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El activista que consiguió que Kenia dejara de usar bolsas de plástico

En 2013, James Wakibia decidió coger su cámara y tomar fotografías de los montones de desechos que había acumulados en su ciudad. Cuatro años después, su Gobierno tomó una decisión pionera

ames Wakibia nunca hubiera pensado que terminaría convirtiéndose en un activista por el medio ambiente. Tampoco que a su campaña por Twitter con la etiqueta #banplasticsKE (prohibir los plásticos en Kenia) se sumarían miles de personas, compartiéndola por las redes sociales. Su historia empezó cuatro años antes de que el gobierno de Kenia en 2017 aprobara la ley que prohíbe las bolsas de plástico, y es un buen ejemplo de cuan lejos se puede llegar con el activismo.

Cada mañana James solía andar de camino al trabajo por la carretera que atraviesa Gioto, el mayor vertedero de la ciudad de Nakuru, a 150 kilómetros de Nairobi. Desde allí hay una vista fantástica de la ciudad rodeada de colinas verdes que terminan en el lago Nakuru, una joya de parque natural en el Gran Valle del Rift. Pero lo que le molestaba era la gran cantidad de basura y plásticos acumulados en los arcenes que sobrepasaban los límites del vertedero: “Las bolsas  colgaban de los árboles, las botellas de refresco se acumulaban en las charcas, y las cabras que pacían por allí solo encontraban eso para comer” recuerda.

Fue en el año 2013 cuando decidió coger su cámara y tomar fotografías de los montones de desechos, la mayoría bolsas de un solo uso de los supermercados, que había acumulados. Las imágenes las colgaba en una cuenta de Twitter llamada The streets of Nakuru (las calles de Nakuru) donde pedía el cierre del vertedero de Gioto. Al mismo tiempo, consiguió reunir más de 5.000 firmas de los vecinos que envió a las autoridades medioambientales del condado. “Hicimos mucho ruido hasta conseguir el compromiso gubernamental de que el vertedero estaría mejor gestionado y la basura ya no se acumularía en la carretera”. Pero con la llegada de la estación de lluvias, el agua y el viento volvieron a arrastrar a montañas de plástico en el mismo lugar.

“Entonces me di cuenta de que el problema era que usábamos demasiadas bolsas de plástico”. Pone como ejemplo: “Hace dos años cuando ibas al supermercado te daban más de seis bolsas: una para el pan, una para los cereales, una para las toallas sanitarias y otras cosas del baño, otra para la comida… Y como pesaba mucho, ¡te ponían una más grande para que no se rompiera!”.

Un estudio de Naciones Unidas realizado antes de la prohibición puso cifra a este malgasto: cada año en Kenia se daban en los comercios cien millones de bolsas de plástico. En un país con serias carencias en la gestión de residuos y basura, el destino de ellas era terminar quemadas en vertederos descontrolados como el de Gioto o acumularse en los ríos y lagos del país hasta llegar al mar.

Dos años más tarde, lo que había sido hasta entonces un pasatiempo para ayudar a la comunidad se convirtió en un una obsesión para Wakibia. Sacaba tiempo de donde fuera para compaginarlo con su trabajo y su familia: “Cada día recorría la ciudad, tomaba fotos, las colgaba en Internet, escribía artículos para los periódicos pidiendo la prohibición de las bolsas de plástico, organizaba manifestaciones… Aunque no ganaba dinero, estaba decidido a continuar”. Con mucho esfuerzo y persistencia las cuentas que gestionaba en redes alcanzaron más de 20.000 seguidores, con centenares de retuits en Nairobi y Mombasa que le permitieron conectar con otros activistas medioambientales del país. A la campaña le dieron likes otros periodistas, blogueros, artistas, diseñadores, modelos y demás influencers… Hasta que la miembro del gabinete del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales Judi Wakhungu tuiteó con su etiqueta: #IsupportbanplasticKE (apoyo la prohibición de los plásticos).

Ahora #ReThinkplastics

Hoy, James se pasea por el mercado de Nakuru con su cámara en el hombro y una camiseta donde se lee #Rethinkplastics (repensar los plásticos). Se para en una tienda, pide medio kilo de azúcar y se lo dan envuelto en plástico. “Esto es ilegal, no me lo puedes vender así” dice. “Perdona, tengo aquí las bolsas de tela” se excusa la vendedora. A pesar de que situaciones como esta no son del todo extrañas, James asegura que “las bolsas de plástico han desaparecido del día a día, ahora las calles de Nakuru están mucho más limpias y la gente está más concienciada”.

Desde Nairobi, Amos Wemanya, de Greenpeace Africa, también ve las calles de la capital menos sucias, y cree que en las tiendas y supermercados se respeta la prohibición. Wemanya remarca la importancia de que la medida se haya extendido desde hace unos meses a todo tipo de plásticos de un solo uso como vasos, bolsas, cañitas y botellas que ya no se podrán usar en los parques naturales, las playas y los bosques protegidos en todo el país.

