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Internet y movilidad: claves en el desarrollo de las zonas españolas más despobladas que el Ártico.

En ocasiones vemos en nuestro muro de Facebook publicaciones que suben algunas personas sobre la despoblación, donde incluyen sus supuestas soluciones basadas en proyectos, que más parecen estar asociados a obtener beneficios (propios) que en aportar soluciones reales. Obviamente cada uno publica lo que le parece, y toca diferenciar lo que vale de lo que no.

La despoblación, entre otras cosas, va destruyendo lentamente el tejido cultural de los territorios

La despoblación, entre otras cosas, va destruyendo lentamente el tejido cultural de los territorios; nos infunde un tremendo respeto a la hora de publicar algo sobre ella, tanto es así que lo hacemos en contadísimas ocasiones. Y lo hacemos siempre seleccionando muy bien el contenido desde una óptica constructiva basada en hechos y situaciones reales que ya están funcionando, y/o en opiniones de expertos.

Os dejamos un magnífico video y artículo del catedrático y experto en desarrollo del territorio Eulalio Fernández. El video, por cierto, muy bien conducido por Jaime García Cantero, director de contenidos de El País Retina.

No os perdáis los datos adicionales que van apareciendo gradualmente.

A continuación el interesantísimo artículo sobre el proyecto Smart Rural Land (clic sobre la imagen).

FUENTE: DIARIO EL PAÍS  RETINA / JAVIER GARCÍA CANTERO y JAVIER A. FERNÁNDEZ .

Cualquiera puede poner tu cara en un vídeo porno

La inteligencia artificial facilita que se creen vídeos falsos. Por ahora, las víctimas son mujeres que se ven a sí mismas como protagonistas de una película porno que nunca rodaron

Scarlett Johansson ya se ha resignado: “Nada puede impedir que alguien corte y pegue mi imagen o la de otra persona en otro cuerpo y haga que se vea tan realista como quiera”, explica en una entrevista en The Washington Post. La actriz habla con conocimiento de causa. Recientemente se han viralizado varios vídeos porno supuestamente protagonizados por ella. Los intereses son claros: aprovechar el morbo que despierta ver a un personaje público manteniendo relaciones sexuales para aumentar las visitas y hacer más dinero. Pero pasan por alto un ínfimo detalle: la persona que aparece en ese vídeo no es Johansson, sino el resultado de utilizar la inteligencia artificial para crear vídeos falsos e increíblemente realistas.

Como toda nueva tendencia, ya tiene su nombre en inglés: deep fakes. Y son el resultado de utilizar la IA para mimetizar la imagen original (el vídeo porno) con la falsificada (la cara de Scarlett Johansson) de forma que la luz se iguale en ambos archivos y se refracte de forma natural. También se utiliza para dar movimiento a las imágenes fijas. Así, se pueden trasladar las expresiones faciales y corporales de una persona a otra, tal y como sucede en un vídeo de Barack Obama que Buzzfeed creó de la nada para demostrar cómo de fácil es hacer decir al expresidente de los Estados Unidos lo que tú quieras.

Por ahora, esta práctica está dañando más a las mujeres. Las caras de actores y otros hombres famosos se insertan en los vídeos falsos como una broma: hay un vídeo que muestra la cara de Nicolas Cage superpuesta a la de Donald Trump durante un discurso. Está el de Barack Obama hablando sobre fake news. Pero los vídeos falsos de mujeres son predominantemente pornográficos, algo que resulta mucho más denigrante y que genera sentimientos de humillación y abuso. “Las falsificaciones son explícitamente detalladas, publicadas en sitios populares de pornografía y cada vez más difíciles de detectar”, explican en The Lily.

Uno de los vídeos de Johansson ha sido visto más de 1,5 millones de veces. Pero no es la única a la que le ha pasado. The Lily asegura que la crítica de medios Anita Sarkeesian, que fue atacada por sus críticas feministas de la cultura pop y los videojuegos, fue insertada en un vídeo porno hardcore que se ha visto más de 30.000 veces en Pornhub. Y eso que este portal de vídeos porno prohibió los deep fakes en febrero del año pasado. Supuestamente, Google también sacó esas imágenes de sus resultados de búsqueda. Pero siguen ahí.

