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El inesperado sarcófago plúmbeo del siglo III

Un ataúd romano de plomo en excelente estado de conservación ha sido hallado en las obras de remodelación de un edificio en el centro de Granada

Los arqueólogos no esperaban ningún gran descubrimiento, quizá material de la época musulmana sin mayor trascendencia. No era más que una prospección en el centro histórico de Granada, obligatoria para cualquier obra que quiera profundizar en el subsuelo y con la que se pretende descartar que existan restos históricos. Los trabajos se desarrollaban con la normalidad esperada. Algunos restos de la época cristiana. Algunos de la árabe. Nada relevante. Pero antes de levantar el campo, el equipo de arqueólogos decidió llegar un poco más abajo. Y allí estaba. A 2,5 metros de profundidad apareció una tumba romana cubierta de piedra arenisca y barro. Aún nada sorprendente en principio para Ángel Rodríguez, el arqueólogo responsable de la prospección del edificio Villamena, junto a la catedral de Granada. Pero al quitar la losa, ligeramente aplastada, apareció un sarcófago de plomo. Eso sí fue una sorpresa.

Estamos entre el siglo II y el IV después de Cristo. Los sarcófagos de plomo no eran frecuentes. En Andalucía, además de caros, eran difíciles de conseguir porque solo se fabricaban en una industria de Córdoba. Por tanto, “probablemente es de una familia adinerada, pero eso no significa que vayamos a encontrar grandes joyas en su interior”, explica Rodríguez, que piensa que el sarcófago será, a falta de la datación exacta que se hará próximamente, del siglo II o III, no más. El ajuar no tiene por qué ser especialmente rico porque, cuenta, lo de mucho valor se quedaba fuera, “para los vivos”.

El verdadero interés de este tipo de sarcófago, del que apenas se han encontrado una decena en Andalucía —y no siempre en buen estado o sin expoliar—, está en que el plomo conserva los restos especialmente bien. Eso significa que, si todo va como los arqueólogos esperan, dentro habrá un cuerpo, un ajuar y textiles probablemente muy bien conservados y, por tanto, se extraerán muchas conclusiones que permitirán “conocer bastante del ritual de inhumación”, sostiene Ángel Rodríguez.

El sarcófago se localizó el jueves pasado y este miércoles ha sido ya trasladado al Museo Arqueológico y Etnológico de Granada. Allí aguardará unos días hasta que se defina exactamente cómo proceder a descubrirlo. Un equipo multidisciplinar de antropólogos físicos, restauradores y arqueólogos será entonces quien viva el emocionante momento de la apertura. ¿Qué futuro espera a lo que se halle en el interior? “El cuerpo irá al laboratorio de antropología forense de la Universidad de Granada y el propio sarcófago y el ajuar quedarán en el museo para ser estudiados”, resume el arqueólogo jefe.

Granada tiene un centro histórico que, en realidad, no siempre lo fue. En época romana, el epicentro de la ciudad era el Albaicín y lo que hoy configura el centro histórico era, sencillamente, una zona rural periurbana. Pero tenía una peculiaridad: estaba bañada por el río Darro, una corriente de agua que hace casi un siglo dejó de verse a cielo abierto en esa parte de la ciudad y pasó a descender embovedada a lo largo de un par de kilómetros. Y ahí, en ese lugar entonces rural, ha aparecido el sarcófago plúmbeo. Eran “zonas de cultivo fuera de la ciudad romana, en el margen del río Darro. No se trata de un cementerio. Sin embargo, quizá por la influencia del Darro, debía tener alguna significación especial como área funeraria”, asegura Rodríguez, quien recuerda que en 1902 apareció un ataúd similar que “fue expoliado por los trabajadores que lo descubrieron” antes de que llegara el primer científico, que solo encontró “unos huesos”.

El sarcófago de plomo pesa entre 300 y 350 kilos y sus dimensiones son como las de cualquier ataúd clásico: 1,97 metros de largo y 40 centímetros de alto. Algo más ancho en la cabecera (0,56 metros) que en los pies (0,36). En una primera inspección, ha respondido el arqueólogo responsable, “no tiene inscripciones aparentes, aunque aún tiene barro y arena; veremos cuando lo limpiemos”. La procedencia sí la da por segura: “Córdoba, el único lugar donde se fabricaban ataúdes de plomo”. Su exterior ya ha aportado numerosas pistas. En unas semanas, será el turno del interior, algo que los científicos esperan con emoción.

