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Hallados en México los restos de 14 mamuts en trampas de cazadores

El descubrimiento representa un hito en el estudio de la Prehistoria por ser la primera vez que se prueba esta forma de cacería, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano

Tultepec se ha convertido oficialmente en tierra de mamuts. El municipio, a unos 40 kilómetros al norte de Ciudad de México, ha visto el hallazgo de 824 huesos pertenecientes a 14 mamuts. El descubrimiento se produjo en febrero cuando trabajadores del municipio intentaban construir un basural y, al excavar unos cinco metros, dieron con restos óseos. “Son de hace aproximadamente 15.000 años”, ha anunciado este miércoles Luis Córdoba, investigador de la Dirección de Salvamento arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), a cargo de la excavación. Los más de diez meses de trabajo por parte de los arqueólogos han revelado algo inédito: por primera vez han sido encontrado huesos de mamuts dentro de trampas excavadas por cazadores. Una novedad que cambia la forma en la que se ha pensado la relación entre los humanos y estos paquidermos.

“En la primera visita ya encontramos varios restos de mamuts”, cuenta Córdoba en un vídeo publicado por el Gobierno mexicano. Junto a unos enormes colmillos aún medio enterrados, como quien muestra una preciada colección, el arqueólogo mexicano exhibe los ocho cráneos, las cinco mandíbulas, las 179 costillas, entre otros cientos de huesos. Él ha participado en el rescate de al menos 22 esqueletos de estos enormes paquidermos en México. Uno de ellos fue en diciembre de 2015, también en Tultepec, cuando la construcción de un drenaje sacó a la luz una enorme osamenta, hoy atracción turística expuesta en el Museo del Mamut de ese municipio.

Después de ese primer hallazgo, la misión de recuperar estos nuevos esqueletos fue nombrada Tultepec II. La gran cantidad de huesos en ese sitio ha abierto ahora la puerta a México para ingresar en la lista de Megasitios de Mamut, donde se encuentran países como Rusia o Estados Unidos, en los que se han hallado cientos de restos óseos.

El descubrimiento revelado este miércoles “representa un parteaguas” en el estudio de la Prehistoria, ha asegurado Pedro Sánchez Nava, coordinador de Arqueología del INAH, en un comunicado. Las excavaciones hablan por primera vez de la forma en la que los pobladores de hace 15.000 años se relacionaban con estos animales, cómo los cazaban con el fin de alimentarse.“Este hallazgo cambia esa escena azarosa y eventual que los libros de texto manejaban sobre la caza del mamut: la de un animal al que se atacaba únicamente cuando caía en un pantano”, celebra Sánchez Nava.

Los restos de estos 14 mamuts han sido hallados en fosas que, según el equipo de arqueólogos, fueron utilizadas por los “cazadores recolectores” como trampas. “Hasta ahora se pensaba que los espantaban para que cayeran en un pantano o que esperaban a que murieran, pero nunca se sugirió un ataque directo”, asegura Córdoba, “aunque aquí está la prueba de que sí hubo ataques directos”.

Efecto del cambio climático

Los arqueólogos que aún trabajan en el lugar afirman que los restos datan del período conocido como Máximo Glacial, una época en que la aridez llevó a los lagos de la región a secarse. “Estos cambios climáticos ocasionaron que mucha del agua de todo el mundo se concentrara en los polos y en las altas montañas, y muchas áreas se volvieran más secas, ese fue el caso de la cuenca de México”, explica Córdoba.

“Se nota que el lago de Xaltocan [que estaba en Tultepec en esa época] bajó de nivel y su fondo quedó expuesto en forma de una llanura muy grande. Ahí es donde aprovecharon los cazadores recolectores para excavar las trampas, en el fondo de lo que había sido el lago”. La composición de la tierra alrededor de los restos fue lo que dio la clave a los investigadores para determinar qué parte de la excavación era formación natural y cuál había sido modificada por el hombre.

La hipótesis de los investigadores sugiere que las trampas halladas de los cazadores recolectores no son intentos aislados, sino “un conjunto [de trampas] en línea muy bien planteado por los cazadores”. “Todo ese esfuerzo debió ser utilizado durante muchos años, por eso la cantidad de restos de mamuts”, dice Córdoba. El INAH incluso ha detallado que han recibido información de al menos otros tres sitios en los alrededores de Tultepec en los que podría haber más restos. Todo a 10 kilómetros de la base aérea de Santa Lucía, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador ha empezado a construir la mayúscula obra del aeropuerto internacional de la capital mexicana.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / GEORGINA ZEREGA .

Así se forjó el primer cuchillo de hierro de la Península

Expertos alemanes y españoles hallan en Los Castillejos de Alcorrín (Málaga) la escoria férrica que permitió el paso de la Edad del Bronce a la del Hierro.

Un arqueólogo trabaja en las excavaciones de Castillejos de Alcorrín (Málaga). Instituto Arqueológico Alemán

A principios del primer milenio antes de Cristo, la flotilla fenicia de grandes velas rojas navegaba cautelosa hacia la desembocadura del río Guadiaro, en el término de San Roque (Cádiz), lo que entonces era un frondoso y verde abrigo próximo al estrecho de Gibraltar. En este lugar (hoy colmatado y ubicado varios kilómetros tierra adentro), los fenicios entraron en contacto con las poblaciones autóctonas, cuyo asentamiento principal era el actual Los Castillejos de Alcorrín(Manilva, Málaga).

Allí habitaba una comunidad de finales de la Edad del Bronce que se mostraba dispuesta a entablar relaciones con aquellos recién llegados que portaban un valioso secreto: la forja del hierro. Los lazos entre ambos grupos —que se alargaron casi medio siglo— permitieron la creación de la primera metalurgia férrica de la península Ibérica. Entre los objetos que elaboraron con la nueva tecnología se encontraban pequeños cuchillos ceremoniales, antecesores de lo que, varios siglos más tarde, serían las famosas falcatas íberas que provocaban el terror entre las tropas romanas. Los especialistas del Instituto Arqueológico Alemán (IAA) han encontrado ahora en el impresionante yacimiento de Alcorrín, —una ciudad fortificada de 11,3 hectáreas— las escorias que dejó aquella inicial metalurgia.