Con la prohibición actual solo resolvemos la mitad del problema ya que aún quedan muchos otros plásticos que se usan a diario y que terminan en el medioambiente

Amos admite que aún hay mucho espacio para mejorar: “Con la prohibición actual solo resolvemos la mitad del problema ya que aún quedan muchos otros plásticos que se usan a diario y que terminan en el medioambiente”. Otro reto que señala es la necesidad de hacer frente al contrabando ilegal de bolsas desde Uganda “por lo que haría falta una legislación común en toda África del Este para evitarlo”. Ruanda y Tanzania ya han dado este paso.

Si bien existen alternativas al plástico, es cierto que las bolsas de yute, papel, tela o sisal son más caras de producir y el coste se traslada a los consumidores. Pero para Wemanya son la única alternativa posible, además de la inversión y la apuesta “en soluciones ecológicas que permitan la reutilización o en las botellas que se puedan rellenar”.

Concienciar sobre el consumo y hacer pasos hacia la prohibición de las botellas de plástico son las siguientes campañas que se propone James, que ahora se conecta con activistas en Austria, Sri Lanka o Zambia para intercambiar experiencias. Él tiene claro que aunque haya menos plásticos en la carretera de Nakuru que toma cada mañana para ir a trabajar, el problema aún esta lejos de desaparecer.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS -  PLANETA FUTURO/ OSCAR GELIS PONS .

Las Islas Galápagos luchan contra un terrible y silencioso enemigo: el plástico

Las corrientes marinas arrastran plásticos hacia las costas del archipiélago desde lugares tan alejados como Chile, Perú o el continente asiático, y pueden transportar especies invasoras

El archipiélago de Galápagos en Ecuador, el laboratorio viviente en el que el científico inglés Charles Darwin desarrolló su teoría sobre la evolución de las especies, avanza en su lucha sin cuartel contra un mal que le llega de fuera: el plástico. Y es que las corrientes marinas arrastran plásticos hacia todas las costas del este de las islas, un tema “preocupante”, según el director del Parque Nacional Galápagos, Jorge Carrión.

A tenor de las marcas de los envases encontrados durante las limpiezas de las playas, los plásticos llegan desde las costas de Perú, Chile, Centroamérica “y una importante cantidad de residuos con marcas asiáticas”, aseguró Carrión a Efe. Aunque no tienen un dato exacto de la cantidad de toneladas de plásticos que puede haber en las costas, el experto recordó que en 2018 recolectaron 22 toneladas y la semana pasada 4,5 toneladas. “Ahora estamos clasificando la basura, que es un trabajo muy, muy minucioso”, comentó.

En temas operativos, el municipio de la isla de Santa Cruz coordina el traslado a la parte continental ecuatoriana de los residuos que están en buen estado y pueden servir para reciclar, mientras que los que ya han sido degradados por el sol y la sal van al relleno sanitario de la isla. En el archipiélago de Galápagos, situado a unos mil kilómetros de las costas continentales ecuatorianas, están prohibidos materiales de polietileno expandido y las fundas plásticas tipo camiseta desde el año 2015, una disposición a la que se sumó luego el impedimento de uso de sorbetes (pajitas). Y una nueva escalada en el combate a los plásticos podría darse en marzo próximo con la prohibición total del uso de bebidas en envases plásticos no retornables.

Vehículo de especies invasoras

“La intención es limpiar todas las costas de Galápagos y para eso estamos bien avanzados en la lucha contra los plásticos”, apuntó Carrión al insistir en que los plásticos hallados en las costas del archipiélago no corresponden a actividades productivas propias. Por eso, en calidad de presidente pro tempore del Corredor Marino del Pacífico Tropical, Ecuador adelanta diálogos con representantes de otros países para extender la lucha contra los plásticos y tratar de contrarrestar la llegada de esos residuos al mar.

Casa adentro, el trabajo avanza en la construcción de la estrategia general para la lucha contra los plásticos en el archipiélago, famoso por su gran biodiversidad y por albergar especies únicas en el planeta. Junto a la estación científica Charles Darwin, desarrollan un programa de monitoreo para evaluar la amenaza que representa el plástico como potencial transporte de especies y de su capacidad invasora sobre las especies de Galápagos, un archipiélago catalogado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1978. De esta manera, se pretende detectar tempranamente la presencia de especies no nativas y reducir la probabilidad de dispersión secundaria, proveniente de fuentes de plástico.

Los expertos han identificado potenciales especies invasoras que desde Costa Rica y Chile podrían llegar a Galápagos arrastradas por las corrientes. El Ministerio de Ambiente, a través del Parque Nacional y de la Agencia de Bioseguridad de Galápagos, mantienen controles estrictos de los barcos de carga y turismo y “tenemos la obligación de pedirles que se retiren de la reserva” en caso de encontrar algún tipo de contaminación, aseguró Carrión. También en su lucha contra la contaminación, en 2012 se trasladaron 35.000 neumáticos en desuso desde Galápagos al Ecuador continental.

En paralelo con la limpieza de las costas, las autoridades de Galápagos desarrollan estrategias de comunicación. “Es necesario que creemos conciencia ambiental entre quienes residimos en Galápagos y así poco a poco vamos a ir exportando esta conciencia ambiental al Ecuador continental y al mundo entero”, comentó Carrión. Consideró que Galápagos tiene que ser un ejemplo no solo en temas de conservación sino “en forma de vida sustentable”, por lo que se congratula de que la población haya aceptado “de buena manera” las acciones para evitar el uso de plásticos, un enemigo que no conoce fronteras.