ALHÓNDIGA, CÁRCEL, BANCO

El edificio de Villamena, bajo el que ha aparecido el sarcófago, es un lugar con mucha historia. Ya en época romana se hizo un hueco como espacio relevante. En el siglo XI los comerciantes genoveses establecieron allí su alhóndiga, una especie de embajada comercial donde compraban la seda y el azúcar, explica Rodríguez, que vendían por toda Europa. A este lugar llevaban productos de lujo europeos para vender en la urbe. Los Reyes Católicos, en el siglo XVI, ceden el edificio a la ciudad, que se convierte en cárcel durante más de cuatro siglos, hasta 1930. La última función que tuvo fue la de oficina bancaria y allí es dónde, exactamente debajo de una impresionante puerta de caja fuerte que hace tiempo que no guarda nada, ha aparecido el sarcófago de plomo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / JAVIER ARROYO .

RinGol: el deporte creado en un colegio sevillano que ya se juega hasta en Latinoamérica

Algunos dedican el verano a tirarse en la playa, hay quien prefiere viajar a lugares exóticos, no faltan los que optan por devorar todos aquellos libros que no han podido leer durante el resto del año. Y luego está Manuel Martín, profesor de Educación Física, que dedicó las vacaciones de de 2016 a dar forma a un proyecto muy especial.

Con décadas de experiencia en patios de recreo a sus espaldas, Martín decidió que merecía la pena consagrar esos meses de julio y agosto a crear, junto con otros docentes de su especialidad, una actividad escolar que supliera la gran carencia que había detectado en la práctica deportiva de los colegios españoles. Un deporte que permitiera que los alumnos con menor competencia motriz o con necesidades especiales no fueran siempre espectadores o poco participantes en los juegos escolares de equipo, donde brillaban y disfrutaban sólo aquellos estudiantes con mayores capacidades.

Y así nació el RinGol,

un deporte que desde donde se creó, el centro María Auxiliadora Salesianas de San Vicente (Sevilla), se ha ido extendiendo por España, de sur a norte, y ha llegado hasta incluso a Latinoamérica, donde ya hay colegios que lo han incorporado. Sólo en la provincia de Sevilla, el conocimiento del RinGol ha llegado a más de 50.000 escolares de casi 100 colegios.

El RinGol combina jugadas y reglas de cinco modalidades ya existentes: fútbol, balonmano, voleibol, baloncesto y rugby. Consiste en introducir el balón en la portería o en el aro (ring en inglés, de ahí el nombre) que se coloca sobre ella. Pero no se trata de meterlo de cualquier forma, sino que el juego impone como norma una necesaria colaboración, ya que los movimientos para colar el balón y la posesión del esférico están limitados. Así, un jugador no puede tocar o golpear el balón más de una vez. Cuando lo haga, debe ceder la posesión a otro miembro de su equipo, de forma que se evita por completo la figura del jugador chupón que acapara el balón o que por su destreza y capacidad asume un papel protagonista de forma constante.

“Los apellidos del RinGol son inclusivo y cooperativo”, señala Martín, el creador del deporte. Y ésa parece que ha sido la clave de su éxito, ya que el fin último de este juego no es marcar goles, sino cooperar para anotarlos. El protagonismo se diluye así en el equipo, lo que resulta particularmente adecuado en entornos escolares.

Las otras normas que afectan al juego son de fácil asimilación y están bien explicadas en los diversos vídeos que la Asociación Deportiva RinGol tiene en su canal de Youtube o en las 10 reglas básicas que ofrecen en su web: el balón pesa unos 200 gramos, se juega en equipos mixtos de siete u ocho jugadores, se juega en partidos de dos partes de 15 minutos, las faltas son cooperativas (hay pasador y lanzador), se puede golpear el balón usando cualquier parte del cuerpo (a excepción del puño y la cabeza; con el pie sólo en parábola y con la mano siempre usando la palma)… Introducir el balón en la portería equivale a un tanto, mientras que si se introduce por el aro, emblema del RinGol, se suman dos.

En centros educativos como los españoles, donde nunca sobra el presupuesto para el equipamiento extra, el RinGol ha triunfado también posiblemente por su escasa exigencia de inversión. Basta con disponer de una superficie de juego rectangular -similar a la de una pista de fútbol sala- y añadir un aro a la parte superior del larguero de las dos porterías.

El RinGol, por otro lado, resulta menos agresivo y más integrador que la mayoría de deportes escolares. Pero la comparación con el fútbol en particular resulta inevitable. El fútbol no es únicamente el deporte rey en los medios; también lo es en los recreos, hasta el punto que se convierte en un deporte dictador, socialmente contaminado por la competitividad y con riesgo de segregación de las niñas frente a los niños.

