Archivos Mensuales: noviembre 2018

Yo sobreviví al infierno de Paradise (parece el título de una novela, pero lamentablemente no lo es)

Sobrecogedor artículo. Impresionantes las historias de Kevin, Vishal Mahindru (a la derecha), su hermano y su cuñado, así como la de Chanté Johnson.

Dos vecinos de la ciudad californiana que desapareció a causa del fuego cuentan cómo se quedaron en sus casas y sobrevivieron.

El incendio que arrasó la ciudad de Paradise y la pedanía de Concow fue lo que los bomberos llaman un fuego “de viento”, en vez de un fuego “de combustible”. “El ojo profesional sabe ver la diferencia inmediatamente”. Es decir, fue un incendio donde el avance y la velocidad del fuego los decide el viento, no lo que se va quemando

Kevin Guthrie recuerda que el fuego ya había pasado. Llegó por la carretera y pasó de largo. Entonces un bombero llegó a su casa y les dijo que tenían que evacuar. “Nos dijo que estábamos en el corazón de la bestia”. Guthrie miró a su abuelo, inválido, de 83 años. “No puede caminar y no teníamos dónde ir”. Decidió ignorar la orden de evacuación. Era el 8 de noviembre por la mañana y se disponía a sobrevivir al incendio más letal y destructor jamás registrado en California (EE UU).

Guthrie vive en una casa de madera, como todas, en Neal Road, una de las cuatro carreteras que salen de Paradise. La ciudad californiana, de 26.000 habitantes, ya no existe. Más de 18.000 estructuras, la mayoría casas unifamiliares, fueron destruidas entre las 6:30 y las 12:00 de la mañana de aquel día. Toda la ciudad fue evacuada, pero el fuego iba más deprisa que los coches. Nadie sabe cuánta gente se quedó dentro del infierno voluntariamente. Hasta el domingo se habían recuperado 85 cadáveres y más de 200 personas seguían desaparecidas. Los que se quedaron y sobrevivieron, como Guthrie, están aislados del mundo en medio de las cenizas de lo que fue su ciudad.

Tal como lo recordaba Guthrie, el fuego volvió, relató este superviviente a EL PAÍS. “El viento empezó a soplar por el otro lado”. Fue entonces cuando una lluvia de maderas incandescentes empezó a caer sobre su casa, asegura. “Eran montañas”. Lo cuenta mirando al horizonte y haciendo un gesto con los brazos como si se echara agua encima, para dar una idea de la avalancha de pavesas que volaban sobre su casa. “Fue de locos”. Tenía un bidón de agua, tierra y una pala. Las iba quitando mientras se acumulaban contra la pared de su cobertizo. En su cabeza, asegura, estaba todo el rato la idea de que no tenía dónde ir con su abuelo. “Estaba dispuesto a luchar hasta el final”.

Guthrie salvó su casa, y con ella las vidas de su padre y su abuelo. “Lo siento por los demás, es horrible”. Guthrie dijo esto cuando aún no había salido de su casa a ver la ciudad. Creía que lo que aparecía en televisión era toda la destrucción. En un paseo en coche, a menos de 200 metros de su casa pudo comprobar el aspecto sobrecogedor que tiene el resto de Neal Road. Literalmente, todas las casas arrasadas, una detrás de otra, convertidas en cenizas menos alguna excepción.

Guthrie tiene 35 años y ha vivido toda la vida en Paradise. Conocía cada una de estas casas. “Llevo toda mi vida pasando por esta calle”, decía conmocionado por el paisaje. “Todos los recuerdos de mi vida han desaparecido”. Guthrie mostró a este diario las casas de su padre y su madre, esta última estaba intacta. El fuego chamuscó el apartamento de al lado y, milagrosamente, se paró ahí. La de su padre, en una pequeña urbanización de Paradise, estaba hecha cenizas. Solo dos de las casas de la urbanización habían ardido. “Solo es una casa”, decía Guthrie tras descubrir el desastre. “Lo único que echaremos de menos son las fotos de mi infancia. Estamos todos bien”.

Justo enfrente de Guthrie vive Vishal Mahindru, un inmigrante de Punjab de 46 años que tiene varios negocios en la zona. Tiene una granja en la que vive con su familia y la de su hermano. Aquel día fue su esposa la primera en darse cuenta de que había un fuego al levantarse para trabajar. “Yo le dije que no se preocupara”, contaba recientemente a la entrada de su terreno. “A las 8.00 de la mañana se fue la luz”. Ahí se dio cuenta de que era serio. El fuego se veía en toda la colina que hay frente a su granja.

“Hacía mucho viento. El fuego era muy fuerte. A las 11.00 de la mañana estaba por todas partes”. A esa hora, Mahindru ya había ignorado las órdenes de evacuación y había decidido quedarse en su casa para defender a los animales, porque sabía que si se iba no podría volver a entrar hasta que hubiera pasado todo. Vio a un helicóptero echar agua y parar el fuego momentáneamente. “Parecía que nos salvábamos”. Mahindru describe esa misma escena, cuando el viento cambió y el fuego acometió la ciudad por segunda vez. “Entonces vino del otro lado y todo se hizo oscuro. Yo rezaba a Dios. No podíamos respirar, no se veía nada”. Según iba cayendo la lluvia de brasas las iban apagando con tierra y el bidón de agua de la finca.

Viendo la propiedad de 16 hectáreas de Mahindru es aún más excepcional que consiguiera salvarla de lo que algunos vecinos describen como un huracán de fuego. El terreno que posee está cubierto de hierbas secas. Hay cuatro tractores cargados con balas de paja y toda una fila de cobertizos de madera justo en la línea por donde se acercaba el fuego. Un polvorín. “Pensé, mierda, se va a incendiar todo”, confiesa Mahindru. Está prácticamente intacto. De sus 30 animales, solo una llama tiene el lomo chamuscado porque le cayó una pavesa encima.

