Archivos Mensuales: agosto 2019

El documental sobre el Túnel de la Engaña entra en la plataforma Amazon Prime Video

El trabajo del campurriano Richard Zubelzu también está disponible en la plataforma Filmin, pero sólo en España y Portugal.

El documental sobre el Túnel de la Engaña del director cántabro Richard Zubelzu ya disponible desde ayer en Amazon Prime Video, una de las plataformas más importantes del mundo.
El documental “Una gesta bajo la Maleza” acerca al público el abandonado Túnel de la Engaña, situado entre Cantabria y Burgos, recuperando la memoria histórica contada desde el punto de vista más positivo, gracias a la colaboración desinteresada del historiador Miguel Muñoz de la Fundación de Ferrocarriles españoles, El Diario Montañés, Dúnia Rossell (Ashef), Mercedes Lóper García profesora titular de Estética de la Ingeniería en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y Benedicto Gómez López, antiguo trabajador del túnel, desde el entusiasmo, gratitud y recuerdo nostálgico de la época en la que vivió y trabajó en la Colonia Obrera.
Este film ha quedado quinto en el Festival Lift-off Sessions 2019 celebrado en Londres, en el VII Delhi Film Festival (India)
ganó el premio especial a la excelencia y en el WRPN.TV Global Competition Film Festival (EEUU) se alzó con el premio excepcional al mérito cinematográfico.
Este documental también está disponible en la plataforma Filmin, pero sólo en España y Portugal.

Fuente : Vive Campoo / Reinosa.

 

 

 

El libro más misterioso del mundo

(Si bien el artículo no es reciente, nos parece lo suficientemente atractivo para publicarlo).

La editorial española Siloé clonará el ‘Códice Voynich’ de la Universidad de Yale, el mayor enigma editorial de la Edad Media.

Permanecen irresueltos los arcanos del Códice Voynich, un enigma en forma de libro viejo y descosido de 234 páginas y 22,5 por 16 centímetros que desde hace más de 50 años dormita en las estanterías de la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale en espera de que alguien despeje su misterio. ¿Cuaderno botánico de plantas inexistentes? ¿Tratado cosmológico? ¿Obra de iniciación esotérica? ¿Código élfico? ¿Libro cabalístico? ¿Relato bélico? ¿Catálogo de pócimas para magia? ¿Solución anticonceptiva para mujeres medievales en pecado? ¿El diario de un extraterrestre? ¿Estudio sobre la transmutación de la piedra filosofal?

¿El engaño perpetrado por un genio? Hay quien aún lo sostiene, pero hace tiempo que la hipótesis falsaria perdió fuerza. Exactamente desde que, en los años 40, el lingüista estadounidense George Zipf formuló la Ley de Zipf sobre la frecuencia de las palabras utilizadas en un texto. Según ella, el vocablo más utilizado aparece el doble de veces que el segundo más utilizado, el triple de veces que el tercero, el cuádruple que el cuarto, y así sucesivamente. Los estudiosos confirmaron hace tiempo que el texto del Voynich cumple con esa matemática de la palabra… y evidentemente nadie en el siglo XV (fecha científicamente probada de origen del texto) podía conocer ese enunciado.

Desde hace más de un siglo, el códice descubierto de forma casual en 1912 por el librero lituano Wilfrid Wojnicz entre los anaqueles de la Villa Mondragone —una mansión cercana a Roma que perteneció a la familia Borghese— continúa reventando la lógica científica y segregando la misma dosis de hipótesis descabelladas que de intentos serios de resolución. No se sabe quién lo escribió ni quién lo ilustró, ni con qué intención. No se sabe en qué idioma está escrito. Hay quien lo asimila al sánscrito, otros prefieren identificarlo como una posible lengua oriental, quizá india, hay quien habla del tamil, incluso de un experimento de lenguaje universal asimilable al esperanto. No se sabe si al cabo todo es un lenguaje encriptado (ni los máximos expertos estadounidenses en descifrado de códigos militares han sido capaces de asomarse a la cuestión con un mínimo de fiabilidad).