El RinGol resulta un deporte muy fácil, donde es necesario que colaboren todos los jugadores, por lo que la capacidad motriz del individuo queda compensada por su participación dentro del grupo y a través de un deporte que integra tren superior, tren inferior y carrera. Además, no contribuye a las lesiones por sobresfuerzo. Alumnos que no jugaban al fútbol en los recreos, por no ser demasiado competitivos o no encontrarse al nivel de sus compañeros, sí se integran con éxito en el RinGol, lo que ha terminado cambiando los usos de muchos patios escolares españoles.

De hecho, ya han nacido ligas escolares provinciales de RinGol. Al principio lo hicieron sólo en Andalucía, pero ahora ya existen en otros puntos de España, con entrenadores y árbitros oficiales que son formados por la Asociación Deportiva RinGol. Una entidad que también ayuda a los centros escolares que decidan introducir esta modalidad en su alumnado facilitándoles los recursos necesarios para desarrollar con éxito la implantación del nuevo deporte total.

FUENTE: DIARIO EL MUNDO / IRENE HERNÁNDEZ VELASCO .

 

 

La catedral de la geología abre al público

Pulpí permite visitar la geoda accesible más grande del mundo en el 20º aniversario de su descubrimiento
Acceso a la Geoda de Pulpi. FOTO : PACO BONILLA .

La geoda gigante de Pilar de Jaravía, en el municipio almeriense de Pulpí, celebra en diciembre los 20 años de su descubrimiento, fecha que se va a conmemorar de una manera poco habitual: a partir del 5 de agosto se abrió al público esta espectacular obra de la naturaleza. “Para mi es un sueño”. Quien así se expresa es Javier García Guinea, profesor de investigación del CSIC, autor de los primeros análisis mineralógicos que se hicieron a principios de siglo de esta cavidad y, principalmente, responsable de que haya llegado a la actualidad en su deslumbrante estado. Fue García Guinea uno de los primeros en acudir a la mina, tras el hallazgo por parte de miembros del Grupo Mineralogista de Madrid en 1999, y el primero en aconsejar a la entonces alcaldesa de Pulpí, María Dolores Muñoz, que cerrara los accesos para que el hallazgo no derivara en expolio de los cristales de yeso.

No fue fácil convencer a las Administraciones, pero se hizo no sin antes constituirse una nutrida comisión de seguimiento con representantes de la Junta de Andalucía, la Universidad de Almería, el CSIC y el Ayuntamiento. Los poderes públicos también plantearon alternativas concretas para dar a conocer este patrimonio, en su mayoría eran inviables y caras. El proyecto que ha posibilitado convertirla hoy en la geoda visitable más grande del mundo (la mexicana de Naica, de mayor tamaño, no lo es por sus altas temperaturas y compleja accesibilidad) ha contado con un presupuesto de medio millón de euros destinados a la limpieza previa con la extracción de más de 700 toneladas de tierra y escombros, los entibados necesarios para garantizar la circulación de las personas y la seguridad  y para el reto más complejo, que ha sido la construcción de los accesos, según explica José Ángel Solanilla, ingeniero de minas y director de obra de Tecminsa, empresa extremeña encargada del proyecto.

Finalmente se ha optado por unas escaleras de caracol en hierro forjado que permiten ganar los cerca de 40 metros de profundidad que distan desde la galería principal (60 desde la superficie) a la geoda. Francisco Javier Fernández Amo, geólogo de la misma empresa y conocedor al detalle del proceso de rehabilitación, pone especial énfasis en despejar las dudas sobre el posible deterioro de esta singular mina de cristales. La Universidad de Almería ha diseñado “un sistema de monitorización que incluye alarmas si se traspasa el límite permitido y sensores que controlarán en todo momento parámetros como la temperatura, la humedad o los índices de CO2”.

La visita guiada, con un máximo de 12 personas por grupo y que cubre un recorrido de unos 500 metros por la Mina Rica, incluye, obviamente como final, ver la Geoda gigante que, sin duda, se convertirá, ya lo es a juzgar por la demanda de entradas (22 euros), en un atractivo turístico.

Este fenómeno de la naturaleza se debe a un proceso mineralógico por el que en un hueco en la roca queda tapizado de cristales, normalmente cuarzo, calcita y yeso. El factor diferenciador de la geoda de Pulpí es el gran tamaño y la transparencia de los cristales. Para comprobarlo hay que subir a un peldaño e introducir medio cuerpo por la grieta que da acceso a una cavidad de unos ocho metros de largo por dos de alto. Solo por motivos científicos se accederá al interior. En todo caso, la magnitud y la forma de los cristales de yeso, alguno de los cuales alcanza dos metros, impresiona por la estética y por la capacidad de la naturaleza para diseñar esas formas con la sencilla fórmula de agua, minerales y tiempo.