Y aunque las famosas sean la diana preferida por el momento, esto es algo que puede pasarle a cualquiera. El programador solo necesita imágenes y vídeos de la víctima que le sirvan de referencia y los puede encontrar fácilmente en cualquier red social que tenga un perfil público. Hay foros sobre deep fakes donde se reúne toda una comunidad de usuarios dispuestos a generar este tipo de contenido.

  • Y no hay forma de combatirlo

Por el momento, el vacío legal existente facilita que este contenido prolifere. Y, aunque hay algunas iniciativas privadas orientadas a combatirlo, por el momento no han resultado efectivas. La única opción en la que se está trabajando es en desarrollar un sistema para detectar las imágenes manipuladas. La misma tecnología que facilita la existencia de estos vídeos hiperrealistas pero falsos es la que hace posible que cualquier ciudadano de a pie pueda detectarlos con un smartphone. Varias startupshan desarrollado aplicaciones móviles que utilizan algoritmos para averiguar si una fotografía o un vídeo han sido manipulados, como Serelay y Truepic, que utilizan algoritmos que verifican automáticamente las fotos cuando se captan.

Su idea es convertir algún día su tecnología de verificación en un estándar de la industria para las cámaras digitales. Si esto se aplicara a Facebook o Snapchat la repercusión sería mayor. “Una imagen inalterada publicada en las redes sociales podría recibir automáticamente una marca de verificación, como una credencial de verificación de Twitter, lo que indica que coincide con una imagen en su base de datos”, explica el MIT.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / RETINA .

Las ‘startups’ se rebelan contra el plástico

Diferentes iniciativas, como Plastic Bank y The Ocean Cleanup, luchan contra la contaminación de este material mediante el uso de tecnologías que abarcan desde ‘blockchain’ hasta algoritmos.

Comemos microplásticos. Aunque no los veamos, cuando el marisco y el pescado llegan a nuestra mesa, ahí están silentes para viajar por nuestro estómago. No se trata de que la dieta mediterránea se haya vuelto loca y su menú incluya ahora una ingesta recurrente; pero para los peces y otros animales forman parte de su alimentación diaria. “Afecta a los seres humanos porque los plásticos absorben toxinas. El 100% de los mejillones que hemos analizado contienen microplásticos. Esta contaminación no conoce fronteras. Invade también lagos, ríos, montañas y valles”, afirma Tod Hardin, director de operaciones de Plastic Oceans International. Ante esta situación, varias startups han izado la bandera en favor del medio ambiente como eje del negocio.

Pese a que no existe una cifra cerrada que cuantifique cuánta basura de plástico viaja por la Tierra, especialmente por los mares, la mayoría de estudios baraja entre ocho y 15 millones de toneladas. Una iniciativa que se ha puesto manos a la obra para rebelarse contra esta contaminación la encabeza David Katz, CEO y fundador de Plastic Bank. Con la ayuda de blockchain y un sistema de tokens, monetiza y recicla los residuos que recoge en instalaciones distribuidas, sobre todo, en países con altos niveles de pobreza. “Permitimos el intercambio de plástico por dinero, bienes o criptomonedas. Con nuestro sistema, todo se puede comprar usando desechos plásticos. Desde la matrícula escolar hasta el seguro médico”, añade Katz.

Para comprender mejor el funcionamiento de Plastic Bank, su fundador pone el ejemplo de cómo operan en Haití, un país asolado por un terremoto en 2010. La protagonista de su historia es Lisa Nasis, una recolectora de plástico que ha convertido esta actividad en su fuente de ingresos. Al concluir su jornada laboral, tras ir puerta a puerta recogiendo estos residuos, acude a la startup para pesar y detallar la calidad de lo recabado. “Le transferimos el valor del plástico a una cuenta electrónica de ahorros en la que revaloriza el precio del material. El plástico social es el bitcoin de la Tierra y está al alcance de todos”, detalla.

El proyecto emprendido por Kratz todavía tiene una fase más para cerrar el modelo de economía circular que preconiza –y obtener rentabilidad en su particular lucha medioambiental–. Todo el plástico recolectado lo tratan y reciclan para su posterior venta a terceros, como Marks and Spencer, Shell y Henkel. Esta última organización, por ejemplo, se ha comprometido a emplear anualmente 100 millones de kilos de este “nuevo” material. “Si cualquiera de nosotros compra champú o jabón para la ropa con envases de plástico social, estaremos contribuyendo indirectamente a eliminar los residuos que van a parar al mar y, al mismo tiempo, aliviaremos la pobreza”, zanja.