Aquel cambio de dirección del viento lo recuerda igual Chanté Johnson, una mujer suiza de 62 años cuya casa está intacta en la finca de al lado de la de Guthrie. El fuego pasó y luego volvió. “Volvió a 80 kilómetros por hora”, decía con la mascarilla aún puesta en la puerta de su finca. “Hizo como un torbellino y volvió”. Tenía siete caballos. Se salvaron tres. Johnson no se quedó a defender la casa. Trató de salir en coche por Neal Road, como decía el plan de evacuación. Eran las 12.30 y no sabía que a esa hora, hacia el otro lado, ya ardía toda la ciudad. De hecho, se estaba yendo cuando ya había pasado lo peor. La carretera estaba completamente atascada. “La gente tenía tanto pánico que nadie me dejaba sitio para incorporarme”. Un gesto tan sencillo de civilización como dejar a alguien incorporarse al tráfico se había convertido en una cuestión de vida o muerte.

El incendio que arrasó la ciudad de Paradise y la pedanía de Concow fue lo que los bomberos llaman un fuego “de viento”, en vez de un fuego “de combustible”, explica el Guy Anderson, bombero de la agencia antincendios de California, Cal Fire. “El ojo profesional sabe ver la diferencia inmediatamente”. Es decir, fue un incendio donde el avance y la velocidad del fuego los decide el viento, no lo que se va quemando. Eso explica estampas surrealistas en Paradise, como restaurantes calcinados en los que los toldos de la terraza están intactos. O árboles quemados solo por un lado, como si les hubieran dado con un soplete. La mayoría de las señales verticales de los negocios están en pie, junto a montones de escombros.

Cuando las familias Guthrie, Mahindru y Johnson hablaron con EL PAÍS estaban atrapadas entre los restos de Paradise. Todos los accesos están cortados mientras siguen las labores forenses de recuperación de cadáveres, en una inmensa escena del crimen que nadie sabe cuánto tiempo más va a permanecer cerrada. No pueden salir a por comida, combustible, ni agua. Nadie puede entrar a dárselo.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL .

La irreductible aldea gala estaba en León

Lancia, la última ciudad de Hispania que resistió a los romanos, será visitable incluyendo las zonas que están bajo los viaductos de la autopista A-60

“Estamos en el año 25 antes de Jesucristo. Toda la Hispania está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles astures resiste todavía y siempre al invasor”. No es el inicio del famoso cómic de Astérix, el galo. Es una historia real. La ciudad se llamaba Lancia y se situaba a 15 kilómetros en línea recta de León (el antiguo campamento de las Legio VI Victrix y la Legio Vll, que dieron lugar a la actual capital de la provincia). La Diputación va a hacer visitable próximamente este espectacular yacimiento, de unas cien hectáreas de extensión, que lleva desde 1996 siendo excavado por los arqueólogos entre los actuales términos municipales de Villasabariego y Mansilla Mayor. El complejo histórico de los últimos astures libres cuenta, además, con una gran ventaja: se encuentra adyacente a la A-60, la autovía que une Valladolid con León.

Más de 50.000 piezas arqueológicas han sido desenterradas en las 17 campañas de investigación que se han desarrollado sobre la última ciudad de Hispania que resistió a las legiones romanas, según los textos históricos. Tras la conquista de este oppidum (ciudad levantada sobre una colina) que ocupaba unas 30 hectáreas, y la posterior construcción sobre él de un asentamiento romano, el emperador César Augusto ya pudo decir que ninguna ciudad en la provincia más occidental del imperio se resistía a su poder.

Las tribus cántabro-astures fueron las últimas en resistirse a la fuerza de Roma. Entre el 29 y el 19 antes de Cristo, el emperador emprendió una cruzada personal contra los grupos tribales que aguantaban las embestidas de sus legiones al norte de la Península. Los primeros en caer masacrados fueron los cántabros (se calcula unos 80.000 muertos), lo que provocó que los astures se retirasen hacia las tierras del interior para defenderse. Pero fueron cediendo terreno poco a poco ante el poder militar de Roma: Legio IV Macedonica, Legio V Alaudae, la Legio VI Victrix y la Legio X Gemina, que eran dirigidas por el general Publio Carisio.

Mercado romano de Lancia. ILC / Jesús Celis

Sin salida militar posible, las tribus astures se encerraron en Lancia, un oppidum que les ofrecía más protección gracias a los cauces de los ríos Porma y Esla, y que podía albergar hasta 10.000 personas. Por ello, Roma levantó en torno al río Esla (Astura le llamaban los romanos) tres campamentos. Los astures, desesperados, planearon un contraataque. Todo o nada, una especie de alea jacta est a lo astur. Y fue nada, porque uno de los grupos tribales (los brigaecinos) les traicionaron. Pactaron con Publio Carisio. El ataque desesperado de los fortificados fue rechazado por las legiones y la ciudad cayó poco después.

La lucha fue encarnizada. A vida o muerte. El historiador romano Floro escribió que la resistencia de Lancia fue tal que las legiones reclamaron su completa destrucción como venganza. El también historiador romano Orosio describió la batalla en su Historiae adversus paganus así: “Los astures, puesto su campamento junto al río Astura, hubieran derrotado a los romanos con grandes proyectos y fuerzas de no haber sido estos prevenidos y puestos sobre aviso [por los brigaecinos]. Intentando destruir por sorpresa a los tres legados, con sus tres legiones y divididos en tres campamentos, con tres frentes de ejército, fueron descubiertos por una traición”. De todas formas, a pesar de la victoria, las pérdidas romanas fueron cuantiosas. De hecho, las legiones romanas estaban enfurecidas tras la batalla y reclamaron destruir Lancia como venganza. Pero su petición no fue tomada en cuenta por el general Publio Carisio, que consiguió que el oppidum se conservase “como mejor monumento a la victoria romana, en vez de ser devastada por el fuego”.

Lancia comenzó a ser excavada a mitad del XIX. Continuaron los trabajos en los años 50 del siglo pasado por el arqueólogo Francisco Jordá Cerdá, pero no fue hasta 1996 cuando los avances fueron notables a partir de los trabajos del Instituto Leonés de Cultura. En 2010, la construcción de la autopista (la A-60) puso contra las cuerdas al yacimiento: sus cuatro carriles pasaban por encima de los suburbios de la ciudad. Surgió, incluso, un activo movimiento ciudadano (Salvemos Lancia y Promonumenta) que reclamaba salvar los restos históricos. Se hallaron nuevos restos y las obras fueron paralizadas. Finalmente, se llegó a un acuerdo: la autovía pasaría sobre los alrededores de Lancia mediante viaductos, dejando los importantes restos aparecidos preparados para ser accesibles. En la actualidad están cubiertos y protegidos con tierras.