FUENTE: EL CONFIDENCIAL. EFE

Vivir sin plásticos es posible, y necesario

Este material ya le ha costado la vida a un millón de aves, ha matado a cientos de miles de mamíferos y ha colonizado nuestro intestino

Una familia de albatros comiendo bolsas y envoltorios de alimentos humanos. Los cadáveres de decenas de aves llenos de tapones de botellas. Un cachalote muerto en una playa de Murcia tras haber ingerido hasta 29 kilos de plásticoy, en la otra punta del planeta, en la isla de Célebes (Indonesia), una ballena con más de mil objetos en su interior —chanclas, vasos y botellas entre ellos—. Son imágenes que se repiten cada poco tiempo y que dejan un rastro de muerte: según las estimaciones de las Naciones Unidas (ONU), estos desechos le han costado la vida a un millón de aves y a 100.000 mamíferos.

Quizás, para muchos, que el resto de especies del planeta se alimenten de nuestra basura no sea importante. Pero el exceso de la producción de plásticos no solo les afecta a ellos, también perjudica a nuestra salud. Un estudio de muestras de heces de personas de distintos países —como Reino Unido, Italia, Rusia y Japón— ha encontrado hasta una decena de partículas de diferentes tipos de este material. Es decir, también están en nuestro intestino, y llegan hasta allí por la cadena alimenticia.

El problema de los plásticos es grave. A estas alturas, no cabe ninguna duda. En los últimos 10 años hemos fabricado más cantidad que en toda la historia de la humanidad y para 2020 se espera que supere en un 900% al producido en 1980, alerta GreenPeace. El planeta está repleto, y los mares y océanos se llevan la peor parte. “Cada año llegan entre ocho y 12 millones de toneladas. Esto es como si se descargara un camión lleno cada minuto del día“, explica Alba García, responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace.

El océano Pacífico es el más perjudicado. Allí flota una isla de basura que, según un estudio publicado en la revista Nature, tiene casi tres veces la superficie de Francia. Y podría triplicar su tamaño en la próxima década, apunta la investigación The future of the sea, que denuncia la “ceguera marítima” de la humanidad. Como reflejaba la viral portada de la revista Timede junio de 2018, “lo que vemos es solo la punta del iceberg, en torno a un 15% de todo lo que hay. La mayor parte está en el fondo”, asegura García. Y estará allí mucho tiempo. Dependiendo del tipo de plástico, “puede tardar entre decenas y cientos de años en degradarse”, asegura García. El tiempo para una botella, por ejemplo, puede rondar el medio milenio.

Reciclar no es suficiente

Llegados a este punto, mirar hacia otro lado y hacer como si no nos afectara o no tuviéramos nada que ver es, como mínimo, un acto de imprudencia. La solución, dice la ONU, está en nuestras manos. Y ya no basta con separar la basura en distintos cubos y tirar los envases en el amarillo. Es necesario hacer mucho más. Por esto surgen iniciativas como #breakfreefromplastic, un movimiento global al que pertenecen más de 1.300 organizaciones y que busca acabar con este tipo de contaminación. Y también de manera individual hay quienes deciden vivir sin este material.

Ejemplo de ello son Patricia y Fernando, una pareja que decidió cambiar sus hábitos de consumo en 2015. “Empezamos poco a poco”, explica Patricia a BUENAVIDA. Lo primero fue abrir un blog, Vivir sin plástico, en el que poder relatar su experiencia. Cada semana guardaban todos los plásticos que usaban y los domingos les hacían una foto con un único objetivo: reducirlo. Varias bolsas de supermercados, paquetes de ensaladas, envoltorios de frutos secos o envases de yogur son algunas de las cosas que componen la imagen de la semana cero.

Desde entonces, han pasado algo más de tres años y la fotografía ha cambiado por completo. “Vivimos prácticamente sin plásticos“, dice Fernando, quien reconoce que no se puede eliminar el 100%: “El móvil desde el que estamos hablando tiene componentes de este material, por ejemplo”. Pero las partes de un teléfono tampoco son donde debemos poner el foco del problema de la contaminación, sino todos aquellos productos desechables de los que se puede prescindir. “Los que tienen una vida corta y acaban reciclándose o en la basura”, continúa Fernando.

Para vivir sin plásticos, la clave está en la organización

Esta forma de vivir está supeditada a ciertas variables, como, por ejemplo, el lugar en el que resides, reconocen. “Quizás sea más sencillo en una ciudad grande, donde la oferta es mayor y hay más posibilidades de comprar en tiendas a granel. En Madrid las hay hasta de detergentes y cosméticos”, apunta Patricia, quien matiza que “en pueblos pequeños se puede acudir a fruterías o huertos en lugar de los supermercados”.

En su caso, además de optar por este tipo de comercios y de acciones que todos conocemos, como usar bolsas reutilizables para la compra, han decidido elaborar ellos mismos ciertos productos para cubrir necesidades básicas, como la pasta de dientes y el enjuague bucal: “Muchas veces hemos hecho jabón, aunque normalmente lo compramos en pastillas y con ellas preparamos detergentes para lavar los platos o la ropa”, indica Fernando.