Algoritmos que aprovechan las corrientes marinas

Pocas dudas quedan de que los mares son uno de los grandes perjudicados de la utilización de plásticos de un solo uso, como los bastoncillos de algodón y los envases. Como aseguró la propia directora de océanos de Naciones Unidas, Lisa Svensson, estamos ante una crisis planetaria que arruina el ecosistema marino. Para combatirla, en 2012 nació The Ocean Cleanup, una startup estadounidense que promete limpiar hasta la mitad de los desechos plásticos del Pacífico en cinco años a base de algoritmos, energía solar, buques, redes y corrientes marinas. “Los satélites ayudan a localizar estos desperdicios y el big data y la visualización de datos facilita que comprendamos mejor la gravedad del problema”, sostiene Hardin.

La mezcla en una coctelera de todos estos elementos, entre tecnológicos y clásicos, dotan de sentido a The Ocean Cleanup. Su solución se basa en una red en forma de u, de unos 600 metros de largo por tres de profundidad, que aprovecha las corrientes marinas circulares y los vientos para recoger todos los plásticos vertidos. Cuando ha alcanzado su máxima capacidad, unos buques tiran de cada extremo de esta red y transportan los residuos a tierra para su posterior reciclaje. Pero, ¿dónde colocamos estas barreras? “Un algoritmo determina las mejores localizaciones para favorecerse de los movimientos de las corrientes autónomamente. Esto nos permite controlar con información en tiempo real saber la trayectoria de la instalación y su comportamiento”, explican desde la startup.

Para el funcionamiento de este engranaje, puesto ya en marcha en la bahía de San Francisco –denominado System 001–, probado previamente en el mar del Norte y parecido a la creación de una nueva línea de costa, no hace falta ninguna fuente de energía externa. Los dispositivos electrónicos instalados se nutren de la radiación solar. Aparte, con todo el big data que analizan en la recogida de los residuos, perfeccionan el algoritmo de ubicación y mejoran la tecnología necesaria para maximizar los resultados. Mares y océanos se han convertido en un terreno líquido donde diferentes startups, ayudadas por la transformación digital, han comenzado su particular rebelión contra la contaminación de los plásticos y su andadura empresarial.

La economía circular que dejará atrás el uso del plástico

Aparte de dar una nueva vida al plástico con su reciclaje, Tod Hardin, director de operaciones de Plastic Oceans International apela al supuesto virtuosismo de la economía circular para que este material deje de ser un problema medioambiental. En su opinión, si los consumidores dejan de utilizar estos plásticos de un solo uso, las empresas cambiarán sus modelos de negocio e invertirán el dinero en tecnologías más avanzadas que sean una alternativa real. “Estamos a favor de aquellos que se emplean en el largo plazo. Para la medicina o la automoción son fundamentales. Se emplean adecuadamente y tienen un papel fundamental para el progreso. La concienciación ha de venir en los demás, como en los embalajes”, concluye Hardin.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / RETINA Por Jorge G. García .

Obsolescencia. A los productos fabricados para romperse se les va a acabar el cuento (parte 2 de 2)

La lucha empieza por el diseño de cosas que se puedan arreglar.

“La obsolescencia programada está íntimamente relacionada con el modelo de crecimiento, que es depredador del medio ambiente”, asegura Luis Enrique Alonso. “Da la impresión de que si se instauran medidas más restrictivas se ralentiza el crecimiento, algo que puede tener un coste político”, prosigue el catedrático de Sociología. “Cada vez tenemos más referencias y modelos posibles de convivencia, más racionales y sostenibles y, sin embargo, impera el corto plazo de la política económica, que solo toma el crecimiento del PIB como referencia. La supervivencia de las políticas económicas y de los propios gobiernos se rigen por esos indicadores”.

“La lucha empieza ya con el diseño de los productos, con conseguir que se diseñen cosas que se puedan arreglar”, defiende Cosima Dannoritzer. “Por ejemplo, es muy difícil que puedas cambiar ahora tú mismo una batería de ordenador. También deberíamos tener más información. Disponer, entre otros, de una etiqueta que te diga cuánto dura un producto, o cuánta energía se ha empleado para confeccionarlo. Deberíamos tener ese derecho”.