Tan solo el año pasado Stephen Bax, profesor de la Universidad de Berdfordshire en Reino Unido, aseguró que había descifrado 14 símbolos de los miles que pueblan el libro. Una certeza reina sobre el misterio: en 2011, la prueba del Carbono 14 practicada al manuscrito por un equipo de la Universidad de Arizona arrojó la aproximada partida de nacimiento del Voynich: un día entre 1404 y 1438. El día en que —probablemente, solo probablemente— un monje culminó, sobre las tablas de un scriptorium del norte de Italia y con el olfato de la paciencia, lo que 600 años después la fiel y entregada secta de seguidores del Códice Voynich sigue llamando el libro imposible.

Entre semejante maraña de incertidumbres, la aparición de cualquier noticia confirmada en torno a este enigma editorial hay que recibirla como lo que es: un hito. Por vez primera, y más allá de las reproducciones más o menos afortunadas elaboradas en el pasado, el Voynich tendrá su fotocopia: la editorial española Siloé, con sede en Burgos, ha sido la elegida entre aspirantes de todo el mundo por la Universidad de Yale para clonar el manuscrito.

Juan José García y Pablo Molinero son los dos socios propietarios de Siloé, una editorial especializada desde hace 20 años en clonar con igual altura de sensibilidad y rigor libros de horas medievales, volúmenes miniados, beatos, códices y cartularios de toda especie. Apenas 30 libros editados en dos décadas dan cuenta del trabajo de orfebrería puesto en pie por estos editores enamorados de su obra, y ahora emocionados con este auténtico pelotazo editorial.

“Supimos de la existencia del Voynich en 2005 y nos dijimos inmediatamente: ‘Hay que copiarlo’. Lo que más nos incitó a ello fue el hecho de que es uno de los libros más solicitados para exposiciones del mundo. Y es más sencillo para una institución como la Biblioteca Beinecke, en vez de estar poniendo trabas al préstamo una y otra vez, anunciar: ya existe una réplica exacta del códice, la ha hecho una editorial española y usted puede dirigirse a ella. Esto fue un buen argumento para que nos concedieran el proyecto”, explica Juan José García en una de las salas del pequeño museo del libro antiguo Fadrique de Basilea, en el casco histórico de Burgos, un escaparate de las obras facsimilares ejecutadas por la editorial a lo largo de su trayectoria (Beato de Ginebra, Libro de horas de LavalVida y milagros de San LuisCodex Calixtinus de SalamancaCartulario de Valpuesta… todo ello en un museo privado y “sostenible” en palabras de sus responsables, ya que en este caso las obras expuestas, además, están a la venta).

Hace dos años ya que los responsables de la Beinecke Library de Yale les anunciaron que eran ellos los elegidos para un contrato por el que suspiraban editores de todo el mundo. Desde entonces, los socios de Siloé, poseedores de 12 premios nacionales del Ministerio de Cultura a la mejor labor editorial en la modalidad de facsímiles y expositores habituales en las ferias de París, Nueva York o Fráncfort, han estado negociando el convenio de edición y las condiciones de trabajo para clonar el Voynich. “Este tipo de decisiones”, explica Juan José García, “no se toman de la noche a la mañana, en las universidades norteamericanas las cosas se maduran y se meditan muchísimo, hay departamentos cuasi estancos sobre todo tipo de materias que hasta que se ponen de acuerdo pasan años”.

Pero el momento de la verdad ha llegado. En febrero, García y su equipo viajarán hasta New Haven (EE UU) para, en una sala semioscura, tranquila y con luz fría de la Beinecke Library, con el original del Códice Voynich ya sobre la mesa de trabajo y un guarda de seguridad que no les quitará el ojo, iniciar las tareas de clonación. “¡Bueno, lo de la vigilancia es normal!”, bromea el editor burgalés. Las universidades estadounidenses y británicas, sobre todo, son enormemente cuidadosas con las medidas de seguridad. “Cuando clonamos el Bestiario de Westminster en la abadía de Westminster, por ejemplo, nos pidieron certificados de seguridad hasta de las clavijas de los focos que utilizábamos para iluminar; es que claro, ¡con un foco defectuoso puedes incendiar una abadía o una biblioteca!”.