La clave para conseguir ser más sostenibles está en “tomar conciencia y querer”, asegura Fernando. Y aunque romper la rutina pueda parecer costoso al principio, “llega un punto en el que no notas que estés haciendo ningún esfuerzo”, apunta Patricia. La mayor dificultad no la han encontrado en ellos mismos, sino en los demás. “Sobre todo al principio la gente no entiende lo que es vivir sin plástico. Cuando te hacen regalos con envoltorios de este material y te cuesta rechazarlos o aceptarlos, o cuando vas a la compra y la persona que está en mostrador te mira extrañada porque no quieres bolsas de plástico“, relata Fernando. Sin embargo, reconocen que con el tiempo también se hace más fácil, sobre todo porque quienes te rodean conocen y respetan la decisión.

Hay más conciencia, pero faltan medidas

También la sociedad en su conjunto está más concienciada con el problema. Ejemplo de ello es la huelga estudiantil que se llevó a cabo el pasado viernes en más de 1.000 ciudades. Un movimiento sin precedentes iniciado por la activista sueca Greta Thunberg (de 15 años), que decidió plantarse cada viernes frente al parlamento de su país para pedir a su Gobierno que tomase medidas contra el cambio climático. Y no solo son los más jóvenes. El mensaje, asegura García, está calando en todas las generaciones: “A la gente le llegan las campañas, aunque necesitamos darnos cuenta de que no basta con reciclar”.

De hecho, lo de separar la basura no se nos da del todo bien. En España, solo se recicla el 25% de los envases que tiramos —cada año siguen llegando a los vertederos 750.000 toneladas— y “en torno a un 60% de las cosas que tiramos al contenedor amarillo no deberían estar ahí”, dice García.  Ante la excusa (que todos hemos escuchado alguna vez) de quienes no quieren usarlo porque “luego lo juntan todo”, García es contundente: “Esta práctica es ilegal y si alguien tiene conocimiento de que se haga, puede denunciarlo”. Desde la web de Ecoembes también desmienten este bulo: “Es inevitable que en la recogida algunos residuos lleguen a las plantas con impurezas, pero allí son separadas y eliminadas por métodos manuales y automáticos para su tratamiento”.

Parece claro que, teniendo la información, no hay excusas posibles. Pero “hay que hacer más”, dice García. Y, aunque “no todo el mundo tiene que eliminar los plásticos por completo de su vida”, señalan Patricia y Fernando, existen otras medidas que podemos tomar para atajar el problema desde su origen. Una de las más efectivas, asegura la responsable de la campaña de plásticos de GreenPeace pasa por señalar a las empresas que producen este tipo de objetos: “Cuando encontremos desechos en las playas o en las calles, hagamos una foto y compartámosla en las redes para pedir a las compañías que acaben con la producción de este tipo de objetos”. Solo pisando el freno podremos evitar llegar al punto de no retorno, que las Naciones Unidas ha fechado en 2030.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS. MANUELA SANOJA .

Los microplásticos ya han llegado al intestino humano

Un estudio piloto demuestra que las heces de personas de varios países contenían partículas de una decena de plásticos.

Pequeños fragmentos de plástico sobre la arena de una playa.

Muestras de heces de personas de países tan distantes y distintos como Reino Unido, Italia, Rusia o Japón contenían partículas de policloruro de vinilo (PVC), polipropileno, tereftalato de polietileno (PET) y hasta una decena de plásticos diferentes. Aunque se trata de un estudio piloto con un grupo reducido de personas, la diversidad geográfica de los participantes y de tipos de plástico identificados lleva a los autores de la investigación a destacar la urgencia de determinar el impacto de estos materiales en la salud humana.

Desde los años sesenta del siglo pasado la producción de plásticos ha crecido casi un 9% cada año. Solo en 2015 se produjeron 322 millones de toneladas, según datos de la ONU. Más tarde o más temprano buena parte de ese plástico acaba en el medio ambiente, en particular en los mares: unos ocho millones de toneladas al año. La acción del agua, los microorganismos y la luz solar van degradando el plástico hasta reducirlo a pequeñas partículas de unas pocas micras de longitud (una micra equivale a la milésima parte de un milímetro). Algunas son tan pequeñas que el plancton microscópico las confunde con comida. Hasta hace poco, las microesferas presentes en diversos productos de cosmética no necesitaban de la erosión para ser un problema, pero su progresiva retirada de los productos está minimizando su impacto.

Los investigadores encontraron 20 microplásticos por cada 10 gramos de materia fecal.

El resto de la historia es conocido: el pez grande se come al chico. Era cuestión de tiempo que el plástico creado por los humanos volviera a ellos. El estudio, presentado este martes en un congreso de gastroenterología que se está celebrando en Viena (Austria), contó con la participación de ocho voluntarios de otros tantos países, entre los que están, aparte de los citados, Finlandia, Polonia, Países Bajos y la propia Austria. Durante una semana tenían que comer y beber lo de siempre, anotando todo lo que ingerían, si era fresco o el tipo de envase que contenía los alimentos. Al cabo de ese tiempo, investigadores de la Universidad Médica de Viena y la agencia estatal para el medio ambiente del país alpino tomaron muestras de sus heces.