  • Salir de la rueda

Cuando los fabricantes de bombillas se reunieron en Ginebra en 1924, una de esas sencillas fuentes de luz llevaba ya 23 años alumbrando de forma ininterrumpida un parque de bomberos de Livermore, en California. Hoy, esa bombilla sigue encendida 117 años después, convertida en una atracción turística local, pero también en el símbolo de la posibilidad de crear productos mucho más perdurables que lo que dicta el mercado obsolescente.

“Es necesario un nuevo pacto social en el que se incluyan unas reglas de juego más racionales, y que no parezca que el consumidor final es el que tiene que arreglar todo el desaguisado”, explica Alonso. Lo cierto es que la concienciación sobre los efectos de la obsolescencia va creciendo, no solo entre los ciudadanos. Francia es el país de la Unión Europea que se ha tomado más en serio la lucha contra la obsolescencia, estableciendo penas de hasta dos años de prisión y multas de 300.000 euros a las empresas que violen las leyes de defensa del consumidor.

Laetitia Vasseur es la cofundadora de HOP, siglas de Halte à l’Obsolescence Programmée (Alto a la obsolescencia programada). Su organización ha trabajado como grupo de presión para que legisladores y empresas rechacen un modelo económico basado en producir objetos tremendamente perecederos. “Antes de las últimas elecciones en Francia, les preguntamos a todos los candidatos sobre su programa en materia de obsolescencia programada”, cuenta Vasseur. “Ahora trabajamos junto al Gobierno para fomentar iniciativas de economía circular”.

Una de las reivindicaciones de HOP pasa por que los fabricantes ofrezcan mayor información sobre sus productos al consumidor. “Sobre todo, que se ponga de manifiesto la durabilidad de esos bienes de consumo, de manera que el consumidor pueda comparar y elegir aquellos productos que duran más”, prosigue Vasseur. “Esta propuesta fue aprobada por el Gobierno y ahora estamos trabajando en su implementación”.

En otros casos, su acción es incluso más directa. A comienzos de este año, HOP demandó a distintos fabricantes tecnológicos, entre ellos Apple y Epson. A la empresa de impresoras la acusan de provocar que sus máquinas dejen de funcionar de manera intencionada por la introducción de un chip que limita su vida útil, algo que también se expresaba en el documental Comprar, tirar, comprar. “Queremos que este tipo de empresas reaccionen y cambien su política”, afirma Vasseur. “Y estamos empezando a ver un cambio de mentalidad en muchas de ellas”.

“En España no se han tomado apenas medidas para combatir esta práctica”.

“En España no se han tomado apenas medidas para combatir esta práctica”, explica Enrique García López, del departamento de comunicación de la OCU. La Organización de Consumidores y Usuarios ha puesto en marcha una campaña informativa contra lo que llaman obsolescencia prematura, con consejos para que el usuario la evite. “Por ejemplo, que elijan productos diseñados de forma que no haya piezas de calidad deficiente, o que el precio de los consumibles no sea superior al del producto nuevo”. Otras asociaciones, como la catalana Millor que Nou [Mejor que nuevo], promueven la reparación de aparatos y el intercambio como alternativa a generar mayor número de desechos tecnológicos.

Esa economía circular es una de las iniciativas que también están siendo apoyadas por la Unión Europea. Según la Eurocámara, las marcas de tecnología deben permitir que se extraigan las piezas de sus productos para ser reemplazadas; por ejemplo, las baterías de los móviles. También se plantea la creación de una etiqueta para productos fáciles de reparar. Sin embargo, en una época en la que la vida útil de los aparatos se reduce cada año, no parece una tarea fácil.

Mientras la legislación avanza en paralelo a la concienciación pública, cada decisión importa. “Siempre digo que cada uno puede cambiar pequeñas cosas”, cuenta Cosima Dannoritzer. “Si me quedo mi móvil un año más no me va a arruinar la vida, y si todos hacemos lo mismo se tirarían menos móviles”. Ya no solo se trata de algo que afecte a nuestra economía doméstica, sino quizás a nuestra supervivencia.

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / RETINA, GUILLERMO ARENAS .