La actuación de clonación sobre joyas de la codicología como esta es compleja. No caben los atajos, tampoco los engaños, tal y como explican Pablo Molinero y Juan José García: “Cada folio se trabaja de modo independientemente, no utilizamos flejes, no utilizamos troquelado, todo se hace a mano, página a página, para que el libro tenga el mismo contorno envejecido que el original. Y luego hay que tener en cuenta que estamos ante una materia viva que ha permanecido prácticamente inerte durante 600 años y pasando por diferentes fases climatológicas y de conservación, que habrá estado en sitios con humedad, en sitios secos, que le habrá dado más luz, menos luz, estos libros suelen tener una deshidratación en mayor o menor grado, y todo eso le ha dado en algunas zonas un aspecto como quemado… y cuando pasas las páginas hay como un cuarteo, una especie de semichasquido, y todo eso hay que lograrlo, y es técnicamente muy complicado”.

Pero además el Voynich presenta sus propias dificultades añadidas: “Es un libro hecho en vitela, es decir, en piel de animal no nato, o sea, la piel del feto de un cordero o de una ternera, el material más suave y delicado que te puedes echar a la cara; además, el libro tiene folios que se abren, se desdoblan, se multiplican… y eso lo hace todo más complicado técnicamente”.

Paradójicamente, el caso del Códice Voynich, un libro de 600 años de edad, tiene el poder de retrotraernos a la infancia por su indescifrabilidad: al no poder ser leído, es meramente contemplado, a la manera en que el niño contempla un tebeo o un libro cuando aún no ha aprendido a leer. Y es eso: que el mundo aún no ha aprendido a leer el Voynich. Y ya se verá si un día lo hace…

FUENTE: DIARIO EL PAÍS. BORJA HERMOSO.

IV Ruta en Albarcas de Pie de Concha. Cuidando las tradiciones.

(incluye vídeos de la ruta y de cantes en Pujayo, también una galería de imágenes)

El pasado sábado día 24 acudimos a la IV Ruta en Albarcas de Pie de Concha (dos kilómetros y medio de subida y otros tantos de bajada entre las localidades de Pie de Concha y Pujayo), invitados por Silvia Fernández, persona vinculada al equipo de la Organización. Disfrutamos realizándola, en albarcas por supuesto, junto con más de un centenar de personas que acudieron a la cita.

Foto de grupo en Pujayo

Al evento acudieron el presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, el vicepresidente y consejero de Cultura, Pablo Zuloaga,  la consejera de Presidencia, Paula Fernández,  el alcalde de Bárcena de Pie de Concha, Agustín Mantecón, así como otros miembros de la Corporación local.

Miguel Ángel Revilla y la coeditora de medios digitales del Centro Cultural de Valderredible, Covadonga Morato

La ruta está encuadrada dentro de los actos conmemorativos de la festividad de Nuestra Señora de Consolación, con una merecida fama también por sus encierros, declarados de Interés Turístico Regional.

Silvia Fernández del equipo de la Organización
Algunos de los asistentes al evento

Hizo calor (mucho) durante la ruta.
Foto de grupo en Pujayo

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE. TEXTO, IMÁGENES Y VÍDEOS:  JORGE MURILLO Y COVADONGA MORATO.

VÍDEO DE LA RUTA

TONADAS EN PUJAYO

GALERÍA DE IMÁGENES

(clic en cualquier imagen para verlas en modo presentación)

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE. TEXTO, IMÁGENES Y VÍDEOS:  JORGE MURILLO Y COVADONGA MORATO.