Fernández Amo atribuye buena parte de la formación de la geoda del Pilar de Jaravía “a procesos de vulcanismo producidos hace millones de años”. “Fluidos cargados de minerales”, explica, “se inyectan a través de las capas de los estratos o a través de fracturas”. La literatura científica coincide en la aportación de “inyecciones hidrotermales volcánicas” al proceso y fija dos fases, referidas una a la formación del hueco y otra al depósito mineral en su interior. En el primer caso se considera la posibilidad de que la cavidad se produjo por “karstificación de las dolomías que forman la sierra del Aguilón”, donde se encuentra; en el segundo, la hipótesis apunta a un “modelo mixto kárstico-hidrotermal”. Es decir, la combinación de la presencia de yesos y calizas con la acción de aguas calientes procedentes de fenómenos volcánicos.

Nada igual

En todo caso, el origen es más enrevesado de desentrañar que su consecuencia. Este mismo periódico titulaba el 10 de junio del año 2000 “Una geoda gigantesca descubierta en una mina de Almería asombra a los científicos” y Javier García Guinea declaraba haber buscado en las bases de datos internacionales y no haber encontrado nada igual. “Los prismas cristalinos de medio metro como media cubren toda la cavidad (suelo, techo y paredes), que tiene forma de balón de rugby y un tamaño muy superior al de las mayores geodas que puedan conseguirse en algunas regiones de la Tierra, como el sur de Brasil, donde las geodas de cuarzo amatista pueden alcanzar el metro de diámetro”.

El esplendor de la geoda gigante ensombrece otros puntos de interés de la visita. Así, Fernández Amo destaca la geoda azul, que adquiere esa tonalidad a causa del estroncio, y que llegó a tener hasta 20 metros de desarrollo, pero de la que se conserva mucho menos ya que la explotación minera se la llevó por delante. Cabe recordar que de la Mina Rica, abierta desde mediados del siglo XIX hasta finales de la década de 1960, se extraía primero hierro y luego plata y plomo. De hecho, parte del atractivo reside en ver esas “catedrales subterráneas”, como las define el geólogo, que alcanzan hasta los 40 metros de altura, o la indumentaria de aquella época que todavía se conserva.

También es llamativa la abundancia de celestinas, una variedad mineral de sulfato de estroncio, baritas, químicamente sulfato de bario, y sideritas, carbonato de hierro del grupo de la calcita. Además, se conservan varias unidades de lapis specularis, piedras de yeso seleníticas tan transparentes que eran usadas como cristales en las ventanas de los palacios romanos.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / GERMÁN TEMPRANO GARCÍA .

Los carros de los líderes íberos para viajar al otro mundo

Dos equipos de arqueólogos hallan en Valencia y Córdoba ruedas y partes de vehículos ceremoniales de 2.400 años

Llevaban enterrados 2.400 años y han sido encontrados con unas semanas de diferencia. Desde el verano, dos equipos de arqueólogos han encontrado en La Bastida de Moixent, Valencia, y en Montemayor, Córdoba, yacimientos situados a 450 kilómetros de distancia, cinco ruedas ibéricas y restos de los carros a los que iban conectados. Los hallazgos son doblemente excepcionales porque apenas hay documentadas piezas similares y ninguna se encuentra en tan buen estado de conservación. Los indicios señalan que los vehículos no sirvieron para hacer la guerra ni para transportar mercancías, sino que fueron colocados junto a las tumbas de personajes de alto rango para que viajaran con ellos al más allá. Los íberos daban a los carros ese sentido simbólico y, en ocasiones, los representaban tirados por caballos alados.

Los descubrimientos han abierto investigaciones a las que se dedicarán años. Las hipótesis de trabajo son que las ruedas y el resto de elementos fueron enterrados en tumbas o en depósitos funerarios de líderes íberos, de momento no está claro si hombres o mujeres. La rueda de Moixent, de mediados del siglo V antes de Cristo, es de hierro, mide 90 centímetros de diámetro y ha aparecido apilada en tres segmentos idénticos. Al lado, explica Jaime Vives-Ferrándiz, director del proyecto y conservador del Museo de Prehistoria de Valencia, también han sido hallados, hasta ahora, un bocado de caballo, restos de cerámica y una extraordinaria arracada de oro.

