquí. Después desciende, aumenta un poquito durante la época medieval y luego aumenta a partir del siglo XIX con la revolución industrial. Comienza a disminuir un a partir de los 80, cuando se empiezan a utilizar gasolinas sin plomo, pero no baja hasta el nivel previo a la época romana. El impacto de lo que hacemos aparece en un sitio tan prístino y tan remoto como este”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / NUÑO DOMÍNGUEZ Y LUÍS ALMODOVAR .

Centro de Visitantes de la Piedra en Seco – La Puente del Valle.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE / CENTRO DE VISITANTES DE LA PIEDRA EN SECO.