Obsolescencia. A los productos fabricados para romperse se les va a acabar el cuento (parte 1 de 2)

Interesantísimo artículo, que por su longitud lo dividimos en dos partes.
La obsolescencia programada nos obliga a entrar en un ciclo sin fin de consumo y desperdicio, pero se plantean otras vías para salir del ciclo comprar-tirar-comprar

Cada historia tiene un comienzo, pero pocas veces se le puede poner una fecha exacta. La de la obsolescencia programada, por increíble que parezca, sí tiene un punto de partida exacto. El 23 de diciembre de 1924 se reunieron en Ginebra los principales fabricantes mundiales de bombillas, entre ellos compañías como Osram, Phillips o General Electric. Allí firmaron un documento por el que se comprometían a limitar la vida útil de sus productos a 1.000 horas, en lugar de las 2.500 que alcanzaban hasta entonces. El motivo, claro está, era lograr mayores beneficios económicos. Había nacido el primer pacto global para establecer de manera intencionada una fecha de caducidad a un bien de consumo.

Este acuerdo oficializaba una nueva era del consumo. A partir de entonces, los fabricantes incorporaron un principio en su modelo de negocio que quedó plasmado en un texto de la revista Printer’s Ink en 1928: “Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”. En la década de los cincuenta se le puso un nombre: obsolescencia programada. En unos EE UU en plena expansión comercial, el diseñador industrial Brooks Stevens popularizó el término, que definió de manera elocuente: “Instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario”.

“Aquella obsolescencia era un modelo de clases medias, planteaba un bienestar general, un consumo más generalizado y no reducido a círculos burgueses”, explica Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid y autor de libros como La era del consumo. Sin embargo, a medida que la tecnología se desarrollaba y alcanzaba mayores niveles de complejidad, la obsolescencia fue separándose de esa visión naïf y positiva del consumo al alcance de todos y el crecimiento económico al que no se le adivinaba un fin. “Ahora es un fenómeno muchísimo más diseminado e integrado, se ha convertido en algo mucho más sibilino y poderoso”, apunta Alonso. El motivo ya no está en los bienes de consumo, sino en nuestra cabeza.

  • Estado mental: obsolescencia

La realizadora alemana Cosima Dannoritzer empezó a trabajar a finales de la década pasada en un documental que abordaba el fenómeno de la obsolescencia programada. “Cuando comencé a interesarme por el tema pensaba encontrar algunas empresas que utilizaban esa práctica para ganar más dinero, pero me di cuenta de que se trata de algo sistémico, que toda nuestra economía depende de ella”, recuerda. Su documental, Comprar, tirar, comprar, estrenado en 2011, proporcionó una visión global sobre los peligros de este ciclo infinito del consumo, y sus consecuencias más allá de nuestros bolsillos.

Vemos como un derecho tirar un objeto que no funciona

“La economía del crecimiento difunde un miedo a salir de ese sistema”, afirma Dannoritzer. “Parece que si no existiese ese crecimiento nos volveríamos pobres, que no tendríamos trabajo, casi como una vuelta a la Edad Media… Pero no es verdad. Ha habido otros sistemas antes y habrá otros después”. Luis Enrique Alonso confirma este fenómeno, que varios autores han denominado obsolescencia psicológica o cognitiva. “Hay un discurso de la amenaza muy fuerte: individuos que se van a quedar fuera del sistema funcional si no tienen determinados productos. La obsolescencia ya no tiene ese sentido positivo de llamar al crecimiento y el bienestar, sino que incluye un elemento de exclusión”.

La publicidad ha jugado un papel clave en este cambio en nuestra psique que nos empuja a querer, por ejemplo, ese smartphone nuevo sin plantearnos siquiera si el que ya tenemos todavía funciona. “Si ves los anuncios de hace dos o tres generaciones, vendían que su producto era mejor, que su coche era más rápido, pero ahora a veces ni te muestran ese producto. Vinculan los objetos y la función que tienen a nuestras inseguridades”, explica Dannoritzer. “Dentro de este contexto, hemos aceptado como algo normal el hecho de tirar un objeto cuando ya no funciona. Lo vemos como un derecho: yo lo puedo tirar y alguien se tiene que ocupar de esos residuos. Y no es tan fácil si pensamos en el futuro y lo que puede pasar con nuestro planeta”. La directora alemana apunta a otra de las consecuencias de la obsolescencia, quizás la más apremiante y amenazadora.