Las cuatro imponentes ruedas de Montemayor, de seis radios, fueron hechas también en hierro. Las dos más grandes de 120 centímetros, por las que casi podría decirse que no ha pasado el tiempo, fueron encontradas en lo que parece un cementerio íbero sobre el que los romanos construyeron siglos más tarde un campamento militar para el asedio de Ulia. Los textos clásicos relatan que la antigua ciudad fue escenario de feroces batallas en la guerra civil que enfrentó a Julio César con Pompeyo y sus hijos.

Conjunto sin parangón

El equipo de Fernando Quesada, de la Universidad Autónoma de Madrid, bajo la dirección de campo de Javier Moralejo, iba tras las huellas de aquel conflicto bélico cuando se toparon con un hallazgo ibérico que no tiene parangón en la península por la complejidad del conjunto y su estado de conservación, aseguran. Todo apunta a que el carro es del siglo IV, aunque todavía debe confirmarse mediante la prueba del carbono 14.

Las ruedas de ambos yacimientos son muy distintas. La encontrada en el antiguo oppidum rodeado de viñas de Valencia, una idílica colina desde la que sus gobernantes controlaban el antiquísimo camino que los romanos llamaron más tarde Vía Augusta, que conectaba el norte de la península con el valle del Guadalquivir, y también el paso de la meseta al Mediterráneo, ha obligado a adelantar unas décadas la cronología del yacimiento de La Bastida de les Alcusses, ubicado en el término de Moixent.

El descubrimiento ha revelado que antes de la edificación del poblado, rodeado de altas murallas, donde vivieron unas 800 personas, hubo una construcción previa que no parece residencial. Quizá fue la tumba de un héroe o un espacio de culto. En todo caso, el lugar en que se depositó rueda fue arrasado para erigir la nueva ciudad. “El proyecto puede contribuir a dar respuestas a los procesos de urbanización en esta zona del Mediterráneo en el primer milenio antes de Cristo”, comenta Vives-Ferrándiz. “Una urbanización que responde a procesos políticos, en los que vemos que las personas instauran las ciudades encima de algo que había previamente. A veces incorporan lo anterior al nuevo lugar, como ancestros, y otras veces esa memoria es destruida con violencia”, añade.

La cultura ibérica se desvaneció ante el empuje romano hacia el siglo I después de Cristo, como resultado de la violencia de los invasores y de la asimilación cultural. Los detalles sobre la destrucción de La Bastida de Moixent, que brilló durante un siglo para caer después en un olvido que duró dos milenios, siguen siendo un enigma. “Lo que está claro es que no fueron los romanos. Fue violencia entre vecinos. Si estaban más cerca o más lejos no lo sabemos, y es posible que nunca lo sepamos”, afirma el arqueólogo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / IGNACIO ZAFRA .

Así se forjó el primer cuchillo de hierro de la Península

Expertos alemanes y españoles hallan en Los Castillejos de Alcorrín (Málaga) la escoria férrica que permitió el paso de la Edad del Bronce a la del Hierro.

Un arqueólogo trabaja en las excavaciones de Castillejos de Alcorrín (Málaga). Instituto Arqueológico Alemán

A principios del primer milenio antes de Cristo, la flotilla fenicia de grandes velas rojas navegaba cautelosa hacia la desembocadura del río Guadiaro, en el término de San Roque (Cádiz), lo que entonces era un frondoso y verde abrigo próximo al estrecho de Gibraltar. En este lugar (hoy colmatado y ubicado varios kilómetros tierra adentro), los fenicios entraron en contacto con las poblaciones autóctonas, cuyo asentamiento principal era el actual Los Castillejos de Alcorrín(Manilva, Málaga).

Allí habitaba una comunidad de finales de la Edad del Bronce que se mostraba dispuesta a entablar relaciones con aquellos recién llegados que portaban un valioso secreto: la forja del hierro. Los lazos entre ambos grupos —que se alargaron casi medio siglo— permitieron la creación de la primera metalurgia férrica de la península Ibérica. Entre los objetos que elaboraron con la nueva tecnología se encontraban pequeños cuchillos ceremoniales, antecesores de lo que, varios siglos más tarde, serían las famosas falcatas íberas que provocaban el terror entre las tropas romanas. Los especialistas del Instituto Arqueológico Alemán (IAA) han encontrado ahora en el impresionante yacimiento de Alcorrín, —una ciudad fortificada de 11,3 hectáreas— las escorias que dejó aquella inicial metalurgia.