Conjunto de edificios públicos y privados en el entorno del foro. ( ILC / J.Celis

En julio pasado, la consejera de Cultura y Turismo, María Josefa García Cirac, y el presidente de la Diputación de León, Juan Martínez Majo, acordaron un protocolo para restaurar, musealizar y hacer visitable la ciudad. Jesús Celis, director de las excavaciones y técnico superior de Patrimonio Cultural en la Diputación de León, explica que se están dando los primeros pasos ya para redactar el proyecto y que la Diputación de León incluirá en su presupuesto de 2019 un total de 210.000 euros para este fin.

Las excavaciones que se han realizado hasta ahora, y que conforman el área que será visitable, se centran tanto en la parte superior de la colina en la que se levantaba la ciudad como en las zonas del suburbium encontrado bajo la autovía. Han sido efectuadas por el Instituto Leonés de Cultura y la empresa Stratos SL. Incluyen las termas, el mercado porticado y diversos viales, una posible mutatio (especie de parada de postas), almacenes, viviendas y granjas. Incluirán un centro de interpretación que permitirá entender la magnitud de un yacimiento que no sale en los cómics, pero que fue tan heroico como la aldea de Astérix.

Fuente : EL PAÍS / VICENTE G. OLAYA.

Obsolescencia. A los productos fabricados para romperse se les va a acabar el cuento (parte 2 de 2)

La lucha empieza por el diseño de cosas que se puedan arreglar.

“La obsolescencia programada está íntimamente relacionada con el modelo de crecimiento, que es depredador del medio ambiente”, asegura Luis Enrique Alonso. “Da la impresión de que si se instauran medidas más restrictivas se ralentiza el crecimiento, algo que puede tener un coste político”, prosigue el catedrático de Sociología. “Cada vez tenemos más referencias y modelos posibles de convivencia, más racionales y sostenibles y, sin embargo, impera el corto plazo de la política económica, que solo toma el crecimiento del PIB como referencia. La supervivencia de las políticas económicas y de los propios gobiernos se rigen por esos indicadores”.

“La lucha empieza ya con el diseño de los productos, con conseguir que se diseñen cosas que se puedan arreglar”, defiende Cosima Dannoritzer. “Por ejemplo, es muy difícil que puedas cambiar ahora tú mismo una batería de ordenador. También deberíamos tener más información. Disponer, entre otros, de una etiqueta que te diga cuánto dura un producto, o cuánta energía se ha empleado para confeccionarlo. Deberíamos tener ese derecho”.

  • Salir de la rueda

Cuando los fabricantes de bombillas se reunieron en Ginebra en 1924, una de esas sencillas fuentes de luz llevaba ya 23 años alumbrando de forma ininterrumpida un parque de bomberos de Livermore, en California. Hoy, esa bombilla sigue encendida 117 años después, convertida en una atracción turística local, pero también en el símbolo de la posibilidad de crear productos mucho más perdurables que lo que dicta el mercado obsolescente.

“Es necesario un nuevo pacto social en el que se incluyan unas reglas de juego más racionales, y que no parezca que el consumidor final es el que tiene que arreglar todo el desaguisado”, explica Alonso. Lo cierto es que la concienciación sobre los efectos de la obsolescencia va creciendo, no solo entre los ciudadanos. Francia es el país de la Unión Europea que se ha tomado más en serio la lucha contra la obsolescencia, estableciendo penas de hasta dos años de prisión y multas de 300.000 euros a las empresas que violen las leyes de defensa del consumidor.

Laetitia Vasseur es la cofundadora de HOP, siglas de Halte à l’Obsolescence Programmée (Alto a la obsolescencia programada). Su organización ha trabajado como grupo de presión para que legisladores y empresas rechacen un modelo económico basado en producir objetos tremendamente perecederos. “Antes de las últimas elecciones en Francia, les preguntamos a todos los candidatos sobre su programa en materia de obsolescencia programada”, cuenta Vasseur. “Ahora trabajamos junto al Gobierno para fomentar iniciativas de economía circular”.

Una de las reivindicaciones de HOP pasa por que los fabricantes ofrezcan mayor información sobre sus productos al consumidor. “Sobre todo, que se ponga de manifiesto la durabilidad de esos bienes de consumo, de manera que el consumidor pueda comparar y elegir aquellos productos que duran más”, prosigue Vasseur. “Esta propuesta fue aprobada por el Gobierno y ahora estamos trabajando en su implementación”.

En otros casos, su acción es incluso más directa. A comienzos de este año, HOP demandó a distintos fabricantes tecnológicos, entre ellos Apple y Epson. A la empresa de impresoras la acusan de provocar que sus máquinas dejen de funcionar de manera intencionada por la introducción de un chip que limita su vida útil, algo que también se expresaba en el documental Comprar, tirar, comprar. “Queremos que este tipo de empresas reaccionen y cambien su política”, afirma Vasseur. “Y estamos empezando a ver un cambio de mentalidad en muchas de ellas”.

“En España no se han tomado apenas medidas para combatir esta práctica”.

“En España no se han tomado apenas medidas para combatir esta práctica”, explica Enrique García López, del departamento de comunicación de la OCU. La Organización de Consumidores y Usuarios ha puesto en marcha una campaña informativa contra lo que llaman obsolescencia prematura, con consejos para que el usuario la evite. “Por ejemplo, que elijan productos diseñados de forma que no haya piezas de calidad deficiente, o que el precio de los consumibles no sea superior al del producto nuevo”. Otras asociaciones, como la catalana Millor que Nou [Mejor que nuevo], promueven la reparación de aparatos y el intercambio como alternativa a generar mayor número de desechos tecnológicos.

Esa economía circular es una de las iniciativas que también están siendo apoyadas por la Unión Europea. Según la Eurocámara, las marcas de tecnología deben permitir que se extraigan las piezas de sus productos para ser reemplazadas; por ejemplo, las baterías de los móviles. También se plantea la creación de una etiqueta para productos fáciles de reparar. Sin embargo, en una época en la que la vida útil de los aparatos se reduce cada año, no parece una tarea fácil.