 

Catálogo de libros del Centro Cultural de Valderredible

El Centro Cultural de Valderredible dispone de un pequeño catálogo de libros para su venta.  En caso de estar interesados en adquirir alguno de sus ejemplares -cuya cantidad es limitada-, contactar en el 942 77 61 59 para comprobar que haya existencias disponibles ya que no se envían por correo, únicamente se pueden adquirir en el Centro.

PRECIO DE ESTE EJEMPLAR: 20 EUROS.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.

Hugh Masekela, la banda sonora contra el ‘apartheid’

El compositor y cantante sudafricano, considerado estrella mundial, es conocido como “el pulmón de África” por su música y sus himnos contra la segregación racial

El músico sudafricano Hugh Masekela en una actuación en Nueva York en el año 1994. Getty Images Jack Vartoogian

Sin perder nunca sus raíces, sin renegar de su pasado africano y con la intención de luchar siempre por los derechos de sus compatriotas, así fue como Hugh Masekela aunó su pasión por la música con su compromiso por la libertad y la justicia social. No le importó tener que exiliarse, porque a miles de kilómetros su música empezó a hablar por él como si estuviera en Sudáfrica. Fue así como se convirtió en una leyenda mundial de la música, abarcando todos los ámbitos: compositor, director de orquesta, trompetista, cantante… hasta alcanzar el número 1 de las listas de éxitos de Estados Unidos.

Uno de los himnos más conocidos del músico fue Bring him back home, de 1987, y se convirtió en la canción utilizada por Nelson Mandela durante la gira mundial que realizó tras su salida de prisión. Sin embargo, no fue el único, porque Masekela se convirtió, durante tres décadas, en el autor más reconocido de la banda sonora contra el apartheid.

Hugh Ramopolo Masekela, su verdadero nombre, nació tal día como hoy, 4 de abril, hace 80 años, en 1939, en uno de los suburbios de la ciudad sudafricana de Witbank, a 70 kilómetros de Johannesburgo. Siendo un niño se quedó prendado con la película El trompetista, en la que Kirk Douglas daba vida al músico estadounidense Bix Beiderbecke, una de las primeras figuras del jazz. Su pasión, desde ese momento, se convertiría en el sueño de su vida… y se hizo realidad.

El joven músico creció tocando el piano, pero recibió su primera trompeta como regalo del arzobispo anglicano Trevor Huddleston, un respetado defensor de la igualdad de derechos en Sudáfrica y un símbolo de la resistencia social frente al apartheid. Él fue su mentor y quien se encargó de que Hugh recibiera clases de música en la banda municipal.

Después formó parte de la Banda de Jazz de Huddleston, y Masekela, para quien la música y el activismo se convirtieron en indisolubles, comenzó a perfeccionar su sonido afro-jazz en la década de los 50. De hecho, en 1954, con el popular grupo The Manhattan Brothers, el joven músico entró a formar parte de la orquesta encargada de la banda sonora del musical King Kong. Y cinco años después, junto al pianista Abdullah Ibrahim, conocido como Dollar Brand, lideró el grupo The Jazz Epistles, pioneros en la grabación de música africana compuesta e interpretada por músicos negros en Sudáfrica.

Todo apuntaba al éxito: con su juventud había tocado ya en los grupos más importantes del país y hasta había conocido a la que sería su primera esposa, la cantante Miriam Makeba, de quien se separó pocos años después. Sin embargo, le llegó una tragedia inesperada: el 21 de marzo de 1960, la policía del apartheid reprimió con dureza la manifestación de grupos antiapartheid en la ciudad de Sharpeville. Murieron 69 personas y 180 resultaron heridas. El crimen, que acabó convirtiendo aquella jornada en el Día Mundial de la Eliminación de la Discriminación Racial a instancias de Naciones Unidas, desató la represión y Hugh Masekela tuvo que exiliarse del país con solo 21 años.