Cerro sobre el que se levantaba la ciudad de la Edad del Bronce de Castillejos de Alcorrín. Instituto Arqueológico Alemán

Los Castillejos de Alcorrín fue descubierto a finales de los ochenta del siglo pasado por el arqueólogo Fernando Villaseca. En 2004, José Suárez Padilla, profesor de Prehistoria de la Universidad de Málaga, llevó a cabo nuevas excavaciones que permitieron comenzar a desentrañar el pasado de una población que con el paso del tiempo llegó a levantar dos murallas defensivas (una exterior y otra interior rodeada por un foso) de hasta cinco metros de ancho.

Entre 2006 y 2019, el IAA, el Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, la Junta de Andalucía y un equipo de geofísicos, topógrafos, arquitectos, restauradores, químicos y dibujantes realizaron dos proyectos de investigación que permiten afirmar que el asentamiento destacaba por sus enormes dimensiones comparado con los otros coetáneos fenicios del Mediterráneo y las costas de Marruecos y Portugal.

Dirce Marzoli, directora del IAA y coordinadora de las excavaciones, explica que las intervenciones “atestiguan el potencial del sitio para estudiar dinámicas sociales, políticas, económicas y tecnológicas de la primera presencia fenicia en el sur peninsular”. “La fortificación”, indica, “no tiene paralelo en su entorno”, al tiempo que recuerda que el asentamiento se ha estudiado “mediante una excavación sistemática, lo que no ocurre en la mayoría de los de la época”. Este hecho permite adquirir más datos, más precisos y en menor tiempo.

Conchas protectoras contra el mal colocadas frente a una de las viviendas del yacimiento de Castillejos de Alcorrín. Instituto Arqueológico Alemán

El prehistoriador José Suárez Padilla añade, por ejemplo, que los dos trozos de escoria de hierro hallados “evidencian” la extracción y reducción del material férrico arrancado de las montañas próximas y su posterior forja, lo que supuso una auténtica revolución tecnológica para pueblos de finales de la Edad del Bronce. Se ha descubierto, además, una minúscula cuenta azul de dos milímetros que deja claro que las conexiones comerciales alcanzaban hasta Egipto.

La llegada de los fenicios modificó también el urbanismo local, cuyo resultado fue la asunción de nuevas tradiciones arquitectónicas siguiendo los modelos traídos de Oriente Próximo: casas de planta rectangular y pavimentadas con conchas a su alrededor. “Las colocaban para protegerse de lo maligno. Su valor apotropaico [de defensa del mal] es muy claro en determinados edificios de gran valor hallados en la zona alta o acrópolis”, dice Suárez.

El IAA se enorgullece, además, de la “exitosa cooperación con la Junta de la Andalucía”, lo que ha permitido “analizar un caso de contacto entre unas poblaciones autóctonas y la primera generación de fenicios occidentales en el estrecho de Gibraltar”. Y eso que solo se ha excavado el 1% de un yacimiento que fusionó dos pueblos y permitió el cambio de era: del Bronce al Hierro. Y un puñal.

Fuente : EL PAÍS / VICENTE G . OLAYA .

Donde llueve ‘harinilla’: palabras que nos ha dado Andalucía

Curiosísimo artículo que nos manda un seguidor del blog sobre algunas expresiones que se usan en Andalucía, útil a modo de mini diccionario si se viaja por la zona.

Las pinzas para tender la ropa son ‘alfileres’ y si te ha dado el ‘avenate’ es que te has vuelto loco.

Para muchos andaluces, una barbaridad de comer es una pechada; el calor horrible que sale del suelo y las paredes se llama flama, si se levanta una orillitaes que empieza a hacer un poquito de aire y la lluvia fina es harinilla.

Si te ha dado el avenate es que te has vuelto majara o loco. Los ojos son de color celeste y no azul, a alguien delgado le decimos que está canijo y si le damos un trago a una bebida puede ser que lo llamemos buchito. Preferimos decir que un bolso es chico a que es pequeño y decimos anda ligero más que anda rápido.

Estar alinquidoi es estar alerta, un charrán es el que te hace una faena, atreverse a algo es aterminarse a hacerlo y si te dan una mascá es que te han dado un buen puñetazo. Un bujío es una infravivienda, un agujero en el que nadie querría vivir; un esqueleto es una canina. Las camisas de rayas son de listas y los chalecos tienen mangas, porque los que no las tienen se llaman chalequillos. El hijo de tu pareja puede llamarse antenado y no solo hijastro.

El regaliz es llamado orozuz, llenarse puede significar mancharse; al fuego (candela o lumbre, según las zonas) se le echa alhucema para que huela bien, la ardentía es acidez de estómago y la fregona puede llamarse, entre otros nombres, aljofifa.