Mientras la legislación avanza en paralelo a la concienciación pública, cada decisión importa. “Siempre digo que cada uno puede cambiar pequeñas cosas”, cuenta Cosima Dannoritzer. “Si me quedo mi móvil un año más no me va a arruinar la vida, y si todos hacemos lo mismo se tirarían menos móviles”. Ya no solo se trata de algo que afecte a nuestra economía doméstica, sino quizás a nuestra supervivencia.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / RETINA, GUILLERMO ARENAS .

Obsolescencia. A los productos fabricados para romperse se les va a acabar el cuento (parte 1 de 2)

Interesantísimo artículo, que por su longitud lo dividimos en dos partes.
La obsolescencia programada nos obliga a entrar en un ciclo sin fin de consumo y desperdicio, pero se plantean otras vías para salir del ciclo comprar-tirar-comprar

Cada historia tiene un comienzo, pero pocas veces se le puede poner una fecha exacta. La de la obsolescencia programada, por increíble que parezca, sí tiene un punto de partida exacto. El 23 de diciembre de 1924 se reunieron en Ginebra los principales fabricantes mundiales de bombillas, entre ellos compañías como Osram, Phillips o General Electric. Allí firmaron un documento por el que se comprometían a limitar la vida útil de sus productos a 1.000 horas, en lugar de las 2.500 que alcanzaban hasta entonces. El motivo, claro está, era lograr mayores beneficios económicos. Había nacido el primer pacto global para establecer de manera intencionada una fecha de caducidad a un bien de consumo.

Este acuerdo oficializaba una nueva era del consumo. A partir de entonces, los fabricantes incorporaron un principio en su modelo de negocio que quedó plasmado en un texto de la revista Printer’s Ink en 1928: “Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”. En la década de los cincuenta se le puso un nombre: obsolescencia programada. En unos EE UU en plena expansión comercial, el diseñador industrial Brooks Stevens popularizó el término, que definió de manera elocuente: “Instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario”.

“Aquella obsolescencia era un modelo de clases medias, planteaba un bienestar general, un consumo más generalizado y no reducido a círculos burgueses”, explica Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid y autor de libros como La era del consumo. Sin embargo, a medida que la tecnología se desarrollaba y alcanzaba mayores niveles de complejidad, la obsolescencia fue separándose de esa visión naïf y positiva del consumo al alcance de todos y el crecimiento económico al que no se le adivinaba un fin. “Ahora es un fenómeno muchísimo más diseminado e integrado, se ha convertido en algo mucho más sibilino y poderoso”, apunta Alonso. El motivo ya no está en los bienes de consumo, sino en nuestra cabeza.

  • Estado mental: obsolescencia

La realizadora alemana Cosima Dannoritzer empezó a trabajar a finales de la década pasada en un documental que abordaba el fenómeno de la obsolescencia programada. “Cuando comencé a interesarme por el tema pensaba encontrar algunas empresas que utilizaban esa práctica para ganar más dinero, pero me di cuenta de que se trata de algo sistémico, que toda nuestra economía depende de ella”, recuerda. Su documental, Comprar, tirar, comprar, estrenado en 2011, proporcionó una visión global sobre los peligros de este ciclo infinito del consumo, y sus consecuencias más allá de nuestros bolsillos.

Vemos como un derecho tirar un objeto que no funciona

“La economía del crecimiento difunde un miedo a salir de ese sistema”, afirma Dannoritzer. “Parece que si no existiese ese crecimiento nos volveríamos pobres, que no tendríamos trabajo, casi como una vuelta a la Edad Media… Pero no es verdad. Ha habido otros sistemas antes y habrá otros después”. Luis Enrique Alonso confirma este fenómeno, que varios autores han denominado obsolescencia psicológica o cognitiva. “Hay un discurso de la amenaza muy fuerte: individuos que se van a quedar fuera del sistema funcional si no tienen determinados productos. La obsolescencia ya no tiene ese sentido positivo de llamar al crecimiento y el bienestar, sino que incluye un elemento de exclusión”.

La publicidad ha jugado un papel clave en este cambio en nuestra psique que nos empuja a querer, por ejemplo, ese smartphone nuevo sin plantearnos siquiera si el que ya tenemos todavía funciona. “Si ves los anuncios de hace dos o tres generaciones, vendían que su producto era mejor, que su coche era más rápido, pero ahora a veces ni te muestran ese producto. Vinculan los objetos y la función que tienen a nuestras inseguridades”, explica Dannoritzer. “Dentro de este contexto, hemos aceptado como algo normal el hecho de tirar un objeto cuando ya no funciona. Lo vemos como un derecho: yo lo puedo tirar y alguien se tiene que ocupar de esos residuos. Y no es tan fácil si pensamos en el futuro y lo que puede pasar con nuestro planeta”. La directora alemana apunta a otra de las consecuencias de la obsolescencia, quizás la más apremiante y amenazadora.

  • Montañas de basura

En 2025 se generarán 53,9 millones de toneladas de desechos procedentes de productos electrónicos, según la Oficina Internacional de Reciclaje (Bureau of International Recycling). Pero gran parte de esa chatarra no está a nuestra vista, sino en lugares como Agbogbloshie, una zona cercana a Accra (Ghana) que se ha convertido en un inmenso vertedero al que van a parar esos teléfonos, ordenadores o electrodomésticos que dejaron de funcionar y que era más sencillo reemplazar que arreglar. Otros países como Pakistán son el destino final de los 41 millones de toneladas de basura electrónica que generamos cada año, según Naciones Unidas.

“La economía del crecimiento y la obsolescencia programada no funciona a largo plazo porque no podemos acelerar siempre, hay un tope de recursos, de energía”, advierte Dannoritzer. “Es un sistema que funcionaba bien en la década de 1920, en los años 30, 40… pero no es algo que se pueda mantener. O nos quedamos sin recursos y energía o llenamos el planeta de basura innecesaria”. En su documental Comprar, tirar, comprar, el economista Serge Latouche, partidario de la ideología del decrecimiento, lo expresa de manera más gráfica: “Con la sociedad del crecimiento vamos todos en un bólido que ya nadie pilota, que va a toda velocidad y cuyo destino es un muro”.

FIN PARTE 1 DE 2

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / RETINA, GUILLERMO ARENAS .

La misión InSight de la NASA aterriza en el planeta rojo.

Ayer publicábamos un artículo referente a que estaba a punto de llegar, pues…

InSight ha aterrizado con éxito en Marte para la primera misión espacial que estudiará el interior del planeta y averiguará si está completamente muerto o aún alberga algo de actividad en sus entrañas.