Los resultados muestran que, de los 10 plásticos buscados, encontraron nueve de ellos. Los más comunes fueron el propileno, básico en los envases de leches y zumos, y el PET, del que están hechas la mayoría de las botellas de plástico. La longitud de las partículas oscilaba entre las 50 y las 500 micras. Y, de media, los investigadores encontraron 20 microplásticos por cada 10 gramos de materia fecal. Por el diario que llevaron los participantes, se sabe que todos consumieron algún alimento envasado y al menos seis comieron pescado. Pero la investigación no pudo determinar el origen de las partículas halladas en las muestras.

“Es el primer estudio de este tipo y confirma lo que veníamos sospechando desde hace tiempo, que los plásticos acaban llegando al intestino”, dice en una nota Philipp Schwabl, gastroenterólogo y hepatólogo de la Universidad Médica de Viena y principal autor del estudio. “Aunque en estudios en animales la mayor concentración de plásticos se ha localizado en el intestino, las partículas de microplástico más pequeñas pueden entrar en el torrente sanguíneo, el sistema linfático e incluso alcanzar el hígado”, añade, concluyendo que urge investigar para saber “lo que esto implica para la salud humana”.

La ciencia aún no ha determinado el umbral a partir del cual la ingesta de microplásticos puede ser dañina para los humanos.

Un informe de Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) de 2016 recopilaba los datos sobre presencia de microplásticos en la vida marina: hasta 800 especies de moluscos, crustáceos y peces ya saben lo que es comer plástico. Aunque la gran mayoría de las partículas se queda en el aparato digestivo, parte del pescado que se descarta al comerlo, existe el riesgo de ingestión en el caso del que se coma entero, como mariscos, bivalvos o peces más pequeños. También, un estudio publicado por Greenpeace la semana pasada mostraba que, en particular en Asia, la gran mayoría de la sal marina de uso doméstico contenía microplásticos.

Pero la pregunta que la ciencia aún debe responder es a partir de qué cantidad ingerida el plástico puede ser un problema para la salud humana. Aquí, hay dos riesgos, por un lado el impacto de la presencia física de las partículas plásticas y, por el otro, la posible toxicidad de sus componentes químicos. El pasado verano, investigadores de la Universidad Johns Hopkins (EE UU) publicaron una revisión de lo que se sabe sobre los microplásticos en el mar y sus posibles riesgos para la salud humana. Uno de los estudios estimó que los humanos pueden tragarse hasta 37 partículas de plástico al año procedentes de la sal. No parece una gran cantidad y menos si acaba expulsada del cuerpo. Pero también recogen que un buen aficionado al marisco podría comerse hasta 11.000 partículas en un año.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / MIGUEL ÁNGEL CRIADO .

250 grandes empresas se unen para reciclar todo el plástico en 2025

Como será de grave el asunto de los plásticos para que se hayan unido 250 grandes empresas...
Ocho de los 335 millones de toneladas producidas en 2017 acabaron en los mares. Los ecologistas exigen una “reducción drástica”.

Los plásticos se codean ya con el cambio climático como uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la naturaleza. Sus micropartículas han formado islas flotantes en los océanos y se calcula que el 90% de las aves marinas tiene fragmentos de plástico en el estómago. Partículas que pueden estar pasando a las personas, según indica un estudio piloto que ha comprobado que las heces de personas de varios países (Reino Unido, Italia, Rusia o Japón) contenían partículas de una decena de plásticos. Se calcula que cada año acaban en los mares ocho millones de toneladas de plástico de todo el que se produce: el año pasado fueron 335 millones de toneladas.

En este contexto, 250 empresas (muchas de ellas multinacionales) que representan el 20% de la producción de embalajes plásticos del mundo se han comprometido a que en 2025 el 100% de estos plásticos sea reutilizable, reciclable o convertible en compost. El bautizado como New Plastics Economy Global Commitment (Compromiso Global por la Nueva Economía de los Plásticos) persigue crear una economía circular eliminando el uso innecesario de envoltorios y pasar de los productos de usar y tirar a un modelo en el que prime la reutilización.

Minoristas y universidades

Entre las compañías firmantes del compromiso, presentado en la conferencia Our Ocean 2018 de Bali, se encuentran Danone, Coca-Cola, Carrefour, Inditex, Nestlé, H&M, L’Oréal, Unilever o grandes productores de embalajes y otros plásticos como Amcor o Novamon. La iniciativa está dirigida por la Fundación Ellen MacArthur en colaboración con la ONU y ha sido avalada por el Foro Económico Mundial y The Consumer Goods (una organización que representa a unos 400 minoristas y fabricantes de 70 países), junto a 40 universidades, instituciones y académicos.

Hay otras ONG como Greenpeace que recelan del compromiso. “¡Ya tenemos plástico hasta en la sal!”, exclama Julio Barea, responsable de la campaña de residuos en España. La organización considera que el acuerdo firmado entre las grandes empresas es insuficiente para afrontar un reto que se ha convertido en una emergencia global: “Es seguramente una señal, pero no es ni de lejos una solución: reciclar no es suficiente y necesitamos una reducción drástica”.