Las pinzas para tender la ropa son alfileres, el tobogán se llama también resbaladera, en Cádiz el mercadillo es el piojito y el cocimiento es en Jaén la papilla de los críos. Si te incluyes en un grupo sin ser invitado es que te has encalomado y si una borrachera te hace andar de forma poco firme es que estás dando camballadas.

Ni todas estas palabras son exclusivas de Andalucía ni todas ellas son, tampoco, voces generales en todo el territorio. En general, opera para las hablas andaluzas una división no absoluta entre las provincias orientales (Málaga, Jaén, Almería, Granada) y las occidentales (Huelva, Sevilla, Córdoba, Cádiz) que hace que algunos vocablos de gran uso en una zona sean desconocidos en la otra.

En otras ocasiones hay una gran diversidad interna dentro de esas mismas dos grandes áreas, es lo esperable en una región de una gran extensión y demografía, la más poblada de España (con más de ocho millones de habitantes) y la segunda en territorio.

Ha sido también, pese a estas cifras, la variedad geográfica del español europeo más ridiculizada y denostada, y forma parte del tópico falseador el pensar que los andaluces nos pasamos la vida diciendo ozú (palabras que muchos solo hemos escuchado en las imitaciones de la tele), olé (normalmente lo que decimos es ole, con acentuación llana) y vestidos de faralaes (palabra que nadie en Andalucía emplea para referirse a ropa de gitana o flamenca).

Igualmente es tópico, aunque este fuese un tópico favorable, el pensar que es una variedad más rica o expresiva que la de otras áreas. Es el habla individual la que resulta rica o pobre según cuántos sinónimos y términos específicos maneje. No puede negarse cierto gusto, eso sí, por el golpe verbal ingenioso e irónico, pero ello no tiene por qué implicar un léxico distintivo. No es la lengua, sino el uso que se le da:

A otra escala, Andalucía reproduce la misma situación que la propia lengua española: una constatable diversidad de vocabulario que no impide el entendimiento de los hablantes. El vocabulario fundamental y básico, el que usamos cada día, puede introducir alguna de estas palabras contrastivas con el español general, pero ello, obviamente, no impide la comunicación con hispanohablantes de otras áreas.

Es la misma situación que encontraríamos si pusiéramos la lupa en cualquier otra zona concreta de la superficie hispanohablante. Cada una de ellas, con todo, mostraría una fisonomía léxica distinta: la del español de Andalucía viene determinada por su historia y posición geográfica.

Huella histórica

Históricamente, las diferencias del español de Andalucía con respecto al de otras zonas se empiezan a gestar tras la salida de los árabes de su territorio, entre los siglos XIII y XV. Es en esa etapa cuando llega el castellano al territorio meridional y, junto con él, otras lenguas hijas del latín que han dejado su huella léxica en Andalucía: en el oeste hay bastantes leonesismos que vinieron con la bajada de población asturiana, leonesa o extremeña durante la Edad Media; en el este el elemento más distintivo es el léxico venido del aragonés, el murciano y del catalán.

Sobre este fondo romance hay rasgos particulares en algunas áreas, como portuguesismos en Huelva o el particular léxico inglés que hay en el llanito de Gibraltar. En general, cuando dos lenguas se ponen en contacto a través de un grupo de hablantes, es el vocabulario el terreno más afectado, por eso hay muchos arabismos léxicos en el español general y también en el español de Andalucía, aunque, pese al tópico, no son muchos más los arabismos andaluces que los preservados en otras zonas.

La historia trae una herencia pero cada presente la modifica a su manera. En la actualidad, sobre el vocabulario andaluz distintivo y propio se proyecta la sombra de la globalización léxica. Es un fenómeno que se advierte, en general, para muchas de las lenguas actuales: pierden mucho léxico dialectal en favor del estándar, que llega por los medios, la publicidad y la escolarización.

El proceso puede ser más o menos inconsciente: aunque en las casas andaluzas se cocinen alcauciles y papas, estas voces se van reemplazando por alcachofas y patatas; lo mismo ocurrirá con la lluvia fina o harinilla, sustituida progresivamente por un chirimiri que el español tomó del vascuence; lo que se compra en las tiendas es colonia de lavanda y pocos relacionarán ese nombre con la alhucema.

Algunas palabras se mantienen porque están adheridas a un lema: el mas aunque del manque pierda que está en el lema del Betis es una vieja conjunción medieval que se ha mantenido en Andalucía fundamentalmente por el reclamo futbolístico. Con esto termino, que no quiero resultar jartible.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / LOLA PONS RODRÍGUEZ
SEGUIDOR DEL BLOG: ANTONIO MUÑOZ

La UC cede 38 ilustraciones de Gustave Doré al Museo Carmen Thyssen de Málaga

Se exhibirán del 6 de abril al 15 de julio.