Recreación de la nave ‘Insight’ en la superficie de Marte. En vídeo, así fue el aterrizaje de la nave en Marte. NASA | EPV

FUENTE: DIARIO EL PAIS/NUÑO DOMÍNGUEZ .

La nave que verá las entrañas de Marte llega a su destino

La misión InSight de la NASA aterriza hoy en el planeta rojo.
Recreación de la nave Insight en la superficie marciana

Hoy está previsto el aterrizaje de InSight, la primera misión espacial que estudiará el interior de Marte para averiguar si está completamente muerto o aún alberga algo de actividad en sus entrañas.

La nave de la NASA entrará en la fina atmósfera marciana a 20.000 kilómetros por hora para adentrarse en los llamados “siete minutos de terror”, el tiempo en el que debe frenar lo suficiente como para posarse en la superficie de Marte a la velocidad de una persona andando rápido. El aterrizador pesa 360 kilos, con lo que no puede usar el sistema de airbags que emplearon los robots Spirit y Opportunity, más ligeros. La nave usará el rozamiento con la envoltura de gases marciana para bajar de velocidad hasta los 1.500 kilómetros por hora. Cuando esté a unos 12 kilómetros de la superficie desplegará el paracaídas. A 1.000 metros de altura el paracaídas se desprenderá y entrarán en funcionamiento el radar y un sistema de inteligencia artificial que usará sus datos para controlar la intensidad de 12 retropropulsores para realizar la última fase de frenado hasta los ocho kilómetros por hora. El aterrizaje está previsto para las 20:54 de hoy, hora peninsular española, y la primera señal de radio desde la superficie del planeta rojo tardará en llegar a la Tierra ocho minutos más.

La nave entrará en la fina atmósfera marciana a 20.000 kilómetros por hora

El proceso de aterrizaje está gobernado por “medio millón de líneas de código de programación; cualquier sistema que no funcione o lo haga a destiempo puede echar a perder la misión”, resalta Jorge Pla-García, astrofísico del Centro de Astrobiología (CAB) y operador de la estación meteorológica a bordo de la misión, que ha sido fabricada en España.

InSight se posará sobre la planicie de Elysium, posiblemente el lugar más aburrido de la superficie marciana: llano, polvoriento, sin apenas accidentes geográficos, pero muy seguro para el aterrizaje e ideal para el objetivo principal de la misión. Unos 40 días después de tomar tierra un brazo robótico depositará sobre el suelo uno de los dos instrumentos principales de la misión: un sismómetro “cuyo péndulo es capaz de detectar movimientos de una cien mil millonésima parte de un metro”, explica Pla-García. Este instrumento será el primero de la historia capaz de detectar movimientos sísmicos —martemotos— y también impactos de meteoritos a kilómetros de distancia.

Al segundo instrumento le apodan el topo: un percutor que penetrará hasta cinco metros en el suelo marciano dejando sensores de temperatura en su camino. Con estos instrumentos se podrá averiguar si Marte está completamente muerto desde el punto de vista geológico o aún conserva algo de vida geológica y térmica. Esta misión puede aclarar las dimensiones de la corteza, el manto y el núcleo del planeta, que es rocoso como la Tierra. Es posible que las capas externas del núcleo hechas de hierro fundido se hayan solidificado, lo que a su vez habría debilitado el campo magnético y habría permitido que el viento solar se llevase buena parte de la atmósfera del planeta, reduciendo drásticamente las posibilidades de que pueda haber vida en la superficie.

La zona de aterrizaje "es perfecta para que haya remolinos y tormentas de polvo"

“Sabemos que en el pasado hubo gran actividad volcánica durante largos periodos de tiempo, de hecho Marte tiene los volcanes más grandes del Sistema Solar, algunos más altos que el Everest”, explica Alberto González-Fairén, investigador del CAB, y de la Universidad Cornell (EE UU). “Al ser más pequeño que la Tierra, lo que implica una relación entre la superficie y el volumen mucho mayor, Marte se enfrió mucho más rápido, y cualquier tipo de actividad geológica que hubiera podido tener cesó poco a poco. InSight nos dirá si aún queda algo de energía residual y cuándo dejó Marte de estar activo”, explica.

El punto de aterrizaje de InSight es perfecto por una razón más. Uno de los objetivos de la estación meteorológica a bordo de la nave es saber en qué momentos hay menos viento y se pueden tomar mediciones sísmicas más fiables. “Esta zona es perfecta para que haya remolinos, que alcanzan hasta 40 kilómetros por hora, y tormentas, que pueden llegar a los 120 kilómetros por hora, pues al contrario que en la zona en la que está el Curiosity, dentro de un cráter, esta es un área totalmente desprotegida”, explica Pla-García. Tras el aterrizaje de hoy será la primera que haya dos estaciones meteorológicas desplegados en Marte (Insight y Curiosity) desde las sondas Viking de los años 70. Ambas estaciones han sido desarrolladas en España.

FUENTE: DIARIO EL PAIS / NUÑO DOMÍNGUEZ .

Marte puede tener oxígeno suficiente para sustentar microbios y esponjas

Un estudio de la NASA explora las implicaciones de la presencia del gas en el planeta rojo.

Los primeros héroes de la Tierra fueron microbios. Hace 2.700 millones de años la atmósfera comenzó a acumular oxígeno producido por cianobacterias que vivían en los océanos y eran capaces de realizar fotosíntesis. El oxígeno fue fundamental para la aparición de vida más compleja, incluidos los primeros animales, y hoy sustenta el tipo de metabolismo más habitual del planeta.

Ahora, un nuevo estudio apunta a que en zonas de Marte también puede haber suficiente oxígeno como para mantener a algunos seres vivos terrestres. Vlada Stamenkovic, investigador de la NASA, y colegas del Instituto Tecnológico de California han desarrollado un modelo que calcula la cantidad de oxígeno que podría encontrarse en disolución en las aguas saladas que pueden existir en algunas zonas del planeta. Las sales presentes en estas salmueras permiten que el agua permanezca líquida a temperaturas por debajo de los cero grados. Según el estudio, publicado hoy en Nature Geoscience, en torno a un 6,5% de todo el planeta puede albergar cantidades de oxígeno en la superficie o a unos centímetros por debajo de ella similares a las que en la Tierra bastan para sustentar a algunos microbios y esponjas.