Comenzó entonces para Masekela y su pareja una nueva vida. Dejaron Sudáfrica para iniciar lo que serían 30 años en el exilio, principalmente entre Londres y Nueva York. Y a su llegada a la ciudad norteamericana se matriculó en la Manhattan School of Music. La casualidad hizo coincidir su llegada a Estados Unidos y sus ganas por seguir aprendiendo con una época dorada del jazz, así que tuvo la oportunidad de conocer, cada noche, a grandes músicos del momento como Miles Davis, John Coltrane, Thelonious Monk, Charlie Mingus y Max Roach.

Tal fue su compromiso con el jazz, que bajo la tutela de Dizzy Gillespie y de Louis Armstrong, Masekela fue desarrollando su propio estilo, alimentándose de las influencias africanas que tenía en los genes en lugar de las estadounidenses que empezaba a conocer. “Sólo vas a ser una estadística si tocas jazz”, le aconsejó Miles Davis, “pero si pones algunas de las cosas que recuerdas de Sudáfrica, serás diferente de todos”. Y así fue como compuso su primer álbum en 1963, titulado Trumpet Africaine.

Llegaron entonces su primer éxito en el mercado anglosajón, la canción Grazing in the grass, y su aparición en el Monterey Pop Festival de 1967. Sin embargo, Masekela era cada vez más consciente de los problemas de África y de la falta de reconocimiento político del continente, así que en 1974 organizó, junto a su amigo y productor Stewart Levine, un festival que llevó a Kinshasa, entonces Zaire y en la actualidad República Democrática del Congo, el mítico combate de boxeo entre George Foreman y Muhammad Ali, pero complementado con música. Durante tres noches actuaron James Brown, B.B. King, Miriam Makeba, Tabu Ley Rochereau con la orquesta OK Jazz, Celia Cruz y el conjunto Fania All Stars. Todo un éxito.

Su carrera en solitario, desde aquel momento, abarcó cinco décadas, durante las que compuso más de 40 álbumes (con participaciones en innumerables más) y trabajó con artistas tan diversos como Harry Belafonte, Dizzy Gillespie, The Byrds, Fela Kuti, Marvin Gaye, Herb Alpert, Paul Simon, Stevie Wonder y su pareja Miriam Makeba.

Decidió ir, poco a poco, acercándose a su país, física y solidariamente, y abrió un estudio de grabación en Botsuana para seguir de cerca los acontecimientos de Sudáfrica, al otro lado de la frontera, y a la vez continuar produciendo música. Su estilo, entonces, ya se decantaba por los derechos civiles de la población negra y su lucha contra la segregación racial.

De hecho, su canción Soweto blues, de 1977 y cantada por su exesposa Miriam Makeba, rememoraba la matanza de decenas de jóvenes en los disturbios de 1976 a manos del régimen racista sudafricano. Otro de sus himnos, Bring him back home, escrita en 1987, se convirtió en el himno de la liberación de Mandela cinco años más tarde. Gracias a este tema ayudó a concienciar al mundo de las injusticias que sufría la población negra víctima del apartheid en Sudáfrica.

En los años siguientes Masekela compuso una docena de discos hasta en diez compañías discográficas distintas, ya que se rifaban su calidad y su prolífica inspiración. En 2003 participó en el documental Amadla! sobre la historia de la revuelta popular negra contra el apartheid. Tras el fin de éste, Masekela se instaló de nuevo en Sudáfrica convertido ya en una estrella mundial y siguió produciendo música.

Publicó hasta su autobiografía, Grazin in the grass: the musical journey of Hugh Masekela (2004), donde relata sus dos grandes combates: el segregacionismo y su lucha personal contra el alcohol a finales de los años 70, además de su pasión, plasmada en una amplia carrera musical.

Durante la celebración de la Copa del Mundo de Fútbol organizada en Sudáfrica en el verano de 2010, Hugh Masekela fue una de las figuras de su inauguración, y también protagonizó un emotivo documental de regreso a varios de los lugares donde transcurrió su infancia junto a su hijo y estrella de la televisión sudafricana, Sal Masekela.