En España se encarga del reciclaje de envases domésticos (sin incluir los comerciales e industriales) Ecoembes. Los de metal son los más reciclados, con un 86,9%; seguidos de los de papel y cartón (81,1%); y, por último, de los de plástico (69,7%). También reciclan otros objetos como cubiertos, platos de plástico o pajitas. En conjunto estos residuos suponen el 8% de todos los sólidos urbanos que se producen en España. “El año pasado se recuperaron ocho de cada diez botellas de agua, refrescos, aceite… Pero no es el caso de otros envoltorios como los vasos de yogur, que tienen un porcentaje de reciclado inferior y sobre los que tenemos que poner más foco”, explica Nieves Rey, directora de Comunicación y Marketing de Ecoembes.

La Unión Europea también ha declarado la guerra al plástico. Después de poner en marcha una estrategia dirigida a las bolsas, trabaja ahora para prohibir otros objetos de un solo uso como pajitas, platos y cubiertos, bastoncillos de algodón y palitos para remover bebidas. La semana pasada, el pleno de la Eurocámara votó a favor de hacer desaparecer del mercado estos artículos para 2021.

Los filtros de los cigarros son la basura más fácil de encontrar en las costas europeas, según datos recogidos por la Agencia Europea para el Medio Ambiente y recopilados por voluntarios durante la limpieza de 1.627 playas de cuatro mares regionales. Le siguen trozos de plástico, cristal y cerámica, vasos de plástico, bastoncillos de algodón y bolsas. En 50 años la producción de plástico se ha multiplicado por 20, indica la ONU.

Botellas y latas

El reciclaje es la línea que guía las estrategias de las principales multinacionales. Coca-Cola, una de las empresas que ha firmado el acuerdo, explica que ya tiene en marcha un plan para recuperar el 100% de las botellas y latas que lanzará al mercado para 2030. Actualmente el 59% de sus envases son botellas PET, el 12% está hecho de aluminio y acero y un 8% en cristal rellenable. Danone, otra de las marcas involucradas en el proyecto, señala que el 87% de sus envases son reciclables, reutilizables o compostables, y que tiene planeado que este porcentaje suba al 100% para 2025. En la misma línea se mueve Nestlé: quiere que la totalidad de sus envases sea reciclable o reutilizable en la misma fecha. Su actuación, explica la compañía, se centra en tres áreas: eliminar plásticos no reciclables, emplear los que permitan mejores tasas de reciclaje y suprimir o cambiar materiales de embalaje.

Los científicos se han lanzado a estudiar el problema generado por las toneladas de plástico y su impacto en la salud. Marinella Farré, del CSIC, desarrolla un proyecto que estudia la situación en el Mediterráneo. “Se trata de evaluar cómo llega este material al océano y se degrada en microplásticos [menos de cinco micras de diámetro] y en nanoplásticos y comprobar el impacto que tienen sobre los organismos (porque existe la posibilidad de que lleguen a la cadena trófica humana)  y sobre los ecosistemas”, explica. El proyecto, en el que trabajan desde hace un año, también investiga la capacidad de estos plásticos de absorber otros contaminantes tóxicos presentes en el mar y actuar de vehículo, “como si fueran un taxi, y alcanzar de esta forma a las personas”.

Prohibiciones e impuestos contra un potencial contaminante

En los océanos hay centenares de islas. Pero cinco de ellas están hechas de basura, principalmente de microplásticos. Dos se encuentran en el Pacífico, otras dos en el Atlántico y una en el Índico, según Greenpeace. La organización alerta de que al ritmo actual la producción de plástico se cuadruplicará para 2050. China es el principal fabricante, seguido de Europa, Norteamérica y Asia. Y solo el 9% de estos residuos acaban siendo reciclados.

Gobiernos, asociaciones regionales y organizaciones internacionales han puesto el grito en el cielo y se han lanzado a estudiar maneras para impedir que el planeta muera ahogado en plástico. Las estrategias para reducir el número de objetos de un solo uso fabricados en este material consisten en prohibir o imponer impuestos, según detalla un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (UNEP).

África, por ejemplo, es el continente donde más países han impuesto una prohibición total al empleo de bolsas de plástico. En Asia, por otro lado, se ha intentado luchar contra estos artículos imponiendo gravámenes. Y no es cosa de hoy: algunos países, como Bangladés, los vetaron hace una década. Pese a ello, la medida no ha tenido gran éxito.

En Japón, por otro lado, se ha logrado el objetivo sin necesidad de una prohibición: gracias a una eficaz de gestión de residuos y a una elevada concienciación social, la contaminación por las bolsas de plástico se ha reducido.

Costa Rica es otro caso de éxito. Al menos en parte. Según detalla el estudio del UNEP, este país puede vanagloriarse de sus éxitos medioambientales: logró doblar su superficie forestal en 30 años y planea una completa descarbonización para 2020. Pero cojea en la gestión de los residuos sólidos: un quinto de ellos termina contaminando ríos y playas. Por ello, el país quiere convertirse en el primero del mundo que prohíba los plásticos de un solo uso para 2021. Su estrategia para reemplazarlos consistirá en alternativas biodegradables y la prohibición tanto de bolsas como cubiertos o pajitas.

“Ya es imposible esconder la basura bajo la alfombra”, dice el responsable de la campaña de residuos en España de Greenpeace, Julio Barea, quien da una idea más en el caso de los envases: volver a un sistema de devolución y retorno. “Cada día se introducen en el mercado español 50 millones de envases de bebidas y solo se recuperan 30. Hay que actuar”, zanja.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS /  ESTHER SÁNCHEZ Y LAURA DELLE FEMMINE .