Estudios recientes apuntan a que los primeros ancestros de los animales actuales eran esponjas y que estos seres vivos pueden proliferar en concentraciones de oxígeno muy bajas. Las zonas con posible oxígeno están por encima de los 50 grados de latitud en torno a los polos. Entre las misiones marcianas que analiza el estudio solo una ha explorado estas zonas: la misión Phoenix, que aterrizó sobre lo que podría ser hielo de agua en 2008.

Este mismo año se descubrió en Marte un gran lago de agua salada oculto bajo el hielo del polo sur. El nuevo estudio especula que la concentración de oxígeno en su interior podría ser “alta” si hay un contacto temporal con la superficie o si hay radiación suficiente para que se separen el oxígeno y el hidrógeno. Los responsables del trabajo consideran que estos resultados teóricos pueden explicar el estado de oxidación de algunas rocas marcianas e implican “que hay oportunidades para la vida basada en el oxígeno en el Marte actual u otros cuerpos planetarios gracias a fuentes de oxígeno alternativas a la fotosíntesis”.

Víctor Parro, investigador del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC), destaca que hasta ahora la presencia de oxígeno en Marte se ha “despreciado”, debido a las bajas concentraciones. Aunque se trata de un estudio teórico que habría que confirmar con mediciones reales, el científico destaca que “estos modelos resaltan el papel que puede jugar el O₂ disuelto incluso actualmente tanto para la respiración de microorganismos como en la oxidación de metales”.

Los microorganismos no necesitan O₂ para respirar”, explica, “pero el oxígeno molecular permite obtener mayor energía en los procesos de respiración y su presencia en Marte en concentraciones adecuadas aumenta las posibilidades de nuevos metabolismos y más eficientes. “Por ejemplo permitiría la existencia de bacterias como las que se encuentran en río Tinto [Huelva], que oxidan el hierro de la pirita para obtener energía. Y algo que abunda en Marte es el hierro”, destaca.

“Los autores eligen el grupo de organismos terrestres que son capaces de vivir a concentraciones de oxígeno disuelto en agua más bajas, que son básicamente ciertos tipos de bacterias y las esponjas, y concluyen que las concentraciones de oxígeno que calculan que pueden existir en las salmueras marcianas serían suficientes para que estos organismos pudieran medrar en Marte hoy”, explica Alberto González Fairén, investigador del CAB y la Universidad Cornell. “Por supuesto, es solo una comparación gráfica para resaltar lo elevado de los niveles de oxígeno disuelto en estas salmueras y los autores no insinúan que puedan existir esponjas en bolsas de líquido escondidas en los hielos de Marte. Los posibles habitantes de las salmueras no solo dependerían del oxígeno disponible para respirar: las bajísimas temperaturas, la altísima concentración de sales y la radiación no permiten la existencia de vida similar a la terrestre cerca de la superficie de Marte hoy”, añade.

Otra de las preguntas sin responder que deja el trabajo es si realmente hay salmueras de agua líquida en la superficie de Marte, ya que las pruebas acumuladas hasta ahora no son concluyentes.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / NUÑO DOMÍNGUEZ .

 

Los microplásticos ya han llegado al intestino humano

Un estudio piloto demuestra que las heces de personas de varios países contenían partículas de una decena de plásticos.

Pequeños fragmentos de plástico sobre la arena de una playa.

Muestras de heces de personas de países tan distantes y distintos como Reino Unido, Italia, Rusia o Japón contenían partículas de policloruro de vinilo (PVC), polipropileno, tereftalato de polietileno (PET) y hasta una decena de plásticos diferentes. Aunque se trata de un estudio piloto con un grupo reducido de personas, la diversidad geográfica de los participantes y de tipos de plástico identificados lleva a los autores de la investigación a destacar la urgencia de determinar el impacto de estos materiales en la salud humana.

Desde los años sesenta del siglo pasado la producción de plásticos ha crecido casi un 9% cada año. Solo en 2015 se produjeron 322 millones de toneladas, según datos de la ONU. Más tarde o más temprano buena parte de ese plástico acaba en el medio ambiente, en particular en los mares: unos ocho millones de toneladas al año. La acción del agua, los microorganismos y la luz solar van degradando el plástico hasta reducirlo a pequeñas partículas de unas pocas micras de longitud (una micra equivale a la milésima parte de un milímetro). Algunas son tan pequeñas que el plancton microscópico las confunde con comida. Hasta hace poco, las microesferas presentes en diversos productos de cosmética no necesitaban de la erosión para ser un problema, pero su progresiva retirada de los productos está minimizando su impacto.

Los investigadores encontraron 20 microplásticos por cada 10 gramos de materia fecal.

El resto de la historia es conocido: el pez grande se come al chico. Era cuestión de tiempo que el plástico creado por los humanos volviera a ellos. El estudio, presentado este martes en un congreso de gastroenterología que se está celebrando en Viena (Austria), contó con la participación de ocho voluntarios de otros tantos países, entre los que están, aparte de los citados, Finlandia, Polonia, Países Bajos y la propia Austria. Durante una semana tenían que comer y beber lo de siempre, anotando todo lo que ingerían, si era fresco o el tipo de envase que contenía los alimentos. Al cabo de ese tiempo, investigadores de la Universidad Médica de Viena y la agencia estatal para el medio ambiente del país alpino tomaron muestras de sus heces.

Los resultados muestran que, de los 10 plásticos buscados, encontraron nueve de ellos. Los más comunes fueron el propileno, básico en los envases de leches y zumos, y el PET, del que están hechas la mayoría de las botellas de plástico. La longitud de las partículas oscilaba entre las 50 y las 500 micras. Y, de media, los investigadores encontraron 20 microplásticos por cada 10 gramos de materia fecal. Por el diario que llevaron los participantes, se sabe que todos consumieron algún alimento envasado y al menos seis comieron pescado. Pero la investigación no pudo determinar el origen de las partículas halladas en las muestras.