Cerro sobre el que se levantaba la ciudad de la Edad del Bronce de Castillejos de Alcorrín. Instituto Arqueológico Alemán

Los Castillejos de Alcorrín fue descubierto a finales de los ochenta del siglo pasado por el arqueólogo Fernando Villaseca. En 2004, José Suárez Padilla, profesor de Prehistoria de la Universidad de Málaga, llevó a cabo nuevas excavaciones que permitieron comenzar a desentrañar el pasado de una población que con el paso del tiempo llegó a levantar dos murallas defensivas (una exterior y otra interior rodeada por un foso) de hasta cinco metros de ancho.

Entre 2006 y 2019, el IAA, el Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, la Junta de Andalucía y un equipo de geofísicos, topógrafos, arquitectos, restauradores, químicos y dibujantes realizaron dos proyectos de investigación que permiten afirmar que el asentamiento destacaba por sus enormes dimensiones comparado con los otros coetáneos fenicios del Mediterráneo y las costas de Marruecos y Portugal.

Dirce Marzoli, directora del IAA y coordinadora de las excavaciones, explica que las intervenciones “atestiguan el potencial del sitio para estudiar dinámicas sociales, políticas, económicas y tecnológicas de la primera presencia fenicia en el sur peninsular”. “La fortificación”, indica, “no tiene paralelo en su entorno”, al tiempo que recuerda que el asentamiento se ha estudiado “mediante una excavación sistemática, lo que no ocurre en la mayoría de los de la época”. Este hecho permite adquirir más datos, más precisos y en menor tiempo.

Conchas protectoras contra el mal colocadas frente a una de las viviendas del yacimiento de Castillejos de Alcorrín. Instituto Arqueológico Alemán

El prehistoriador José Suárez Padilla añade, por ejemplo, que los dos trozos de escoria de hierro hallados “evidencian” la extracción y reducción del material férrico arrancado de las montañas próximas y su posterior forja, lo que supuso una auténtica revolución tecnológica para pueblos de finales de la Edad del Bronce. Se ha descubierto, además, una minúscula cuenta azul de dos milímetros que deja claro que las conexiones comerciales alcanzaban hasta Egipto.

La llegada de los fenicios modificó también el urbanismo local, cuyo resultado fue la asunción de nuevas tradiciones arquitectónicas siguiendo los modelos traídos de Oriente Próximo: casas de planta rectangular y pavimentadas con conchas a su alrededor. “Las colocaban para protegerse de lo maligno. Su valor apotropaico [de defensa del mal] es muy claro en determinados edificios de gran valor hallados en la zona alta o acrópolis”, dice Suárez.

El IAA se enorgullece, además, de la “exitosa cooperación con la Junta de la Andalucía”, lo que ha permitido “analizar un caso de contacto entre unas poblaciones autóctonas y la primera generación de fenicios occidentales en el estrecho de Gibraltar”. Y eso que solo se ha excavado el 1% de un yacimiento que fusionó dos pueblos y permitió el cambio de era: del Bronce al Hierro. Y un puñal.

Fuente : EL PAÍS / VICENTE G . OLAYA .

El enigma de los cuatro caballos de Ekain

Los expertos de la universidades del País Vasco y Durham investigan qué pretendían decir los habitantes de una cueva prehistórica de Euskadi

Nacieron hace unos 17.000 años en una cueva del actual Euskadi, luego vinieron milenios de oscuridad y ahora han vuelto a la vida gracias a los expertos de las universidades del País Vasco y Durham (Reino Unido). Son cuatro caballos grabados en el barro sobre una pared prehistórica y guardan un secreto: ¿Por qué fueron pintados en un recodo de una gruta de difícil acceso y utilizando una técnica muy poco frecuente?

Su historia reciente arranca en junio de 1968 cuando los espeleólogos Andoni Albizuri y Rafael Rezabal hallaron en Deba (Gipuzkoa) la que se conoce como cueva de Ekain, uno de los ejemplos de arte rupestre más importantes de España, y a la altura de Altamira. Se trata de una enorme cavidad en la que se representan medio centenar de animales y que fue designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2008.

Ahora, un equipo dirigido por la arqueóloga Blanca Ochoa ha descubierto en una minúscula galería (La Fontana) los cuatro ejemplares, además de reinterpretar los grabados estudiados en décadas anteriores gracias a las nuevas tecnologías: lo que se pensó, en principio, que eran rinocerontes, en realidad correspondía a figuras de ciervos y bisontes.

“Las cuatro figuras que hemos hallado ahora fueron hechas directamente con los dedos en la arcilla por los ocupantes de la gruta”, explica Ochoa, algo que no es frecuente en este tipo de cuevas, ya que la mayoría de las existentes en el mundo fueron grabadas con instrumentos de piedra o pintadas con ocres. “Como la pared es de barro, buscaron una técnica pictórica que les permitiese dejar su impronta. El tallado o la pintura no permanecen en el barro. Solo la grabación sobre la arcilla aguanta”. Eso significa, dice la experta, qué quisieron decirnos algo. “El problema es el qué”.

Se desconoce con exactitud la fecha de los dibujos, pero los expertos consideran que son del periodo Magdaleniense; es decir, una etapa que ocupa entre 17.000 y 13.000 años de nuestra era.

Entre 1969 y 1975, según los datos que el Gobierno Vasco ha colgado en la web dedicada a esta cueva, se excavó el yacimiento en seis campañas. Los resultados fueron publicados en 1984 por Jesús Altuna y José María Merino hasta que han sido actualizados con los descubrimientos de Ochoa.