Se lanza una gran barrera flotante para limpiar el océano Pacífico de plástico

Dentro de nuestra particular campaña contra el plástico, o más bien, el mal uso que se hace de el, os dejamos este interesantísimo artículo,  video incluido, que ilustra muy bien como se empieza a combatir esta plaga medioambiental. ¡Apliquémonos el cuento! para combatirla en la medida de nuestra posibilidades.

  • El invento de la fundación Ocean Cleanup busca limpiar la gran ‘isla’ de basura situada entre California y Hawái
  • Tiene 600 metros de tubo flotante y una red de tela para captar los plásticos

La voz que explica el video lo hace en inglés, pero el grafismo es tan bueno,  pero tan bueno, que sin sin necesidad de traducirlo, se entiende a la perfección.

La fundación Ocean Cleanup ha desarrollado una tecnología que busca limpiar los plásticos de los océanos. Este sábado se someterá a prueba por primera vez, se lanzará una estructura flotante de 600 metros en la costa de San Francisco (Estados Unidos) con el objetivo de limpiar la gran ‘isla’ de basura entre California y Hawái.

Esta iniciativa del joven holandés Boyan Slat ha creado mucha expectativa y esperanzas dentro de la lucha contra el plástico. Actualmente, más de ocho millones de toneladas de plástico llegan cada año al mar, según un estudio de Naciones Unidas. Lo que equivale a verter al océano un camión de basura de plástico por minuto. Sigue leyendo Se lanza una gran barrera flotante para limpiar el océano Pacífico de plástico

Unos emprendedores chilenos fabrican bolsas plásticas solubles en agua que no contaminan

Ya conocéis nuestra sensibilidad por el medio ambiente por artículos anteriores sobre ello, y por la problemática del plástico en particular. Estupendo artículo que abre una luz de esperanza.

Con un ligero cambio en la fórmula del plástico, que permite sustituir el petróleo por la caliza, un grupo de emprendedores chilenos ha logrado fabricar bolsas plásticas y de tela reutilizables solubles en agua y que no contaminan.

Presentación en Santiago de Chile de las bolsas de plástico hidrosolubles. ALBERTO PEÑA FOTO: EFE |

Roberto Astete y Cristian Olivares, los dos artífices de este producto, empezaron con experimentos para fabricar detergente biodegradable, pero al final hallaron la fórmula química a base de PVA (alcohol de polivinilo, soluble en el agua) y que reemplaza a los derivados del petróleo, los causantes de la indestructibilidad de los plásticos que se han integrado en la cadena alimenticia de los animales que pueblan los océanos y deterioran el medio ambiente.

“Nuestro producto deriva de una caliza que no daña el medio ambiente”, aseguró Astete, director general de la empresa SoluBag, que espera comercializar sus productos a partir de octubre en Chile, uno de los primeros países de América Latina en prohibir el uso de las bolsas plásticas convencionales por los comercios. “Esto es como hacer pan”, agrega. “Para hacer pan se necesita harina y otros componentes. Nuestra harina es el alcohol de polivinilo y otros componentes, aprobados por la FDA (la agencia estadounidense para la regulación de alimentos, medicamentos, cosméticos, aparatos médicos, productos biológicos y derivados sanguíneos), que nos ha permitido una materia prima para hacer distintos productos”.

El Gobierno de Chile ha puesto en marcha varias iniciativas para reducir el uso de las bolsas de plástico. Desde este mes está prohibido el uso de bolsas de plástico en los comercios chilenos.La iniciativa comenzó a discutirse con el gobierno anterior de la presidenta Michelle Bachelet y proponía que fuera solo en zonas costeras, pero luego el actual Ejecutivo, que preside Sebastián Pieñara, se amplió a todo el territorio después de un tira y afloja con la industria que fabrica este material.

Bolsas comestibles

Ante la prensa, los dos muestran la solubilidad inmediata de sus bolsas plásticas en agua fría o de las bolsas de tela reutilizables en agua caliente. “Lo que queda en el agua es carbono”, asegura Astete, lo que las pruebas médicas realizadas han demostrado que “no tiene ningún efecto en el cuerpo humano”. Y para demostrar que el agua turbia que queda es “inocua” y sigue siendo potable, se bebe unos cuantos vasos de agua.

“La gran diferencia entre el plástico tradicional y el nuestro es que aquel va a estar entre 150 y hasta 500 años en el medio ambiente y el nuestro solo demora cinco minutos. Uno decide cuándo lo destruye”, sostiene Astete, antes de agregar que “hoy día la máquina recicladora puede ser la olla de tu casa o la lavadora”. La fórmula hallada permite “hacer cualquier material plástico” por lo que ya están trabajando en la fabricación de materiales como cubiertos, platos o envases de plástico.

Las telas solubles en la misma agua caliente que sirve para preparar, por ejemplo, un té o un café, sirven para fabricar bolsas de compra reutilizables o productos hospitalarios como los protectores de las camillas, las batas y los gorros del personal médico y de los pacientes que suelen tener un único uso, dice por su parte Olivares. Y cuando llueve, ¿cómo llega la compra a casa? Los fabricantes pueden programar la temperatura a la que tanto las bolsas plásticas como las de basura se disuelven al contacto con el agua.