Los reconocimientos y premios no tardaron en llegar: el presidente de Sudáfrica lo honró con la Orden de Ikhamanga. En 2011, Masekela recibió un premio por su trayectoria en la World Music Expo en Copenhague y numerosas universidades, entre ellas la Universidad de York y la Universidad de Witwatersrand, le otorgaron doctorados honoris causa. Las Islas Vírgenes (Estados Unidos) proclamaron el Día de Hugh Masekela en marzo de 2011, poco después de que Hugh se uniera a U2 en el escenario durante su gira mundial 360, y tras la que el líder de U2, Bono, describió ese momento con Masekela como uno de los más destacados de su carrera.

Masekela siguió activo y realizó una gira por Europa con Paul Simon en el 25 aniversario de Graceland y abrió su propio estudio y sello discográfico, House of Masekela, a la edad de 75 años. También utilizó su alcance global para difundir información sobre la restauración del patrimonio en África, un tema que siempre tuvo muy presente y que la Fundación del Patrimonio Hugh Masekela continúa en la actualidad.

El 23 de enero del año pasado, su familia aseguró en un comunicado que Hugh Masekela había muerto “en paz rodeado de sus seres queridos” tras “una prolongada y valiente batalla contra el cáncer de próstata”. Tenía 78 años.

El sueño y la pasión de Masekela por la música los cumplió con creces, e hizo realidad, a base esfuerzo, estudio y autenticidad, una de sus frases: “mi mayor obsesión es mostrar a los africanos y al mundo quiénes son realmente los pueblos de África”.

Fuente : EL PAÍS / ALBERTO LÓPEZ / MADRID .

Campeonato de España de 1ª Categoría Individual Pasabolo en Valderredible

El pasado día 15 de agosto comenzó a las 10,30 horas en Polientes (Valderredible), en la bolera Miguel Díez, el Campeonato de España de 1ª Categoría Individual en la modalidad de Pasabolo, arbitrado por Don José L. Ochoa Sisniega.

A continuación os dejamos unas imágenes de la entrega de premios:

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.
FOTOGRAFÍAS: COVADONGA MORATO.

Catálogo de libros del Centro Cultural de Valderredible

El Centro Cultural de Valderredible dispone de un pequeño catálogo de libros para su venta.  En caso de estar interesados en adquirir alguno de sus ejemplares -cuya cantidad es limitada-, contactar en el 942 77 61 59 para comprobar que haya existencias disponibles ya que no se envían por correo, únicamente se pueden adquirir en el Centro.

PRECIO DE ESTE EJEMPLAR: 15 EUROS.

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.

Catálogo de libros del Centro Cultural de Valderredible

El Centro Cultural de Valderredible dispone de un pequeño catálogo de libros para su venta.  En caso de estar interesados en adquirir alguno de sus ejemplares -cuya cantidad es limitada-, contactar en el 942 77 61 59 para comprobar que haya existencias disponibles ya que no se envían por correo, únicamente se pueden adquirir en el Centro.

PRECIO DE ESTE EJEMPLAR: 12 EUROS.

 

FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.

Doné mi melena para hacer una peluca para enfermos de cáncer

Hay asociaciones que elaboran pelucas con pelo donado para pacientes con pocos recursos.

“Sonará absurdo, pero lo que más me afectaba de la quimioterapia era verme sin cabello”. María Yakari Nahar empezó la quimioterapia contra su enfermedad rara nada más llegar a España desde Venezuela, en 2018. Entonces vivía en un Centro de Acogida de Refugiados de Alcobendas (Madrid). No tenía ingresos de ningún tipo. “No podía moverme de la cama, estaba muy enferma, pero no tener pelo me desanimaba de una manera que me cuesta explicar”, cuenta a sus 28 años. El tratamiento contra su enfermedad lo pagaba la sanidad pública. No incluía la peluca.