La gruta fue ocupada de forma no continuada entre hace 42.000 y 5.600 años, correspondiendo principalmente a los grupos humanos del Homo sapiens “si bien la zona más profunda pudiera evidenciar el hábitat del Homo neanderthalensis”.

Además de restos de ciervos, rebecos, cabras y jabalíes llevados por los hombres para su consumo, han aparecido huesos de osos, que indican que la cueva fue utilizada como lugar de hibernación por los plantígrados cuando los humanos la abandonaban.

Hace unos 11.000 años Ekain fue ocupado con mayor intensidad. Durante el Magdaleniense —un periodo principalmente templado y húmedo— aparecieron instrumentos en hueso para la caza y numerosos útiles en piedra, algunos de cristal de roca (puntas, raspadores, buriles…).
Hace 10.500 años la cueva se dejó de frecuentar con asiduidad y no fue hasta hace 5.600 años, cuando los grupos humanos que ya conocían la agricultura, la ganadería y la cerámica la convirtieron en lugar de enterramiento.

“Ekain forma parte de un fenómeno global de las comunidades cazadoras-recolectoras que habitaron el suroeste de Europa durante el Paleolítico superior. Su valor universal y excepcional radica en el genio creador humano y en ser testimonio único, o al menos excepcional, de una civilización desaparecida”, dice la web oficial de la cueva. Y Ochoa concluye: “Pero aún quedan muchas cosas por encontrar y entender, como qué nos quisieron decir con los cuatro caballos de arcilla”.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA .

El misterio de las 20 sacerdotisas envenenadas con mercurio hace 4.800 años en Sevilla

La universidad de la capital andaluza desvela que los cuerpos hallados en el dolmen de Montelirio portaban ropas tejidas con miles de cuentas

Lo único seguro es que todas fueron inhumadas en la cámara principal del megalito hace unos 4.800 años. Los prehistoriadores desconocen si murieron a la vez, así como qué provocó su fallecimiento. Pero sí saben que se trata de 20 personas (al menos 15 mujeres y 5 individuos de sexo no identificado, pero más que probablemente féminas) ataviadas con espectaculares vestidos trenzados con miles de cuentas de entre 3 y 4 milímetros de diámetro y que portaban colgantes de marfil y ámbar en forma de bellotas. Eran las sacerdotisas del templo de Montelirio (Castilleja de Guzmán, Sevilla). Ahora, una investigación de un amplio equipo liderado por el catedrático Leonardo García Sanjuán, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, desvela uno de los grandes misterios del megalitismo peninsular: murieron con una edad media de 31 años y entre grandes dolores, envenenadas por mercurio, aunque cabe la posibilidad de que mientras sufrían los efectos del veneno fueran rematadas de forma violenta.

El yacimiento, cuyo nombre es Tholos de Montelirio, en la zona arqueológica de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán, fue descubierto en 1868 y abandonado durante décadas. Su excavación se retomó a partir de 1980 a causa del crecimiento urbanístico de Sevilla. Esquemáticamente se trata de una construcción megalítica (entre 3.000 y 2.800 años antes de Cristo) compuesta por un “corredor” al aire libre de unos 40 metros de longitud que desemboca en dos cámaras subterráneas techadas con sendas cúpulas de unos 5 y 2,75 metros de diámetro, respectivamente, que se sostenían –durante el fraguado de la obra- sobre pilares de madera. La principal de las cámaras, donde se hallaron los cuerpos, estaba recubierta de una pátina roja de cinabrio y decorada con motivos que hacían referencia al Sol.

Las últimas investigaciones de la Universidad de Sevilla han permitido determinar que durante unos pocos minutos durante el solsticio de invierno el sol se colaba por el corredor de entrada, iluminaba la cámara funeraria e incidía sobre una estela que representaba a la Diosa Madre, provocando “una saturación sensorial” entre las personas que se encontraban en su interior.

En los restos de todos los cuerpos se han detectado “elevadísimos niveles” de mercurio (traído desde Almadén, Ciudad Real), lo que les provocaría graves disfunciones motrices y cognitivas. “Esto significa que estaban expuestas continuamente al cinabrio, bien por ingestión por razones religiosas o porque viviesen con la piel pintada por el mercurio”, señala el investigador. Además, los huesos presentan afecciones de tipo óseo (artritis y artrosis) que, dada su “juventud” (la edad media de fallecimiento en la Edad del Cobre rondaba los 40 años), indican que o caminaban mucho o eran “bailarinas”, lo que refuerza su posible carácter sacerdotal. García Sanjuán admite que se ignora si “todas murieron a la vez o en un periodo muy corto de tiempo, pero sí que es posible que el monumento fue construido para un evento funerario único o para un colectivo muy especial”.

Estas personas fueron inhumadas recubiertas por una especie de vestidos de lentejuelas, que en realidad eran ropas confeccionadas con decenas de miles de cuentas de caliza o conchas y ensartadas por hilos. El peso de estos trajes rondaría, según los cálculos de los estudiosos, los ocho o 10 kilos. Uno de los cuerpos ha sido hallado en postura orante hacia la estatua de la divinidad femenina, aunque la mayoría de los esqueletos están en posición supina. Junto a los restos se han desenterrado materiales suntuarios importados de lugares lejanos, como marfil, ámbar, variscita, cinabrio o cristal de roca.

El sepulcro, que acumula materiales que fueron transformados mediante una artesanía de excepcional calidad, incluye piezas de marfil tallado, una lámina de oro o puntas de flecha de cristal de roca. La tumba de Montelirio ha sido relacionada con otro gran mausoleo megalítico hallado a unos 200 metros: el sepulcro tumba del denominado Marchante del Marfil. Se trata de un “gran hombre” que fue enterrado con valiosos objetos, entre ellos el colmillo de un elefante y un puñal de sílex con pomo de ámbar. La Sociedad Max Planck de Jena (una destacada red de institutos alemanes de investigación científica) está analizando varias muestras que permitirán determinar la posible relación de parentesco entre todos los cuerpos hallados.