“Es el primer estudio de este tipo y confirma lo que veníamos sospechando desde hace tiempo, que los plásticos acaban llegando al intestino”, dice en una nota Philipp Schwabl, gastroenterólogo y hepatólogo de la Universidad Médica de Viena y principal autor del estudio. “Aunque en estudios en animales la mayor concentración de plásticos se ha localizado en el intestino, las partículas de microplástico más pequeñas pueden entrar en el torrente sanguíneo, el sistema linfático e incluso alcanzar el hígado”, añade, concluyendo que urge investigar para saber “lo que esto implica para la salud humana”.

La ciencia aún no ha determinado el umbral a partir del cual la ingesta de microplásticos puede ser dañina para los humanos.

Un informe de Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) de 2016 recopilaba los datos sobre presencia de microplásticos en la vida marina: hasta 800 especies de moluscos, crustáceos y peces ya saben lo que es comer plástico. Aunque la gran mayoría de las partículas se queda en el aparato digestivo, parte del pescado que se descarta al comerlo, existe el riesgo de ingestión en el caso del que se coma entero, como mariscos, bivalvos o peces más pequeños. También, un estudio publicado por Greenpeace la semana pasada mostraba que, en particular en Asia, la gran mayoría de la sal marina de uso doméstico contenía microplásticos.

Pero la pregunta que la ciencia aún debe responder es a partir de qué cantidad ingerida el plástico puede ser un problema para la salud humana. Aquí, hay dos riesgos, por un lado el impacto de la presencia física de las partículas plásticas y, por el otro, la posible toxicidad de sus componentes químicos. El pasado verano, investigadores de la Universidad Johns Hopkins (EE UU) publicaron una revisión de lo que se sabe sobre los microplásticos en el mar y sus posibles riesgos para la salud humana. Uno de los estudios estimó que los humanos pueden tragarse hasta 37 partículas de plástico al año procedentes de la sal. No parece una gran cantidad y menos si acaba expulsada del cuerpo. Pero también recogen que un buen aficionado al marisco podría comerse hasta 11.000 partículas en un año.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / MIGUEL ÁNGEL CRIADO .

El galeón San José vuelve a navegar

Un equipo de arqueólogos subacuáticos reconstruirá el hundimiento de una nave saqueada por los cazatesoros para hallar sus restos.

El general Bernardino Hurtado de Mendoza, a bordo de la nao capitana Nuestra Señora de Loreto, oyó el enorme estruendo proveniente del cercano galeón San José y supo enseguida que era su final. La nave almiranta, cargada de oro y plata, había colisionado con el fondo marino del Archipiélago de las Perlas (Panamá). Tardaría pocas horas en partirse literalmente por la mitad y que sus riquezas se deslizasen hacia las profundidades ante los ojos estupefactos del militar. Eran las once de la noche del 17 de junio de 1631. Ahora, casi cuatro siglos después, un equipo de expertos capitaneado por el arqueólogo subacuático Carlos León Amores reconstruirá el hundimiento del San José para determinar dónde se hallan sus restos. Han tardado casi una década en recopilar toda la información, incluyendo los testimonios de los supervivientes y las órdenes que llegaban de Madrid de recuperar todo lo posible.

El 31 de mayo de 1631, ambos galeones partían del puerto de Callao (Perú) cargados de riquezas. Tenían como misión transportarlas hasta Panamá y de allí a España, donde una Corona, siempre necesitada de dinero, las esperaba. El 17 de junio, a solo un día del final de su trayecto, Puerto Perico (Panamá), ambas naves realizaban labores de acercamiento a la costa. Frente a ellas, las islas de las Perlas, un archipiélago bien conocido por los españoles que apenas ofrecía peligro. Primero atravesó los cayos la capitana, Nuestra Señora de Loreto. Logrado el paso, Hurtado de Mendoza ordenó entonces lanzar un cañonazo que indicara que el camino estaba expedito a la almiranta.

El San José emprendió la misma ruta, pero se desvió confiado unos metros del rumbo establecido. El estruendo que provocó su encallamiento llegó hasta el otro galeón. Hurtado de Mendoza lo vio claro desde el principio: había que salvar a la tripulación, el barco se hundiría en breve. Con lanchas se acercaron a toda prisa al rescate. Salvaron a 61 de sus 62 hombres.

El agua, mientras tanto, entraba en el San José y el casco comenzó a escorarse hacia babor. Dos horas después, se partió literalmente por la mitad y la carga se deslizó hacia las profundidades. “El oro y la plata del Rey se derramaban sin remedio hacia el fondo, mientras el casco comenzaba a navegar sin rumbo siguiendo las fuertes corrientes marinas”, señala Carlos León Amores. Después de recorrer varios islotes, el galeón acabó en la isla Contadora donde los buzos del navío y los buscadores de perlas de lugar rescataron parte del cargamento. Sigue leyendo El galeón San José vuelve a navegar

250 grandes empresas se unen para reciclar todo el plástico en 2025

Como será de grave el asunto de los plásticos para que se hayan unido 250 grandes empresas...
Ocho de los 335 millones de toneladas producidas en 2017 acabaron en los mares. Los ecologistas exigen una “reducción drástica”.

Los plásticos se codean ya con el cambio climático como uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la naturaleza. Sus micropartículas han formado islas flotantes en los océanos y se calcula que el 90% de las aves marinas tiene fragmentos de plástico en el estómago. Partículas que pueden estar pasando a las personas, según indica un estudio piloto que ha comprobado que las heces de personas de varios países (Reino Unido, Italia, Rusia o Japón) contenían partículas de una decena de plásticos. Se calcula que cada año acaban en los mares ocho millones de toneladas de plástico de todo el que se produce: el año pasado fueron 335 millones de toneladas.

En este contexto, 250 empresas (muchas de ellas multinacionales) que representan el 20% de la producción de embalajes plásticos del mundo se han comprometido a que en 2025 el 100% de estos plásticos sea reutilizable, reciclable o convertible en compost. El bautizado como New Plastics Economy Global Commitment (Compromiso Global por la Nueva Economía de los Plásticos) persigue crear una economía circular eliminando el uso innecesario de envoltorios y pasar de los productos de usar y tirar a un modelo en el que prime la reutilización.

Minoristas y universidades

Entre las compañías firmantes del compromiso, presentado en la conferencia Our Ocean 2018 de Bali, se encuentran Danone, Coca-Cola, Carrefour, Inditex, Nestlé, H&M, L’Oréal, Unilever o grandes productores de embalajes y otros plásticos como Amcor o Novamon. La iniciativa está dirigida por la Fundación Ellen MacArthur en colaboración con la ONU y ha sido avalada por el Foro Económico Mundial y The Consumer Goods (una organización que representa a unos 400 minoristas y fabricantes de 70 países), junto a 40 universidades, instituciones y académicos.