  • Montañas de basura

En 2025 se generarán 53,9 millones de toneladas de desechos procedentes de productos electrónicos, según la Oficina Internacional de Reciclaje (Bureau of International Recycling). Pero gran parte de esa chatarra no está a nuestra vista, sino en lugares como Agbogbloshie, una zona cercana a Accra (Ghana) que se ha convertido en un inmenso vertedero al que van a parar esos teléfonos, ordenadores o electrodomésticos que dejaron de funcionar y que era más sencillo reemplazar que arreglar. Otros países como Pakistán son el destino final de los 41 millones de toneladas de basura electrónica que generamos cada año, según Naciones Unidas.

“La economía del crecimiento y la obsolescencia programada no funciona a largo plazo porque no podemos acelerar siempre, hay un tope de recursos, de energía”, advierte Dannoritzer. “Es un sistema que funcionaba bien en la década de 1920, en los años 30, 40… pero no es algo que se pueda mantener. O nos quedamos sin recursos y energía o llenamos el planeta de basura innecesaria”. En su documental Comprar, tirar, comprar, el economista Serge Latouche, partidario de la ideología del decrecimiento, lo expresa de manera más gráfica: “Con la sociedad del crecimiento vamos todos en un bólido que ya nadie pilota, que va a toda velocidad y cuyo destino es un muro”.

FIN PARTE 1 DE 2

FUENTE: DIARIO EL PAÍS / RETINA, GUILLERMO ARENAS .

18 ciudades como (casi) nunca las habías visto

Fotógrafos de todo el mundo cuentan como captaron con drones imágenes insólitas y con los ángulos más complejos en entornos urbanos

 

 

 

 

     1. Cristo Redentor de Río de Janeiro 

Alexandre Salem, brasileño de 32 años, realizó esta fotografía en 2015. “Por esas fechas los drones no eran tan populares como ahora. Solía trabajar en un banco de inversión, pero decidí iniciar mi propio negocio, What a View!, dedicado a la imagen aérea”, explica. Utilizó un dron DJI Phantom 2 y una GoPro Hero 4 para tomar esta espectacular instantánea publicada, como las siguientes, en la red social Dronestagram. La cámara disparó sobre la cabeza del Cristo Redentor, una estatua de 30 metros que abre sus brazos a Río de Janeiro desde el Cerro del Corcovado. La empresa china DJI es la más importante del mundo en fabricación de drones para uso civil. Fundada hace sólo diez años, se ha hecho con cerca del 70% del mercado mundial en este sector.

Alexandre Salem

2 . Catedral de Toledo desde el aire

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Martín Sánchez (New Jersey, EE UU), comenzó a experimentar con la fotografía aérea a finales de 2015. Ahorró lo suficiente para comprarse un DJI Mavic F220 y ahora no puede viajar sin él. “Mientras recorría España dediqué unos días para conocer Toledo, pues me habían asegurado que era una parada imprescindible. Cuando visité la catedral quise apreciar como se veía su forma de cruz en medio de toda esa arquitectura tan característica, así que utilicé mi dron”, afirma. La imagen muestra, desde el aire, esta obra magna de la arquitectura gótica en el corazón de una de las ciudades con más historia de España.

Martín Sánchez

 

 

 

 

 

 

3. Atlantic City 

“Conduciendo a Atlantic City para un celebrar el cumpleaños de un amigo decidí pararme para capturar esta imagen. Cuando vi la fotografía me sorprendió muchísimo, nunca había pensado en la complejidad y belleza de estas carreteras”, declara Martin Sánchez. Un fascinante juego de luces que es el mejor ejemplo de lo que representa Atlantic City, conocida como Las Vegas de la Costa Este.

Martin Sánchez

          4. La jungla de Hong Kong

Christian Liechti es un fotógrafo profesional suizo muy activo en la red social de Dronestagram. En esta imagen muestra el centro neurálgico de Hong Kong, región administrativa de China y una de las áreas financieras más importantes del mundo. “Para tomar esta instantánea hipnotizante tuve que elevar mi dron DJI Phantom 4 hasta los 500 metros de altura”, cuenta.