Nahar se compró una peluca sintética de 20 euros. “Me picaba, me molestaba y me quedaba fatal”, cuenta. Recuerda la tristeza que sintió cuando escribió en Google “pelucas de pelo natural”. “Las más baratas, las menos bonitas, costaban unos 1.000 euros”, recuerda. Añadió la palabra “donado” a su búsqueda en internet. “Así es como di con Mechones Solidarios”. Es una asociación malagueña que elabora pelucas gratuitas para pacientes de cáncer con pocos recursos.

La caída del pelo “es impactante y preocupa mucho” a las personas que se someten a un tratamiento de quimioterapia, según explica Agustina Siro Rodríguez, coordinadora de la Unidad de Psicooncología del Hospital Universitario Sant Joan de Reus (Tarragona). Y afecta especialmente a las mujeres: “Parece que entre los hombres está exculpado porque ser calvo es normal. Entre mujeres, no tener pelo se relaciona directamente con sufrir una enfermedad”.

“Antes de recibir mi peluca, sentía que me miraba todo el mundo”, dice Nahar. Mientras cuenta su historia, tiene en sus manos la melena que usó varios meses en 2018. “Cuando me la puse fue espectacular. Parecía mi pelo de verdad”, dice de su peluca morena, de unos 30 centímetros. Los miles de pelos que la componen han sido donados.

Mi pelo castaño no habría servido de mucho a Nahar, pero sí a otras personas. He donado mi melena para que la conviertan en una peluca para pacientes con cáncer. Además de leer este artículo, puedes ver todo el proceso en estos storiesde Instagram.

Cómo donar pelo

Hace tiempo que pensaba cortarme el pelo. Las altas temperaturas en Madrid de este verano terminaron de convencerme. Tenía muy claro que, si me lo cortaba, iba a donarlo. Seguro que, para tomar esa decisión, ha influido que haya visto a famosos que han donado su pelo o a personas cuyas donaciones viralizan en internet. Además, me parece un final perfecto para la que ha sido mi melena durante casi dos años. Mejor eso a que termine desparramada en el suelo de una peluquería.

Hay varias asociaciones que fabrican pelucas con pelo natural para enfermos. Una de ellas es Mechones Solidarios. Lleva haciéndolo desde 2013. Su taller está en Málaga, donde dos trabajadoras y dos voluntarias elaboran las pelucas. Para las personas con pocos recursos, las pelucas son gratis. En 2018, elaboraron 192. 101 de ellas fueron entregadas a cambio de una cuantía menor al coste de producción (360 euros). Y de esas 101, 75 fueron donadas a coste cero.

Para donar tu melena, debe medir al menos 30 centímetros (20 si eres menor de 14 años). El mío mide 20, pero han hecho una excepción. “Da igual que esté teñido o lleve queratina. También nos sirve. Lo único que no aceptamos es el pelo tratado con henna”, cuenta Estela Guerisoli, presidenta de Mechones Solidarios.

Podría habérmelo cortado en mi casa y mandarlo al taller de Málaga, como explican en este enlace. Pero no quería llenarme la cabeza de trasquilones, así que acudí a una de las 1.600 peluquerías que colaboran con esta asociación. Si donas el pelo, te lo cortan por cinco euros. Eso me cobró Pilar Ferrero en su peluquería en el barrio madrileño de El Pilar. “Viene muchísima gente a donar. Aquí tienes la prueba”, indica Ferrero al enseñarme una caja llena de coletas y trenzas. Está a punto de mandarla a Málaga. La mayoría son castañas. También hay unas cuantas morenas y un par de excepciones rubias.

Antes de que me corte el pelo, tiene cita otra donante. “En mi familia ha habido varios casos de cáncer. Eso te conciencia. Donamos casi todos”, cuenta Mar Revilla mientras Ferrero le hace una trenza que cortará enseguida. “Mi padre murió de cáncer. Cuando estaba enfermo, lo que más le afectaba era no tener pelo”, dice la peluquera. Asegura que muchos donantes tienen historias parecidas: el cáncer de alguien cercano les ha animado a dar el paso. Pero no siempre es así. “También hay muchas personas que donan porque lo ha hecho algún famoso y lo ha contado en sus redes sociales. Cuando lo hace alguno se nota un montón”, indica Ferrero.