Hay otras ONG como Greenpeace que recelan del compromiso. “¡Ya tenemos plástico hasta en la sal!”, exclama Julio Barea, responsable de la campaña de residuos en España. La organización considera que el acuerdo firmado entre las grandes empresas es insuficiente para afrontar un reto que se ha convertido en una emergencia global: “Es seguramente una señal, pero no es ni de lejos una solución: reciclar no es suficiente y necesitamos una reducción drástica”.

En España se encarga del reciclaje de envases domésticos (sin incluir los comerciales e industriales) Ecoembes. Los de metal son los más reciclados, con un 86,9%; seguidos de los de papel y cartón (81,1%); y, por último, de los de plástico (69,7%). También reciclan otros objetos como cubiertos, platos de plástico o pajitas. En conjunto estos residuos suponen el 8% de todos los sólidos urbanos que se producen en España. “El año pasado se recuperaron ocho de cada diez botellas de agua, refrescos, aceite… Pero no es el caso de otros envoltorios como los vasos de yogur, que tienen un porcentaje de reciclado inferior y sobre los que tenemos que poner más foco”, explica Nieves Rey, directora de Comunicación y Marketing de Ecoembes.

La Unión Europea también ha declarado la guerra al plástico. Después de poner en marcha una estrategia dirigida a las bolsas, trabaja ahora para prohibir otros objetos de un solo uso como pajitas, platos y cubiertos, bastoncillos de algodón y palitos para remover bebidas. La semana pasada, el pleno de la Eurocámara votó a favor de hacer desaparecer del mercado estos artículos para 2021.

Los filtros de los cigarros son la basura más fácil de encontrar en las costas europeas, según datos recogidos por la Agencia Europea para el Medio Ambiente y recopilados por voluntarios durante la limpieza de 1.627 playas de cuatro mares regionales. Le siguen trozos de plástico, cristal y cerámica, vasos de plástico, bastoncillos de algodón y bolsas. En 50 años la producción de plástico se ha multiplicado por 20, indica la ONU.

Botellas y latas

El reciclaje es la línea que guía las estrategias de las principales multinacionales. Coca-Cola, una de las empresas que ha firmado el acuerdo, explica que ya tiene en marcha un plan para recuperar el 100% de las botellas y latas que lanzará al mercado para 2030. Actualmente el 59% de sus envases son botellas PET, el 12% está hecho de aluminio y acero y un 8% en cristal rellenable. Danone, otra de las marcas involucradas en el proyecto, señala que el 87% de sus envases son reciclables, reutilizables o compostables, y que tiene planeado que este porcentaje suba al 100% para 2025. En la misma línea se mueve Nestlé: quiere que la totalidad de sus envases sea reciclable o reutilizable en la misma fecha. Su actuación, explica la compañía, se centra en tres áreas: eliminar plásticos no reciclables, emplear los que permitan mejores tasas de reciclaje y suprimir o cambiar materiales de embalaje.

Los científicos se han lanzado a estudiar el problema generado por las toneladas de plástico y su impacto en la salud. Marinella Farré, del CSIC, desarrolla un proyecto que estudia la situación en el Mediterráneo. “Se trata de evaluar cómo llega este material al océano y se degrada en microplásticos [menos de cinco micras de diámetro] y en nanoplásticos y comprobar el impacto que tienen sobre los organismos (porque existe la posibilidad de que lleguen a la cadena trófica humana)  y sobre los ecosistemas”, explica. El proyecto, en el que trabajan desde hace un año, también investiga la capacidad de estos plásticos de absorber otros contaminantes tóxicos presentes en el mar y actuar de vehículo, “como si fueran un taxi, y alcanzar de esta forma a las personas”.

Prohibiciones e impuestos contra un potencial contaminante

En los océanos hay centenares de islas. Pero cinco de ellas están hechas de basura, principalmente de microplásticos. Dos se encuentran en el Pacífico, otras dos en el Atlántico y una en el Índico, según Greenpeace. La organización alerta de que al ritmo actual la producción de plástico se cuadruplicará para 2050. China es el principal fabricante, seguido de Europa, Norteamérica y Asia. Y solo el 9% de estos residuos acaban siendo reciclados.

Gobiernos, asociaciones regionales y organizaciones internacionales han puesto el grito en el cielo y se han lanzado a estudiar maneras para impedir que el planeta muera ahogado en plástico. Las estrategias para reducir el número de objetos de un solo uso fabricados en este material consisten en prohibir o imponer impuestos, según detalla un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (UNEP).

África, por ejemplo, es el continente donde más países han impuesto una prohibición total al empleo de bolsas de plástico. En Asia, por otro lado, se ha intentado luchar contra estos artículos imponiendo gravámenes. Y no es cosa de hoy: algunos países, como Bangladés, los vetaron hace una década. Pese a ello, la medida no ha tenido gran éxito.

En Japón, por otro lado, se ha logrado el objetivo sin necesidad de una prohibición: gracias a una eficaz de gestión de residuos y a una elevada concienciación social, la contaminación por las bolsas de plástico se ha reducido.

Costa Rica es otro caso de éxito. Al menos en parte. Según detalla el estudio del UNEP, este país puede vanagloriarse de sus éxitos medioambientales: logró doblar su superficie forestal en 30 años y planea una completa descarbonización para 2020. Pero cojea en la gestión de los residuos sólidos: un quinto de ellos termina contaminando ríos y playas. Por ello, el país quiere convertirse en el primero del mundo que prohíba los plásticos de un solo uso para 2021. Su estrategia para reemplazarlos consistirá en alternativas biodegradables y la prohibición tanto de bolsas como cubiertos o pajitas.

“Ya es imposible esconder la basura bajo la alfombra”, dice el responsable de la campaña de residuos en España de Greenpeace, Julio Barea, quien da una idea más en el caso de los envases: volver a un sistema de devolución y retorno. “Cada día se introducen en el mercado español 50 millones de envases de bebidas y solo se recuperan 30. Hay que actuar”, zanja.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS /  ESTHER SÁNCHEZ Y LAURA DELLE FEMMINE .