Christian Liechti

5. El emblema de Sidney

En esta ocasión, Christian Liecthi viajó a Australia para asistir a un festival de aviones no tripulados. “El clima era perfecto, sin viento, así que levanté mi DJI Mavic Pro para captar el emblema de Sidney: la Ópera. Fue uno de los pocos disparos que pude realizar, pues una persona de seguridad me llamó la atención y me comentó que no se podían utilizar drones en esa zona”, explica. Este edificio, icono de la ciudad australiana, y que reina sobre su bahía, fue diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon en 1957 e inaugurado en 1973.

Christian Liechti

6. La pequeña y auténtica Hoi An (Vietnam) 

“Hoi An es mi ciudad favorita de Vietnam y pensé que sería muy interesante verla desde arriba. No estaba seguro de si iba a obtener un buen disparo, pues ya era tarde y el sol estaba a punto de ponerse. Sin embargo, los típicos farolillos de colores que iluminan las vías principales ya estaban encendidos y conseguí captar una cálida imagen de este maravilloso lugar”, dice Christian Liechti. Su arquitectura, de influencias china, japonesa y francesa, y sus calles repletas de tiendas artesanales y sastrerías, le han convertido en el punto neurálgico del turismo en este país.

Christian Liechti

7. Vistas de Zurich desde San Pedro

San Pedro es la iglesia más antigua de Zurich. Se encuentra en una pequeña plaza rodeada de casas y tiendas, pero su impresionante torre domina las vistas de esta ciudad suiza. Christian Liechti elevó su dron DJI Mavic Pro en vertical a este edificio para fotografiar, desde la esfera del reloj más grande de las iglesias en Europa, la parte más bella de la metrópoli suiza.

Christian Liechti

8. Las Petronas a vista de pájaro

“He vivido en Kuala Lumpur (Malasia) toda mi vida. Cuando paseaba cerca de las hermosas Torres Gemelas Petronas me preguntaba cómo deben verse desde la perspectiva de un pájaro. Por ello tomé esta fotografía”, dice el fotógrafo Erik Fearn. No fue fácil, pues tuvo que hackear su dron DJI Phantom 2 para volar a una altitud de 500 metros e incorporar una GoPro con ojo de pez. El resultado muestra una ciudad moderna, cosmopolita y repleta de rascacielos en donde las Petronas se erigen como la construcción más imponente (452 metros de altura y 88 pisos cada una).

Erik Fearn

9. Petare: favelas en Caracas

Vector Dragonfly es una empresa dedicada a la fotografía aérea y vídeos turísticos. Sin embargo, decidieron también fotografiar con un DJI Phantom 3 una de las zonas más peligrosas de todo América Latina: Petare, en Caracas (Venezuela) con más de 30 asesinatos semanales. Las chabolas, allí llamadas ranchitos, están fabricadas con ladrillos defectuosos, techos de chapa y sin ventanas. Además, como se puede apreciar en la imagen se construyen unas sobre otras. Debido a esto es complicado saber con exactitud la población de Petare que, según los últimos datos, se podría acercar al millón de habitantes.

Vector Dragonfly

10. Český Krumlov, la joya de Bohemia

Martin Kunzendorfer no se dedica a la fotografía profesional; es conductor de autobuses turísticos en la República Checa. “Český Krumlov es el destino favorito de los turistas”, asegura. “Un día pensé que quería ver esta maravillosa ciudad a vista de pájaro. Esa fue una de las razones que me hizo comprar un dron DJI Phantom 3 y realizar esta fotografía”, añade. Desde las alturas se entiende por qué Český Krumlov es una visita imprescindible del sur de Bohemia. Su casco histórico, un entramado de callejuelas medievales rodeadas por un meandro del río Moldava, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1992.

Martin Kunzendorfer

11. El duro invierno de Öregrund (Suecia)

En esta particular foto se aprecia la torre del reloj de la iglesia de Öregrund (Suecia), con vistas al mar Báltico y la isla cercana de Gräsö. Max Marcus utilizó un dron Mikrokopter Hexa con una cámara Sony Nex-5R incorporada para sobrevolar la pequeña población de 1.500 habitantes e inmortalizar la ausencia de actividad que hay en invierno. “En los meses de verano parece otra. Sus calles se llenan de gente y de vida”, asegura.