La Universidad de Cantabria (UC) ha cedido una selección de 38 ilustraciones, pertenecientes a la serie ‘Voyage en Espagne’ y realizadas por Gustave Doré, al Museo Carmen Thyssen de Málaga, donde se exhibirán desde el 6 de abril hasta el 15 de julio.

La UC destaca en un comunicado que esta iniciativa, gestionada desde el Área de Exposiciones del Vicerrectorado de Cultura y Participación Social, forma parte de la labor de difusión de la colección de arte gráfico de la institución académica.

Estas 38 xilografías, publicadas de 1862 a 1873, que ilustran los textos de Charles Davillier, recogen su viaje junto a Doré por España entre 1861 y 1862, en este caso, por Andalucía.

Con esta muestra temporal, que tendrá lugar en la Sala Noble del Palacio de Villalón, el Museo Carmen Thyssen de Málaga pretende profundizar en uno de los ejes principales de su colección permanente: la visión pintoresca de los viajeros europeos a lo largo del siglo XIX.

Así, monumentos como la Mezquita de Córdoba, la Giralda de Sevilla, la Alhambra de Granada o la Catedral de Málaga son algunos de los ejemplos arquitectónicos que Doré plasmó en sus dibujos.

Un conjunto de notables maestros grabadores franceses como Fournier, Laplante o Brux, trasladaron al taco de madera estos escenarios y evocaciones.

Todas estas estampas formaron parte en 2010 de la muestra sobre ‘El viaje por España, de G. Doré, en la Colección UC de Arte Gráfico’, desarrollada en el Paraninfo de la Universidad de Cantabria.

Fuente : El Diario Montañés. / EFE . 

Murillo, el artista total del Barroco

La celebración de su cuarto centenario arrancó el pasado 29 de noviembre en Sevilla con el objetivo de desterrar el tópico del pintor de vírgenes y ampliar la mirada a su creación profana.

Dentro de los cuadros de Murillo se resume la metáfora barroca: sombras y luces, artificio y sencillez, devoción y cierto ruido del mundo. El cuarto centenario de su nacimiento arrancó con un concierto de Jordi Savall en el Teatro de la Maestranza donde el violagambista recreó los paisajes sonoros de la ciudad-museo en la que nació el pintor. Sevilla se ha volcado con la celebración del cuarto centenario de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) para reivindicar a un artista que, a partir de esta celebración, aspira a salir del cliché en el que ha vivido encerrado mucho tiempo.

La intención última de esta conmemoración, más allá del fasto y los evidentes homenajes, es difundir los argumentos en los que los investigadores llevan insistiendo desde hace años en publicaciones especializadas y congresos internacionales. Murillo no es solo el artista que evoca el mundo religioso y que consigue dar un aire amable al espíritu de la Contrarreforma. Es además el pintor que apuesta por un tipo de escenas profanas, cuadros de costumbres que no estaban bien considerados en esa España. Los tratados pictóricos de la época, como los publicados por Pacheco o Carducho, despreciaban la representación de personajes populares, al contrario de lo que ocurrió en el Norte de Europa, donde triunfará ese tipo de pintura que elogia lo cotidiano y que será una de las grandes revoluciones de la historia del arte.

Sin embargo, quien en España ha sido reducido casi exclusivamente al pintor de lo religioso se atrevió a crear muchas escenas de niños pícaros, de gente miserable de la calle. Un mundo aparentemente trivial que apasionaba a los comerciantes flamencos y holandeses que residían entonces en Sevilla por los negocios con las Indias y que fueron quienes encargaron ese tipo de pintura a Murillo. El pintor era además amigo de muchos de ellos, como Nicolas Omazur o Josua van Belle, a los que hace maravillosos retratos. Esta amistad se traduce en la sensibilidad de Murillo por pintar del natural, por bajar al fango de la época y retratar también a las personas de a pie.

Este Murillo de lo popular que se convierte en casi un documentalista de su tiempo es el menos conocido en España, quizás porque esos cuadros de costumbres salieron pronto de Sevilla. Nada más morir el maestro en 1682 al caer del andamio en el que pintaba los Desposorios místicos de Santa Catalina, esos lienzos de niños pícaros salen en el equipaje de los mercaderes del Norte que abandonan una Sevilla que entra en decadencia y pierde el monopolio comercial con América. Son los lienzos que ahora cuelgan en las salas de pintura española de museos extranjeros. Sigue leyendo Murillo, el artista total del Barroco