“Hace poco corté el pelo a una niña de tres años cuyos padres no le habían cortado el pelo desde que nació. Su primer corte fue para donar. Tengo otra de 75 años que dona su pelo gris. No hay mucho pelo con canas y la variedad es importante”, añade Ferrero. Poco después pega el tijeretazo a mi melena.

Podría dejarle el pelo a Ferrero para que lo mande ella, pero prefiero llevarlo personalmente a Correos. Por completar el proceso. Meto mi coleta en una bolsa de plástico, me despido de cada pelo y la introduzco en un sobre acolchado. Para tener más seguridad de que no hay ningún problema, mando el pelo por correo certificado. Cuando lo pesan descubro que solo son 100 gramos. Esperaba que mi melena pesara más que un yogur. Tres semanas después, recibí estas fotos por WhatsApp.

Nunca había visto mi pelo tan bien peinado. En ese momento no solo me alegré por la persona que recibiría la peluca. Lo que más feliz me hizo fue pensar que ahí no solo estaba mi pelo. En esa peluca estaban las donaciones de otras nueve personas.

La donación de pelo en España

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) crea pelucas con pelo donado desde 2017. Pero se trata de un proyecto piloto que se encuentra en periodo de pruebas, por lo que apenas dan detalles. “La respuesta social es impresionante. Hemos recibido muchísimo pelo”, indica Inés Grande, coordinadora de trabajo social de la asociación. Es más, es tal la cantidad de pelo que reciben que, de momento, desde AECC piden que no les manden más donaciones. “Estamos muy agradecidos, pero tenemos pelo de sobra”, añade Grande. El servicio que sí tienen muy desarrollado es el banco de pelucas. Muchas personas que han usado pelucas de pelo natural las donan a este colectivo cuando dejan de necesitarlas.

No hay ningún problema en acumular el pelo sin convertirlo en pelucas inmediatamente. Sergio Vaño, director de la Unidad de Tricología (el área de la dermatología especializada en el pelo) del Hospital Ramón y Cajal (Madrid) explica que “el pelo se conserva mucho tiempo porque es un tejido no vascularizado, igual que la uña”. ¿Y quién suele tener trenzas viejas en casa? “Recibimos mucho pelo de abuelas que tenían coletas guardadas desde hace años”, comenta la presidenta de Mechones Solidarios.

Yo escogí este colectivo, pero hay otras asociaciones que realizan pelucas. Una de ellas es Pulseras rosas, con sede en Sevilla. No cobra a las personas con menos recursos. También destaca la madrileña Pekelucas, que realiza pelucas para menores de 14 años. Todas las pelucas de esta asociación son gratuitas. Pulseras rosas sigue recibiendo pelo, pero Pekelucas no.

“Claro que hay cosas mucho peores en una cáncer que perder el pelo. Detienes tu vida, estás hecha polvo, no te apetece hacer nada… Pero lo del pelo es el último remate. Con la peluca, al menos me sentía un poco mejor”, finaliza María Nahar. Esa pequeña ayuda no es más que una coleta de 30 centímetros.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS. VERNE. EMILIO SÁNCHEZ HIDALGO.

El Real Jardín Botánico renueva y actualiza su biblioteca digital

Los fondos de la biblioteca digital del Real Jardín Botánico ya se encuentran disponibles para cualquier persona que quiera consultarlos de forma libre y gratuita. Actualmente cuenta con casi 7.600 documentos digitalizados  de todas las épocas.

Su diseño ha sido mejorado y se han añadido nuevas funcionalidades, muy recomendable visitarla, especialmente para aquellas personas que busquen informarse sobre biodiversidad vegetal y fúngica. Enlace de acceso en: https://bibdigital.rjb.csic.es/

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FUENTE: CENTRO CULTURAL DE VALDERREDIBLE.