Max Marcus

12. El parque más famoso de Montreal

El parque Mont Royal es el sitio más emblemático de Montreal (Canadá) y donde muchas familias disfrutan del invierno. “Es un lugar ideal para practicar el patinaje y divertirse con la nieve”, asegura Denis Carl-Robidoux, quién realizó esta instantánea con un DJI Phantom 2 “intentando no sobrevolar a la gente por seguridad”.

Denis Carl-Robidoux

 

 

 

 

 

 

 

13 La ciudad más poblada de China: Shanghai

A Álex Sánchez, natural de Cabrils (Barcelona), le surgió la posibilidad de trabajar en Shanghai, caótica ciudad de China con más de 20 millones de habitantes. “Vivíamos justo en frente de los rascacielos. Un día decidí hacer un ascenso vertical desde el jardín de casa con mi DJI Phantom y una cámara GoPro incorporada para hacer varias fotografías, entre ellas esta”, cuenta. “En la actualidad las leyes, basadas en el desconocimiento, son mucho más restrictivas y hacen difícil volar estos aviones no tripulados”, añade.

Álex Sánchez

 

 

 

 

 

 

14 Noche de Montevideo

“Esa noche estaba nublado y con niebla, era un momento ideal para capturar el encanto de las luces de la ciudad desde el aire. Sólo se necesitaba altura y larga exposición. Las calles encendidas aparecieron a través de la densa neblina”, declara Andrés del Castillo, arquitecto uruguayo, quien tomó esta increíble imagen de Montevideo, capital de Uruguay con más de un millón de habitantes.

Andrés del Castillo

 

 

 

 

 

 

 

15 La perfecta imperfección de la Torre de Pisa

Radim Kolibik es un fotógrafo checo apasionado de Italia que, en mayo de 2014, decidió organizar un viaje para profesionales del sector llamado La belleza de la Toscana. “No podíamos dejar sin inmortalizar la ciudad de Pisa. El 1 de mayo a las 7:00 de la mañana salimos a tomar fotos de su famosa torre y yo utilicé mi dron DJI Phantom y una GoPro Hero 3 incorporada. Después de solo dos minutos sentí un golpe en el hombro. Era un carabinieri que me obligaba a aterrizarlo. A pesar de mantenerlo tan poco tiempo en el aire pude tomar una de mis fotos más exitosas, que fue elegida entre las doce mejores imágenes con dron de la revista National Geographic“, detalla.

Radim Kolibik

 

 

 

 

 

 

 

16 La Sagrada Familia, legado de Gaudí

En noviembre de 2014 Radim Kolibik visitó Barcelona. “Aprovechando el hermoso y soleado día tomé una fotografía de la Sagrada Familia”, cuenta. “A pesar de que los drones se están desarrollando rápidamente y sus habilidades técnicas están mejorando, considero que la suerte es esencial para tomar fotografías que llamen la atención”, añade.

Radim Kolibik

 

 

 

 

 

 

 

17 Arte y color en Angers (Francia)

“Esta instantánea se tomó en el festival de arte de calle Les Accroche-Coeurs, en Angers (Francia), justo cuando comenzó un espectáculo de color. El retrato que vemos en blanco y negro es un homenaje a Michel Crespin, fundador del Festival d’Aurillac y pieza esencial en el crecimiento del arte callejero”, cuenta Philippe Vioux, director de la empresa Icoptair (dedicada a la imagen aérea). Desde 1999 se lleva celebrando esta fiesta con actuaciones musicales y teatrales gratuitas, que llena las calles de Angers con más de 200.000 personas durante tres días.

Philippe Vioux – MorganView/Icoptair

 

 

 

 

 

 

 

18 Venecia y Murano desde lo alto del Campanile 

Maurizio Torresan es un fotógrafo profesional que lleva trabajando en Venecia más de diez años. Retrata bodas, cumpleaños, eventos y fiestas temáticas, especialmente en la época de los carnavales. Un día decidió utilizar su dron FJI Phantom 2 para sobrevolar el Campanile de la Basílica de San Marcos, una torre de 98,6 metros de altura desde donde se observa toda la ciudad italiana, incluida la Isla de Murano. Conseguir esta fotografía no fue fácil. Según cuenta Torresan, las gaviotas acabaron por derribar el dron, que cayó al agua. Por suerte, aunque el aparato quedó completamente deteriorado, pudo recuperar sus archivos.

Maurizio Torresan

FUENTE : EL PAÍS / Pablo Albacete.