El Tholos de Montelirio no se puede visitar y sus objetos y restos se almacenan actualmente en el Museo de Arqueología de Sevilla. “Es lamentable que unas piezas que han dado la vuelta al mundo científico, dado su innegable valor, no puedan ser admiradas por el público, lo que generaría más expectación sobre un yacimiento que es único en el mundo”, concluye García Sanjuán.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS. VICENTE G. OLAYA .

Las últimas horas de Ötzi, la momia de los Alpes

Un caso frío es un asesinato que trata de resolverse mucho tiempo después de que se haya perpetrado, como ocurre desde hace 200 años con Jack el Destripador. Sobre Ötzi, la momia prehistórica encontrada en un glaciar de los Alpes y que murió de un flechazo por la espalda, podemos decir, con perdón del chiste fácil, que es un caso congelado. Sin embargo, hallazgos científicos, presentados recientemente, ofrecen una nueva perspectiva sobre las últimas horas de aquel hombre asesinado en las cumbres alpinas hace 5.300 años.

Cada milímetro del cuerpo de Ötzi ha sido analizado y este hombre, que tenía unos 45 años cuando murió a 3.210 metros de altura, se ha convertido, desde su descubrimiento casual hace 26 años, en una fuente inagotable de información sobre el pasado remoto de Europa. El último examen científico se ha centrado en las herramientas de piedra con las que viajaba el Hombre del Hielo, que se encuentra expuesto junto a todos sus objetos en un museo dedicado a él en Bolzano (Italia). Permiten contemplar sus momentos finales desde una perspectiva novedosa: Ötzi era un hombre que huía, cuyas armas y utensilios se encontraban agotados, al final de su vida útil.

“Durante su último viaje, Ötzi acarreaba un conjunto de herramientas líticas muy limitado”, explica Ursula Wierer, directora de este nuevo proyecto de investigación y arqueóloga de la Soprintendenza Archeologia, Belle Arti e Paesaggio de Florencia y las provincias de Pistoia y Prato. Los resultados del trabajo, realizado por ocho investigadores de diferentes disciplinas, han sido publicados en junio por la revista PLOS ONE. Cuando fue asesinado, llevaba una daga con el filo muy gastado, sólo dos puntas para 14 flechas, que no había podido acabar de montar, un raspador, tres herramientas de piedra chert (similar al sílex) y una especie de destornillador, que desconcertó en principio a los expertos y que resultó ser un afilador. Acarreaba, además, un hacha de cobre y un arco también sin terminar.

“La mayoría de los instrumentos ya habían sido afilados varias veces y, por lo tanto, eran ya pequeños de tamaño, pero aun así seguían funcionando para cortar, raspar o perforar”, prosigue Wierer. “Dos piezas fueron afiladas recientemente. Tal vez el Hombre de Hielo quiso llevar a cabo un trabajo que no tuvo la oportunidad de terminar. Las dos puntas de flecha que tenía en su carcaj estaban dañadas, y ni siquiera tenía ninguna materia prima de chert para terminar las otras 12 flechas. Da la impresión de que no tuvo acceso a ningún tipo de sílex durante bastante tiempo, ni siquiera durante los últimos dos días cuando descendió a las altitudes más bajas, donde podría haberlo buscado en los asentamientos”. La forma en que talló las piedras ha permitido, además, descubrir que el Hombre del Hielo era diestro, un dato hasta ahora desconocido.

Estos últimos hallazgos confirman las líneas de investigación anteriores, básicamente que Ötzi –su apodo proviene de que fue descubierto en el macizo de Ötztal– era un tipo que estaba metido en un tremendo lío. El análisis del polen que llevaba en su estómago permitió hace unos años identificar no sólo lo que comió en sus últimas 33 horas sino los entornos naturales en los que se alimentó y el orden en el que hizo. Este trabajo permitió saber que se movió mucho: primero estuvo a 2.500 metros de altura, luego descendió a una zona más cálida, a menos de 1.200 metros, y luego volvió a ascender a una zona con nieves perpetuas, por encima de los 3.000 metros donde alguien le disparó una flecha por la espalda. Entre medias, cuando se encontraba en el valle, tuvo un enfrentamiento que le provocó heridas en la mano derecha. ¿Trató de buscar repuestos en su comunidad y tuvo que huir? ¿Por qué en tan poco tiempo subió y bajó dos veces una montaña?

“Desgraciadamente nunca lo sabremos”, señala Ursula Wierer. “Con este nuevo estudio hemos podido confirmar, gracias a sus herramientas líticas, que se encontraba en una situación crítica cuando partió hacia su último ascenso alpino porque su equipo era muy deficiente. Pero las razones de su partida, los motivos por los que sufrió dos agresiones en los últimos dos días de su vida, las circunstancias de estos eventos y las personas implicadas en su muerte son un misterio”.

El extraño mundo del comercio prehistórico

Uno de las sorpresas que reveló el anterior estudio de las herramientas de Ötzi, realizado por la grupo de investigación arqueometalúrgico de la Universidad de Padua, fue que su hacha de cobre procedía de Toscana, lo que sacó a la luz una misteriosa y muy interesante red de intercambios comerciales en el final de la prehistoria europea. Pese a que los desplazamientos no debían ser precisamente sencillos, los bienes y las personas se movían mucho hace 5.000 años, algo que ha confirmado el nuevo análisis de las herramientas líticas.