Otra ventaja de sus bolsas según sus fabricantes es que son antiasfixia, una causa en accdidentes domésticos con niños. Este tipo de bolsa se disuelve al contacto con la lengua o con las lágrimas. Con la fabricación masiva, que puede hacerse en las mismas empresas de donde salen los plásticos de ahora -basta con modificar la fórmula-, el precio de sus productos puede ser similar al de los actuales, aseguran.

Anteriormente también se han puesto en marcha iniciativas similares en otros paíes. El biólogo indonesio Kevin Kumala cuando, tras una década en Estados Unidos, volvió a su Bali natal en 2009 y vio las playas paradisiacas plagadas de plástico puso en marcha la compañía Avani Eco.

Si en 2014 se fabricaron 311 millones de toneladas de plástico en el mundo, las estimaciones indican que, de no cambiar el ritmo anual, para el 2050 se fabricarán 1.124 millones de toneladas, Astete y Olivares esperan dar al cliente las herramientas para ayudar a evitar la contaminación del medio ambiente porque “la gran ventaja es que el usuario decide cuándo destruirla”, asegura. La iniciativa ha ganado el premio SingularityU Chile Summit 2018 como emprendimiento catalizador de cambio, lo que les ha valido una pasantía para los inventores en Sillicon Valley a partir de septiembre.

FUENTE: EL PAÍS / AFP .

Cazadores de plásticos en el ‘Mare Nostrum’

Un proyecto de investigación impulsado por 43 países busca conocer y mitigar el impacto de la contaminación en zonas marítimas protegidas de la cuenca mediterránea.

En abril aparecía en Murcia un cachalote muerto tras ingerir 29 kilos de plástico. Un síntoma más de que la situación en el Mediterráneo es preocupante. “¿Que si es seria? Depende de lo que se entienda por seria: es una de las áreas del mundo con mayor exposición a basura marina”, ilustra Maria Cristina Fossi, catedrática de Ecología de la Universidad de Siena (Italia). De esa gravedad surge el proyecto Plastic Busters (se ha traducido al español como “cazadores de plástico”), impulsada por el propio centro universitario y los 43 Estados miembros de la Unión por el Mediterráneo (UpM).

“Lo interesante es que uno imagina que las áreas marinas protegidas están eso, protegidas. Pero no es así ante fenómenos como la circulación de plásticos y otros residuos por los propios flujos marinos”, señala Miguel García-Herraiz, vicesecretario general de la UpM. Conocer el impacto de la contaminación en estas zonas, de especial importancia en cuanto a biodiversidad, dará la medida del peligro que corren la flora y fauna mediterráneas en general. La iniciativa investigará cómo sufren las ballenas y tiburones, pero también especies pequeñas de invertebrados, con la llegada de tanta porquería. Cada año mueren en el mundo millones de animales por esta causa.

Los cazadores, liderados por la universidad sienesa, el instituto ambiental italiano y otras organizaciones de la cuenca, no estudiarán la realidad de las aguas, sino que también pescarán bolsas, latas e incluso redes abandonadas por los pescadores. Se centrarán en las áreas protegidas de Cabrera (Baleares), el archipiélago toscano (Italia), un triángulo de zona de pélagos entre la costa francesa, la italiana y la isla de Córcega y otra entre Albania y las islas griegas.

A pesar de su diversidad, todo el Mediterráneo comparte una característica “crucial”, según Fossi: se trata de un mar encapsulado. “A diferencia de otros, este es una cuenca cerrada con un montón de actividad humana, desde tráfico marítimo hasta las actividades en la costa”, indica. García-Herraíz intenta ver la parte buena y cree que el carácter mediterráneo, esa concepción de Mare Nostrum (mar nuestro) por parte de los Estados ribereños, genera una sensación de responsabilidad en todos ellos que, se traduce en proyectos como este, financiado por la Unión Europea con cinco millones de euros.

Pero Fossi apunta otra desventaja, la presencia de “ríos muy grandes que transportan enormes cantidades de plásticos”, explica. Porque el 80% de la basura del mar, añade la experta, se produce en actividades terrestres. “Y la responabilidad de reducirla es de todos”, argumenta el dirigente de la UpM. “Hay pasos para recortar el uso de plásticos, pero muchos son simbólicos: todos formamos parte de un mismo ciclo de consumo en el que la industria podría buscar respuestas distintas al plástico para embotellados, embalajes… Y los ciudadanos tienen que ser conscientes de su parte”.

Con todo, ambos celebran que la sociedad sea cada vez más consciente. “En los últimos dos tres años este tema ha despertado una gran preocupación. No solo en el Mediterráneo, sino en todo el mundo”, considera Fossi. García-Herraiz recuerda algunas estimaciones preocupantes. En ese mar que se extiende de Algeciras a Estambul se puede pescar un kilo de plásticos por cada tres de pescado. Y pronto alojará más plásticos que plancton, salvo que los ciudadanos nos convirtamos en cazadores de plásticos en nuestro día a día mientras los responsables del proyecto los pescan en el mar.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / CARLOS LAORDEN .