“La existencia de comercio durante la edad del Cobre ya es conocida. El cobre, el nuevo metal, era por ejemplo objeto de intercambios, pero también se exportaba chert del norte de Italia, a menudo en forma de dagas que se encuentran en el sur de Alemania y Suiza”, explica la investigadora Ursula Wierer. “Los nuevos resultados sobre las áreas de procedencia de los cherts usados para construir las herramientas de Ötzi muestran que las rutas de circulación de este material de buena calidad eran muy diversas. El material podría haberse exportado desde los afloramientos en forma de bloques de materia prima o en forma de productos semiacabados, tal vez transportados por personas especializadas, que también funcionaban bajo demanda”.

FUENTE: EL PAÍS / Guillermo Altares .

 

Esta sí fue una auténtica revolución

En una época de cambio medioambiental, las miradas de los expertos se vuelcan en el Neolítico, el periodo en el que la humanidad vivió su transformación más radical.

El Neolítico es el periodo más importante de la historia y uno de los más desconocidos por el gran público. Con la adopción de la ganadería y la agricultura se crearon las primeras ciudades, nació la aristocracia, la división de poderes, la guerra, la propiedad, la escritura, el crecimiento de población… Surgieron, en pocas palabras, los pilares del mundo en el que vivimos. Las sociedades actuales son sus herederas directas: nunca ha tenido tanto sentido hablar de revolución porque dio lugar a un mundo totalmente nuevo. Y tal vez fue también el momento en el que empezaron los problemas de la humanidad, no las soluciones.

Sopesar si fue una desgracia o una suerte algo que ocurrió hace 10.000 años y que no podemos revertir puede resultar absurdo, pero es importante tratar de conocer cómo se produjo aquel paso y saber si mejoró la vida de las poblaciones. El motivo es que fue entonces cuando la humanidad comenzó a transformar el medio ambiente para adaptarlo a sus necesidades, y cuando la población de la tierra empezó a crecer exponencialmente, un proceso que no ha hecho más que acelerarse desde entonces. Los estudios sobre el Neolítico se han multiplicado en los últimos tiempos y no es casual: hoy vivimos el paso a una nueva era geológica, desde el Holoceno hasta el Antropoceno, un cambio planetario inmenso. De hecho, algunos estudiosos consideran que este salto arrancó en el Neolítico.

“El crecimiento demográfico constante, que se encuentra todavía fuera de control, provocó concentraciones humanas, tensiones sociales, guerras, crecientes desigualdades”, escribe el arqueólogo francés Jean-Paul Demoule, profesor emérito de la Universidad París I-Sorbona en su reciente ensayo Les dix millénaires oubliés qui ont fait l’histoire. Quand on inventa l’agriculture, la guerra et les chefs (Fayard, 2017) [Los diez milenios olvidados que hicieron historia. Cuando inventamos la agricultura, la guerra y los jefes]. “Creo que es la única verdadera revolución de la historia de la humanidad”, explica por teléfono. “La revolución digital que estamos viviendo actualmente no es más que una consecuencia a largo plazo de aquella. Pero curiosamente es la que menos se enseña en la escuela. Arrancamos con las grandes civilizaciones, como si fuesen obvias, pero es muy importante preguntarse por qué hemos llegado hasta aquí, por qué tenemos gobernantes, ejércitos, burocracia. Creo que en nuestro inconsciente no queremos hacernos esas preguntas”.

El capítulo que el ensayista israelí Yuval Noah Harari dedica al Neolítico en su célebre libro Homo Sapiens. De animales a dioses (Debate, 2014), uno de los ensayos más leídos de los últimos años, se titula ‘El mayor fraude de la historia’. “En lugar de anunciar una nueva era de vida fácil, la revolución agrícola dejó a los agricultores con una vida por lo general más difícil y menos satisfactoria que la de los cazadores-recolectores”, escribe Harari. El antropólogo de la Universidad estadounidense de Yale James C. Scott, profesor de estudios agrícolas, se pronuncia en un sentido parecido: “Podemos decir sin problemas que vivíamos mejor como cazadores-recolectores. Hemos estudiado cuerpos de zonas donde se estaba introduciendo el Neolítico y encontramos signos de estrés nutricional en agricultores que no hallamos en cazadores-recolectores. Es incluso peor en las mujeres, donde hemos identificado una clara falta de hierro. La dieta anterior era sin duda más nutritiva. También encontramos muchas enfermedades que no existían hasta que los humanos vivieron más concentrados y con los animales. Además, siempre que se han producido asentamientos de poblaciones han estallado guerras”.

Scott se dio cuenta de que todas las ideas que tenía sobre el Neolítico estaban equivocadas mientras preparaba un curso sobre la domesticación de las plantas y los animales. “Pasé tres años estudiando todo lo que se había publicado, tratando de entender lo que había ocurrido realmente”, explica por teléfono desde su despacho. Así escribió Against the Grain: A Deep History of the Earliest States (Yale University Press, 2017) [Contra las semillas: una historia en profundidad de los primeros Estados], un libro que ha tenido un gran impacto en el mundo anglosajón. “La versión que contamos en los colegios del Neolítico, de que aprendimos a domesticar las plantas y entonces creamos las ciudades y se acabó el hambre es falsa”, asegura Scott.

Los habitantes de las sociedades agrícolas sufrían más estrés nutricional que los cazadores

Su lectura de aquel periodo es la más revolucionaria y no todos los estudiosos coinciden con su interpretación, pero sí podemos hablar de un replanteamiento general de aquellos milenios, provocado entre otros motivos porque el estudio del ADN antiguo ha permitido conocer las poblaciones del pasado como nunca hasta ahora. En su ensayo, Scott sostiene que ya se utilizaba la agricultura o la irrigación antes del nacimiento de los Estados, y que diferentes catástrofes, como las epidemias o la deforestación y la salinización del suelo, hicieron que el Neolítico fuese un proceso de ida y vuelta, y que sociedades agrícolas diesen marcha atrás para volver a ser cazadores-recolectores. “Durante 5.000 años pasaban de un estado a otro dependiendo de las condiciones climáticas. Hubo mucha fluidez entre estas dos formas de vida”, señala.

Preguntado sobre si esto esconde lecciones para el presente, el profesor asegura que es una cuestión que le plantean todo el rato, pero que no quiere “ser un profeta”. Como lector resulta muy difícil abstraerse de esa tentación: la idea de que el avance de la humanidad puede ser reversible si jugamos a los aprendices de brujo, al poner en marcha procesos que no somos capaces de controlar, resulta muy inquietante. Sobre todo porque vivimos un momento en el que estamos rodeados de fenómenos (desde los plásticos en el mar hasta los avances en inteligencia artificial o el calentamiento global) cuyas consecuencias a largo plazo apenas empezamos a vislumbrar. Tampoco podían hacerse una idea de la que se les venía encima aquellas primeras poblaciones que dejaron el nomadismo para asentarse y vivir de la agricultura y la ganadería.

Otros libros publicados recientemente que ponen en cuestión algunas verdades adquiridas sobre el neolítico son La forja genética de Europa. Una nueva visión del pasado de las poblaciones humanas (Universitat de Barcelona Edicions, 2018), del genetista español Carles Lalueza-Fox, profesor de investigación en el Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF), y Les chemins de la protohistoire. Quand l’Occident s’éveillait (Odile Jacob, 2017) [Los caminos de la protohistoria. Cuando Occidente se despertaba], de Jean Guilaine, que a sus 81 años es un referente de los estudios de la prehistoria en Europa y que actualmente es profesor emérito del Collège de France. “El Neolítico nos ha dejado un mensaje claro: un entorno natural transformado y bien regulado puede alimentar un gran número de bocas”, explica Guilaine. “Pero este mensaje sublime ha sido también pervertido por el hombre, ávido de dominar a sus semejantes: explotación irracional del medio, acumulación de semillas, desigualdades sociales, espíritu de supremacía sobre los más débiles. La esperanza de una sociedad en armonía con la nueva economía fracasó por el rechazo a compartir”.

Los historiadores siguen buscando respuestas a muchas preguntas; la primera de ellas consiste en saber por qué se inventó la agricultura si nos alimentábamos mejor cuando éramos cazadores-recolectores. Lo que está claro es que coincidió con un periodo de calentamiento global del planeta tras la última glaciación, hace unos 10.000 años, y que se trató de un proceso gradual que se dio en diferentes puntos a la vez y que desembocaría en algunos lugares, como Europa, en el florecimiento de civilizaciones como la etrusca o la romana. A la introducción de la agricultura y la ganadería siguieron el trabajo con los metales, la fundación de ciudades, el surgimiento de aristocracias… “El Neolítico es la gran revolución que inaugura nuestro mundo histórico”, asegura Guilaine. “Es un periodo sobre el que tenemos muchos datos, pero que se explica mucho peor que otros momentos. Nos gusta más enseñar los orígenes del hombre, porque plantea problemas filosóficos, o las civilizaciones de la antigüedad, consideradas brillantes a causa de sus logros arquitectónicos. Podemos encontrar impresionantes las pirámides o el Partenón, ¿pero qué representan si los comparamos con el paso de toda la humanidad a la agricultura?”.

Ya casi nadie cree que hubiese una única revolución neolítica que estalló en Oriente Próximo con la domesticación del trigo y que de ahí se propagó a todo el planeta. La idea más extendida es que hubo varios puntos de partida más o menos simultáneos, en China con el arroz o en América con el maíz. En cambio, sí existe la certeza, gracias a la genética, de que a Europa llegó a través de migraciones de los primeros campesinos, en un momento de grandes movimientos de población.

Vaso campaniforme encontrado en Sabadell, del Neolítico. Phas UIG GETTY

Vaso campaniforme encontrado en Sabadell, del Neolítico. Phas / UIG / GETTY

“Si algo es el Neolítico es un movimiento de personas desde Oriente Próximo, porque es un tipo de economía que provocó un crecimiento demográfico que hasta entonces no existía”, señala Carles Lalueza-Fox, cuyo libro recoge décadas de avances en las investigaciones genéticas. Estas técnicas “han supuesto un cambio revolucionario”, explica, “porque ahora estamos en disposición de estudiar el genoma de los protagonistas de los acontecimientos del pasado. Cuando nos interrogamos si un horizonte cultural u otro implicó migraciones de personas o movimientos de ideas, ahora podemos preguntarles directamente a las personas que vivieron dichos procesos”.

Eva Fernández-Domínguez, profesora asociada del Departamento de Arqueología de la Universidad de Durham (Reino Unido), donde dirige el laboratorio de ADN arqueológico, y experta en el proceso de transición al Neolítico en la península Ibérica y Oriente Próximo, explica así los nuevos caminos que ha abierto el estudio de ADN antiguo: “A través de la arqueología podemos saber si las poblaciones eran cazadoras-recolectoras o agrícolas-ganaderas, mediante el estudio de los restos arqueozoológicos y arqueobotánicos del yacimiento, de la tipología lítica (técnica y estilo de fabricación de herramientas), del tipo de asentamiento. Sin embargo, estas técnicas no poseen la suficiente resolución para decirnos cómo se ha producido el proceso de transición; es decir, si grupos locales de cazadores-recolectores aprendieron a cultivar o si la agricultura ha sido llevada por inmigrantes desde otras regiones, y si dichos inmigrantes sustituyeron completamente a la población autóctona o se mezclaron con ella y en qué proporción. Este tipo de información es únicamente accesible a través de la genética. Gracias a las nuevas técnicas de secuenciación masiva, poseemos hoy día una buena representación de la información genética de los individuos involucrados en el proceso de transición al Neolítico”.

Un caso apasionante que ilustra cómo se fue asentando el Neolítico es el de la cerámica campaniforme, que se expandió por gran parte de Europa durante la Edad del Bronce, hace unos 4.900 años. A partir de la península Ibérica, concretamente del estuario del Tajo, alcanzó el norte y el este de Europa, las islas Británicas, pero también Sicilia y Cerdeña. Además de en Portugal y España, esta cerámica, que no se asocia a un uso cotidiano, sino ritual, ha aparecido en Francia, Italia, Reino Unido (incluyendo Escocia), Irlanda, Holanda, Alemania, Austria, República Checa, Eslovaquia, Polonia, Dinamarca, Hungría y Rumania. “Su escala geográfica no tiene precedentes en el continente hasta la llegada de la Unión Europea”, escribe Lalueza-Fox en su ensayo. Salvando todas las distancias, su alcance geográfico se podría comparar con el de un Ikea del final de la prehistoria.

Durante décadas existían dos teorías enfrentadas: la cerámica había llegado con poblaciones que migraban o había existido algún tipo de transmisión oral. A lo largo del año 2016, los equipos del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC, junto a los de Wolfgang Haak, del Instituto Max Planck, y David Reich, que dirige en Harvard un laboratorio genético y que acaba de publicar el ensayo Who We Are and How We Got Here: Ancient DNA and the New Science of the Human Past (Pantheon, 2018) [Quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí: el ADN y la nueva ciencia del pasado humano], analizaron muestras de individuos que pertenecieron a esta cultura, recogidas por todo el continente. “Descubrimos que no estaba asociado a movimientos de genes y, por tanto, de personas, sino que se trataba del primer ejemplo de difusión masiva de ideas”, explica Lalueza-Fox. Posteriormente sí se produjo un movimiento masivo de población hacia las islas Británicas, que llevó esa cultura y que, de hecho, reemplazó a las poblaciones que existían entonces.

El Neolítico arrancó hace unos 10.000 años, en un periodo de calentamiento global

Ese periodo es especialmente importante porque es a partir de ese momento cuando comienzan a aparecer signos arqueológicos claros de la existencia de una aristocracia y, por tanto, de desigualdades sociales. “Es un momento crítico de cambio social, caracterizado por la emergencia de una clase aristocrática guerrera que perdura más allá de la propia cultura”, escribe el investigador catalán en su ensayo.

Ni la genética ni la arqueología han logrado todavía desvelar todos los misterios cruciales que oculta ese periodo. También llegó entonces a Europa el indoeuropeo, del que derivan lenguas que habla la mitad de la población del mundo, un proceso sobre el que todavía existe un intenso debate. La única certeza es que aquella revolución remota lo cambió todo y que todavía no ha acabado.

Las lecciones que oculta pueden ser muy útiles para un presente en el que la humanidad está llevando la naturaleza y sus recursos al límite de sus posibilidades.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / GUILLERMO ALTARES .

Esta roca es una ermita, y ¡está en Valderredible!

TITULO ORIGINAL: Esta roca es una ermita.

Iglesias y cuevas rupestres en una seductora ruta por Valderredible, entre Quintanilla de las Torres y Orbaneja del Castillo.

Exterior de la ermita de Arroyuelos, en Valderredible (Cantabria). Carmen sedano

Al sur de Cantabria, donde el Ebro se precipita después de remansarse en el pantano que lleva su nombre, se extiende el municipio de Valderredible (etimológicamente, valle de las riberas del Ebro), también conocido como el valle del Rupestre. A lo largo de los 50 kilómetros que discurren entre las carreteras A-67 y N-623, que unen la zona con la meseta (entre las poblaciones de Quintanilla de las Torres y Orbaneja del Castillo, más o menos), se desparrama toda suerte de ejemplos de arquitectura rupestre en los que la mano del hombre transformó la roca para convertirla en iglesias, necrópolis o cuevas.

Estos horadados rupestres se remontan a la baja Edad Media, cuando el valle fue refugio de anacoretas frente al dominio árabe. La llegada de los primeros monjes a Valderredible es confusa. En principio se dató entre los siglos VIII y X, con la aparición de poblaciones mozárabes al valle. Otra tesis, quizá más cabal, determina esa arribada entre los siglos VI y VII, coincidiendo con el máximo esplendor de San Millán de la Cogolla y el dominio de los visigodos en la zona.

Santa María de Valverde

La mejor opción para conocer el arte rupestre del valle es recorrerlo desde el oeste. Después de visitar las cuevas de El Cuevatón y Peña Horadada, en San Andrés de Valdelomar y San Martín de Valdelomar, respectivamente, donde presumiblemente se instalaron comunidades de eremitas, se alcanza Santa María de Valverde (y el centro de interpretación de la arquitectura rupestre). Conocida como la catedral de las iglesias rupestres, incorpora una espadaña románica y una necrópolis medieval. El templo, donde se celebran oficios de forma regular, tiene dos naves y conserva una talla de María amamantando a su hijo, una de las pocas que sorteó la destrucción decretada por el Concilio de Trento en 1564.

Dos necrópolis

El camino continúa dirección a Polientes, la capital del municipio, hoy bastante despoblado después de sufrir una fuerte emigración desde la explosión industrial de la década de 1960 (cuenta con escasos 1.000 habitantes censados en sus 54 pueblos). Muy cerca se encuentran la necrópolis de Santa Leocadia y la cueva de Peña Castrejón (en Castrillo de Valdelomar) y la necrópolis de Santa María de Peñota (en Susilla), uno de los mejores testimonios de los enterramientos excavados en roca, junto a la de San Pantaleón (en La Puente del Valle). Demuestran que el valle estuvo mucho más poblado que en la actualidad. Las tumbas se labraban a la medida del difunto y con frecuencia tienen contorno antropomorfo.

Camino a Cadalso

Antes de llegar a Polientes se encuentra la iglesia de Santa Eulalia en Campo de Ebro, normalmente cerrada, pero que se puede contemplar a través de la puerta y ventana enrejadas. La siguiente parada está en Cadalso, que se puede visitar después de tomar un aperitivo en la capital del municipio junto al río, que ya se abalanza hacia sus cañones, o de comer en la cercana Ruerrero. Excavada en roca arenisca, la iglesia de San Cipriano de Cadalso muestra una puerta rematada por un arco de medio punto y dos vanos, uno, circular, y otro, rectangular, con un arco de medio punto enmarcado sobre la roca.

Arroyuelos y Presillas

De aquí hay que subir a Arroyuelos, y si no se va con guía conviene pedir en la primera casa del pueblo las llaves para visitar la cueva-ermita. Es junto a la de Presillas la única ermita del valle con dos alturas. Está incrustada en una enorme mole rocosa, con distintos espacios, un arco de herradura y una gran columna, todo labrado en piedra. También cuenta con cuatro tumbas antropomorfas en el exterior.

El templo muestra signos de sucesivas ampliaciones y posibles anclajes que pudieron sustentar un segundo piso de madera. Dispone de un banco perimetral en la planta baja y en el lateral, a la altura del segundo piso, se alza una impresionante tribuna con escalera de acceso, todo ello labrado en la roca. La iglesia está cerrada y abandonada al culto desde tiempos remotos.

Tres kilómetros más adelante se llega a la iglesia rupestre de San Miguel de Presillas. Está ubicada en un bosque, en un lugar recogido y mágico. Los restos de cerámica encontrada la sitúan entre los siglos VIII y X. La planta baja está repartida en tres pequeñas naves, separadas por dos pilares impresionantes.

Hasta los cañones del Ebro

El remate final, tras pasar por la cueva del Tobazo (en Villaescusa de Ebro), llega en San Martín de Elines, donde sorprende una preciosa colegiata románica del siglo XII, que perteneció a un monasterio mozárabe del siglo X. Pero Valderredible no es solo rupestre y románico. El valle y el curso del Ebro hacen que merezca mucho la pena expandirse también en los cercanos cañones del río, ya en la provincia de Burgos. Y muy cerca está Sargentes de la Lora, donde se encuentra la explotación petrolífera que revolucionó la comarca en los años sesenta con más ruido que nueces.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / MIGUEL ÁNGEL NOCEDA .

Así es la flor prehistórica de la que proceden todas las demás

Este “eslabón perdido” de las angiospermas, a partir del cual brotaron todas las especies de flores que existen actualmente en el planeta, apareció hace unos 140 millones de años.

Los paleontólogos comenzaron a hallar una diversidad nunca vista de fósiles de especies diferentes a partir de principios del Cretácico, hace unos 140 millones de años. No es por casualidad sino por la aparición en el planeta de las angiospermas, también conocidas como… plantas con flores. Esto representó un antes y un después para la vida en la Tierra, pero aún hay muchos detalles misteriosos al respecto, como por qué tardaron tanto en aparecer (300 millones de años después de las primeras plantas) o si la dieta de los dinosaurios influyó en su aparición. Sigue leyendo Así es la flor prehistórica de la que proceden todas las demás

La nueva tecnología eleva el patrimonio rupestre en Cantabria

Halladas nuevas pinturas anteriores a Altamira en cuatro cuevas de la región.

Las técnicas científicas más punteras están siendo utilizadas para ampliar nuestro conocimiento de la memoria más remota de la humanidad. Un equipo del Museo de Prehistoria de Cantabria dirigido por el investigador Roberto Ontañón está recorriendo cuevas en las que había indicios de la presencia de arte paleolítico, pero no había sido totalmente confirmado. Ahora, gracias a nuevas técnicas de fotometría y de imagen, se han descubierto cuatro cavidades, con dibujos geométricos, según anunció este lunes el propio Ontañón. Actualmente existen unas 70 cuevas decoradas en la cornisa cantábrica, en el norte de España, y los científicos esperan que, con estas nuevas técnicas, el patrimonio se amplíe en un 10%. Sigue leyendo La nueva tecnología eleva el patrimonio rupestre en Cantabria

ALTAMIRA. El uno de abril en cines (trailer en el post)

El próximo día uno de abril se estrena Altamira, el relato de como se descubrieron las cuevas de Altamira y lo que ello supuso en aquellos tiempos.

Antonio Banderas se pone a las órdenes de Hugh Hudson (Carros de Fuego, Greystoke) en Altamira, el relato de un revolucionario hallazgo que cambió para siempre la historia de la humanidad y las vidas de sus descubridores. Rupert Everett, Tristán Ulloa e Irene Escolar, recientemente galardonada con el Goya a Mejor Actriz Revelación, completan el reparto de esta película que llegará a los cines el 1 abril.

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Una cinta que nos lleva hasta el año 1879. Allí, entre las verdes colinas y los picos rocosos de la costa de Santander, María Sautuola (Allegra Allen), una niña de 9 años, y su padre, Marcelino (Antonio Banderas), un arqueólogo aficionado, descubren algo extraordinario que cambiará la historia de la humanidad para siempre: las primeras pinturas prehistóricas encontradas hasta entonces: unos impresionantes bisontes al galope trazados con gran detalle.

Pero la madre de María, la dulce y devota Conchita (Golshifteh Farahani), no es la única perturbada por este descubrimiento. La iglesia Católica considera que la afirmación de que las pinturas sean obra de prehistóricos “salvajes” es un ataque a la verdad bíblica. Y, sorprendentemente, la comunidad científica liderada por el prehistoriador Émile Cartailhac (Clément Sibony) también acusa de fraude a Marcelino y a su descubrimiento.

El mundo idílico de María se derrumba y sus intentos por ayudar sólo empeoran las cosas. La familia entra en una fuerte crisis y cierra la cueva. Será necesario todo el amor que se tienen para encontrar el camino hacia la redención y el reconocimiento.

Fuente: texto Informativos Telecinco.